Las horas transcurrieron velozmente, mientras el ambiente se hacía más relajado con cada copa que los chicos apuraban hacia sus bocas. Los únicos que seguían sobrios eran Gustav y Jared, y sólo porque eran los conductores. El baterista parecía haber hecho química con Cynthia en un instante, mientras Georg, Giselle y Charlie reían como descocidos con cada anécdota que se contaban entre ellos.
-Ahora vengo –avisó Charlie, poniéndose en pie. Ella no era una chica común, y mucho menos de las típicas que van al baño acompañadas. Se encaminó por su cuenta hasta el fondo del lugar, donde se vislumbraban unas puertas del color del metal y un letrero ponía "Baños". Cynthia se puso en pie y fue tras ella.
-Charlie –le llamó, una vez que ésta hubo salido del cubículo. Ambas se miraron en el reflejo del espejo, frente a los lavamanos.
-¿Qué pasa Cynthia? ¿De qué querías hablar?
-Quiero saber, ¿Por qué no me lo dijiste?
-¿Decirte qué? –abrió el grifo del agua y comenzó a lavarse.
-¡Por favor! ¡Sabes a lo que me refiero! –Charlie no contestó, parecía muy concentrada en lavar sus manos. –A los tres días de conocernos, te hablé de Tokio Hotel, te conté que me encantaba su música y que estaba completamente enamorada de Gustav… –hizo una pausa, en la que Charlie parecía ignorarle por completo, al tiempo que secaba sus manos con una toalla de papel. –Y nunca me dijiste, ni siquiera insinuaste que les conocías. ¿Por qué?
-Porque no voy por la vida, cantando a los cuatro vientos que soy amiga de los Tokio… –contestó en un tono neutro. –Los famosos son ellos, no yo; pero no dejan de ser personas, y no creo que esté bien que alardee sobre ser su amiga, eso no va conmigo. –declaró y fue a dirigirse a la salida del baño, un tanto molesta.
-¡P-pero, Charlie!
-¡¿Pero qué?!
-Es que siento que no confías en mí.
-Pues no confiaba en ti en ese momento –se sinceró. – ¿Qué crees que hubiera pasado si te hubiera contado de Gustav desde el inicio?
Un silencio se apoderó de la situación, oyéndose solamente la música de afuera, mientras Cynthia rememoraba el día en que había conocido a Charlie…
-Ahora vengo –avisó Charlie, poniéndose en pie. Ella no era una chica común, y mucho menos de las típicas que van al baño acompañadas. Se encaminó por su cuenta hasta el fondo del lugar, donde se vislumbraban unas puertas del color del metal y un letrero ponía "Baños". Cynthia se puso en pie y fue tras ella.
-Charlie –le llamó, una vez que ésta hubo salido del cubículo. Ambas se miraron en el reflejo del espejo, frente a los lavamanos.
-¿Qué pasa Cynthia? ¿De qué querías hablar?
-Quiero saber, ¿Por qué no me lo dijiste?
-¿Decirte qué? –abrió el grifo del agua y comenzó a lavarse.
-¡Por favor! ¡Sabes a lo que me refiero! –Charlie no contestó, parecía muy concentrada en lavar sus manos. –A los tres días de conocernos, te hablé de Tokio Hotel, te conté que me encantaba su música y que estaba completamente enamorada de Gustav… –hizo una pausa, en la que Charlie parecía ignorarle por completo, al tiempo que secaba sus manos con una toalla de papel. –Y nunca me dijiste, ni siquiera insinuaste que les conocías. ¿Por qué?
-Porque no voy por la vida, cantando a los cuatro vientos que soy amiga de los Tokio… –contestó en un tono neutro. –Los famosos son ellos, no yo; pero no dejan de ser personas, y no creo que esté bien que alardee sobre ser su amiga, eso no va conmigo. –declaró y fue a dirigirse a la salida del baño, un tanto molesta.
-¡P-pero, Charlie!
-¡¿Pero qué?!
-Es que siento que no confías en mí.
-Pues no confiaba en ti en ese momento –se sinceró. – ¿Qué crees que hubiera pasado si te hubiera contado de Gustav desde el inicio?
Un silencio se apoderó de la situación, oyéndose solamente la música de afuera, mientras Cynthia rememoraba el día en que había conocido a Charlie…
***
Recordaba perfectamente que justo la había conocido en los baños de chicas del instituto. Cuando ella se lavaba las manos, Charlie salió de uno de los cubículos, asustándola; llevaba el pelo corto, unos pantalones un poco anchos y oscuros, y una camiseta negra, con letras blancas.
-¡¿Qué haces aquí?! –le espetó, poniéndose roja. – ¡¿Estás tonto o qué?!! ¡Éste es el baño de chicas!!!
-Soy una chica. –le contestó, dejándola atónita.
-¿Cynthia? ¿Por qué gritas? –quiso saber Bianca, saliendo de otro cubículo. – ¡Pero si eres tú!! –señaló a Charlie, quien roló los ojos con fastidio: uno más en la cuenta de los malentendidos acerca de su género. – ¡Eres el amigo de Jared! ¿Qué haces aquí?
-No soy el amigo de Jared, soy su vecina de casillero –se explicó, enfatizando las palabras. –Me llamo Charlotte, pero acostumbro a presentarme con el diminutivo “Charlie”, y Jared dio por hecho que era un chico…
Cynthia y Bianca le miraban de arriba abajo, escrutándola con la mirada; Bianca le veía con un poco de desprecio y Cynthia aún no se lo podía creer.
-¿Qué tanto miran? –reclamó la pelinegra. – ¿Necesitan que me quite la playera para creerme? –añadió en un chillido un poco más agudo de lo normal. Dio media vuelta y salió de allí. Estaba cansada, harta. Desde que Frank y ella habían decidido hacer una vida en Hamburgo, eran pocas las personas que no le miraban de esa forma, como si ella fuera un bicho raro.
En la hora del almuerzo, Cynthia se disculpó con ella y luego de almorzar juntas, descubrió que Charlie era tan normal como ella, con algunos viajes largos en su pasado y un poco más de kilómetros recorridos, pero seguía siendo una buena chica.
-¡¿Qué haces aquí?! –le espetó, poniéndose roja. – ¡¿Estás tonto o qué?!! ¡Éste es el baño de chicas!!!
-Soy una chica. –le contestó, dejándola atónita.
-¿Cynthia? ¿Por qué gritas? –quiso saber Bianca, saliendo de otro cubículo. – ¡Pero si eres tú!! –señaló a Charlie, quien roló los ojos con fastidio: uno más en la cuenta de los malentendidos acerca de su género. – ¡Eres el amigo de Jared! ¿Qué haces aquí?
-No soy el amigo de Jared, soy su vecina de casillero –se explicó, enfatizando las palabras. –Me llamo Charlotte, pero acostumbro a presentarme con el diminutivo “Charlie”, y Jared dio por hecho que era un chico…
Cynthia y Bianca le miraban de arriba abajo, escrutándola con la mirada; Bianca le veía con un poco de desprecio y Cynthia aún no se lo podía creer.
-¿Qué tanto miran? –reclamó la pelinegra. – ¿Necesitan que me quite la playera para creerme? –añadió en un chillido un poco más agudo de lo normal. Dio media vuelta y salió de allí. Estaba cansada, harta. Desde que Frank y ella habían decidido hacer una vida en Hamburgo, eran pocas las personas que no le miraban de esa forma, como si ella fuera un bicho raro.
En la hora del almuerzo, Cynthia se disculpó con ella y luego de almorzar juntas, descubrió que Charlie era tan normal como ella, con algunos viajes largos en su pasado y un poco más de kilómetros recorridos, pero seguía siendo una buena chica.
***
-Te juzgué mal cuando nos conocimos –admitió.
-¿Y si te hubiese contado de Gustav en ese momento…?
-Sería tu amiga sólo por conveniencia, porque sabría que me ayudarías a conocerlo.
-¿Ahora vez porqué no lo hice? –la morena asintió, sintiéndose culpable. Era cierto que no habían sido las mejores amigas desde el principio, y conforme había ido conociendo a Charlie, se había encariñado con ella. –Y eso que tú si me quieres, ahora imagina si se lo hubiese dicho a Bianca –agregó y se echó a reír.
-Char, lo siento. No tenía nada qué reclamarte.
-Ya no importa, pero, ¿Cómo te enteraste antes? Porque te recuerdo que antes de casi matarte en las escaleras, gritaste mi nombre completo, y eso sólo significa que estabas muy enfadada –dijo, fingiendo que temblaba asustada.
-Bianca descubrió las fotos que tienes en tu PC.
-Y no deja de meterse en lo que no le importa, ¿Cierto?
Lanzaron una carcajada y salieron de allí, tomadas del brazo. Se separaron antes de llegar a la mesa, ya que Charlie fue a la barra y pidió más tragos. Se quedó allí mientras se los servían, y de repente sintió una cálida y enorme mano en su hombro.
-Disculpa, ¿Estás sola? –escuchó una voz grave a sus espaldas; tomó un trago con cada mano y se giró, totalmente lista para mandarlo a volar, abrió la boca, pero nada salió de ella, a excepción de un:
-¿Tom?
Él le miró, mostrando una sonrisa coqueta, complacido de que la hermosa desconocida supiera su nombre, porque… Era obvio que sabía quién era el famoso guitarrista; aunque esos ojos se le hacían conocidos, demasiado conocidos; y ¿Por qué ella no sonreía? ¿Por qué le miraba con tanta… familiaridad? Oh… No podía ser cierto. ¿Podía ser?
-Charlie… –casi susurró.
Unos segundos de silencio llenaron el ambiente, mientras sus miradas se cruzaban, inspeccionándose el uno al otro, y un montón de emociones y sentimientos contradictorios les invadieron de golpe, evocando todas y cada una de las palabras que se habían dicho la última vez que hablaron. Charlie sintió sus mejillas arder, a la vez que él ensanchaba su encantadora sonrisa.
-¿Y Bill? –consiguió preguntar, para desviar la atención de Tom. –Han venido juntos, ¿Cierto? –continuó, ofreciéndole uno de los tragos que llevaba.
-Sí, hemos venido con Andreas –contestó, y tomó el vasito que ella le ofrecía. –Nos ha dicho que nos tenía una sorpresa… –sonrió antes de tomar la bebida de un solo trago.
-¿Ah sí? –Charlie miró en dirección de su mesa, y Andreas le saludó sonriente con una mano, mientras Bill saludaba a los G’s, incluida Giselle. –Sorpresa, sorpresa –dijo a Tom, mientras devolvía el saludo al rubio. –Vamos.
Se encaminaron juntos hasta llegar con los chicos, quienes a falta de espacio en el sillón, habían acomodado un par de butacas alrededor de la mesa.
-Oh por Dios, Charlie ¿Eres tú? –exclamó Bill completamente asombrado. Charlie sonrió y no pudo evitar recordar la primera vez que Bill la había visto como lo hacía ahora, aquella noche en el bar del hotel. –Sabía que eras preciosa, ¡Pero qué manera de demostrarlo!
-Gracias –contestó y se acercó para saludarlo con dos besos en las mejillas. –Y gracias por la sorpresa, Andreas. –Bill se separó de Charlie y miró a su amigo significativamente.
-De nada –dijo el rubio y abrazó a la ojiazul. –Feliz cumpleaños –susurró en su oído, como si por arte de magia, hubiese descubierto que ella no quería que los chicos se enteraran.
-¿Se conocen? –quiso saber Bill.
-Sí, nos conocimos en el aeropuerto… –comenzó a explicar su amigo. Charlie no se pudo resistir y echó una mirada a Tom, quien se había sentado en el otro extremo del sillón, el cual tenía una forma curva, como una “C”. El orden de los ocupantes era éste: Bill, Andreas y Charlie, estaban de pie todavía; seguían Giselle, Georg, Gustav, Cynthia, Bianca y Jared. Tom se había hecho lugar entre Cynthia y Bianca, y saludaba a ésta última con confianza. Si éste chico no necesitaba de presentaciones. –Y decidimos mantenernos en contacto –finalizó Andreas.
-Oh, ya veo… Me alegra que se lleven bien.
-Ah, por cierto, chicos –intervino Charlie. –Ellos son mis amigos del instituto: Cynthia, Bianca y Jared –los señaló a cada uno. –Chicos, ellos son Bill y Andreas… Y ese de allá –señaló a Tom con la cabeza. –Es Tom.
El guitarrista le tendió una mano amistosa a Jared, a quien no le hacía mucha gracia que Tom le robara la atención de Bianca. Ésta última miraba a Charlie de una manera extraña, como si no pudiera concebir la idea de que la pelinegra tuviera este tipo de amistades.
-Y Charlie, ha sido mucho tiempo, ¿No crees? –dijo Bill, sentándose en una butaca. Charlie tomó asiento junto a Giselle en la orilla del sillón, mientras los tres G’s (Sí, eran tres ahora que Giselle se les había unido) y Cynthia, reanudaban su plática anterior.
-Sí claro, ha sido poco más de un año.
-Con eso de que cuando vuelven, sólo se quedan unos días –saltó Andreas, con un falso tono de reclamo. –Nos tienen abandonados –acusó y una sonrisa se asomó en sus labios. –Por eso Charlie y yo nos hemos unido, para llenar el vacío en nuestros corazones –siguió jugando, mientras ponía cara de sufrimiento y Charlie reía.
-Oh, pero que desconsiderados hemos sido –Bill se llevó una mano a la frente, simulando preocupación. –Dejaremos de lado todo el trabajo para estar con ustedes, ¡Lo prometo! –bromeó con sarcasmo. Charlie aprovechó que el par de amigos se echó a reír para mirar una vez más a Tom. Seguía muy entretenido con Bianca, mientras Jared jugaba con la pajilla en su bebida. Entonces, se pilló a sí misma: ¿Qué estaba haciendo? Se supone que no debería preocuparle lo que Tom hiciera o dejara de hacer… Pero, ¿Por qué no conseguía dejar de lanzarle miradas furtivas?
-¿Charlie? ¿Estás ahí? –preguntó Bill, paseando una mano frente a su cara. Charlie parpadeó y se percató de que Andreas no estaba.
-¿Y Andreas?
-En el baño –se encogió de hombros. –Estás distraída… –afirmó.
-¿Tú crees? –cuestionó y bajó la mirada, sonriendo apenada, y haciendo que un mechón de su cabello se escurriera por su rostro. Bill tomó el mechón entre sus dedos y lo acomodó tras su oreja.
-Tienes un cabello hermoso –dijo embobado. –Pero no debería ocultar ese bello rostro…
Charlie podía sentir que su cara era como un foco rojo; no lo podía creer. Por fin, lo que ella alguna vez había deseado, que Bill la notara, que le prestara atención; por fin se estaba volviendo realidad, y sin embargo, seguía teniendo la tentación de mirar a Tom una vez más. ¿Qué diablos pasaba con ella?
-Así que éste bar es nuevo –habló él, para llenar el espacio en silencio.
-S-sí, tiene poco que lo abrieron, pero está muy bien.
-¿Qué es eso? –preguntó el vocalista, señalando hacia arriba. Charlie siguió la dirección de su mano y divisó lo que parecía ser algún tipo de terrazas interiores, cubiertas con un vidrio transparente y con cortinas por dentro.
-Serán los privados –respondió. –Los acaban de inaugurar…
-Ah… ¿Te gustaría estrenarlos?
Charlie se giró bruscamente hacia él, mirándole con inquietud y asombro. ¿Bill le estaba proponiendo que… ¡¿Qué?!?
-¿Charlie? –le llamaba, ya que ella se había quedado muda. –Andreas no tardará en regresar y no podremos escaparnos, ¿Qué dices? –Bill sonrió irresistiblemente, ante la cara de sorpresa de ella. – ¿Charlieeeee? ¡Anda, vamos! –no esperó más por una respuesta, la tomó de la mano y se pusieron en camino hacia unas escaleras, que era por donde se subía a las terrazas, sin darse cuenta que un Tom algo desconcertado les seguía con la mirada. Sí, desconcertado porque Bill y Charlie eran las últimas personas de quienes se hubiese imaginado que serían pareja, y mucho menos, que lo iniciarían en el privado de un bar; igual podría tratarse de un polvo, pero Tom sabía que su hermano no era así, entonces, ¿La cosa iba en serio?
-¿Tom? ¡Tooooom! –canturreó Bianca en su típico tonito. – ¿Qué miras? –intentó seguir la mirada del guitarrista, sin conseguirlo. – ¿Quieres ir allá arriba? –invitó, poniendo ojitos.
-Eh… Pues… Hoy no, lo siento. Hemos venido en plan de amigos, no en plan de ligue.
-Oh… No suenas como el Tom Kaulitz de siempre. –mencionó, intentando sonar sensual.
-Tú no conoces al Tom Kaulitz de siempre.
Bianca se quedó callada, y decidió echar un vistazo a Jared; seguía sumido en la orilla del sillón, mirando su vaso fijamente como si pudiera beberlo con la mirada, ya que no podía tomar alcohol esa noche. Andreas llegó y luego de poner una cara de ofendido, fue a sentarse entre Cynthia y Tom.
-Me han abandonado –se quejó, al tiempo que Tom soltaba una carcajada.
-Supongo que se traían ganas, si sabes a lo que me refiero –dijo alzando las cejas. Andreas le miró confundido y Tom se limitó a señalar las terrazas disimuladamente.
-Aaaah… Ooooh… –expresó el rubio, entendiendo el mensaje. – ¿Y? ¿No te molesta?
-¿Por qué iba a molestarme? –saltó Tom a la defensiva. Claro que le molestaba, pero no podía enfadarse con Charlie, mucho menos con su hermano.
-Oh vamos Tom, ¿Tienes amnesia? ¿Ya olvidaste lo que me contaste antes de irte a América? –el rastas seguía haciéndose el desentendido. –“Me has hecho sentir tantas, tantas cosas que, he tenido que plasmarlo en música para poder deshacerme tan siquiera de un poco de este sentimiento…” –le recordó dramáticamente sus propias palabras.
-Eso fue hace un año, era muy impulsivo –se justificó.
-Sigues siendo impulsivo –refutó su amigo.
-Intento controlarme más, y tus comentarios no me están ayudando –renegó, con un pequeñísimo atisbo de amenaza en su voz.
-Vale, pero no intentes engañarme, sé que la has estado mirando toda la noche.
-¿Y eso qué?
-Que ella también te ha mirado a ti –contestó Andreas, sonriendo con complicidad a su amigo, sabiendo que por mucho que Charlie hubiese estado enamorada de Bill en el pasado, las cosas habían cambiado.
-Wow… Esto es… Elegante –Charlie hablaba pausadamente, mirando todo a su alrededor. Era una pequeña habitación de tres por dos metros, alfombrada y una de las cuatro paredes era totalmente de vidrio, por donde se podía ver la pista de baile en el piso de abajo; una luz entre rosada y violeta irrumpía en la habitación sutilmente, y se podía notar una leve vibración en el vidrio, que amortiguaba el ruido de las bocinas, sin dejar pasar ni un solo sonido.
-¿Algo más señor? –escuchó Charlie la voz de un camarero, apostado en la entrada.
-Nada más, gracias –contestó Bill, cerró la puerta y se giró sosteniendo un par de copas con una sola mano. El camarero había traído una cubeta con hielos y dos botellas de champaña, una de las cuales ya había sido abierta. Bill sirvió las copas, mientras Charlie observaba la pista a través del vidrio.
-Vidrios “Anti-ruido” –comentó el vocalista, situándose muy cerca de ella. –Muy ingenioso; ni nosotros los oímos, ni ellos nos oyen.
Charlie sonrió, nerviosa. Tomó la copa y la apresuró hasta su boca, con la esperanza de que el alcohol le ayudara a relajarse un poco. Bill no pudo evitar soltar una risita y preguntarse ¿Por qué no la había visto antes? Vale, la conocía de hace tiempo, pero ahora estaba más… No sabría cómo explicarlo, pero ahora esa chica le atraía, y mucho. Le dio a Charlie a sostener su copa y alzó los brazos para cerrar las cortinas, que cayeron pesadamente, encerrándolos y dándoles la sensación de que estaban en otro lugar, completamente solos; eso sí que era un privado. Caminaron juntos hasta un sofá tipo “Love seat” rojo y tomaron asiento.
-¿Cómo es América? –quiso saber Charlie, reanudando la conversación que habían dejado a medias.
-Grande –respondió Bill, y ambos rieron. –Y diferente –concluyó.
-Oh, eso me deja las cosas muy claras: “Grande y diferente”, lo tendré en cuenta.
-Pues es lo único que se me ocurre decir –se justificó.
-¿Te gustó?
-Sí, Nueva York es impresionante, y deberías ir de compras a Los Ángeles, ¡Tienen de todo! Y la gente… Oh por Dios, las fans de allá están locas, ¡Pero en el buen sentido! ¿Sabes? Estuvimos en México, ¿Lo imaginas? Jamás pensé que llegaríamos tan lejos... ¿Te estoy aburriendo?
-¡Para nada! ¿Piensan volver?
-Sí, pero probablemente hasta luego del lanzamiento del nuevo álbum.
-Me alegro por ustedes –dijo sinceramente. Charlie no se consideraba una fan, en toda la extensión de la palabra, de Tokio Hotel, pero sí que había algo que ella admiraba de estos chicos, y era que, a pesar de los obstáculos, ellos estaban cumpliendo todos y cada uno de sus sueños.
-Y dime, ¿Qué has hecho?
-Nada tan emocionante como tu vida, eso es seguro.
-Igual me interesa –se encogió de hombros.
-Pues… Me matriculé en un Instituto para terminar mis estudios, hice amigas y ahora parezco chica… –se señaló a sí misma.
-¡Y qué chica!! –interrumpió Bill, y volvieron a reír.
-¿Te contó Gustav que tenía un trabajo en un taller?
-Sí, de hecho antes de irnos a América nos comentó que se habían visto la noche anterior. –Charlie asintió, confirmándolo.
-Me han ascendido, estoy de subgerente.
-¿Cómo? ¿En un año? ¡Debes ser muy buena!
-Mm… No lo niego –contestó, fingiéndose arrogante, rieron una vez más. –La verdad es que el gerente piensa expandirse y abrirá otra sucursal, por lo que tiene que dejar a alguien a cargo… Yo sí que te estoy aburriendo, ¿Cierto?
-Para nada… –repitió las palabras de ella, pero en un tono más serio. –Charlie…
-Dime.
-¿Hubo algo entre Gustav y tú? –Charlie no contestó de inmediato, era una pregunta que no se esperaba, estaba totalmente fuera de contexto; tragó saliva.
-No –respondió con seguridad en la voz. –No, solamente somos amigos, ¿Por qué?
-Me parecía a mí que eran muy cercanos, especialmente en los últimos días de la gira europea… Y yo, creí que… Y no quería que… –se calló al ver que no podía ni terminar de formar las frases.
-Cercanos sí, ya que Gustav me ofreció su apoyo y amistad sin importarle mi apariencia, edad, etcétera… Y se lo agradezco, pero nunca pasó de ser una linda amistad… Para mí Gustav es… Es como un hermano.
-Me alegra oír eso.
-¿Por qué?
-Porque así no habrá problema con lo que estoy a punto de hacer…
Sus palabras se convirtieron casi en un susurro y se perdieron en el silencio de la atmósfera, mientras Bill inclinaba su cuerpo, acercando su rostro al de ella. Era la segunda vez que lo intentaban, y ahora no había posibilidad de ser interrumpidos. Charlie estaba sumamente nerviosa, pues aunque le dolía admitirlo, ese sería su primer beso; sí, a los dieciocho años nunca había besado a un chico, pero no era porque no quisiera, sino que sus circunstancias durante su adolescencia, siempre habían sido muy diferentes a las de una chica normal: Viajaba todo el tiempo, así que nunca tuvo oportunidad para salir con chicos, o hacerse de un novio.
Pudo sentir el aliento de Bill cerca de sus labios y luego de un ligero roce, ambos quisieron ir por más, abalanzándose al mismo tiempo y dando como resultado que uno y otro chocaran sus frentes.
-Ouch –se quejaron y soltaron una risita divertida. Volvieron a intentarlo y ahora fueron sus narices las que no se pusieron de acuerdo; la situación era embarazosa y divertida a la vez, pero les estaba diciendo algo.
-Acércate más –dijo Bill y ella le obedeció. –No te muevas –susurró, inclinándose nuevamente. Como primer beso, Charlie no hubiera podido pedir algo mejor; Bill era tierno y suave, casi con timidez iba saboreando sus labios, entreabriendo los suyos; Charlie hizo lo mismo, y por fin consumaron el beso, que era tan solo el primer paso. Como por inercia, Bill la tomó por la cintura y siguió inclinando su cuerpo, hasta quedar recostados en el sofá. De repente, aumentaron el ritmo de sus besos y un ruido raro salió de sus bocas, causando que los dos se echaran a reír. Cuando quisieron continuar, se movieron al mismo tiempo, chocando y cayendo al suelo. Bill boca arriba y Charlie encima de él. Una nueva carcajada se apoderó de ellos.
-Nos mataremos si seguimos intentándolo, ¿Cierto? –dijo Charlie, una vez que hubiese cesado la risa. Bill suspiró, mientras ella dejaba caer la cabeza en su pecho. Ambos sabían lo que había pasado: no era simplemente la torpeza de Charlie, sino que, los dos eran físicamente incompatibles.
-Creo que debemos ser sólo amigos –dedujo Bill.
-Creo que tienes razón –concedió Charlie y se movió de encima de él, sentándose en el suelo y recargando su espalda en el sofá. Bill también se incorporó.
-¿Y qué hacemos con la champaña?
Se sonrieron con complicidad y decidieron terminar con las dos botellas.
-Y tenemos a nuestro primer hombre caído –comentó Tom, al ver que Georg y Giselle se ponían en pie y desaparecían por la puerta de salida. Gustav y Cynthia seguían su charla de dos, mientras Bianca parloteaba al lado de Tom, sin que éste le prestara mucha atención; Andreas seguía a su lado, aunque parecía estar en otro mundo.
-¡Hey! ¿Por qué esa cara larga? –exclamó Charlie, dirigiéndose a Jared. Venía junto con Bill, muy sonrientes y un poco… ¿Ebrios? Tom no se quiso ni imaginar lo que había pasado allá arriba, pero era obvio que nada bueno. Charlie tomó asiento junto a Jared, quedando en la orilla del sillón y dejando a Bill de pie. – ¿Se podrían correr un poco? –les pidió la pelinegra, para hacer lugar a Bill, quien le sonreía radiantemente. Había tanta complicidad entre ellos, que era irritante.
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