viernes, 4 de diciembre de 2009

Capítulo 14

Lentamente, casi obligando a sus pies a reaccionar, regresó a la cocina, dejó la taza sobre la barra y regresó a la habitación, donde Gaby se paseaba con tan sólo una pequeña toalla cubriendo su escultural cuerpo. Tom entró hecho una fiera, acercándose a ella para arrancarle la toalla y tomarla en brazos hasta llegar a la cama de nuevo. La castaña sonrió ante la impulsividad del guitarrista, sin saber que no era deseo lo que Tom sentía, sino una rabia que no sabía como descargar.

-Mm... ¿Bill? –habló Charlie, abriendo un solo ojo.
-¿Mmhm? –se limitó a contestar.
-¿Escuchaste algo?
Ambos intentaron agudizar el oído, escuchando por encima del silencio y del lejano ruido de las olas del mar. Pequeños estruendos pausados, como un montón de cosas cayendo en el segundo piso, más específicamente en la habitación de los gemelos.
-Es Tom –dijo Bill. –Con sus ejercicios matutinos –agregó y ambos pelinegros echaron a reír, antes de recostar nuevamente sus cabezas para dormir un poco más.

Cuando los demás se hubieron levantado, y cuando Bill estuvo seguro de que podía entrar en la habitación sin toparse con alguna escena embarazosa, los dos amigos subieron a sus respectivas habitaciones, que ahora estaban vacías. La puerta de la habitación de los gemelos se abrió de golpe, en el momento en el que Bill se colocaba la camiseta, luego de haberse duchado. Tom entró sin dirigirle la palabra y se encaminó hacia el baño.
-¿No te habías duchado? –preguntó Bill, intentando sacar un tema de conversación. Tom emitió un gruñido en respuesta, que su hermano tomó como un “No”. Al ver que Bill no iba a preguntar más, el guitarrista se sacó las ropas que llevaba y abrió el grifo de la regadera, dejándose mojar el cuerpo, intentando relajarse, sin conseguirlo.

¿Cómo es que podía estar tan inquieto? A pesar de sentirse exhausto, no podía dejar de pensar en lo que había visto esa mañana. Pero ¿Por qué? ¿Era a caso que le importaba tanto? A Tom le daba igual si Bill ahora quería una novia; sí, eso lo tenía claro, pero… ¿También le daba igual si esa novia fuera Charlie? Sí, fue lo primero que le dijo su cerebro; aunque en el fondo, sentía algo diferente. Se restregó la cara con desesperación, y una vez que terminó de ducharse, salió del baño, se vistió y pensó en hablar con su hermano, era el único que podría aclararle las cosas.
-¡Oh Bill! –escuchó la voz de Charlie, desde dentro de su propia habitación; Tom se detuvo en el pasillo, frente a la puerta de la alcoba. –Bill… Eso se… Se siente taaan bien –decía la chica, en un tono que podría tomarse como un… “No”, pensó Tom; no podían ser… ¿Gemidos? –Mmm… Bill… ¿Podrías hacerlo más…?
-¿Lentamente? –terminó la frase por ella. –Claro, tan sólo disfruta…
Tom no se lo podía creer, había pegado su oído a la puerta y había escuchado esas frases que le hacían sentirse traicionado; y de nuevo ese nudo en la garganta y ese sentimiento que le había sorprendido esa misma mañana, y que ahora le paralizaba de nuevo.
-Ohm… Bill… ¿Cómo aprendiste a hacer eso? –preguntó Charlie, y Tom pudo captar un ligero tono de satisfacción en su voz.
-Con mucha práctica –contestó Bill, un tanto alegre. –Será mejor que bajemos de una vez…

Tom no terminó de escuchar la frase, eso último había sido como una señal de salida en una carrera que le hizo precipitarse escaleras abajo y entrar en la cocina, pretendiendo que nada había pasado; los demás le miraron con curiosidad, ya que se notaba agitado.
-¿Tanto escándalo para bajar unas escaleras? –preguntó Georg, en tono de burla.
-Casi me caigo –respondió automáticamente, poniendo una excusa.
-Torpe –dijo Bill, entrando en la cocina, seguido por Charlie. Tom les examinó con la mirada insistentemente, pero no había nada en ellos que les delatara: estaban tan frescos como lechugas.

Pasado el medio día, Cynthia y Gaby organizaron un picnic en la playa. Llevaron un enorme mantel para colocarlo a la sombra de unas palmeras y los siete se tumbaron, sentándose en círculo para comer un par de sándwiches.
Luego de reposar un poco la comida, Tom se recostó, acomodando la cabeza en las piernas de Gaby, mientras ella seguía charlando con Cynthia y Gustav; al guitarrista se le veía muy cansado, pero Charlie se prohibió sentir pena por él: si estaba cansado, era por que él mismo se lo había buscado, así que intentó volver a su tarea de tomar más y más fotos del paisaje.
-¡Aaaaaah! –bostezó Georg. –Hay que hacer algo, que me aburro…
-Mm… ¿Qué tal un nuevo bombardeo? –propuso Charlie, con una sonrisa malvada cruzando su rostro. –Bill, ¿Te nos unes?
-¡Ni lo piensen!!! –les cortó Cynthia, quien estaba al pendiente tanto de la conversación con Gaby como de la de ellos. –Aquí tienes –dijo a Charlie, lanzándole nuevamente el balón de soccer. –A ver qué hacen con eso.
-Aguafiestas –susurró Charlie y se puso en pie, con el balón en las manos. – ¿Alguien juega?
Georg y Bill le miraron divertidos; ellos jamás habían sido del tipo de chico deportista, así que Charlie estaba perdida si pretendía que ellos jugaran al soccer con ella. De hecho, los que se podía decir que hacían algo de ejercicio, parecían estar, uno casi en estado vegetativo, recostado en las piernas de su chica, y el otro perdido en las curvas de cierta morena que no dejaba de parlotear.
-Vamos Georgiee –dijo arrastrando las sílabas con burla.
-¡Arggh! ¡¿Desde cuando me dices “Georgiee”?! –reclamó el castaño, al tiempo que Bill soltaba una carcajada.
-¡¡Billieeee!! ¡¡Georgiee!! –siguió fastidiando la pelinegra, impostando la voz hasta convertirla en un canturreo meloso, pero sin conseguir nada. –Vamos, no pueden ser tan mediocres –animó, regresando a su tono normal de voz.
-Lo son –intervino Tom, sin abrir los ojos.
-¡¿Ah sí?!! ¡¿Y por qué no lo intentas tú?!! –retó Georg.
-Soy demasiado bueno, y estoy cansado –habló, yéndose por la tangente.
-Oh no, vamos… ¡Eres tan mediocre como nosotros!! –exclamó Bill, refiriéndose a los deportes.
-No lo soy –seguía hablando con voz ronca, y con los ojos cerrados. Charlie miraba a los tres que seguían sentados sobre el mantel.
-Uuy… Creo que alguien aquí tiene miedo –comenzó la chica, sonriéndole a Bill.
-¿Puedes sentirlo? ¿No hueles a miedo? –continuó él.
-Cállense –ordenó Tom.
-Mmm… Sip, creo que eso es a lo que huele, a un miedoso con rastas… ¿Sabes? Nunca creí que sería tan fácil ganarle a Tom en algo además de los video juegos.
-Sí y luego nos dice “Mediocres” –se quejó Georg. –Mediocre él.
-¡Hey!! –Tom abrió los ojos para mirar con odio a su amigo.
-Anda Tom, no seas cobarde…
-No lo soy.
-Demuéstralo –desafió Charlie, sonriendo con superioridad.
-Bien –soltó y se puso en pie de un salto, encarándola.
-Genial, será fácil ganarle al miedoso con rastas –se apuntó Georg poniéndose en pie él también.
-Estarás en mi equipo –ordenó Tom, a lo que Georg le miró sorprendido. –No quiero al enclenque de Bill conmigo –se justificó. –Que juegue con Charlie, ya que son tan unidos.
-Bah, no quería jugar de todas formas –contestó el vocalista. –Lo siento Charlie.
-Mm... No te preocupes Bill, serás el árbitro… ¿Gustav? ¿Juegas? –le invitó al percatarse que su amigo les prestaba atención.
-No soy muy bueno…
-Nadie lo es –respondió Charlie encogiéndose de hombros. –Te pondrás de portero, ¿Sí?
Gustav asintió, se puso en pie y los cinco se alejaron del mantel, andando por la arena, que se sentía más húmeda conforme se acercaban al mar. Charlie improvisó dos porterías, una enfrente de la otra, colocando cuatro rocas por pares.

-¿Qué se supone que debo hacer? –preguntó Bill, algo tímido, pues no conocía nada de aquel deporte, y de hecho, jamás le había interesado conocerlo.
-Detendrás el juego si se anota un gol, para sacar de nuevo; o si ves que se comete alguna falta, por ejemplo, si alguien toca el balón con la mano, aunque sea accidental o ves que juegan sucio, ¿Entendiste? –explicó dándole el balón para que comenzara el juego.
-¡Vamos!! ¡Qué esperan!! –apresuró Tom, mientras los G’s se ponían en las porterías cada uno.
Bill colocó el balón sobre la arena, luego se alejó un poco para que Charlie hiciera el saque de inicio, tomando la delantera y burlando a Tom, que se había interpuesto en su camino; se acercó rápidamente a Georg y pateó la bola sin dudar, al tiempo que el castaño se movió ágilmente, consiguiendo detener el tiro. Charlie sonrió, había creído que iba a ser más fácil. Los jugadores se mantenían prácticamente en silencio, a excepción de algunas risas o comentarios, mientras Cynthia y Gaby apoyaban a sus respectivos favoritos con gritos y silbidos. Georg ya había pasado el balón a Tom, quien luchaba por llevarlo a través del terreno difícil, pues jugar descalzos en la arena no era lo mismo que jugar en un campo, como alguna ocasional vez lo había hecho. Charlie dejó que se acercara a Gustav, pero antes de que Tom pudiera tirar, ella se barrió en la arena, robándole el esférico y corriendo con él en dirección contraria.
-¡Lo siento Georg!! –se disculpó la chica con una sonrisa de superioridad antes de patear el balón, pero no sólo lo pateó, lo pateó con efecto y la bola describió una curva que se convirtió en un gol limpio. – ¡Gol! –exclamó antes de festejar, mientras Bill, fiel a su puesto, se aseguró de que Georg hiciera el saque nuevamente. Tom no mostró reacción alguna, decidió seguir jugando, aunque se dio cuenta que Charlie tenía mucha más experiencia que todos ellos juntos. Recibió el pase de Georg, avanzando de nuevo por la arena, y en un instante, Charlie ya le había robado el balón; corrió tras ella, adelantándose y cerrándole el paso; ella iba a burlarle como en la primera ocasión, pero anticipándose a esa jugada, Tom no cayó en la trampa y pudo quitarle el balón a la pelinegra, dejándola un poco sorprendida, aunque también complacida: le encantaban los retos.
-Veamos qué tal tiras –dijo Charlie en voz baja, sin hacer un esfuerzo por defender su portería. –Lo siento Gus, también quiero ver que tan buen portero eres… –añadió para sí misma.
Tom pateó sumamente fuerte, pero con poca dirección, así que fue fácil para Gustav detener el balón con sus manos; lanzó una sonrisa a Charlie y arrojó el balón hacia ella, que lo recibió con el pecho y lo bajó con una pierna, para llevarlo hasta la meta contraria. Dio gracias que llevaba ropa cómoda, ya que era más fácil jugar con esos shorts anchos y ese top sin mangas, que con un diminuto traje de baño, como el que Cynthia le había obligado a comprarse, que también le gustaba, pero no para jugar al fútbol; igualmente al parecer se le había olvidado que llevaba la mano herida, porque no daba señales de que le molestara el firme vendaje con gasas que había hecho Bill alrededor del dorso de su mano. Tom y los chicos también llevaban bañadores anchos, y sólo Bill traía una playera ligera y sin mangas, parecida a la de Charlie.

Por lo visto, nadie tenía noción de cuanto duraba un partido de soccer real, porque siguieron jugando por horas. Tom logró meter un gol a Gustav y decidieron parar un poco para beber agua.
-Mínimo es entretenido –mencionó Charlie a Tom, mientras él apuraba un vaso con agua a su sedienta boca, en la terraza de la casa.
-Si tú lo dices –se encogió de hombros, pero no pudo evitar sonreír de medio lado. – ¿Por qué no lo hacemos aún más divertido? –propuso, observando a sus compañeros que se habían sentado en el mantel nuevamente, a descansar un poco. –Apostemos algo.
-Bien, ¿Qué quieres apostar? –aceptó ella, echando una mirada de confianza a Gustav.
-Dejémoslos fuera de esto, será entre tú y yo –dijo Tom, sonriendo pícaramente.
-Vale.
-Si yo gano… Mm... Veamos… Saldrás conmigo, esta noche.
-Pero… ¿Y Gaby? No pensarás abandonarla ¿O sí? –quiso saber, mirándole gravemente, aunque en el fondo no le importaba, para ella mejor si Gaby no los hubiese acompañado en primer lugar.
-¿Crees que yo voy a ganar? –preguntó divertido, al pillar a Charlie. –Oh vamos, es sólo un juego.
-Vale… Pero si yo gano –hizo una pausa al darse cuenta que no había nada de Tom que ella realmente deseara, a excepción de… –Si yo gano, hablaremos de lo que me dijiste antes de irte a América, cuando tocaste esa melodía que era para mí.
Tom borró su sonrisa y sus ojos denotaron sorpresa, pero casi instantáneamente aceptó, asintiendo, volviendo a sonreír confiadamente. Bajaron a la playa para reunirse con los demás, quienes hablaban de una salida esa misma noche, ya que la semana estaba a punto de terminar y no habían ido a ningún club todavía.
-Entonces ¿Por qué no vamos a arreglarnos de una vez? –planteó Gaby a las chicas, mirando el reloj, al tiempo que Gustav terminaba la llamada que recién había recibido en el móvil.
-No, esperen –intervino Tom, causando que todos le miraran. –Tenemos que terminar el juego –dijo mirando a Charlie.
-Eh… Sí, vamos, hay que terminar…
-Pero se nos va a hacer tarde –se quejó la castaña, poniendo ojitos a Tom, a la vez que Charlie reía por lo bajo.
-Gaby, sabes que no me gusta dejar las cosas inconclusas –Tom arqueó una ceja, provocando una sonrisa cómplice por parte de ella.
-Bueno pero démonos prisa –instó Bill, a quien al parecer le había gustado su puesto en el juego: no hacía nada y podía decir que Tom estaba mal, al fin que la autoridad era él.
-Oigan chicos… –quiso hablar Gustav, pero todos le acallaron y casi le arrastraron hasta su portería, plantándolo allí.
-Bien, están empatados, así que el próximo que anote un gol, gana –dijo Bill con seguridad, a lo que Charlie y Tom asintieron, sin dejar de mirarse desafiantes.
Bill se apartó, y el juego comenzó con movimientos más acertados y ágiles por parte de los jugadores, como si se hubiesen acostumbrado ya a moverse sobre la arena. Los G’s observaban con atención desde sus puestos, pues la batalla se había cerrado tanto entre los otros dos, que tan sólo se desarrollaba en la mitad del espacio que habían improvisado como cancha.
-¡Mano! –gritó Bill, al ver claramente que su hermano había tocado el balón. Tom bufó y miró a su gemelo con odio, mientras él sonreía con superioridad.
-¡Hey! ¡Dense prisa quieren! –apremiaron las chicas.
-Mm… ¿Por qué no lo dejamos como empate? –propuso Georg.
-¡No! –soltaron Charlie y Tom al mismo tiempo.
-Bien, entonces que se resuelva con un… ¿Penalty? –habló Gustav, que se había acercado a ellos y verificaba con Charlie si había dicho bien el término futbolístico.
-Mm..... Ya que Tom tocó el balón, que Charlie haga el tiro; si anota, ganan Charlie y Gus, si no, ganan Tom y Georg, ¿De acuerdo? –resolvió Bill, quien ya comenzaba a hartarse.
-Que sencillo –dijo Charlie, sonriendo a Tom con arrogancia; Georg fue a posicionarse en su portería, pero el rastas le jaló por un brazo.
-Deja que lo haga yo –se limitó a decir, parándose en medio de las dos rocas que marcaban el área de anotación. Georg se encogió de hombros, para él mejor que Tom no le estuviese fastidiando toda la noche si fallaba; y en general, todos pudieron darse cuenta que la mayor competitividad estaba entre la pelinegra y el rastas.
Charlie colocó el balón y retrocedió unos pasos, calculando, intentando adivinar cuáles eran los puntos débiles del guitarrista, viendo por dónde podría anotar. Sin pensarlo dos veces, avanzó con rapidez y pateó con fuerza, levantando el balón, haciéndolo pasar por en medio de las manos de Tom, que se alzaron en vano. El balón se fue rodando lejos, más todos se giraron hacia Bill, pendientes del veredicto, e incluso Tom se abstuvo de discutir.
-El tiro fue muy alto y ya que no tenemos arco, no sé si fue gol; así que quedan empatados, vámonos –soltó con desgana y se dirigió al mantel, seguido por los G’s, mientras Charlie y Tom se quedaron de piedra, con ojos como platos, sin poder reaccionar aún ante la decisión final. No podían quedar empatados, ¿Qué había de su apuesta?
-Bien… Creo que desempataremos luego –dijo Charlie encogiéndose de hombros.
-¡¿Que??! ¡Pero yo gané! ¡¿Cómo que desempataremos luego?!
-Ve por el balón –pidió cansadamente e hizo ademán de encaminarse a la casa.
-¿Por qué yo? ¡Si fuiste tú la que lo pateó lejos! –reclamó Tom.
-Pero no es mi culpa que no la detuvieras, ¡Si casi puse el balón en tus manos!!
-¡Vayan los dos!! –escucharon a lo lejos la voz de Bill.
-Tengo una idea –comenzó Charlie, echando un vistazo hacia donde había rodado el balón. –Quien lo encuentre primero gana, y desempatamos –dijo rápidamente antes de iniciar una carrera hacia las formaciones rocosas que se alzaban en un costado de la extensión privada de la playa. Tom tardó un poco en reaccionar, por lo que ella pudo tomar la delantera, sin embargo, se detuvo en seco, quedándose congelada al ver que el balón rodaba hacia el interior de una angosta y oscura cueva que se formaba con las rocas.
-¿Qué pasa? ¿Te asustan los lugares pequeños? –se burló Tom, reduciendo la velocidad al pasar por un lado de ella, para adentrarse en la gruta.
-¡Ja! Muy gracioso –contestó con los dientes apretados, al darse cuenta que iba a perder. Tom se perdió de vista unos segundos, en los que Charlie se debatía si entrar o no; de igual forma perdería, pero iba a demostrar que no era tan cobarde.
-Hey Charlie –le escuchó, al tiempo que daba un paso titubeante hacia el interior.
-¿Qué?
-¡Tienes que ver esto! –exclamó desde dentro y se pudo escuchar un pequeño eco.
-Tom no juegues conmigo, mejor sal de una vez –advirtió la morena, volviendo sus pasos, retrocediendo para alejarse del lugar. – ¿Tom? –llamó nuevamente al no recibir respuesta alguna. – ¡¿Tom?! ¡¿Estás ahí?!! –comenzaba a preocuparse. Respiró una bocanada de aire para calmar los nervios que ya empezaban a retorcer su acostumbrado estómago, asomó la mitad de su cuerpo hacia dentro, sintiendo el cambio de temperatura; tan sólo pudo observar un sendero que se adentraba aún más, cercado por paredes rocosas en cada costado. Antes de poder negarse completamente a entrar, se convenció a sí misma de que estando Tom presente, nada podía pasarle… ¿No había sido él quien la calmó en el ascensor? ¿No había sido él quien la había calmado en su pesadilla recurrente? No cabía duda, Charlie sabía que podía sentirse a salvo cuando estaba con él. Dio unos cuantos pasos inseguros, antes de darse cuenta que la arena del suelo comenzaba a desaparecer para dar paso a una superficie de piedra, escarpada y un tanto resbalosa. Se podía escuchar el rugir de las olas, amortiguado por la bóveda de rocas que ascendía sobre su cabeza. Llegó al final del camino y se topó con un estanque de agua que se filtraba a través de las grietas submarinas, de un agua tan cristalina, que en el fondo se podían observar los corales y peces de colores.
-¡Wuaah! Que lindos –exclamó emocionada, poniéndose en cuclillas para observar de más cerca.
-Y eso no es todo –escuchó la grave voz del guitarrista a sus espaldas; se sobresaltó, poniéndose de pie tan rápido, que perdió el equilibrio; despegó un pie del suelo, intentando estabilizarse nuevamente, y volvió a pisar firme para no caer.
-¡Auuuch! –se quejó al instante. –¡Ah! ¡Mierda! –maldijo, alzando nuevamente el pie.
-¿Qué pasa? –preguntó Tom, acercándose a ella para ayudarla a sentarse en una piedra plana.
-Pisé algo… Con filo… –dijo con lágrimas en los ojos. En efecto, un hilo de sangre corría ya por la planta de su pie y goteaba desde su talón.
-Oh diablos, siempre consigo hacerte daño –comentó medio apenado, medio enfadado consigo mismo. Había dejado el balón en el suelo mientras inspeccionaba la herida, aunque a Charlie parecía haberle amainado el dolor con el simple contacto de su mano.
-¿Qué es lo que falta? –quiso saber ella, denotando curiosidad.
-¿Eh?
-Dijiste “Y eso no es todo”, ¿Qué falta? –insistió.
-Ah… Espera a que llegue una grande –sugirió con emoción contenida, sonriendo de medio lado.
-¿De qué hablas? –preguntó confundida; Tom se limitó a señalar hacia arriba, donde Charlie pudo darse cuenta que había un hoyo en el techo de la cueva, por el cual entraba un rayo de luz proveniente del atardecer.
-¿Escuchas las olas? Creo que viene una grande… Pon atención.
Un rugido más fuerte de lo normal y un estruendo provocado por la masa de agua golpeando potentemente un costado de la cueva; varios chorros de agua delgados lograron penetrar por las grietas en la parte alta de una de las paredes, creando una fuente natural; cuando los chorros, acompañados de una fresca brisa alcanzaron el rayo de luz, se formó un arco iris que se reflejaba en todas las paredes de la cueva, decorándola con danzantes luces de colores. El fenómeno duró tan sólo unos segundos, pero había sido tan hermoso, que estaba ya grabado en sus memorias.
-Wow… Tom… Es… Es… –comenzó, cuando las luces cesaron.
-Es mejor que vayamos a la casa, o te vas a desangrar –le cortó él, volviendo a la realidad, pero sin borrar la sonrisa que se había curvado en su rostro al observar la expresión maravillada de Charlie. Tom miró en varias direcciones, como buscando algo, luego se arrepintió de llevar tan sólo su bañador. –Charlie… Llevas un bikini debajo de esa blusa, ¿No?
La aludida no pudo evitar sonrojarse y mirar su propia ropa, que estaba un poco húmeda y se pegaba a su pecho.
-¿Podrías quitártela? –pidió, al tiempo que ella volvía a clavar sus ojos en los de él, mirándole sorprendida, pero no había picardía en la mirada de Tom. -Voy a envolverte el pie con la blusa –se explicó el de rastas. –Estás sangrando mucho –añadió realmente preocupado. Charlie pareció aliviada, como si acabara de salir de un gran aprieto y se sacó la blusa sin problemas, para pasársela a Tom. Luego de improvisar un vendaje no muy bueno, le puso el balón en el regazo y la alzó, tomándola por la cintura y la parte detrás de las rodillas, mientras ella le pasaba un brazo por el cuello.
-No es necesario que me lleves en brazos –renegó.
-No, pero será más rápido.
A pesar de la aparente incapacidad de Charlie para mantenerse a salvo, ambos salieron de allí con una sonrisa en sus rostros; tal vez era tonto, o hasta cursi, pero aquel fenómeno natural que habían observado juntos, que habían compartido sólo ellos dos, les daba cierto aire de complicidad.

Al llegar a la casa fueron recibidos con reclamos por tardarse tanto, pero en cuanto vieron que Tom llevaba a Charlie en brazos, se sorprendieron, sacando conclusiones erradas, hasta que se dieron cuenta de la herida en su pie.
-Oh Charlie, ¿De nuevo? –preguntó Bill, sonriendo condescendientemente, aunque nadie entendió el comentario, pues no sabían del corte que se había hecho en la mano.
-Te he dicho que soy muy torpe –se justificó ella.
-Será mejor que te cure eso –dijo Cynthia. –Vamos a nuestra habitación. –pidió a Tom con la mirada que le siguiera, y luego de dejar a Charlie sentada en su cama, se retiró de allí, dedicándole una última mirada acompañada de una sonrisa.
-¿Cómo te has hecho eso?
-He pisado alguna roca con filo…
-¿Por qué tardaban tanto? –cuestionó la morena, lanzándole miradas furtivas, mientras terminaba de vendar el pie.
-No encontrábamos el balón.
-Sí, claro –respondió sin creérselo. –No iban a encontrarlo entre dos personas, serán los más bobos del mundo.
-¿Estás molesta? –preguntó Charlie, al notar el tono de Cynthia.
-No… Lo siento, es sólo que… De verdad quería salir esta noche.
-¿Y ya no lo harán?
-Charlie no podemos dejarte sola…
-Oh… Pero… No necesito a seis personas para que me cuiden, no se detengan por mi.
-No, sería muy egoísta de nuestra parte.
-Bien, pero saldrán mañana en la noche –ordenó Charlie, contando que ése era el penúltimo día que pasarían allí.
-Oh Charlie, es cierto, no lo sabes…
-¿Qué es lo que debo saber?
-¿Recuerdas la llamada de Gustav? Era su manager, necesita que regresen antes…


-¿Enserio? –exclamó Tom cuando su hermano y amigos se lo informaron, sentados en la sala. –Y entonces, ¿Cuándo nos vamos?
-Mañana después de medio día –dijo Georg.
-Por eso, creo que deberíamos aprovechar la última noche –propuso Gaby, sentada a un lado de Tom, quien mantenía un brazo sobre el respaldo del sofá y se giró para mirarle con reproche.
-No podemos irnos y dejar a Charlie sola –habló por él Gustav, poniendo toda su protección fraternal en su tono. –Ahora no puede ni moverse libremente.
-Pero no tienen que quedarse todos –le interrumpió Bill. – ¿Por qué no van ustedes y yo me quedo con ella?
Tom le lanzó una mirada significativa, y su hermano se la devolvió, recordándole sin palabras que él ya tenía una chica a quien cuidar.
-¡Es una gran idea! –exclamó Gaby, juntando ambas palmas de las manos. – ¿Vamos entonces?
Georg y Gustav también compartieron una mirada un tanto incómoda; sabían que era su última oportunidad de divertirse.
-Quiero que vayan –escucharon la voz de Charlie desde la entrada de la sala. Había bajado las escaleras con ayuda de Cynthia, quien seguía junto a ella, sosteniéndola. –Chicos, no pueden detenerse por mí.
-Pero…
-Gustav, ustedes casi nunca tienen tiempo libre, ni vacaciones, no pueden desperdiciar su última noche por mi torpeza. Incluso tú Bill, quiero que vayas con ellos.
-¿Estás segura?
-Totalmente, sólo quiero dormir.
-Pero…
Siguieron debatiendo un rato, hasta que al fin Charlie pudo convencerlos; con ayuda de Cynthia y Gaby, subió a su habitación, en donde éstas se arreglaron para salir. Los chicos fueron a despedirse de ella, dejando que la casa cayera en un profundo y cómodo silencio al marcharse, que combinado con el calor de la noche, hundieron a Charlie en un estado de adormecimiento. Podía sentir dolorosas punzadas en su pie izquierdo, mientras que la arena que se había colado en su vendaje le escocía en la mano, pero no estaba atenta al dolor, estaba muy cansada para pensar en eso. A pesar de su agotamiento, no pudo dormir bien; cerraba los ojos por media hora y volvía a despertar, sintiéndose pegajosa por el sudor e incómoda por no poder cambiar de posición. Pensó en sus amigos, que probablemente estarían divirtiéndose y no pudo culparlos por no estar allí, igualmente no hubiera servido de nada.

-Creo que no deberías beber tanto –apuntó Bill, al observar que Georg apuraba las cervezas, una tras otra. – ¿Estás bien?
-¡Por supuesto que estoy bien!! –exclamó con las mejillas sonrojadas y pasando un pesado brazo por los hombros de Bill, obligándole a encorvarse un poco.
-¿Dónde está Tom? –preguntó Gaby, que acababa de volver del baño.
-No lo sé –contestó Bill, quitándose a Georg de encima y buscando a su hermano con la mirada; en su recorrido visual, se topó a Gustav y a Cynthia, quienes conversaban íntimamente, pero nada de Tom.

-Quisiera que estas vacaciones duraran para siempre –soltó Cynthia con melancolía. –Puedo decir que han sido los mejores días de mi vida, no quisiera irme…
-Para serte sincero, yo tampoco quiero irme –dijo Gustav, sonriéndole con comprensión.
-Voy a extrañarte –confesó apenada, ya que no hubiera querido que esas palabras salieran de su boca.
-¿Por qué habrías de hacerlo?
-Por… Porque pues… Cuando regresemos a Alemania estarás muy ocupado, con la banda y el nuevo disco, yo comprendo que… No podremos vernos más…
-¿Es a caso que no quieres verme más? –preguntó él, poniendo una sonrisa burlona en su cara.
-¡Gustav! –levantó la voz, ya que ella no estaba jugando. –Sabes de qué hablo, es lógico que… –él le cortó uniendo sus labios, dejándola sin palabras.
-Porque yo sí que quiero seguir viéndote… Cynthia, te quiero…

Bill miraba disimuladamente a la nueva parejita, se veían muy sonrientes e iban ya por el tercer beso; tanto Gaby como su hermano se habían perdido de vista cada uno por su cuenta, y aunque hubiese lindas chicas en el bar, todas eran tan huecas como una muñeca de plástico, así que lo único que le quedaba era seguir aguantando a Georg, que estaba cada vez peor y Bill comenzaba a desesperarse porque seguía sin saber qué diablos le pasaba a su amigo.

Charlie estaba encerrada de nuevo, comenzaba a sentir el vacío en su estómago y su respiración entrecortada; todo estaba en tinieblas, pero podía escuchar el desquiciante sonido de una gotera cayendo y un martilleo lejano le llamaba la atención. ¿Quién martillaba? No tenía idea, pero parecía que cada golpe hacía eco en su cabeza, aturdiéndola, haciendo crecer el miedo en su interior.
-¿Por qué me haces esto? ¿Qué te he hecho? –repetía a gritos desesperados una y otra vez, pero nadie escuchaba, nadie se daba cuenta que ella estaba allí, a nadie le importaba. Repentinamente el aire escapó de sus pulmones, sorprendiéndola, haciéndola caer en pánico; abrió la boca, pero no podía respirar, le era imposible tomar una sola bocanada de aire, moriría asfixiada y no había una salida, nada a qué aferrarse, nada por qué vivir…


Su cuerpo se estremeció por completo y abrió los ojos, para darse cuenta que el despertador en la mesita de noche marcaba las cinco y media de la madrugada. Podía sentir el palpitar de su corazón acelerado, y casi se detiene cuando la puerta se abrió de golpe.
-¿Estás despierta? –escuchó la voz que más le reconfortaba en aquellos momentos.
-S-sí… Pasa –contestó al ver que Tom se quedaba en el marco de la puerta.
-¿Estás bien? ¿Te duele mucho? –preguntó preocupado, al notar un atisbo de angustia en su rostro, al tiempo que se sentaba en el borde de la cama.
-No, estoy bien –dijo con un tono más calmado, mientras se sentaba ella también, sacándose las mantas de encima. – ¿Qué haces aquí?
-Vengo por mi premio, yo encontré el balón primero, por lo tanto soy el ganador… ¿O ya olvidaste la apuesta?
-Pero dijiste que saldría contigo en la noche –soltó, queriendo escapar principalmente porque significaba aceptar que había perdido, y ella era casi tan orgullosa como él.
-¿Y? Aún no amanece –atajó Tom, señalando el cielo que aún estaba algo oscuro, a través de la ventana.
-Y ¿A dónde piensas llevarme? –cuestionó derrotada.
-Mm… No podemos ir muy lejos, pero ya se me ocurrirá algo… Vamos –le dio la espalda en la cama, indicándole que se sujetara de él. Charlie pasó sus brazos alrededor del cuello de Tom, sosteniéndose, a la vez que él le tomó por las piernas y la cargó en su espalda. –Sé que no te gusta que te lleve en brazos… –Charlie sonrió para ella misma y enterró una mejilla en las rastas de Tom, que seguían atadas en una coleta, como siempre, y cubiertas con su eterna gorra. Juguetonamente, le sacó la gorra con cuidado y se la puso, causando la risa de Tom al verla reflejada en el espejo de la sala, antes de salir a la terraza.
-¿No te has cansado? –quiso saber ella, jugando distraídamente con algunas de sus rastas.
-No, pero aún no sé a dónde ir…
Inconcientemente ambos dirigieron sus miradas hacia la cueva que el día anterior habían descubierto.
-Subió la marea, en estos momentos debe estar inundada –pronunció Tom, al darse cuenta que estaban teniendo la misma idea.
-Cierto… –aceptó Charlie, mirando cómo las olas arremetían con fuerza contra las rocas. Una ola excepcional, casi un tsunami, logró llegar hasta la formación rocosa, dando de lleno en uno de los costados y sorpresivamente, un chorro de agua salió despedido con potencia hacia arriba, a través del hoyo que había en el techo, parecido a lo que hacen las ballenas al tomar aire. Tom y Charlie se quedaron con los ojos como platos, pues habían contemplado el segundo fenómeno que ofrecía esa maravillosa cueva y de los cuales nadie estaba al tanto; compartieron una mirada y echaron a reír.
-Deberíamos comprársela a los padres de Georg y cobrar a los turistas para que la vean –bromeó Charlie, causando las carcajadas del rastas. Tom la acomodó mejor sobre su espalda y fue a bajar los escasos peldaños de la escalera, para llegar a la playa; anduvo poco rato, hasta que encontraron un tronco tirado, el cual usaron de asiento. El fresco de la madrugada era placentero en comparación con el calor agobiante, y la brisa marina acariciaba sus rostros, mientras contemplaban en silencio el horizonte que comenzaba a aclararse.

-Cuando amanezca, volveremos a la realidad, ¿Cierto? –mencionó Charlie, deseando que eso jamás sucediera.
-Sí… Y espero que en esa realidad, Bill no se enfade mucho…
-¿Por que iba a enfadarse?
-Por que estemos aquí, tú y yo, solos –respondió en un tono nervioso.
-Aún no entiendo…
-Charlie no soy tonto… Tú y Bill, han estado… Sospechosos… Sé que te gustaba antes, cuando apenas nos conocimos…
-¿Sospechosos? –le cortó.
-¡Sospechosos!! …En la cena, se quedaron a lavar los trastes solos, en el baño, casi los pillo besándose, luego durmieron juntos en la sala y ayer… Ayer escuché ruidos raros en tu habitación… Y estabas con él…
Charlie soltó una carcajada tan fuerte que Tom le miró con reproche, ¡Encima que se estaba sincerando con ella, y ésta se burlaba!
-¡Lo siento! ¡Pero!! –no pudo continuar por que carcajadas continuas atacaban todos sus sistemas. – ¡Tom!! ¡Eso te pasa a ti por ser un malpensado!
-¡¿De que hablas?!! –espetó, comenzando a desesperarse, porque no le veía la gracia.
-Lavé los trastes porque no quería estar viéndote con Gaby, en el baño, Bill me estaba curando un corte que me hice con los vidrios de un vaso –señaló el vendaje en su mano. –Nos quedamos dormidos en la sala, porque Bill no quería interrumpir tu noche con Gaby y esos ruidos raros… –volvió a reír como descocida. –¡¡Era un masaje!! Yo estaba tensa por… -"Mis pesadillas" fue lo que pensó, pero decidió no decirlo. -Bueno, no importa el por qué, pero a Bill se le ocurrió darme un masaje, y de hecho, lo hace muy bien… Puede ir considerando ser masajista si lo de la banda no funciona… –concluyó volviendo a reír de su sentido del humor. Tom tardó un rato en procesar cada una de las explicaciones a las situaciones que él había considerado sospechosas.
-¿No querías estar viéndome con Gaby? ¿O sea que fui yo mismo quien te alejó de mí? –Charlie no contestó, se limitó a mirarle con aquellos ojos azules que parecían hipnotizarle. Tom guardó silencio unos minutos, volviendo su mirada hacia el mar, observando cómo poco a poco el sol comenzaba a salir sobre el horizonte, coloreando el alba con tonos dorados y anaranjados. –Charlie… ¿Recuerdas la melodía? ¿Y las palabras que te dije?
-Todas y cada una, quedaron grabadas en mi memoria… –contestó sin dudar. –Y eso que mi memoria no es muy buena –agregó y ambos rieron suavemente. –Tom…
-Sshhh… –le cortó. –Espera a que amanezca, quiero estar en la realidad… –dijo, observando fijamente el medio círculo que ahora era el sol. –Por que quiero que esto sea real…

Esperaron a que unos segundos de silencio transcurrieran, mientras veían el sol salir; cuando el astro ya se había alzado por completo, ambos se miraron a los ojos, sus miradas se encontraron, reconociéndose, contemplando nuevamente lo que ya habían tenido oportunidad de descubrir en el otro, pero maravillándose una vez mas de lo que iban descubriendo. Sin ningún rastro de duda, Tom sonrió, acercando su rostro al de ella y probando sus labios casi con timidez, para luego prolongar el contacto. Charlie correspondió el beso, avanzando de a poco, disfrutando cada efímero segundo que sabía podrían estar así; sus corazones bombeaban sangre a su máxima potencia, sus pieles ansiaban caricias que les hacían estremecerse ante el shock eléctrico que les recorría los nervios. Se fundieron en un beso, fundieron sentimientos, sensaciones y deseos, y todo fue real… Porque… Una vez que había amanecido, volvieron a la realidad… ¿Cierto?

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Hasta aquí! xD que les parece?? En los siguientes capítulos todo será muy "bonito y cursi" y luego viene lo interesante jojo (6)
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2 coments.:

ccyy kaulitz (: dijo...

aayyy ayyyy matameeee!!!!
mee encanthooo al fin al fin subiistee!! :D
dioooss mee encanthaaaa!!!!
keeee boniithoooo
charlieee & Toooooooom!!! (LLLL)
babababas... kee lindhoooo ^^!
me encanthooo esthee caaap
i los otroos ii ii
koandho foeron a la em coeva¡? si no algo asi
aawww :3 kee bellooo
esperoo maaaaaaaaaaaaaaas!!!
pk ia se poneee lo kursii i loo interesanthee! :D
kee geniial


pk georg esta asii? :/
giselle akasoo?
jejejeje


esperooo!!!!!!!... :D
mushooos saludhooos!!


:D

Ccyy Kaulitz! (: dijo...

Graacias por el graciias xD!
n////////n'
me gustaa mushoo la fic enserioo!
cooaak tendre ke esperar un milenio
a ke subaas? :/
en fiin ... me conformoo kn loos 5 kaaapiis
ke dejasteee
me tardheee una hora i mediaa en leermelos
kasii kreeeo :D!!
proo vale vale musho musho la penaa :D!!


 
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