Camille (parte I)
Todo a mí alrededor era un completo caos. Llevaba más de una hora sentada en esa incómoda silla esperando que mi estilista terminara con el maquillaje, rodeada de una luz molesta que apuntaba directo a mi cara, mientras todo el resto de personas en la habitación corrían de un lado a otro trayendo ropa para mis damas de honor, entrando arreglos florales a la iglesia o simplemente corriendo por correr. Pablo miraba divertido mi rostro soltando pequeños suspiros de satisfacción mientras aplicaba las sombras. "Te vas a ver divina" dijo con su voz amanerada y hueca. Qué asco me daba todo esto, porque no podía casarme y ya, sin tanta parafernalia estúpida y sin sentido. Bill, mi mejor amigo, entró con un vestido enorme, lleno de vuelos y bordados, demasiado para mí. De un tirón me pararon entre él y Pablo y me vistieron cual niña pequeña, un corsé demasiado apretado creó una cintura que en mi vida he tenido ni voy a tener y sobre los mil falsos pusieron el resplandeciente vestido. Pablo me miró de arriba abajo y dio un saltito aplaudiendo rápidamente, ¿Podía ser más gay?
- Te lo dije preciosa, ¡te ves divina! Pareces una princesa, si eres tan hermosa - me acarició el rostro y salió llamando a gritos a su asistente que aprovechando el momento de distracción salió, supongo, a fumar. Bill me miraba extraño, como queriendo sacar las palabras que hace horas estaban en la punta de mi lengua.
- A ti algo te pasa, no por nada eres mi hermana no sanguínea, mi sis, mi amor prohibido, mi extensión, mi complemento.
- Ya entendí - dije interrumpiéndolo - no pasa nada Bill, enserio, solo estoy algo cansada, esto de que me traten como muñeca de aquí para allá es agotador.
- Pobrecita sis - me abrazó, besándome la frente - te entiendo, pero ya falta poco, en una hora más serás la Señora Harrison.
- No me pongas más nerviosa - comencé a hacer sonar el tacón de mi zapato en el suelo repetitivamente en intervalos de medio segundo, Bill me miraba divertido y sonriente.
- Te amo amiga - dijo acercándose hasta poner su frente junto a la mía - prométeme que aunque te cases mil veces nunca vas a dejar de ser mía, mi bella, mi mejor amiga.
- Te lo prometo Billito - le tomé esas manos perfectas que con tanto esmero cuida - ni por Brad Pitt te dejo mi vida - lo besé en la mejilla y salimos de la habitación tomados de la mano.
Hacía un hermoso día soleado fuera, desde la ventana podía ver los arreglos en la glorieta y a mis hermanas correr de un lado a otro afinando los últimos detalles. La capilla quedaba al lado de un parque, que usaríamos como recepción. Mi futuro marido había contratado un servicio de banquetería que instaló una enorme carpa blanca muy hermosa a manera de salón. Todo se veía bellísimo. Bill apretó mi mano, sonriéndome una vez más y conduciéndome a la pequeña salita que sería mi refugio hasta la ceremonia, ordenó que nadie aparte de él entrara a esa sala. Solo él era necesario para calmar mis nervios y darme paz.
Los minutos pasaban lentos y mis ansias de salir de ese lugar crecían cada vez más, Bill no dejaba de darme su apoyo, sin él las cosas habrían sido mucho más complicadas.
Cuando conocí a mi futuro marido, Peter, todo el mundo se "enamoró" automáticamente de él. Es un empresario famoso en el mundo de las manufacturas, tiene la sede principal de su empresa en Japón. Es alto y fornido, sus rasgos perfectos y su cabello rubio oscuro dejaron loquitas a más de la mitad de mis amigas y que decir mi madre, "el mejor yerno" que habría podido elegir. Bill era el único que no simpatizaba con él y la verdad me sorprendía, siempre hemos tenido percepciones muy parecidas de la gente, sobre todo de mis novios, toda la vida han sido afines con él, por alguna extraña razón Peter y Bill no podían verse y si les soy sincera es era la razón de mi angustia, Bill siempre tiene la razón.
- Camille... Cam... ¡CAMILLE! - me gritó Bill - llevo un rato llamándote, ya es hora - me tomó del brazo y me condujo a la iglesia.
Caminé sin tener noción de tiempo, sin tener una mísera idea de quién me hablaba o me sonreía, solo podía mirar a Bill guiándome, con esa sonrisa eterna clavada al rostro, si bien sabía que no era real y se moría de ganas de encerrarme en un calabozo hasta pasada la boda, me alegraba de saber que me apoyaba a pesar de todo, siempre.
Puso su brazo derecho en jarra, pasé el mío a través quedando sujeta y protegida por su porte. Pude ver la iglesia a rebosar de gente, llena de extremo a extremo. Apenas aparecí por la amplia puerta de entrada, los presentes se voltearon a verme, todos y cada uno de ellos miraba sonriente como avanzaba lentamente por ese extenso pasillo hacía el altar alfombrado en rojo oscuro. Bill me sonreía y sujetaba con fuerza, como pidiéndome con ese simple gesto una fuga repentina. Le sonreí en muestra de mi negativa. Pude verlo junto a su hermano y primo esperándome, tan hermoso como siempre, no sonreía, se le veía nervioso. Me dio ternura verlo así. Bill me dio dos besos y me dejó en sus manos. Peter me tomó y nos giramos de cara al altar. La ceremonia estaba rodeada de un aura en violeta y olor a caramelo, por las ventanas podían verse las mariposas revolotear y acompañando a la suave música el canto de los pájaros daba un toque mágico, imposible de creer. Nadie pronunció palabra alguna durante la ceremonia, todos en absoluto silencio miraban embelesados nuestras figuras delineadas por la luz del sol. El padre me preguntó si tomaba a Peter por esposo, sin dudarlo acepté, a los minutos repitió la pregunta a mi prometido, mis oídos se cerraron al escuchar su respuesta retumbar en mi cabeza "Lo siento". Murmullos, movimiento, caras de sorpresa, una que otra de espanto, Bill corriendo hacia mí, exclamaciones de mi madre y hermanas, los brazos de Bill rodeándome y desde ese momento nada, negro total.
- No me lo recuerdes ¿De acuerdo?, sí lo acepto, tú siempre tienes la razón, eres súper Bill, blablabla, ahora déjame engordar comiendo helado hasta morir.
- Trae acá, te vas a enfermar - me quitó el enorme pote de helado y las galletas, estúpido Bill - llevas una semana encerrada comiendo helado y con esa pinta de no haberte bañado en años, si sigues así dudo que alguien vuelva a fijarse en ti - lo que me faltaba, rompí a llorar como una idiota otra vez, empapando las rodillas de mi mejor amigo otra vez, maldiciendo a mi corazón por no haberle hecho caso... otra vez. - tranquila, ya va a pasar - acariciaba mi cabeza, entrelazando sus dedos en mi platinado cabello.
- ¿Cuándo Bill? - dije entre sollozos - duele mucho, m...mucho.
- Lo sé linda, lo sé.
- No, no lo sabes, nunca te han dejado en el altar, ¡nunca el amor de tu vida te ha dejado plantada en un jodido altar!
- No voy a responderte Cami, no ahora - Bill calló mirando el suelo, fue recién en ese instante cuando me di cuenta que Bill me ocultaba muchas cosas, nunca tuve la más mínima idea de la magnitud de omisiones en nuestra vida como amigos. No hasta mucho después.
Me tomó en brazos y me llevó a la alcoba.
- Si no te desvistes en este instante para entrar a la ducha voy a hacerlo yo por ti, sabes que no me da vergüenza, ya perdí la cuenta de las veces que te he visto en ropa interior, verte con un poco menos de ropa no me hará daño - amenazó cruzado de brazos, con la ceja alzada, apoyado en el marco de la puerta.
- Puedo sola, gracias - me sequé las lágrimas - ¿y qué miras? Sale, pervertido, te aprovechas de mi desgracia, cada día te pareces más a tu hermano.
- Claro, aprovecharme, si quisiera ya estarías con usa linda humanidad que te regaló tu madre desprovista de ropa bajo de mí gimiendo "Bill, oh Bill dame más" atravesada con mi lanza súper poderosa de 5 metros, porque sé que me deseas baby, pero ahora báñate, eso de que las chicas cuando sudan se ponen sexys, es una falacia, ¡apestas! - salió riendo de mi habitación, si alguien podía hacerme sentir mejor, era Bill... mi famoso amigo Bill Kaulitz.
Bill me llevó de compras y al parque de diversiones (con Toby y el séquito de guardaespaldas detrás), comimos helados y por la tarde salchichitas de feria que saben a gloria cuando te rugen las tripas luego de un día de juego. Vimos el atardecer sentados en un pequeño muelle a las afueras de Hamburgo, acompañados de un buen abrazo y café de la tiendita de la feria. En ese momento olvidé a Peter, olvidé mi vergüenza y orgullo herido, olvidé todo el llanto de la semana, el cansancio de noches en vela, olvidé todo, porque Bill y su presencia lo valían, porque nunca imaginé tener un amigo como él y porque un momento como ese no podía arruinarse con hechos como aquellos. Los hermosos tonos anaranjados del cielo se volvieron azulados y la piel comenzó a advertir la llegada de la noche, Bill me atrajo más hacia sí para palear el frío y caminamos de vuelta al auto. Suspiré y sentí como todo lo malo se iba con ese suspiro. Mil mares podían separarnos, podía comprometerme mil veces y salir despechada otras mil más, caerme una y otra vez tropezando con la misma piedra, mas Bill siempre estaría ahí, entregándome su cariño incondicional, su protección y cuidados, porque Bill era mucho más de lo que un novio podía significar para mí, más que un amigo, Bill era mi vida completa y sin él nada tenía sentido, él es quien entrega su mano luego de las mil caídas y presta su hombro para el llanto de mil mares. Solo él y nadie más.
- Ya te lo dije Cami, puedes hacer lo que quieras, siempre voy a apoyarte, pero no me pidas hacer como si nada hubiera pasado, sabes perfectamente bien que nunca olvido y menos algo como eso, no, no y no.
- Bill por favor... solo por esta vez has caso omiso a tus principios y forma de ser, por mí, mírame - tomé su rostro y lo puse de frente - por mí... vamos di que sí...
- No - volteó los ojos para no verme, sabía cómo sacarle un sí - deja de mirarme así, sabes que a tus caras nunca puedo decirles que no, ¡ya basta Camille! No y punto. - se paró de la mesa y salió del restaurante dejándome sola, con la comida a medio servir y la cuenta. Que buen amigo eres Bill... esperé unos 15 minutos y lo vi entrar de vuelta.
- ¿Y?
- ¿Y qué? - respondió arisco - asch te detesto Camille, con todo mi ser, de acuerdo, tú ganas, cenaremos todos juntos con tu, nuevamente, noviecito perfecto.
- ¡Gracias mi vida! - me paré y lo abracé con fuera - Te adoro Bill, sabes que te adoro ¿verdad? ¡Sí! Lo sabes - lo besé sonoramente en la mejilla y volví a mi puesto.
- Pero que conste, yo por más que te quiera y trate de no hacer ninguna escena hoy, si el tipejo dice algo que no me guste, lo lamento, yo no respondo.
- Peter no hará nada, lo sé, quizás nuestro compromiso fue muy acelerado, ahora sé que todo saldrá mejor y lo importante es que aún me quiere.
- Claro, te quiere...
Sentados de frente, Bill miraba a Peter con ganas de ahorcarlo mientras masticaba lenta y rígidamente la carne que mamá había preparado. Algo nervioso mi novio comía en silencio, sintiendo odio por parte de todos en la mesa. Atrás había quedado míster perfecto, mamá no podía mirarlo sin hacer una mueca de desagrado, mis hermanas simplemente no lo miraban y Bill... pues si por él fuera ya estaría 5 metros bajo tierra. Le hice un gesto para que dirigiera esas malas vibras hacia otro lado, me miró negando con la cabeza y tomó su plato.
- Estaba delicioso tía Carla, muchas gracias - y caminó en dirección a la cocina.
- De nada hijo - todos siguieron comiendo en silencio, escuchando el sonido de los cubiertos, el aire podía cortarse, al parecer esa cena no había sido buena idea.
- Emmm bueno, si me disculpan, con Peter nos vamos al living...
- Adelante hija...y Peter - mamá le dedicó su mejor cara de "si le haces algo de nuevo te mato", salimos del comedor y nos sentamos en los sofás blancos junto a la ventana. Al rato Bill llegó con 2 bebidas y comida. Me pasó una lata, quedándose él con la otra.
- Somos tres Bill...
- ¿Sí? No me fijé. - dijo ácido mientras abría la lata de coca cola.
- No importa linda, estoy bien - me sonrió Peter. Fui a la cocina por otra lata. Al regresar estaban callados, Bill mirando hacia la nada y Peter con la vista clavada en la alfombra. - Cami me siento incómodo, ¿te molesta si me voy? - me susurró al oído.
- No hay problema, voy a verte mañana ¿de acuerdo?
- Claro - me besó rápidamente en los labios, lo acompañé a la puerta y lo vi desaparecer tras la esquina. Bill sonriente me miraba desde atrás.
- Lo eché - sonreía triunfante, orgulloso de sí mismo, tarado ¬¬.
- No me haces gracia Bill, te dije que te comportaras.
- Y lo hice, simplemente me comporté normal, no ibas a creer que lo trataría de "oh amigo Peter es un gusto volverte a ver"
- Por lo menos hubieras sido un poco más reservado, ¡¡irradiabas malas vibras Bill!! Asch - me tiré sobre el sofá bebiendo mi coca cola y echándome un puñado de ramitas de queso a la boca.
- Eso es lo que tu noviecito me provoca, ¿quieres que sea un cínico? No Camille, ¡ni por mi madre!
- Nadie te pide eso, solo... no seas tan antipático, contrólate.
- No sé cómo puedes ser tan tonta... - se echó un puñado de ramitas al igual que yo y masticó con fuerza - me das rabia Cami, yo te creía inteligente, pero volviendo con ese adefesio de hombre me dices todo lo contrario, nunca me escuchas y sabes que siempre tengo la razón, te engañas a ti misma pensando que tendrás una vida feliz de ensueño con ese tipejo. - dio un trago largo a su bebida y me miró desafiante.
- No voy a responderte Bill, lo que menos quiero es pelearme contigo.
- No te pongas en esa postura, te conozco muy bien, me haces quedar a mí de malo siendo tú la que está equivocada. ¿Es que no te acuerdas de cómo te encontré hace meses atrás? ¡Estabas devastada! Fui YO el que se quedó contigo cada noche, el que te obligó a salir de tu departamento, el que te apoyó cuando lo necesitaste y ahora le crees a ese, le crees sus palabras de amor baratas. Me duele lo que haces Camille, yo nunca haría nada malo adrede, sabes que te quiero más que a mi vida - me miró con esos ojos capaces de ver mucho más allá de mis palabras - te ciegas, eso es lo que haces, te dejas llevar por un amor que no existe, estás tan obsesionada con tu príncipe de ensueño que no ves la realidad, no es más que un hombre, uno que no vale nada.
SUBO LOS OTROS DOS CAPS HASTA QUE VEA POR LO MENOS 2 COMENTS XDD
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