La letra en cursiva que sigue a los tres asteriscos *** son flashbacks xD
Creo que está muy largo o.ó
Una sonrisa recorría los labios de Bill, ya que siempre había deseado que su hermano pudiera tener el privilegio de enamorarse de esa manera. Estaba de pie, observando a través de la ventana abierta, a la segunda nueva pareja. Se besaban de todas las maneras posibles: con ternura, con cariño, con pasión. No se había sorprendido de no encontrar a Charlie en su respectiva habitación hacía unos minutos, ya que tenía un presentimiento, lo cual era natural al ser gemelo de Tom.
-Creí que tardarían más en darse cuenta –susurró para sí mismo, antes de cerrar la ventana.
-Yo también –escuchó a sus espaldas y se giró bruscamente. Gaby le miraba con una media sonrisa amarga en la cara; su mirada era de derrota, estaba totalmente vestida para salir y una maleta de viaje le acompañaba en ese momento. Se acercó hasta situarse junto a Bill y echó un vistazo a la playa, más específicamente, a un tronco en la arena que hacía de asiento para el par de enamorados.
-¿Te vas?
-¿Tiene caso que me quede? –Bill no contestó. –Anoche no encontré a Tom por ningún lado así que supuse que esto pasaría… Gracias Bill, fueron muy generosos conmigo y siempre se los voy a agradecer… Díselo a Tom, ¿Sí? Adiós.
-Adiós…
La chica dio media vuelta y salió tanto de la habitación como de la casa sin hacer ruido. Bill sintió un poco de pena por ella, pues no creía que se mereciera esa situación, pero igualmente ella había decidido tomar el riesgo por su propia cuenta. Luego de que se retirara, Bill fue a la habitación de Georg, ya que éste había dejado de hacer ruido, preocupándole.
-¿Estás dormido? –preguntó, sentándose en el borde de la cama. Georg emitió un gruñido para avisar que estaba despierto. –Iré a dormir un poco, ¿Necesitas algo?
-No –soltó cortante. Bill se puso en pie, dirigiéndose a la puerta. –Y Bill… –se detuvo antes de salir. –Gracias…
-Para eso son los amigos.
Para el medio día ya estaban todos reunidos en la cocina, tomando algo ligero antes de partir. Habían logrado recoger un poco y hacer sus maletas, sin recuperar el sueño de la noche anterior, por lo que todos llevaban gafas de sol y hacían bromas al respecto, riendo durante el almuerzo.
-Aagh… No se rían tan fuerte –se quejó Georg, llevándose una mano a la cabeza, que le retumbaba por la resaca.
-¿Se puede saber por qué te pusiste así? –quiso saber Cynthia, que luego de esa semana, sentía suficiente confianza con los cuatro. Georg miró a Bill, quien era el único que lo sabía.
-Porque te ama en secreto y no acepta que estés con Gustav –bromeó el vocalista, a lo que todos soltaron una carcajada. –Y por cierto, ¿Van a hacerlo público? –cuestionó Bill, siendo eficaz para cambiar de tema. Gustav y Cynthia compartieron una mirada cómplice, al parecer ya lo habían hablado.
-No por el momento, pero entre los conocidos, sí que es oficial –contestó Gustav, entrelazando su mano con la de ella. Bill miraba furtivamente a Tom y Charlie, que a pesar de no estar peleando como siempre, tampoco se mostraban cariñosos; reían de las bromas y se miraban normalmente, así que llegó a la conclusión de que querían ser discretos. Volvió su mirada a Georg, que intentaba sonreír con los demás, y recordó lo que había pasado la noche anterior.
Creo que está muy largo o.ó
Una sonrisa recorría los labios de Bill, ya que siempre había deseado que su hermano pudiera tener el privilegio de enamorarse de esa manera. Estaba de pie, observando a través de la ventana abierta, a la segunda nueva pareja. Se besaban de todas las maneras posibles: con ternura, con cariño, con pasión. No se había sorprendido de no encontrar a Charlie en su respectiva habitación hacía unos minutos, ya que tenía un presentimiento, lo cual era natural al ser gemelo de Tom.
-Creí que tardarían más en darse cuenta –susurró para sí mismo, antes de cerrar la ventana.
-Yo también –escuchó a sus espaldas y se giró bruscamente. Gaby le miraba con una media sonrisa amarga en la cara; su mirada era de derrota, estaba totalmente vestida para salir y una maleta de viaje le acompañaba en ese momento. Se acercó hasta situarse junto a Bill y echó un vistazo a la playa, más específicamente, a un tronco en la arena que hacía de asiento para el par de enamorados.
-¿Te vas?
-¿Tiene caso que me quede? –Bill no contestó. –Anoche no encontré a Tom por ningún lado así que supuse que esto pasaría… Gracias Bill, fueron muy generosos conmigo y siempre se los voy a agradecer… Díselo a Tom, ¿Sí? Adiós.
-Adiós…
La chica dio media vuelta y salió tanto de la habitación como de la casa sin hacer ruido. Bill sintió un poco de pena por ella, pues no creía que se mereciera esa situación, pero igualmente ella había decidido tomar el riesgo por su propia cuenta. Luego de que se retirara, Bill fue a la habitación de Georg, ya que éste había dejado de hacer ruido, preocupándole.
-¿Estás dormido? –preguntó, sentándose en el borde de la cama. Georg emitió un gruñido para avisar que estaba despierto. –Iré a dormir un poco, ¿Necesitas algo?
-No –soltó cortante. Bill se puso en pie, dirigiéndose a la puerta. –Y Bill… –se detuvo antes de salir. –Gracias…
-Para eso son los amigos.
Para el medio día ya estaban todos reunidos en la cocina, tomando algo ligero antes de partir. Habían logrado recoger un poco y hacer sus maletas, sin recuperar el sueño de la noche anterior, por lo que todos llevaban gafas de sol y hacían bromas al respecto, riendo durante el almuerzo.
-Aagh… No se rían tan fuerte –se quejó Georg, llevándose una mano a la cabeza, que le retumbaba por la resaca.
-¿Se puede saber por qué te pusiste así? –quiso saber Cynthia, que luego de esa semana, sentía suficiente confianza con los cuatro. Georg miró a Bill, quien era el único que lo sabía.
-Porque te ama en secreto y no acepta que estés con Gustav –bromeó el vocalista, a lo que todos soltaron una carcajada. –Y por cierto, ¿Van a hacerlo público? –cuestionó Bill, siendo eficaz para cambiar de tema. Gustav y Cynthia compartieron una mirada cómplice, al parecer ya lo habían hablado.
-No por el momento, pero entre los conocidos, sí que es oficial –contestó Gustav, entrelazando su mano con la de ella. Bill miraba furtivamente a Tom y Charlie, que a pesar de no estar peleando como siempre, tampoco se mostraban cariñosos; reían de las bromas y se miraban normalmente, así que llegó a la conclusión de que querían ser discretos. Volvió su mirada a Georg, que intentaba sonreír con los demás, y recordó lo que había pasado la noche anterior.
***
-Usa el tuyo –respondió cortante, ya le tenía harto.
-No tiene señal –replicó Georg, aunque Bill poco entendió, ya que el alcohol le daba un acento raro en la voz. Se lo pasó antes de darse cuenta que Gustav y Cynthia se habían marchado sin despedirse, y eso que eran sus amigos, pensó molesto.
-Georg, mejor ya vámonos –pidió Bill.
-Esspera a que haga la llamada y noss vamoss Billitooo…
-No me llames así –reprochó más enfadado aún.
-¿Sí? ¿Hallo? ¿Gisselle? ¡Gisselle!! ¿Quién máss va a ser?? –una pausa. –Ssí esstoy bien, ¡Nunca he esstado mejor!!! Pero ¿Sabesss? ¡Esstaría mejor si estuvierass aquí!!! ¡¿Por qué no quisissste venir?!!! –se calló de nuevo, y ahora Bill le miraba con los ojos muy abiertos; sabía que algo se traían su amigo y la asistente de su maquilladora, pero Georg siempre había dejado en claro que no era nada serio. – ¡Te he extrañado!! Me haces falta y yo… –Bill le arrebató el móvil.
-¡¿Qué haces?!! –cuestionó a su amigo. – ¿Giselle?
-¿Bill? –escuchó al otro lado de la línea. – ¿Bill? ¿Qué está pasando?? ¡¿Es una broma?!!
-Eh… ¡No!! Ehm… Que a Georg se le han pasado las copas…
-¡Te quiero!! ¡¡¿Me oíste?!!! –gritó el castaño, inclinándose sobre Bill para alcanzar el móvil y gritando en su oído.
-¡Aagh!! ¡Georg!! ¡Me vas a dejar sordo!!! –reclamó. – ¿Giselle? Lo siento, no queríamos molestarte… Adiós. –colgó, mirando a Georg gravemente.
***
-¿Eh? Sí… ¿Qué?
-Te pregunté si sabes dónde está Gaby… –dijo Tom, a lo que Bill no pudo evitar mirar si había una reacción en Charlie, pero nada.
-Se fue ya, creo que tenía prisa… Dijo que les diera las gracias a todos –contestó con poco interés.
-Y yo creo que será mejor que también nos vayamos de una vez –sugirió Gustav. –Antes de que nos arrepintamos…
Todos sonrieron con melancolía y añoranza, la habían pasado muy bien, a pesar de los accidentes y malentendidos, habían sido las vacaciones de su vida. Las maletas estaban ya en la sala, al igual que ellos, sentados esperando la van del aeropuerto que habían contratado.
-Tom, ¿Me ayudas a subir a la habitación? –pidió Charlie, removiéndose en su asiento. –Creo que he olvidado algo…
Bill les miró con suspicacia, pero además de él, nadie pareció darse cuenta que la petición de Charlie no era más que una excusa para estar a solas con Tom, quien muy sonriente se puso en pie y la tomó por la cintura para ayudarle a sostenerse. Una vez arriba, Charlie se soltó de Tom caminando, con dificultad, pero al fin caminando.
-¿Hasta cuando vas a seguir fingiendo? –preguntó divertido.
-Hasta que sea conveniente –respondió con una sonrisa, antes de que él se adelantara para plantarle un beso en los labios.
-No has olvidado nada, ¿Cierto?
-¡Oh claro que sí!! Pero lo he hecho a propósito –dijo yendo a la mesita de noche y sacando su móvil del cajón. –Igual lo he tenido apagado toda la semana, quería desconectarme del mundo… –suspiró y se quedó quieta, contemplando a través de la ventana y por última vez, aquel hermoso paisaje que sería por siempre la escenografía de las más lindas de sus memorias, a pesar de haberse dado cuenta que había muchas de éstas que no recordaba.
Sintió los brazos de Tom cerrarse en torno a su cintura y sonrió, volviendo a la realidad. –Creo que Bill sospecha algo –mencionó, girando su rostro para encontrarse con el de Tom.
-Tiene razones para hacerlo –afirmó él sonriendo pícaramente.
-¿Te llevo a casa? –ofreció Gustav a Charlie, como era de costumbre, una vez que estaban en casa de Georg.
-Creo que tomaré un taxi –respondió mirando disimuladamente a Tom. –Que vas a llevar a Cynthia y querrán despedirse como se debe –alzó las cejas al contemplar la sonrisa de culpabilidad de su amiga. –Sólo espero que no me vayan a olvidar… Supuestos amigos –añadió para fastidiar y los tres rieron.
-Nos veremos luego –se despidió Georg antes de subir a su auto, ya que iba a llevar a los gemelos a casa.
-Charlie, espero que estemos en contacto –dijo Bill, acercándose a ella y envolviéndola en un abrazo amistoso, el cual correspondió sonriente.
-Por supuesto que sí Bill… Adiós, Rastas –dio a Tom un golpe cariñoso en el hombro, y éste subió al auto sonriéndole de medio lado. Charlie pidió un taxi de agencia por el móvil y en menos de una hora, el conductor aparcó frente a su casa. Bajó del auto luego de pagar al hombre, aún sonriendo por el mensaje que había recibido de Tom a penas a unos minutos después de haberse separado:
“Podrías ser una gran actriz… “Adiós Rastas”. Adiós… Ehm… Algún día te pondré un apodo…”
Caminó hacia el pórtico arrastrando su maleta tras ella, con la atención puesta aún en el móvil. Un estruendo dentro de la casa le hizo sobresaltarse y reparó por primera vez en el Lamborghini negro que estaba estacionado junto al Mustang, en la cochera de pavimento. Luego de un segundo escándalo, entró en el recibidor precipitadamente, sólo para presenciar cómo su padre luchaba por sacarse a Elliot de encima, forcejeando y tirando todo a su alrededor.
-¡¡Elliot!! ¡¡Frank!!! ¡¿Pero qué diablos?!!!
-¡¡Charlie!!! –escuchó la voz histérica de su hermano, recordándole el tono con el que él solía hablar. –¡¡¿Dónde has estado?!! ¡Te he buscado! ¡Te he llamado cientos de veces!! –acribilló, antes de notar que su hermana cojeaba un poco. – ¡¿Estás bien?!! ¡¿Qué te pasó?!
-Elliot ¡¿Qué diablos haces aquí?! ¡Creí que no te volvería a ver dentro de un año!
-Un pequeño cambio de planes –dijo un poco más calmado; se había acercado a ella y le miraba de frente, con las manos sobre sus hombros. – ¿Estás bien?
-¡Claro que estoy bien!! ¡¿No me ves?! –contestó, abriendo los brazos y retrocediendo un paso. Estaba molesta, su tono lo demostraba; odiaba que Frank y Elliot se llevaran mal, pero sabía que Elliot tenía la culpa y también sabía que en un enfrentamiento real, Frank no tendría oportunidad.
-Charlie escucha… No contestabas el móvil, no fuiste a trabajar, vine aquí y ¡Éste inútil no me quería decir nada! –terminó levantando la voz. –Entiende que estaba preocupado, deberías avisarme cuando…
-¡¿Debería avisarte?!! –le cortó indignada. – ¡Tú nunca me dices nada!! ¡Yo soy la que nunca sabe de ti!!! ¡¿Y te atreves a reclamar?!! ¡Elliot, no tienes derecho a venir a nuestra casa a exigir nada!!! –chilló y echó una mirada para comprobar si Frank estaba bien; éste a penas se sostenía contra una pared, intentando respirar con normalidad. Se adelantó con dificultad para ayudar a su padre, colocándose junto a él, mientras Frank le dirigía a Elliot una mirada cargada de odio, el cual era mutuo.
-Creo que es mejor que te vayas –habló Charlie con voz gélida.
-Te pondrás de su lado –afirmó el joven, con rabia contenida. –Charlie, no me hagas esto… Él es un… ¡Él es!!!
-Es mi padre…
-¡Y yo soy tu hermano!
-Hermanastro –aclaró Frank, haciendo una pausa en la discusión.
-¡Podrán llevar la misma sangre!! ¡Pero no olvides que él fue quien te abandonó!! ¡Quien nunca se ocupó de ti!! ¡¿Quién se quedó contigo?! ¡¿Quién te protegía más que a su propia vida?!! ¡¿Quien estuvo ahí, Charlie?! ¡¡YO!!! ¡Yo siempre estuve para ti!!! ¡¿Estuvo él contigo cuando más lo necesitaste?!
-Estuvo cuando mamá murió y tú habías desaparecido; estuvo cuando nadie podía hacerse cargo de mí; ha estado los últimos ocho años y lo está ahora.
-Charlie… –suplicó.
-Elliot –le interrumpió con voz seria. –Vete… Y por favor… Si pretendes seguir con ésta actitud, no vuelvas.
-Me llevaré el Mustang –amenazó.
-Llévate lo que quieras, no vas a comprarme, no así –contestó, lanzándole las llaves del auto.
-Esto no se va a quedar así –murmuró el joven antes de salir de allí y arrancar su auto hecho una furia; se había llevado las llaves del Mustang, así que Charlie supuso que luego mandaría a recogerlo. Se dirigió a la puerta lentamente, cerrándola con suavidad, para luego inclinarse a levantar las maletas y el bolso de viaje que había dejado en el suelo; recogió también las cosas que Frank y Elliot habían tirado durante su discusión, todo bajo la vigilante mirada de su padre.
-Sí, te mentí. No le compré el Mustang a mi jefe, Elliot me lo había regalado –confesó derrotada. –Lo siento.
-Charlotte –susurró su padre antes de abalanzarse a abrazarla. –Charlie, quiero que te alejes de Elliot; no quiero que jamás vuelvas a verlo, ¿Me escuchaste?
-Frank… –comenzó en tono cansado.
-¡Debes prometerlo!
-Frank no puedo prometer algo que no cumpliré. No puedo ¿Sabes? No puedo elegir entre los dos, le quiero como a un hermano; intentaré evitarlo, pero no puedo prometer que no volveré a verlo nunca más…
-Charlie sabes tan bien como yo que Elliot es un delincuente, ¡Es muy peligroso!
-¡Y es incapaz de hacerme daño!
-¡No estés tan segura! –le espetó Frank.
-Frank… ¿Por qué lo dices? ¿Hay algo que debo saber?
-No, así estás bien…
-¡Sabes que no estoy bien! Frank… Me he dado cuenta que hay muchas cosas que no recuerdo, y otras tantas están borrosas… Y yo quisiera…
-Es mejor que se queden así Charlie… Créeme…
-Está bien –dijo al cabo de unos minutos de silencio.
La agitada noche dio paso a una calmada, fresca y nublada mañana de los últimos días de enero. Charlie había caído dormida en un profundo sueño, sin ninguna pesadilla ésta vez. Se movió debajo de las sábanas, reacia a levantarse, hasta que luego de lo que parecieron horas, el dolor de espalda le obligó a incorporarse para estirarse un poco. Se asomó a la ventana y se dio cuenta que ya no había ningún Mustang allí. Se encogió de hombros, al fin que ella podía conducir cualquier tipo de auto en el taller… ¡El taller! Lo había olvidado, tenía que llamar a John para avisarle que había llegado antes, y que podía empezar a trabajar de una vez. Luego de asearse en el baño, hizo la llamada a su atareado jefe, que se escuchó aliviado de saber que ella podría hacerse cargo nuevamente.
-Los chicos te extrañan –decía John al teléfono. –No sé qué les diste, pero hasta dicen que eres mejor jefa que yo –añadió antes de soltar una carcajada.
-No tienen por qué mentir –respondió Charlie, fingiéndose arrogante. –John, durante las vacaciones me lastimé un pie, así que por hoy no creo poder quedarme mucho tiempo…
-Está bien, sólo cúbreme a la hora de la comida, que programé una entrevista de trabajo.
-¿Estás buscando trabajo?
-No Charlie, estoy buscando un nuevo asistente de mecánico y hoy iba a entrevistar a un tal… –hizo una pausa para verificar el nombre. –Edward Coons…
-Ah… Está bien…
-Tiene excelentes referencias, así que la decisión es tuya.
-¡¿Mía?!!
-Si decides contratarlo, trabajará en tu sucursal, así que buena suerte…
Había sido genial tener un auto, sin embargo, el bus no era para nada despreciable, pensaba Charlie, además de que se podía perder en una conversación por el móvil sin tener que preocuparse por ver la carretera todo el tiempo y no ocasionar un accidente. En el taller, fue recibida con sonrisas y unos cuantos golpecitos en la espalda, se llevaba muy bien con esos chicos. Fue a la oficina y se encontró con John, que justo iba saliendo.
-Pero ¿Qué te pasó? –preguntó al ver que caminaba con dificultad.
-Un partido de soccer en la playa –contestó encogiéndose de hombros.
-Pero nunca te quedas quieta, ¿Eh? –lanzó una carcajada. –No hubieras venido.
-Me mimas demasiado… –señaló sonriéndole a aquel hombre que le caía tan bien. –Y… ¿Se irán a comer todos juntos?
-Sí, el tal Coons no tarda en llegar… Buena suerte –mencionó antes de salir con los demás mecánicos del lugar. Charlie soltó un profundo suspiro y se encaminó a la oficina; revisó algunos papeles y se entretuvo poniéndose al día con los pedidos.
-Disculpa… ¿Está Charlie? –escuchó una voz desde la puerta de la oficina. –Me dijeron que él iba a hacerme la entrevista de hoy –Charlie se rió en silencio sin despegar la vista de los papeles; los dejó a un lado y levantó la mirada, topándose con un apuesto joven varios años mayor que ella, pero de una mirada tan tierna como la de un adolescente; su cabello era de un oscuro rubio dorado, y sus ojos de un verde centelleante, mientras que debajo de sus ropas se podían notar sus marcados músculos.
-Hola, yo soy Charlie –se presentó, tendiéndole una mano e invitándole a entrar en la oficina. –Tú eres Edward, ¿Cierto?
-Llámame Ed… ¡¿Tú eres Charlie?! –exclamó sorprendido.
-Sí, ¿Hay algún problema? –respondió ella, mirándole con recelo.
-¡No! Para nada, es sólo que había pensado que eras hombre –dijo y sonrió tímidamente, bajando la mirada un tanto contrariado.
-Bueno, la mayoría piensa eso, ¡Únete al club! –bromeó para relajar el ambiente. –Siéntate.
Charlie revisó todas y cada una de las referencias de éste joven; él había pasado ya por otros tres talleres, así que tenía experiencia. Hizo unas cuantas preguntas de rigor, a las que Edward contestó con una seguridad natural y un carisma que arrancaba sonrisas a Charlie; ésta decidió que luego de las preguntas y conocerse un poco, estaría bien realizar un test práctico, pasaron al área más grande del local, donde estaban aparcados los autos que en ese momento estaban arreglando; Charlie abrió el cofre de uno de éstos e hizo un diagnóstico.
-¿Qué opinas? –preguntó a Edward, quien le echó un vistazo al motor.
-Creo que has hecho un mal diagnóstico, a propósito para ver si yo me daba cuenta –respondió sonriendo. –No es la válvula, es el cable –agregó, señalando los componentes.
-Chico listo –sonrió complacida.
-No más listo que tú –replicó en broma y ambos rieron. Charlie pudo darse cuenta que en realidad Ed sabía de mecánica, y que sería muy fácil y divertido trabajar con él; que era un chico sencillo, trabajador, obediente y sabía lo que estaba haciendo.
-Bien, creo que es todo –dijo Charlie, cerrando el cofre del auto. –Ya habías hablado con John, ¿Cierto? –Ed asintió. –Bueno pues sólo me falta comentarlo con él, pero probablemente empiezas mañana, ¿Está bien?
-¡¿Enserio?! ¡Eso es genial! ¡Es más que genial! De verdad necesitaba el empleo… ¡Gracias! –dio a Charlie un repentino abrazo y se separó de ella sin dejarle reaccionar. – ¿Me puedo ir?
-Sí, adelante –contestó con una risita. –Mañana a las nueve de la mañana.
-¡¡Gracias!! –dijo otra vez antes de salir de allí totalmente eufórico.
Charlie esperó a que los chicos regresaran de su hora de comida, se despidió de todos y partió de regreso a su casa. Viajaba de nuevo en el bus, mirando la ciudad, mientras la discusión de la noche anterior le daba vueltas por la cabeza. Sintió el vibrador del móvil dentro de su chaqueta y contestó.
-Hallo Rastas –saludó luego de verificar quién llamaba.
-¿Vas a seguir llamándome así? –escuchó complacida la voz de Tom.
-Oh vamos, ¿Prefieres que te llame “Tommy”, “Tomito” o “Tomichú”?
-¡No!! ¡Cállate! –le espetó conteniendo la risa.
-Bueno entonces, ¿Qué querías, Rastas?
-Podrías ser más cariñosa –se quejó en broma.
-Mm… Sabes que no podría, aunque lo intentara…
-Cierto… ¿Te parece que vayamos a tomar algo?
-Tom… Dijimos que lo mantendríamos en secreto, y ¿Qué, si alguien nos ve?
-Invitaré a los chicos y saldremos todos en grupo, ¿Qué dices?
-Oh, espera… Me acaba de llegar un mensaje…
Charlie abrió el mensaje y leyó: “¡Te necesito! ¡Ahora!!! En el restaurante de siempre. Giselle.”
-Diablos –murmuró por lo bajo.
-¿Qué?
-Giselle quiere que nos veamos, parece muy desesperada… Tengo que bajar del bus… ¿Te llamo luego? Enserio lo siento Tom…
-No te preocupes… Seguimos hablando, ¿Ok?
-Gracias. Te quiero, adiós.
-Yo también; un beso.
Tom colgó el teléfono y rodeó la Cadillac por detrás, para luego subir al asiento del conductor, mientras Bill le esperaba impaciente, sentado en el asiento del copiloto; habían ido a las oficinas de la discográfica para reunirse con David y que les comunicara sus nuevos compromisos programados.
-¿Con quién hablabas? –preguntó suspicazmente a su hermano mayor.
-Con Andreas –mintió Tom sin remordimientos; colocó las llaves en el switch y encendió el motor.
-Ah… ¿Y desde cuando le mandas besos a Andreas? –se cruzó de brazos, esperando por una respuesta que nunca llegó; aunque Bill no necesitaba esa respuesta, él sabía que Tom hablaba con Charlie.
-Recuérdame por qué no viniste en tu propio auto –habló Tom con mal humor, cambiando radicalmente de tema.
-¡Te lo he dicho cientos de veces! No tiene caso que gaste gasolina, al fin que venimos al mismo lugar.
-¿Y yo sí tengo que gastarla?
-Sí.
-Egoísta –soltó Tom, mirando de reojo a su hermano con una sonrisa divertida; era raro, pero ese tipo de discusiones triviales y cotidianas, les relajaban, y de alguna manera, les unían más.
-Tom –llamó Bill e hizo una pausa. –Sabes que no puedes engañarme, ¿Cierto? Somos gemelos…
-Como si no lo supiera –se limitó a contestar el mayor y pisó el acelerador para salir del estacionamiento de la discográfica.
Charlie había bajado del bus y caminó algunas cuadras hasta llegar al restaurante que Cynthia, Giselle y ella habían elegido como “El restaurante de siempre”. Apenas pasó a través de las puertas de cristal, pudo divisar una melena roja que se meneaba, siguiendo el movimiento de la cabeza de su amiga, mientras con sus manos rompía una servilleta nerviosamente. Una vez que se acercó a ella, pudo darse cuenta que había un montón de pedacitos de servilletas sobre la mesa.
-¿Giselle? –le llamó y su amiga fijó sus ojos en ella. –Y… Estás rompiendo servilletas… ¿Por que…?
-¡Es relajante! –exclamó Giselle, al tiempo que Charlie tomaba asiento frente a ella.
-¿Enserio?
-¡¿Me ves relajada?! ¡No!
-Tranquila –le susurró Charlie e hizo un gesto negativo con la mano al camarero que se dirigía a su mesa, con la intención de tomar la orden. – ¿Qué pasa? ¿Por qué estás así?
-¡Tienes qué decirme! ¡¿Qué diablos fue todo eso?!
-¿Todo que?
-Lo de la llamada… Vamos Charlie, ¡Tú estabas con ellos! ¿Fue una broma? Necesito saberlo… Porque, porque si no es una broma, yo…
-Alto, espera… No tengo idea de lo que me estás hablando –Giselle se le quedó mirando con desconfianza, pero no había más que sinceridad y confusión en los ojos de Charlie, así que la pelirroja exhaló un suspiro, tratando de calmarse.
-Hace dos noches recibí una llamada de Georg, estaba borracho, pude darme cuenta; luego comenzó a preguntarme por qué no había ido con ustedes, pero al parecer Bill le arrebató el móvil… Antes de colgar… Alcancé a escuchar algo que me urge saber si es cierto… Pero hoy, ¡Hoy!! Me los topé en la discográfica y ¡Me ha ignorado! ¡Pasó de mí olímpicamente!! –terminó indignada.
-¿Qué fue lo que escuchaste? –quiso saber Charlie, mirándole muy sorprendida.
-Es que… ¡Aagh!! –tiró los pedacitos de servilletas al suelo. – ¿Y si no es cierto? ¡Quedaría como una gran tonta por creerlo!
-¡Giselle! –le reprendió la pelinegra. – ¡¿Qué diablos escuchaste?!
-¡¡TE QUIERO!!
-¡¿Qué?!
-¡Escuché a Georg gritarme un “Te quiero”! –aclaró y ambas se quedaron en silencio, mirándose con un entendimiento extraordinario.
-No… No lo sabía…
-Pero creí que estabas con ellos…
-¡No! No, esa noche los chicos salieron pero yo me quedé en casa, porque me había lastimado la planta del pie… Y en realidad –hizo una pausa para pensar. –Yo creo que nadie a parte de Georg y Bill lo saben, a la mañana siguiente, Georg tenía una resaca muy fuerte y se notaban sospechosos…
Charlie estaba atando cabos en su mente y sacando conclusiones acertadas; ahora la única duda era saber si ese “Te quiero” había sido verdadero.
-Charlie no sé que hacer…
-Gi, creo que deberías hablar esto con Georg y dejarlo claro de una vez por todas…
-Pero… ¿Y si me dice que no es cierto? ¿Qué fue una broma?
-Tendrás que dejar de verlo, por dignidad, no puedes dejar que te use de esa manera –sugirió y continuó hablando antes que Giselle. –Aunque en realidad no creo que Georg sea de esos, le conozco y no tiene intención de herirte, ya lo verás…
-Dios… –se lamentó. –Al principio la atracción era solamente física, ¿Por qué no lo mantuvimos así? ¿Por qué nos pasó esto?
-Así se siente estar enamorada, bienvenida al clu… –Charlie se quedó callada. “Bienvenida al club” iba a decirle, pero Giselle no era tonta.
-¿Por qué dices eso? Charlie… ¿A caso tú? ¡Charlie!!! ¡Estás enamorada! –afirmó Giselle, atrapando a su amiga. – ¿Quién es? ¿Bill? ¡¿Pasó algo?!! –interrogó al parecer más animada.
-No es Bill –aclaró rápidamente. –Y no sólo pasó algo –enfatizó la última palabra con un gesto de las manos. –Pasó mucho… –completó misteriosamente.
El resto de la tarde, Charlie se dedicó a poner a Giselle al tanto de lo ocurrido. Le comentó que al inicio de las vacaciones, Georg había preguntado por ella; que se había divertido mucho en la playa y con los globos llenos de agua; que a mitad de semana los gemelos se les habían unido, al igual que una invitada no deseada; le platicó también todas y cada una de las situaciones con Bill, que Tom había calificado como sospechosas, e incluso le informó de la nueva pareja oficial que se había formado, Gustav y Cynthia, omitiendo en todo momento los detalles con Tom, manteniéndose firme en su discreción.
-¿Y tu Mustang? –preguntó Giselle cuando salieron del lugar.
-Ah… Se lo devolví a mi hermano, al parecer quería comprar mi cariño con ése auto.
-Pues yo le daría todo el cariño del mundo si me lo da a mí –dijo y se adelantó para hacer una señal a un taxi que se acercaba. Charlie rió del comentario y ambas subieron al auto.
Llegó temprano a casa, por lo que Frank no había llegado aún; dejó hechos un par de sándwiches para su padre y fue a su habitación algo cansada; se dejó caer en la cama, sacó el móvil de su chaqueta nuevamente y marcó el número con una sonrisa en el rostro.
-Hallo Petite…
-¿Petite? Que poco creativo eres Rastas… Y no te atrevas a llamarme así en público –advirtió, causando una risa divertida del otro lado de la línea. – ¿Estás ocupado?
-No, justo acabo de cenar y Bill está en su habitación; ¿Qué era lo que ibas a preguntarme?
-¿Fuiste hoy a la discográfica?
-Sí.
-¿Qué les dijeron? ¿Se irán de gira pronto?
-Umm… No lo creo, David nos dijo que simplemente hay que estar aprobando los últimos detalles del disco, así como el diseño de la portada; unas cuantas entrevistas y apariciones en los medios, pero todo local, o por lo menos dentro de Alemania.
-Oh bueno, entonces no tengo de qué preocuparme…
-¿Me extrañarías si me fuera?
-No –contestó cortante. –Iría contigo a todos lados, me sería imposible extrañarte… –añadió y soltó una carcajada, luego de haberle jugado esa pequeña broma.
-Me vas a matar de un susto –le reclamó, pero aún así, Charlie podía imaginar la sonrisa en el rostro de Tom. – ¿Qué quería Giselle?
-¿La viste hoy?
-Sí, nos saludó; Gustav y yo nos detuvimos para charlar con ella, pero Georg pasó de largo… ¿Está sucediendo algo?
-Mm… No mucho, es sólo que se enamoraron y no lo quieren aceptar…
-Bien, que lo arreglen ellos porque en la gira será muy incómodo –sentenció Tom, a lo que Charlie sonrió, le encantaba se comportara un tanto autoritario. – ¿Qué harás mañana?
-Trabajar en el taller…
-¿Tan rápido?
-Mm… Sí, no puedo estar en mi casa sin hacer nada…
Siguieron hablando hasta muy entrada la noche. Era increíble todo lo que no sabían el uno del otro, pero era lógico: antes de estar juntos, era raro que hablaran mucho o que compartieran una gran cantidad de cosas, aunque en parte eso era la base de lo que sentían el uno por el otro. A pesar de no conocerse al cien, Charlie tenía que admitir que esa era la clave de que hasta ahora comenzara a sentirse completamente enamorada del guitarrista; el observarse de lejos, el notar detalles que no se expresaban con palabras, atraparse a sí mismos mirando al otro, pero sin tener el valor de hacérselo saber, una química que no era positiva en todos los casos, pero que igual les hacía reaccionar y sentir toda clase de sentimientos intensos. Cada día estaba más segura de lo que sentía. Sin embargo, aún se preguntaba ¿Qué sentía Tom? ¿Qué era ella para él? No estaban definidos, y sintió que debía ser más precavida para no terminar herida.
-Sí John, no te preocupes; Edward ha sido de gran ayuda, creo que elegimos bien –decía Charlie al teléfono, recargada en el escritorio de la oficina del taller. –Está bien, yo cerraré esta noche, así que te dejo esos papeles listos… Adiós.
Una semana y media había transcurrido tranquila, y en cuanto al trabajo, muy relajada; no había muchos autos qué arreglar, así que Charlie pudo observar bien al nuevo empleado: Ed, que siempre la sorprendía mirándole y le sonreía; había algo en él, no sabría decir si era bueno o no, pero llamaba su atención. Miró el reloj de pared fugazmente; al ser la gerente del local, no cumplía con muchos horarios, llegaba un poco más tarde que la hora de apertura y sólo en algunas ocasiones se iba más temprano, pero era común que ella se quedara a cerrar. Había estado hablando con Tom todas las noches; a pesar de que él también tenía trabajo y no podían salir tan fácilmente, estaban muy pendientes el uno del otro y Charlie no podía evitar que una sonrisa se dibujara en su cara cuando pensaba en ello. Con Bill y Gustav había hablado apenas un poco; Giselle aún no se arreglaba con Georg, y Cynthia acababa de conseguirse un trabajo, por lo que tampoco sabía mucho de ella. Como era de esperarse, todos habían regresado a sus vidas normales luego de las vacaciones, cada uno con sus trabajos y problemáticas, pero al fin en contacto unos con otros, como el grupo de amigos que eran.
Charlie metió un par de recibos en un sobre y los guardó en el cajón del escritorio, antes de asomarse por la puerta de la oficina, ubicada en una segunda planta, la cual estaba construida sobre una estructura de metal, en lo alto de la misma bodega que hacía de taller. Miró a Edward, que terminaba de pulir uno de los autos terminados y que entregarían al día siguiente; el joven guardó la cera y fue a coger una escoba para barrer el polvo. Joder, sí que era trabajador, pensó Charlie. Bajó las escaleras metálicas, dirigiéndose al interruptor para bajar las compuertas de enfrente; se detuvo antes de tocar el botón, pues los faros de un auto le avisaron que alguien se dirigía allí; entrecerró los ojos y pudo identificarla, una Cadillac dio vuelta, subió la rampa y entró sin miramientos en el espacio libre que había en el taller, antes de que ella cerrara. Edward le lanzó una mirada suspicaz y dejó de barrer. El conductor abrió la puerta y bajó de la camioneta, dirigiéndose a Charlie, quien sonrió radiante al reconocer a su Rastas.
-Lo siento señor, pero ya hemos cerrado –habló Charlie, jugando a que no lo conocía.
-¿Enserio? Porque yo veo que la puerta está abierta –siguió Tom el juego, a lo que Charlie rió suavemente.
-Si la hubiera cerrado, se habría estampado en ella –contestó. –Pero está bien, ¿Qué necesita?
Edward vio que ese rapero se acercaba a Charlie y le susurraba algo al oído, al parecer divertido porque ella seguía sonriendo, algo que Ed no podía entender.
-Bueno, será mejor que pasemos a la oficina –concluyó la chica, señalando con una mano hacia el lugar mencionado. Tom se adelantó en subir las escaleras. –Ed, ya te puedes ir, yo cerraré –dijo al joven, que seguía mirando a Tom con desconfianza.
-¿Estás segura? Puedo quedarme si quieres…
-No, está bien, es un amigo de confianza –aclaró la pelinegra, ya que por su pequeño juego, Edward creía que Tom era un completo desconocido.
-Ah… Bien, entonces me voy –se dirigió al portón. –Espera… ¿Qué tanta confianza?
-Muuuucha confianza… –respondió, arqueando una ceja pícaramente.
-¿No es ese guitarrista famoso de…?
-Sí, lo es –le cortó Charlie, a la que comenzaba a urgirle que Edward se retirase; se adelantó para casi arrastrarlo hasta la salida. –Yo lo atenderé –pulsó el botón de la caja de mandos y la puerta de metal comenzó a bajar. –Nos vemos mañana Ed, gracias por venir…
La puerta se cerró por completo antes de que Edward pudiera replicar. Sintiéndose un poco culpable, Charlie subió las escaleras con prisa hasta llegar a la oficina, donde Tom ya estaba acomodado en un pequeño sofá ubicado frente al escritorio. Sin decir una sola palabra, ambos se sonrieron de manera cómplice y la pelinegra saltó con entusiasmo encima de él para unir sus labios con pasión.
-Te extrañé… –admitieron al mismo tiempo, antes de reír bobamente.
-¿Qué haces aquí? –preguntó divertida.
-Quería verte –dijo y la besó de nuevo, con ternura. Tom mantenía sus manos en la cintura de Charlie, mientras ella le tomaba por el cuello, enredando algunas rastas entre sus dedos.
-¿Quieres cenar? –invitó luego de separarse de él lo suficiente para hablar, pero sin despegar sus cuerpos.
-Se supone que no deben vernos –respondió con pesar.
-Y no nos verán, pediré una pizza, la traerán aquí y cenaremos con una hermosa vista de las luces de la ciudad.
-¿Una hermosa vista? ¿De qué hablas?
-Ya lo verás…
Entre jugueteos, caricias y conversaciones sobre cosas triviales, Charlie hizo la llamada y al cabo de unos cuarenta minutos, estaba recibiendo la pizza en la entrada del local.
-Sígueme –ordenó a Tom.
Llevaron las cosas a través de unas escaleras angostas que subían por uno de los costados de la bodega; Charlie abrió una puerta y salieron a la azotea, hacia una noche de cielo despejado, en el cual las estrellas parecían brillar más de lo normal, sin opacar las hermosas luces de Hamburgo, que podían mirarse desde allí como grandes luciérnagas adornando los edificios en la oscuridad. En el borde, un pequeño escalón se alzaba a penas un poco más de un metro, y su superficie ancha y plana, hacía de él una excelente mesa. Charlie tendió una manta a cuadros rojos y blancos sobre el concreto del escalón, improvisando un mantel y colocó la comida allí; mientras Tom arrastraba un enorme cubo de madera, que había servido como empaque para algún repuesto de gran tamaño que recibió el taller. Lo llenaron con cojines que habían encontrado en la oficina y ambos tomaron asiento uno al lado del otro. Abrieron la pizza y comenzaron a cenar.
-Me suena a “La Dama y el Vagabundo” –dijo Charlie luego de un silencio, en el que ambos comían un poco de pizza.
-Pero tú serías el vagabundo –respondió Tom, manchándole una mejilla con salsa de tomate, por lo que ambos rieron.
-Claro, y tú mi dama –contestó ella, inflando el pecho y pellizcándole un moflete.
-Vaya vagabundo debilucho que me fue a tocar… –se quejó en broma, meneando uno de los brazos de su chica. –Creo que eres todavía más enclenque que mi hermano –se burló. Charlie esperó unos segundos y luego le jaló una rasta con fuerza. – ¡Aaaauuch!
-¡¿Quién es el debilucho ahora?!! –gritó con superioridad y rió divertida.
-¡Ahora verás! –dijo Tom, sonriendo y abalanzándose sobre ella para hacerle cosquillas.
-¡Tom!! ¡No! –alcanzó a decir, antes de ser atacada por carcajadas constantes; ése era su punto débil. – ¡Tom!! ¡Para!! –pedía entre risas, mientras se revolcaban sobre los mullidos cojines. El cubo se corrió hacia atrás y los dos terminaron en el suelo, Tom encima de ella, muertos de la risa. Cuando pudieron tranquilizarse un poco, él se alzó y depositó un beso en la comisura de sus labios. –Tenías que ser un Kaulitz –le reprochó en broma, recordando la ocasión en que también había caído del sofá con Bill en los privados de aquel club.
-Y tú tenías que ser torpe –respondió, levantándose y tendiéndole una mano para ayudarle; una vez se acomodaron de nuevo, reanudaron su cena.
La caja de cartón y las latas de refresco vacías yacían en el suelo, junto con el mantel, que ahora estaba extendido sobre el concreto y en el cual, Charlie y Tom descansaban en silencio, tan sólo observando el cielo y sintiendo sus respiraciones pausadas. Los cojines también habían acabado sobre su pequeña improvisación de cama, sirviéndoles para estar más cómodos, ambos boca arriba, con sus manos entrelazadas.
-Tenía mucho tiempo de no sentir tanta paz –dijo Tom, con voz pensativa. Charlie soltó su mano y se giró para mirarle de frente, con una sonrisa pícara.
-Así que me extrañaste, ¿Eh?
-No es justo –respondió de repente. –He visto más a Cynthia que a ti, porque Gustav se la pasa invitándola al estudio; y aunque Georg lo niegue, le encanta tener a Giselle por los alrededores… –Charlie rió un poco. –Deberías pasarte por allí más seguido…
-Bien, mañana le diré a Cynthia que quiero acompañarla.
Tom sonrió como un niño pequeño y ambos se acercaron para unir sus labios, saboreando el interior de sus bocas con regocijo, explorando con sus lenguas cada rincón, embriagándose con el cálido aliento del otro. Tom bajó una de sus manos por un costado de Charlie, posándola en la curva de su cintura y jalándola contra su cuerpo en un gesto posesivo. Sonrieron sin detener el beso. Hubo un momento en el que la necesidad de respirar fue mayor y tuvieron que separarse un poco; Charlie soltó una risita y enterró su cara en el cuello de Tom, al tiempo que éste exhalaba un suspiro.
-Creo que… Me estoy enamorando de ti –las palabras de Tom salieron de su boca sin su permiso.
-¿Crees? –los ojos de Charlie se habían clavado en los de él. –Sólo lo crees… Yo te he dicho ya mil veces que te quiero, pero ¿Tú sólo “Crees que te estás enamorando”? –su voz era triste.
-Pues yo… Yo… –intentaba defenderse, mientras la veía incorporarse hasta quedar sentada sobre el mantel.
-¿Tú qué? ¡¿No puedes ni siquiera decirlo?!
-¡Te lo he dicho! –él también se levantó.
-Contestar “Yo también” cada vez que te lo digo, no es lo mismo que decir un “Te quiero” que nace de uno mismo… –hizo una pausa, la cual fue seguida por un denso silencio.
-¿Y qué quieres que te diga, Charlie? –preguntó calmadamente. –Fue por eso que decidimos guardar el secreto, porque ni yo mismo estoy seguro de lo que siento… O de que esto vaya a funcionar… ¿Desearías que te dijera un “Te quiero” sin sentirlo?
-¿No lo sientes?
-No sé…
-¿Por qué?
-¡Dios!! No sé, yo… ¡Todo esto es nuevo para mí! No sé ni cómo llamar a este sentimiento… Lo, lo había sentido antes, pero ahora… Es… Es diferente…
-¿Qué sientes? –quiso saber, mirándole con ternura, sin ningún rastro de enojo.
-Me siento bien; me siento afortunado, siento que estoy en el lugar correcto y con la persona correcta; siento que podría estar así el resto de mi vida y que no me importa lo que digan los demás, Charlie… Y en éste mismo momento siento miedo, miedo de hacer o decir algo que lo arruine todo y te aleje de mi… ¿Me entiendes? –ella asintió. – ¿Es suficiente para ti?
-Más que suficiente –contestó, notando el significado de esa última pregunta: Tom quería ser suficiente para ella, y eso borraba cualquier duda que Charlie pudiera llegar a tener.
-Pero yo no puedo prometerte estabilidad, esa es una palabra que no está en mi vocabulario, no por ahora, no mientras siga con la banda y todo lo que eso implica… –continuó, excusándose.
-Eso lo sé. Lo sabía incluso antes de darme cuenta de lo que sentía por ti. No pienso exigirte una relación estable Tom…
-¿Entonces? ¿De qué iban todas esas dudas, Petite? –le acarició el brazo, y Charlie no pudo evitar sonreír ante el sobrenombre.
-Sé que no se puede decir que seamos una pareja del todo –comenzó fijando su mirada en el cielo. –Pero quería que estuvieras seguro de lo que sientes, aunque no podamos establecer algo más serio… Me gustaría saber, ¿Qué soy para ti, Tom? –volvió su mirada a los ojos castaños del guitarrista.
-¡Pero qué pregunta es esa! –exclamó. –Tal vez no lo hayamos dejado muy claro, pero lo que yo pienso es: que eres la enana traviesa de enormes ojos que se divierte con mi dolor…
-¿Esa es tu manera de ser cariñoso? –le cortó.
-No me dejaste terminar, además no te quejes, tú también dejas mucho qué desear…
-Pues separémonos entonces –resolvió ella en un tono que volvía a las bromas normales entre ellos. –Ya que soy una enana traviesa…
-En ocasiones –agregó Tom. –Y en otras ocasiones eres toda una mujer, grácil y hermosa, que me ha robado el corazón con su tierna mirada, que me provoca querer protegerla cuando me necesita y al mismo tiempo sentirme abrigado con su calor; que me arranca sonrisas y sigue mis juegos… ¿Te he mencionado que, siento como si te conociera de antes? –preguntó acercándose a ella para abrazarle por la espalda.
-Me conoces de antes –respondió, sonriendo y dejándose llevar hacia atrás para quedar recostados nuevamente en el tendido.
-Me refiero a más antes, más que cuando Gustav te llevó por primera vez al bus…
-Y que fuiste el único que logró descubrirme –rememoró Charlie.
-¿Cómo no iba a descubrirte con esos espectaculares ojos?
-Tom… –le llamó, susurrándole al oído. –Justo acabamos de tener nuestra primera discusión, ¿Sabes?
-Sí, pero nos hemos arreglado en un segundo…
-¿Crees que sea la primera de muchas?
-No lo creo… –hizo una pausa. –Lo sé. Estoy seguro que van a ser muchísimas más discusiones, es normal, todas las parejas las tienen.
-¿Somos pareja? –se irguió apoyando el codo sobre un cojín y descansando la cabeza sobre su mano.
-Eres mi novia –afirmó confiado, tomándola de la mano que tenía libre.
-¡¿Ah sí?! –seguía sin poder creérselo, mientras le miraba asombrada.
-Sí… Acabo de decidirlo.
-Ni siquiera me preguntaste.
-Por que ya sé la respuesta.
-¿Y si era un “No”?
-Eso es imposible.
-Creído.
-Enana vagabunda…
-¡Hey!! –volvió a jalarle una rasta, antes de estallar en carcajadas, las cuales fueron interrumpidas por el tono de un móvil que comenzaba a sonar.
-Es el mío –dijo Tom, moviéndose para tomarlo. –Ah, es Andreas… –mencionó y esperó a que dejara de sonar. En cuestión de segundos, el móvil de Charlie comenzó a sonar.
-¿Hallo? –contestó para no levantar sospechas.
-¿Charlie? ¿Está Tom contigo?
-No –mintió. – ¿Qué pasa, Andreas?
-Ah nada, Bill y sus ideas raras… En fin, te llamaba para invitarte a una fiesta que daré en mi casa éste fin de semana, ¿Vienes?
-Mm… Hoy es… ¿Jueves? ¿Cierto? –quiso saber, intentando visualizar sus compromisos en su mente, aguantando la risa que le daban las caras que ponía Tom. – ¿Cuándo es?
-El sábado en la noche, los chicos también estarán aquí…
-Bien, cuenta conmigo –accedió, reprimiendo los escalofríos causados por la nariz de Tom jugando en su cuello. –Sí, em… Le diré a Bill que pase por mí; sí, nos vemos, adiós.
Colgó rápidamente y buscó los labios de Tom desesperada, para plantarle un beso que los dejó sin aliento, mirándose a los ojos antes de reanudarlo.
-Entonces, ¿Quieres ser mi chica? –cuestionó él, para dejarlo en claro.
-Podemos intentarlo, siempre que los dos pongamos de nuestra parte para superar todo lo que tu vida implica…
-Bien, ahora podremos decírselo a los demás –concluyó Tom y volvió a devorar sus labios con locura, mientras se perdían nuevamente en abrazos, caricias, cariños y demostraciones de afecto que nacían intrínsecamente desde el fondo de ambos corazones.
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Espero no haberlas aburrido :$
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