Tengo tiempo, así que les dejo otro cap largo como los anteriores n.n
Disfrútenlo :)
-Oh no... ¡Los chicos! –se le había hecho tarde. ¿Los chicos? -Tom… –susurró sin querer, y sin que Elliot ni Frank pudieran oírla. Se puso en pie de un salto, tomó la mochila y se dirigió a la puerta, dejándolos atónitos.
Claro que sabía que Tom tenía una Cadillac negra, no paraba de hablar de ella todo el tiempo. Salió de la casa y corrió por la acera hasta llegar a una avenida, donde el tráfico era más fluido y había un montón de buses y taxis que pasaban por allí.
-¡Al aeropuerto! –casi gritó al chofer del taxi y hasta ese momento se permitió respirar con normalidad. Se sentía angustiada y culpable… ¿Cómo podía haberlo olvidado? No. Se negaba a que las cosas resultaran así, tenía que llegar al aeropuerto a como diera lugar.
-¡Más rápido! –ordenó, llegando a asustar al hombre que iba al volante. Anduvieron por alrededor de unos veinte minutos, y estaban a escasos metros del aeropuerto, así que sin dudarlo, pagó y bajó del auto, incluso aunque éste no hubiese frenado del todo. Dio unos cuantos tropezones y se mantuvo en pie para seguir corriendo. Cobraba velocidad con cada paso que daba, intentando esquivar a la gente con dificultad. Entró en la sala principal y se detuvo en seco, mirando frenéticamente a su alrededor, leyendo todos y cada uno de los letreros a la velocidad de la luz.
David Jost se acercó a los chicos, para decirles que era hora de abordar, de partir hacia un mundo de nuevas experiencias y conocimientos. Gustav miró el reloj, colgado en las alturas, cerca del panel de salidas y llegadas, y efectivamente, eran las 11:00 de la mañana en punto. Fue el último en ponerse en pie, con maletas en mano. Los cuatro se despidieron de sus respectivos seres queridos una vez más, y caminaron hacia el detector de metales, con Gustav al final de la fila. Iba cabizbajo, resignándose a no volver a verla hasta que pudiera regresar. Tom, quien iba delante de él, se giró y posó una mano en su hombro, mostrándole su apoyo con una sonrisa traviesa. Pasó por el detector y comenzó a sonar la alarma, junto con un foco que se encendía. El guardia le pidió que pasara de nuevo, una y otra vez, mientras Tom se hacía el desentendido. Estaba haciendo tiempo.
Charlie corría como desesperada, en dirección a la sala de abordaje de vuelos internacionales. A lo lejos, pudo distinguir una sala de espera y una fila que cada vez se hacía más larga, cerca de uno de los detectores de metales. Apretó el paso, evadiendo todo a su alrededor, acercándose más a su objetivo. Un carrito de maletas se cruzó en su camino y sin saber como, apoyó una mano en la cima de la pila de maletas y saltó con agilidad, sólo para seguir corriendo. Entonces lo vio. Vio a Gustav, de pie, mirando a Tom con una expresión entre divertida y agradecida, mientras éste pasaba por el detector sin lograr que dejara de sonar. Charlie no les quitó la vista de encima, y sin querer, empujó a un chico que estaba parado cerca de allí. Se disculpó y se acercó todo lo que pudo al detector, sin violar la seguridad del aeropuerto. Saltó y gritó a sus amigos para llamar su atención, moviendo las manos, sin quedarse quieta ni un segundo, hasta que Gustav pudo verla. Sus ojos se cruzaron y sin pensarlo, Gustav se acercó a ella, desacomodando la fila, causando un desorden, pero no importaba. Ella le abrazó fugazmente y colocó una cámara en sus manos.
-Tómalas por mí –dijo y se despidió de él con un beso en la mejilla, antes de retroceder y alejarse poco a poco. Por último, hizo un gesto con la mano, diciendo adiós y un par de sonrisas se dibujaron en ambos rostros.
Gustav regresó a la fila, donde inesperadamente, Tom ya había logrado pasar el detector de metales; pasó sin ocasionar ningún problema y se encaminó detrás de Georg y Bill, quienes iban ya un poco fastidiados, porque a Tom siempre le pasara lo mismo. El baterista miró por encima de su hombro y Charlie seguía diciendo adiós con la mano. Grabó esa imagen en su cabeza, sin percatarse de que Tom también miraba hacia atrás, con una sonrisa en el rostro.
Los chicos se perdieron de vista, al entrar por el pasillo que los conduciría al avión. Aunque ya no podía verlos, Charlie seguía diciendo adiós con la mano, completamente feliz de haber podido llegar a tiempo, y aliviada de no haberlo arruinado. Miró de reojo cómo un chico parado junto a ella reía por lo bajo, probablemente burlándose.
-Se te ha caído esto –dijo mostrándole una especie de llavero que ella normalmente llevaba en su mochila, con las llaves de su casa. –Toma, ten más cuidado. –añadió e iba a retirarse.
-Oye –le llamó Charlie. El chico se giró, con una sonrisa en su rostro; era alto y de cabello rubio. –Lo siento –se disculpó, reconociéndolo como el chico que había empujado en su carrera por llegar al detector. –Y gracias.
-No hay problema, entiendo que querías despedirte de tus amigos.
-¿También estás aquí por eso? –el chico asintió sonriendo.
-Me llamo Andreas, soy amigo de Bill y Tom –se presentó, tendiéndole una mano.
-¡Oh! ¡Eres el “Andy” de Bill! –exclamó Charlie, tomándole la mano. –Me llamo Charlie…
-Ah, vaya, eres la “Charlie” de Gustav –le imitó Andreas y ambos se echaron a reír. –Me alegra que hayas llegado a tiempo, Gustav se veía un tanto ilusionado en que estuvieras aquí.
-¿De verdad? ¡Sería el único! –bromeó, aunque sabía que los demás también hubiesen querido despedirse de ella.
-Yo no creo que haya sido el único –dijo Andreas y su sonrisa se volvió indescifrable, como si guardara un secreto divertido. –Bien, ha sido un placer, pero debo irme.
-Sí, yo también.
-¿Te parece que nos mantengamos en contacto?
-Claro.
Charlie volvió a casa, envuelta en una especie de tristeza mezclada con melancolía, pues a unas horas de haberse ido, ya comenzaba a extrañar a Gustav.
-¿Y Elliot? –preguntó, luego de entrar en la sala y encontrarse con Frank, viendo la T.V.
-¿Quién? –contestó, haciéndose el desentendido.
-Oh vamos, no te enfades.
-No estoy enfadado, pero sabes que no me gusta que esté aquí. Pudiste haberme avisado que venía.
-Frank, ni siquiera yo sabía que venía, llegó de repente.
-Pues ya se ha ido, y me alegro.
-¿Dijo algo?
-Te dejó una nota pegada en la nevera.
Charlie fue a la cocina y encontró un post it con un número de móvil escrito, y justo arriba ponía: “Llámame si me necesitas, Elliot”.
Guardó el número en la agenda de su móvil y subió las escaleras pesadamente hacia su cuarto, agotada por la carrera de en esa mañana. Se tumbó en su cama, sintiéndose un poco sola y abandonada, pensando que había dejado partir a los dos únicos hermanos que tenía, mientras que en el fondo de su corazón, muy escondido debajo de un montón de confusiones y un poco de negación, también echaba de menos a cierto rapero con rastas que tenía un gran talento con la guitarra.
Un año y diez días después. Frank aún no había llegado a casa, cuando el timbre se hizo escuchar por toda la casa.
-¿Chicas? ¿Qué hacen aquí? –preguntó Charlie, mirando totalmente sorprendida al par de chicas a quienes había abierto la puerta.
-¡¿Cómo que qué hacemos aquí?! –le espetó Bianca.
-Vinimos a cambiarnos, peinarnos y maquillarnos contigo –explicó Cynthia, empujando a Bianca dentro de la casa. Ésta última iba con sus aires de siempre, como si todo le molestara; era una chica de estatura media con un físico de bailarina, tez blanca y cabello castaño muy claro, que asemejaba al color del caramelo. Cynthia por otro lado, era una chica alta, esbelta y con preciosas curvas, además de un hermoso bronceado, heredado de su ascendencia latina; su cabello era una melena castaña oscura, que caía ondulada por sus hombros; ella era la más tranquila de las tres.
-Pero… Pe… Pero si nunca nos arreglamos en mi casa –se quejó.
-Es lo que le dije a Cynthia…
-Ay Charlie, pero ahora que ha pasado casi un año de conocernos, yo creo que ya te toca a ti.
-Bueno… ¿Vamos a mi habitación?
Sus amigas asintieron y fueron las tres hacia las escaleras, guiadas por Charlie, quien estaba un poco cortada. Bianca miraba todo con curiosidad, pero no se atrevía a hacerle un cumplido a la decoración de la casa, sin embargo, Cynthia, se sinceró como siempre.
-¡Wow! ¡Que linda está tu habitación! –exclamó la morena. Bianca se limitó a mirar todo en silencio.
-Gracias. Bueno chicas, yo ya me he duchado, ¿Alguna quiere usar la ducha?
-Yo no, gracias –dijo Cynthia.
-¿Tienes música? –preguntó Bianca, yendo al computador que estaba sobre el escritorio. –Oh, pongamos esta canción.
Las tres sonrieron y entre conversaciones, risas, bromas, juegos y carcajadas, comenzaron a elegir la ropa que usarían esa noche.
-Charlie, siéntate allí –ordenó Cynthia, señalando la silla frente al espejo del peinador. –Yo te voy a peinar hoy.
-Siempre lo haces tú –contestó, encogiéndose de hombros.
-Pues es que ahora que tienes el cabello largo, se pueden hacer más cosas y a mi me encanta. –dijo, mientras jugaba con los mechones de cabello negro.
-Yo insisto en que debemos abandonar a Bianca y que se quede sola con Jared… –comentó Charlie, mirando a la aludida por el reflejo del espejo.
-Como si de verdad quisieras hacer eso –respondió Bianca, distraída con el ordenador. –Mejor te quisieras quedar tú sola con él. –Charlie y Cynthia compartieron una mirada. Eran amigas, pero desde que Charlie y Jared se habían hecho muy amigos, Bianca le guardaba cierto resentimiento.
-Pero además, ¿No se sentirá raro de salir él solo con nosotras tres? –Charlie estaba externando sus preocupaciones.
-Pues si hubieras seguido luciendo como un chico, podríamos aparentar que somos un par de parejas…
-Cállate Bianca. –le reprendió Cynthia. –No te preocupes Charlie; Jared es tu amigo y esta salida es para celebrar tu cumpleaños, así que ambos tienen que estar allí, ¿Está bien?
Charlie asintió, pero no podía dejar de mirar con desconfianza a Bianca que seguía sentada frente al escritorio, clickeando aquí y allá en el computador.
-También vendrá un amigo tuyo, ¿No? –quiso saber Bianca, intentando enmendar su actitud. –Ese que nunca nos has presentado.
-¿Andreas? –recordó Cynthia el nombre.
-Sí –confirmó Charlie. –Creo que les caerá muy bien.
Siguieron hablando de cosas sin importancia hasta caer la noche. Charlie había sido la primera en estar lista, ya que era la “Festejada”. Hacía calor, así que llevaba unos pantalones ajustados y pescadores, que le llegaban hasta los tobillos, color negro; en la parte de arriba llevaba un top muy ajustado, con tirantes anchos, que se ceñía a su cuerpo, blanco y con un gráfico rojo y negro. Las chicas estaban por terminar de arreglarse, cuando escucharon el timbre de la puerta.
-¿Ya es hora? –preguntó Bianca, algo nerviosa, pues según ella, aún no estaba lista.
-No creo, Jared dijo que vendría más tarde –contestó Cynthia, quien se daba los toques finales.
-Iré a abrir –anunció Charlie, y salió de la habitación, dejando a sus amigas dentro. Cynthia seguía retocando sus labios, cuando Bianca emitió un gritito ahogado.
-Oh por Dios, Cynthia, mira esto –dijo señalando la pantalla del computador. Cynthia se acercó y abrió la boca por la sorpresa.
Charlie bajó las escaleras ágilmente y fue hacia la puerta. Cuando la abrió, una mezcla de sorpresa y alegría recorrió su rostro.
-¡Georg!! –escuchó una voz molesta. – ¡Te dije que me esperaras!! –reclamó el baterista al llegar al umbral de la puerta.
-¡¡CHICOS!! –estalló Charlie y se lanzó a los brazos del rubio. – ¿Qué hacen aquí?
-¡Jo! Si quieres nos vamos… –dijo Georg, dando media vuelta y fingiendo que emprendía el camino de regreso al auto.
-¡Nono! ¡Ven aquí grandullón!!!! –exclamó conteniendo las risas y saltó a la espalda de Georg, colgándose de su cuello. – ¿Crees que ahora seas capaz de vencerme en los video juegos? ¿Has practicado lo suficiente? –le vaciló, colocando el cabello de Georg tras su oreja, mientras éste reía de la espontaneidad de su amiga y regresaba a la puerta, con ella en su espalda.
-Siempre he sido capaz de ganarte, sólo que no lo hago por caballerosidad.
-¡Ja! –soltó y bajó de él. – ¿Por qué tan callado? –preguntó a Gustav, al notar que éste les miraba como en un trance.
-Por Dios Charlie… –habló una vez que reaccionó. – ¡Mírate!! ¡Estás preciosa!! –exclamó retrocediendo un poco para admirarla. Georg también la evaluaba, en silencio. Sin duda, ésa era otra Charlie: había crecido unos centímetros y su cuerpo había tomado forma, a pesar de que no vestía con ropas muy femeninas, su atuendo se ajustaba perfecto a su silueta; había dejado crecer su cabello, ondulado y moreno, hasta por debajo de sus hombros; y el uso de un moderado maquillaje, hacía resaltar sus facciones.
-Oh… No sé que decir –comentó apenada, llevándose una mano al cuello. –Tú sigues igual de guapo que siempre. –Ambos rieron. –Oh pero qué tonta soy, ¡Pasen! –invitó, haciéndose a un lado. – ¿Por qué no me avisaron que habían vuelto? –cerró la puerta.
-Era una sorpresa.
-De hecho, éste baterista fracasado quería ser el único en venir –bromeó Georg, apuntando a Gustav. –Pero lo he descubierto y le obligué a que me trajera –agregó con una sonrisa de medio lado. Charlie les miraba a ambos con un infinito cariño fraternal.
-¿Quieren algo de tomar?
-No, gracias. No queremos molestar, sólo veníamos a visitarte. –dijo Gustav, caminando a la par con ella, siguiéndola inconcientemente hasta el pie de las escaleras. Charlie se detuvo ahí y recordó que no estaba sola. Estaba por invitar a los chicos a la salida de esa noche, cuando.
-¡¡Charlotte Haswell!! –escucharon una voz femenina, seguida de pasos apresurados que bajaban las escaleras. – ¡Eres una mala amiga!! –reclamaba la morena, casi saltando los peldaños, sin percatarse de las presencias del baterista y bajista. – ¿Cómo pudiste ocultármelo? ¡¡Si sabes que a mi me encanta el bateris…!!! –se cortó en seco al ver a los chicos allí, sin embargo, sus pies no se detuvieron a tiempo y dio un mal paso, ocasionando que el tacón alto de las sandalias resbalara, haciéndola perder el equilibrio. Charlie soltó un grito ahogado y los tres se movieron por instinto. Se hubiera dado un fuerte golpe contra el suelo de no ser porque Gustav, quien estaba más cerca, la sostuvo entre sus brazos y detuvo su caída.
-¡Por Dios, Cynthia!!! ¡Te he dicho que esas cosas son peligrosas!! –exclamó Charlie, señalando los tacones y mirándoles con recelo. Georg rió por lo bajo.
-¿Estás bien? –preguntó Gustav, aún sin soltar a la morena.
-¿Qué está pasando? –escucharon una segunda voz, proveniente de arriba. Bianca bajó las escaleras con cuidado y se quedó paralizada al reconocer al par de famosos plantados al pie de la escalera. Cynthia se había quedado embobada, mirando a Gustav, sin poder creer que estaba tan cerca de él. Sintió una tremenda vergüenza y luchó por salir de sus brazos.
-Estoy bien –dijo e intentó recobrar el equilibrio.
-¿Estás segura? –quiso cerciorarse Gustav, sin quitar la mano de su cintura. Hubo un momento de desconcierto, hasta que el timbre de la puerta volvió a sonar. Charlie bufó e hizo presentaciones rápidas.
-Chicos, ellas son Bianca y Cynthia. Chicas, no hace falta que les diga quienes son… –se dirigió a la puerta de nuevo.
-Feliz cumpleaños –le dijo un chico, ofreciéndole una rosa blanca.
-Oh, Jared… Dime que esa flor es para Bianca… –su tono era cansado.
-Pero si es por tu cumpleaños –se quejó el castaño.
-A Bianca no le gustará nada, dásela a ella.
-Está bien –aceptó cabizbajo.
-Por cierto, han llegado unos amigos míos que estaban de viaje, ¿Te importa si se vienen con nosotros?
-Para nada, está bien.
-¡Chicas! ¡Jared está aquí! –gritó y pronto aparecieron sus amigas, seguidas por Georg y Gustav.
-Ya hablaremos –le susurró Cynthia en voz baja y fue a saludar a Jared, lo cual no logró, ya que Bianca lo asfixiaba con un abrazo.
-P-para ti –apenas pudo decir éste, tendiéndole la flor.
-¡Oh! Jareeeeeeed –canturreó en un tono demasiado meloso y le plantó un beso en la mejilla.
-Él es mi amigo, Jared –presentó Charlie, señalando al ojiazul. –Jared, ellos son Georg y Gustav –apuntó a cada uno.
-Mucho gusto –dijo el joven y les tendió una mano. – ¿Nos habíamos visto antes?
-No lo creo –negó Georg, sin poder reprimir una sonrisa.
-Chicos –Charlie se dirigió a los G’s. –Ellos son mis amigos del Instituto. Justo íbamos a salir a un bar esta noche, ¿Se vienen?
Georg y Gustav se miraron y, sabiendo que no tenían nada mejor que hacer, aceptaron. Salieron de la casa y se dirigieron a sus respectivos autos. Gustav había traído a Georg, y Jared llevaría a Cynthia y Bianca.
-¿Y tu otro amigo? –preguntó Cynthia, antes de subir a la parte trasera del auto de Jared.
-Dijo que nos viéramos allá –contestó Charlie, un poco descolocada por la actitud fría de su amiga. Luego de cerrar la puerta a la morena, Charlie subió al asiento trasero del auto de Gustav, mientras Georg ya había ocupado el copiloto.
-¿A dónde la llevo, señorita? –preguntó Gustav, en plan broma y haciendo de chofer; acomodó el espejo retrovisor para tener una visión más amplia, tanto de la calle como del asiento trasero.
-¡Siga a ese auto! –exclamó, continuando la broma, al ver que el auto de Jared arrancaba. Georg y Charlie rieron, al tiempo que Gustav ponía la primera velocidad. El camino se les hizo corto, ya que tenían mucho qué contarse. Charlie evitó mencionar que era su cumpleaños, por lo que los chicos creyeron que era una salida normal.
-¿Y mis gemelos favoritos? –quiso saber la pelinegra.
-No los vemos desde ayer –se limitó a contestar Gustav. –Andarán de parranda por ahí…
-¡Oh, ¿Cómo puedes decir eso?! –interrumpió Georg con sarcasmo de más. –Si ellos no saben ni lo que significa esa palabra –siguió y los tres se echaron a reír.
-Oigan –interrumpió Charlie de repente. – ¿De casualidad alguno tiene el número de Giselle? Me gustaría invitarla… –comentó pensativa. Georg paró sus risas de golpe. –Si la conocen, ¿No? Es la asistente de Natalie.
-Creo recordarla –contestó Gustav. –Pero el que en realidad la conoce es Georg, es seguro que él tiene su número –añadió, alzando las cejas y lanzando una mirada pícara a su amigo.
-Uuuy grandullón –le fastidió Charlie, con un tonito de burla. Georg seguía sin decir ni pío. –Anda, llámala… –pidió.
-¿Se conocen?
-Somos amigas, y ahora que ustedes están de vuelta, supongo que ella también.
Georg hizo la llamada, hablando en voz baja para que no pudieran oírlo. En un abrir y cerrar de ojos, Gustav estaba aparcando en el estacionamiento, justo afuera del N&N.
-Noir&Nuit –leyó Charlie, para que Gustav pudiera oírla. –No tiene mucho que lo abrieron. –informó, mientras se encaminaban al interior y podían escuchar el retumbar de la música en sus oídos.
Jared había reservado una mesa, así que no batallaron en encontrarla y sentarse todos juntos, apiñados sobre un sillón de cuero, a cuadros blancos y negros. Todo el lugar estaba muy bien decorado, al estilo retro, pero la música era de lo más moderna y movida. Se pidieron unos tragos y no tardaron en enfrascarse en una conversación. Georg, Charlie, Gustav y Cynthia hablaban animadamente, mientras Bianca parecía seguir empeñada en asfixiar a Jared, quien lanzaba miradas de auxilio a Charlie. Georg alzó la mano para saludar a alguien, y pronto Giselle estaba con ellos.
-¡¡Oh por Dios!! ¡¿Pero quién es ésta preciosidad?! –exclamó Giselle, y Charlie se vio atrapada entre una melena de rulos pelirrojos como el cobre. – ¿Pero qué pasó aquí? –la hizo levantarse y girar sobre su eje para observarla. Charlie le seguía el juego, divertida; se notaba que entre ellas dos había mucha química, y mucho cariño. –Y eso que estuve fuera por un año… Creí que te encontraría, tú sabes, más andrógina –soltó y ambas se echaron a reír. – ¿Y esas curvas?
-¡Giselle!! –Charlie se sonrojó un poco. – ¡No lo sé!! Desperté una mañana y ya estaban allí –dijo y se encogió de hombros.
-Ven aquí –la atrajo y se dieron un fuerte abrazo.
-¡Hey! Como sigan así de cariñosas, terminaremos los tres en el baño –advirtió Georg, sonriendo de medio lado y ganándose una mirada de reproche por parte de Gustav. Charlie abrió la boca, fingiéndose ofendida, pero la verdad es que convivía tanto con hombres, que ese tipo de comentarios no le afectaban para nada.
-¡¡¡Georg!!! –reclamó Giselle.
-Oh, vamos Gi, sería divertido… Recuerdo cierta ocasión en la que me estabas coqueteando –dijo Charlie en plan broma, haciendo que Giselle se pusiera como un tomate y le dirigiera una mirada asesina al ojiverde.
-¿Qué te han hecho? Tú no eres Charlie –afirmó con una sonrisa en los labios y fue a sentarse en una orilla.
-Por cierto, ella es Cynthia, mi amiga –presentó Charlie. –Cynthia, ella es Giselle. –Ambas se dieron la mano y los cinco reanudaron su conversación.
Disfrútenlo :)
-Oh no... ¡Los chicos! –se le había hecho tarde. ¿Los chicos? -Tom… –susurró sin querer, y sin que Elliot ni Frank pudieran oírla. Se puso en pie de un salto, tomó la mochila y se dirigió a la puerta, dejándolos atónitos.
Claro que sabía que Tom tenía una Cadillac negra, no paraba de hablar de ella todo el tiempo. Salió de la casa y corrió por la acera hasta llegar a una avenida, donde el tráfico era más fluido y había un montón de buses y taxis que pasaban por allí.
-¡Al aeropuerto! –casi gritó al chofer del taxi y hasta ese momento se permitió respirar con normalidad. Se sentía angustiada y culpable… ¿Cómo podía haberlo olvidado? No. Se negaba a que las cosas resultaran así, tenía que llegar al aeropuerto a como diera lugar.
-¡Más rápido! –ordenó, llegando a asustar al hombre que iba al volante. Anduvieron por alrededor de unos veinte minutos, y estaban a escasos metros del aeropuerto, así que sin dudarlo, pagó y bajó del auto, incluso aunque éste no hubiese frenado del todo. Dio unos cuantos tropezones y se mantuvo en pie para seguir corriendo. Cobraba velocidad con cada paso que daba, intentando esquivar a la gente con dificultad. Entró en la sala principal y se detuvo en seco, mirando frenéticamente a su alrededor, leyendo todos y cada uno de los letreros a la velocidad de la luz.
David Jost se acercó a los chicos, para decirles que era hora de abordar, de partir hacia un mundo de nuevas experiencias y conocimientos. Gustav miró el reloj, colgado en las alturas, cerca del panel de salidas y llegadas, y efectivamente, eran las 11:00 de la mañana en punto. Fue el último en ponerse en pie, con maletas en mano. Los cuatro se despidieron de sus respectivos seres queridos una vez más, y caminaron hacia el detector de metales, con Gustav al final de la fila. Iba cabizbajo, resignándose a no volver a verla hasta que pudiera regresar. Tom, quien iba delante de él, se giró y posó una mano en su hombro, mostrándole su apoyo con una sonrisa traviesa. Pasó por el detector y comenzó a sonar la alarma, junto con un foco que se encendía. El guardia le pidió que pasara de nuevo, una y otra vez, mientras Tom se hacía el desentendido. Estaba haciendo tiempo.
Charlie corría como desesperada, en dirección a la sala de abordaje de vuelos internacionales. A lo lejos, pudo distinguir una sala de espera y una fila que cada vez se hacía más larga, cerca de uno de los detectores de metales. Apretó el paso, evadiendo todo a su alrededor, acercándose más a su objetivo. Un carrito de maletas se cruzó en su camino y sin saber como, apoyó una mano en la cima de la pila de maletas y saltó con agilidad, sólo para seguir corriendo. Entonces lo vio. Vio a Gustav, de pie, mirando a Tom con una expresión entre divertida y agradecida, mientras éste pasaba por el detector sin lograr que dejara de sonar. Charlie no les quitó la vista de encima, y sin querer, empujó a un chico que estaba parado cerca de allí. Se disculpó y se acercó todo lo que pudo al detector, sin violar la seguridad del aeropuerto. Saltó y gritó a sus amigos para llamar su atención, moviendo las manos, sin quedarse quieta ni un segundo, hasta que Gustav pudo verla. Sus ojos se cruzaron y sin pensarlo, Gustav se acercó a ella, desacomodando la fila, causando un desorden, pero no importaba. Ella le abrazó fugazmente y colocó una cámara en sus manos.
-Tómalas por mí –dijo y se despidió de él con un beso en la mejilla, antes de retroceder y alejarse poco a poco. Por último, hizo un gesto con la mano, diciendo adiós y un par de sonrisas se dibujaron en ambos rostros.
Gustav regresó a la fila, donde inesperadamente, Tom ya había logrado pasar el detector de metales; pasó sin ocasionar ningún problema y se encaminó detrás de Georg y Bill, quienes iban ya un poco fastidiados, porque a Tom siempre le pasara lo mismo. El baterista miró por encima de su hombro y Charlie seguía diciendo adiós con la mano. Grabó esa imagen en su cabeza, sin percatarse de que Tom también miraba hacia atrás, con una sonrisa en el rostro.
Los chicos se perdieron de vista, al entrar por el pasillo que los conduciría al avión. Aunque ya no podía verlos, Charlie seguía diciendo adiós con la mano, completamente feliz de haber podido llegar a tiempo, y aliviada de no haberlo arruinado. Miró de reojo cómo un chico parado junto a ella reía por lo bajo, probablemente burlándose.
-Se te ha caído esto –dijo mostrándole una especie de llavero que ella normalmente llevaba en su mochila, con las llaves de su casa. –Toma, ten más cuidado. –añadió e iba a retirarse.
-Oye –le llamó Charlie. El chico se giró, con una sonrisa en su rostro; era alto y de cabello rubio. –Lo siento –se disculpó, reconociéndolo como el chico que había empujado en su carrera por llegar al detector. –Y gracias.
-No hay problema, entiendo que querías despedirte de tus amigos.
-¿También estás aquí por eso? –el chico asintió sonriendo.
-Me llamo Andreas, soy amigo de Bill y Tom –se presentó, tendiéndole una mano.
-¡Oh! ¡Eres el “Andy” de Bill! –exclamó Charlie, tomándole la mano. –Me llamo Charlie…
-Ah, vaya, eres la “Charlie” de Gustav –le imitó Andreas y ambos se echaron a reír. –Me alegra que hayas llegado a tiempo, Gustav se veía un tanto ilusionado en que estuvieras aquí.
-¿De verdad? ¡Sería el único! –bromeó, aunque sabía que los demás también hubiesen querido despedirse de ella.
-Yo no creo que haya sido el único –dijo Andreas y su sonrisa se volvió indescifrable, como si guardara un secreto divertido. –Bien, ha sido un placer, pero debo irme.
-Sí, yo también.
-¿Te parece que nos mantengamos en contacto?
-Claro.
Charlie volvió a casa, envuelta en una especie de tristeza mezclada con melancolía, pues a unas horas de haberse ido, ya comenzaba a extrañar a Gustav.
-¿Y Elliot? –preguntó, luego de entrar en la sala y encontrarse con Frank, viendo la T.V.
-¿Quién? –contestó, haciéndose el desentendido.
-Oh vamos, no te enfades.
-No estoy enfadado, pero sabes que no me gusta que esté aquí. Pudiste haberme avisado que venía.
-Frank, ni siquiera yo sabía que venía, llegó de repente.
-Pues ya se ha ido, y me alegro.
-¿Dijo algo?
-Te dejó una nota pegada en la nevera.
Charlie fue a la cocina y encontró un post it con un número de móvil escrito, y justo arriba ponía: “Llámame si me necesitas, Elliot”.
Guardó el número en la agenda de su móvil y subió las escaleras pesadamente hacia su cuarto, agotada por la carrera de en esa mañana. Se tumbó en su cama, sintiéndose un poco sola y abandonada, pensando que había dejado partir a los dos únicos hermanos que tenía, mientras que en el fondo de su corazón, muy escondido debajo de un montón de confusiones y un poco de negación, también echaba de menos a cierto rapero con rastas que tenía un gran talento con la guitarra.
Un año y diez días después. Frank aún no había llegado a casa, cuando el timbre se hizo escuchar por toda la casa.
-¿Chicas? ¿Qué hacen aquí? –preguntó Charlie, mirando totalmente sorprendida al par de chicas a quienes había abierto la puerta.
-¡¿Cómo que qué hacemos aquí?! –le espetó Bianca.
-Vinimos a cambiarnos, peinarnos y maquillarnos contigo –explicó Cynthia, empujando a Bianca dentro de la casa. Ésta última iba con sus aires de siempre, como si todo le molestara; era una chica de estatura media con un físico de bailarina, tez blanca y cabello castaño muy claro, que asemejaba al color del caramelo. Cynthia por otro lado, era una chica alta, esbelta y con preciosas curvas, además de un hermoso bronceado, heredado de su ascendencia latina; su cabello era una melena castaña oscura, que caía ondulada por sus hombros; ella era la más tranquila de las tres.
-Pero… Pe… Pero si nunca nos arreglamos en mi casa –se quejó.
-Es lo que le dije a Cynthia…
-Ay Charlie, pero ahora que ha pasado casi un año de conocernos, yo creo que ya te toca a ti.
-Bueno… ¿Vamos a mi habitación?
Sus amigas asintieron y fueron las tres hacia las escaleras, guiadas por Charlie, quien estaba un poco cortada. Bianca miraba todo con curiosidad, pero no se atrevía a hacerle un cumplido a la decoración de la casa, sin embargo, Cynthia, se sinceró como siempre.
-¡Wow! ¡Que linda está tu habitación! –exclamó la morena. Bianca se limitó a mirar todo en silencio.
-Gracias. Bueno chicas, yo ya me he duchado, ¿Alguna quiere usar la ducha?
-Yo no, gracias –dijo Cynthia.
-¿Tienes música? –preguntó Bianca, yendo al computador que estaba sobre el escritorio. –Oh, pongamos esta canción.
Las tres sonrieron y entre conversaciones, risas, bromas, juegos y carcajadas, comenzaron a elegir la ropa que usarían esa noche.
-Charlie, siéntate allí –ordenó Cynthia, señalando la silla frente al espejo del peinador. –Yo te voy a peinar hoy.
-Siempre lo haces tú –contestó, encogiéndose de hombros.
-Pues es que ahora que tienes el cabello largo, se pueden hacer más cosas y a mi me encanta. –dijo, mientras jugaba con los mechones de cabello negro.
-Yo insisto en que debemos abandonar a Bianca y que se quede sola con Jared… –comentó Charlie, mirando a la aludida por el reflejo del espejo.
-Como si de verdad quisieras hacer eso –respondió Bianca, distraída con el ordenador. –Mejor te quisieras quedar tú sola con él. –Charlie y Cynthia compartieron una mirada. Eran amigas, pero desde que Charlie y Jared se habían hecho muy amigos, Bianca le guardaba cierto resentimiento.
-Pero además, ¿No se sentirá raro de salir él solo con nosotras tres? –Charlie estaba externando sus preocupaciones.
-Pues si hubieras seguido luciendo como un chico, podríamos aparentar que somos un par de parejas…
-Cállate Bianca. –le reprendió Cynthia. –No te preocupes Charlie; Jared es tu amigo y esta salida es para celebrar tu cumpleaños, así que ambos tienen que estar allí, ¿Está bien?
Charlie asintió, pero no podía dejar de mirar con desconfianza a Bianca que seguía sentada frente al escritorio, clickeando aquí y allá en el computador.
-También vendrá un amigo tuyo, ¿No? –quiso saber Bianca, intentando enmendar su actitud. –Ese que nunca nos has presentado.
-¿Andreas? –recordó Cynthia el nombre.
-Sí –confirmó Charlie. –Creo que les caerá muy bien.
Siguieron hablando de cosas sin importancia hasta caer la noche. Charlie había sido la primera en estar lista, ya que era la “Festejada”. Hacía calor, así que llevaba unos pantalones ajustados y pescadores, que le llegaban hasta los tobillos, color negro; en la parte de arriba llevaba un top muy ajustado, con tirantes anchos, que se ceñía a su cuerpo, blanco y con un gráfico rojo y negro. Las chicas estaban por terminar de arreglarse, cuando escucharon el timbre de la puerta.
-¿Ya es hora? –preguntó Bianca, algo nerviosa, pues según ella, aún no estaba lista.
-No creo, Jared dijo que vendría más tarde –contestó Cynthia, quien se daba los toques finales.
-Iré a abrir –anunció Charlie, y salió de la habitación, dejando a sus amigas dentro. Cynthia seguía retocando sus labios, cuando Bianca emitió un gritito ahogado.
-Oh por Dios, Cynthia, mira esto –dijo señalando la pantalla del computador. Cynthia se acercó y abrió la boca por la sorpresa.
Charlie bajó las escaleras ágilmente y fue hacia la puerta. Cuando la abrió, una mezcla de sorpresa y alegría recorrió su rostro.
-¡Georg!! –escuchó una voz molesta. – ¡Te dije que me esperaras!! –reclamó el baterista al llegar al umbral de la puerta.
-¡¡CHICOS!! –estalló Charlie y se lanzó a los brazos del rubio. – ¿Qué hacen aquí?
-¡Jo! Si quieres nos vamos… –dijo Georg, dando media vuelta y fingiendo que emprendía el camino de regreso al auto.
-¡Nono! ¡Ven aquí grandullón!!!! –exclamó conteniendo las risas y saltó a la espalda de Georg, colgándose de su cuello. – ¿Crees que ahora seas capaz de vencerme en los video juegos? ¿Has practicado lo suficiente? –le vaciló, colocando el cabello de Georg tras su oreja, mientras éste reía de la espontaneidad de su amiga y regresaba a la puerta, con ella en su espalda.
-Siempre he sido capaz de ganarte, sólo que no lo hago por caballerosidad.
-¡Ja! –soltó y bajó de él. – ¿Por qué tan callado? –preguntó a Gustav, al notar que éste les miraba como en un trance.
-Por Dios Charlie… –habló una vez que reaccionó. – ¡Mírate!! ¡Estás preciosa!! –exclamó retrocediendo un poco para admirarla. Georg también la evaluaba, en silencio. Sin duda, ésa era otra Charlie: había crecido unos centímetros y su cuerpo había tomado forma, a pesar de que no vestía con ropas muy femeninas, su atuendo se ajustaba perfecto a su silueta; había dejado crecer su cabello, ondulado y moreno, hasta por debajo de sus hombros; y el uso de un moderado maquillaje, hacía resaltar sus facciones.
-Oh… No sé que decir –comentó apenada, llevándose una mano al cuello. –Tú sigues igual de guapo que siempre. –Ambos rieron. –Oh pero qué tonta soy, ¡Pasen! –invitó, haciéndose a un lado. – ¿Por qué no me avisaron que habían vuelto? –cerró la puerta.
-Era una sorpresa.
-De hecho, éste baterista fracasado quería ser el único en venir –bromeó Georg, apuntando a Gustav. –Pero lo he descubierto y le obligué a que me trajera –agregó con una sonrisa de medio lado. Charlie les miraba a ambos con un infinito cariño fraternal.
-¿Quieren algo de tomar?
-No, gracias. No queremos molestar, sólo veníamos a visitarte. –dijo Gustav, caminando a la par con ella, siguiéndola inconcientemente hasta el pie de las escaleras. Charlie se detuvo ahí y recordó que no estaba sola. Estaba por invitar a los chicos a la salida de esa noche, cuando.
-¡¡Charlotte Haswell!! –escucharon una voz femenina, seguida de pasos apresurados que bajaban las escaleras. – ¡Eres una mala amiga!! –reclamaba la morena, casi saltando los peldaños, sin percatarse de las presencias del baterista y bajista. – ¿Cómo pudiste ocultármelo? ¡¡Si sabes que a mi me encanta el bateris…!!! –se cortó en seco al ver a los chicos allí, sin embargo, sus pies no se detuvieron a tiempo y dio un mal paso, ocasionando que el tacón alto de las sandalias resbalara, haciéndola perder el equilibrio. Charlie soltó un grito ahogado y los tres se movieron por instinto. Se hubiera dado un fuerte golpe contra el suelo de no ser porque Gustav, quien estaba más cerca, la sostuvo entre sus brazos y detuvo su caída.
-¡Por Dios, Cynthia!!! ¡Te he dicho que esas cosas son peligrosas!! –exclamó Charlie, señalando los tacones y mirándoles con recelo. Georg rió por lo bajo.
-¿Estás bien? –preguntó Gustav, aún sin soltar a la morena.
-¿Qué está pasando? –escucharon una segunda voz, proveniente de arriba. Bianca bajó las escaleras con cuidado y se quedó paralizada al reconocer al par de famosos plantados al pie de la escalera. Cynthia se había quedado embobada, mirando a Gustav, sin poder creer que estaba tan cerca de él. Sintió una tremenda vergüenza y luchó por salir de sus brazos.
-Estoy bien –dijo e intentó recobrar el equilibrio.
-¿Estás segura? –quiso cerciorarse Gustav, sin quitar la mano de su cintura. Hubo un momento de desconcierto, hasta que el timbre de la puerta volvió a sonar. Charlie bufó e hizo presentaciones rápidas.
-Chicos, ellas son Bianca y Cynthia. Chicas, no hace falta que les diga quienes son… –se dirigió a la puerta de nuevo.
-Feliz cumpleaños –le dijo un chico, ofreciéndole una rosa blanca.
-Oh, Jared… Dime que esa flor es para Bianca… –su tono era cansado.
-Pero si es por tu cumpleaños –se quejó el castaño.
-A Bianca no le gustará nada, dásela a ella.
-Está bien –aceptó cabizbajo.
-Por cierto, han llegado unos amigos míos que estaban de viaje, ¿Te importa si se vienen con nosotros?
-Para nada, está bien.
-¡Chicas! ¡Jared está aquí! –gritó y pronto aparecieron sus amigas, seguidas por Georg y Gustav.
-Ya hablaremos –le susurró Cynthia en voz baja y fue a saludar a Jared, lo cual no logró, ya que Bianca lo asfixiaba con un abrazo.
-P-para ti –apenas pudo decir éste, tendiéndole la flor.
-¡Oh! Jareeeeeeed –canturreó en un tono demasiado meloso y le plantó un beso en la mejilla.
-Él es mi amigo, Jared –presentó Charlie, señalando al ojiazul. –Jared, ellos son Georg y Gustav –apuntó a cada uno.
-Mucho gusto –dijo el joven y les tendió una mano. – ¿Nos habíamos visto antes?
-No lo creo –negó Georg, sin poder reprimir una sonrisa.
-Chicos –Charlie se dirigió a los G’s. –Ellos son mis amigos del Instituto. Justo íbamos a salir a un bar esta noche, ¿Se vienen?
Georg y Gustav se miraron y, sabiendo que no tenían nada mejor que hacer, aceptaron. Salieron de la casa y se dirigieron a sus respectivos autos. Gustav había traído a Georg, y Jared llevaría a Cynthia y Bianca.
-¿Y tu otro amigo? –preguntó Cynthia, antes de subir a la parte trasera del auto de Jared.
-Dijo que nos viéramos allá –contestó Charlie, un poco descolocada por la actitud fría de su amiga. Luego de cerrar la puerta a la morena, Charlie subió al asiento trasero del auto de Gustav, mientras Georg ya había ocupado el copiloto.
-¿A dónde la llevo, señorita? –preguntó Gustav, en plan broma y haciendo de chofer; acomodó el espejo retrovisor para tener una visión más amplia, tanto de la calle como del asiento trasero.
-¡Siga a ese auto! –exclamó, continuando la broma, al ver que el auto de Jared arrancaba. Georg y Charlie rieron, al tiempo que Gustav ponía la primera velocidad. El camino se les hizo corto, ya que tenían mucho qué contarse. Charlie evitó mencionar que era su cumpleaños, por lo que los chicos creyeron que era una salida normal.
-¿Y mis gemelos favoritos? –quiso saber la pelinegra.
-No los vemos desde ayer –se limitó a contestar Gustav. –Andarán de parranda por ahí…
-¡Oh, ¿Cómo puedes decir eso?! –interrumpió Georg con sarcasmo de más. –Si ellos no saben ni lo que significa esa palabra –siguió y los tres se echaron a reír.
-Oigan –interrumpió Charlie de repente. – ¿De casualidad alguno tiene el número de Giselle? Me gustaría invitarla… –comentó pensativa. Georg paró sus risas de golpe. –Si la conocen, ¿No? Es la asistente de Natalie.
-Creo recordarla –contestó Gustav. –Pero el que en realidad la conoce es Georg, es seguro que él tiene su número –añadió, alzando las cejas y lanzando una mirada pícara a su amigo.
-Uuuy grandullón –le fastidió Charlie, con un tonito de burla. Georg seguía sin decir ni pío. –Anda, llámala… –pidió.
-¿Se conocen?
-Somos amigas, y ahora que ustedes están de vuelta, supongo que ella también.
Georg hizo la llamada, hablando en voz baja para que no pudieran oírlo. En un abrir y cerrar de ojos, Gustav estaba aparcando en el estacionamiento, justo afuera del N&N.
-Noir&Nuit –leyó Charlie, para que Gustav pudiera oírla. –No tiene mucho que lo abrieron. –informó, mientras se encaminaban al interior y podían escuchar el retumbar de la música en sus oídos.
Jared había reservado una mesa, así que no batallaron en encontrarla y sentarse todos juntos, apiñados sobre un sillón de cuero, a cuadros blancos y negros. Todo el lugar estaba muy bien decorado, al estilo retro, pero la música era de lo más moderna y movida. Se pidieron unos tragos y no tardaron en enfrascarse en una conversación. Georg, Charlie, Gustav y Cynthia hablaban animadamente, mientras Bianca parecía seguir empeñada en asfixiar a Jared, quien lanzaba miradas de auxilio a Charlie. Georg alzó la mano para saludar a alguien, y pronto Giselle estaba con ellos.
-¡¡Oh por Dios!! ¡¿Pero quién es ésta preciosidad?! –exclamó Giselle, y Charlie se vio atrapada entre una melena de rulos pelirrojos como el cobre. – ¿Pero qué pasó aquí? –la hizo levantarse y girar sobre su eje para observarla. Charlie le seguía el juego, divertida; se notaba que entre ellas dos había mucha química, y mucho cariño. –Y eso que estuve fuera por un año… Creí que te encontraría, tú sabes, más andrógina –soltó y ambas se echaron a reír. – ¿Y esas curvas?
-¡Giselle!! –Charlie se sonrojó un poco. – ¡No lo sé!! Desperté una mañana y ya estaban allí –dijo y se encogió de hombros.
-Ven aquí –la atrajo y se dieron un fuerte abrazo.
-¡Hey! Como sigan así de cariñosas, terminaremos los tres en el baño –advirtió Georg, sonriendo de medio lado y ganándose una mirada de reproche por parte de Gustav. Charlie abrió la boca, fingiéndose ofendida, pero la verdad es que convivía tanto con hombres, que ese tipo de comentarios no le afectaban para nada.
-¡¡¡Georg!!! –reclamó Giselle.
-Oh, vamos Gi, sería divertido… Recuerdo cierta ocasión en la que me estabas coqueteando –dijo Charlie en plan broma, haciendo que Giselle se pusiera como un tomate y le dirigiera una mirada asesina al ojiverde.
-¿Qué te han hecho? Tú no eres Charlie –afirmó con una sonrisa en los labios y fue a sentarse en una orilla.
-Por cierto, ella es Cynthia, mi amiga –presentó Charlie. –Cynthia, ella es Giselle. –Ambas se dieron la mano y los cinco reanudaron su conversación.
2 coments.:
aww!!
kee geniiaal
iia kieroo seguiir leyeendho
spero subas pronthoo n_n'
muchoos saludhoos! :D
akii me paseee ;)
hoy es 30 dee noov.!!!!
la ulthima ves ke entree foe el 24
o_o dioos mooero pk suubaaaaaaaaaaas!
T____T ia kieroo leer D:!!
esperoo subas iaiaiaia meriithoo xD!!
asdasdasd!!! por favoor T_________T
eskee me enkanthaa!
http://www.fotolog.com/x_ccii_x porr si me kiereen visiithaaar
clia_123@hotmail.com ò
ccyy_kaulitz@hotmail.com
por sii me kiereen agregaaaaar
i charlaamoos akaaám! xD
byebyee!
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