miércoles, 9 de diciembre de 2009

Capítulo 16

-Y ¿Cuándo se supone que vamos a decirles? –cuestionó Charlie, mirando a Tom fijamente. Éste la mantenía acorralada contra la pared de una sala vacía en el estudio de grabación, donde comenzaba a subir la temperatura. Se habían escapado de las miradas de los demás, pero estaban seguros que no tardarían en sospechar, así que intentaron aprovechar al máximo lo que les quedaba de tiempo.
-Mmm… ¿Y si dejamos que lo descubran ellos? –respondió Tom, casi sin despegar los labios del cuello de su chica. Charlie rió un poco.
-¿Improvisaremos?
-Improvisaremos.

Ambos se besaron nuevamente, respirando el aliento del otro, recorriendo sus bocas con urgencia, reconociendo que a pesar de que no llevaban mucho tiempo juntos, dentro de poco los besos y caricias ya no serían suficientes, porque cada vez eran más atrevidas, porque cada vez su deseo seguía yendo en aumento.
El tiempo de descanso terminó y Charlie salió primero para no ser vistos saliendo de allí juntos. Volvió al área de comida del estudio, conformada por una mini cocina y un comedor, donde se encontraban el resto de sus amigos.

-Oh ahí estás –habló Gustav al verla tomar asiento frente a la mesa. –Me alegra que hayas venido con Cynthia, ya teníamos rato de no verte…
-Sólo quise darles su espacio, se ve que lo necesitan –contestó lanzando una mirada pícara a la pareja, quienes se sonrojaron un poco, pues claro que habían aprovechado “su espacio”.
-Pero si ni la hemos visto, ¿Dónde estabas? –quiso saber Bill. – ¿Y Tom? –preguntó, al notar cierto rubor en sus mejillas.
-No lo sé, ¿No estaba aquí con ustedes?
-No –escucharon la voz del aludido, que apenas entraba en la cocina. –Fui por un bocadillo. –agregó alzando una ceja. Charlie sonrió imperceptiblemente. –Y tú eres un cotilla, ¿Lo sabías? –dijo a su hermano, pegándole un golpe en la cabeza, antes de tomar asiento junto a él.
-Oigan chicos –interrumpió David, asomándose por la puerta. –Bill, Tom, vengan acá un segundo, necesito que graben algo.
-Sí, claro –Bill se adelantó hacia su manager. –Por cierto, David, ¿Recuerdas a Charlie?
-¿Charlie? Eres hija de Frank, ¿Cierto?
-Sí –confirmó ella.
-David, ella es de quien te hablé ayer –intervino Gus.
-Ah… ¿Es ella? Creí que sería mayor –comentó, examinándola. –Bueno chicos, llevamos prisa, es para hoy Tom –apremió al ver que el guitarrista no se había movido de su asiento. – ¿Hablamos en la sala de grabación? –invitó, dirigiéndose a Charlie, quien asintió un tanto extrañada.
-Bueno, yo debo regresar a mi trabajo, nos vemos –se despidió Cynthia en general y al final fue a plantarle un beso a Gustav, que se quedó unos segundos mirándola embobado. –Nos vemos David –dio un beso en la mejilla al manager y salió de allí, sorprendiendo a Charlie por la facilidad con la que su amiga se había llevado bien con Jost, pues creía que a éste no le haría mucha gracia que uno de los chicos se hiciera de una novia.
"Dos de los chicos", se corrigió a sí misma al captar una mirada furtiva de Tom.
"Tres", volvió a corregirse y clavó sus ojos en Georg, que parecía estar ausente de la realidad. Se encaminaron a la sala de grabación, que en ese momento ya estaba llena de técnicos de sonido. Charlie procuró que ella y Gustav se rezagaran del resto, quedándose atrás para poder hablar a gusto.

-¿Por qué le hablaste a David de mí? Y ¿Por qué quiere hablar conmigo ahora?
-Ya lo verás –contestó su amigo, sonriendo enigmáticamente.
-¿No puedes decírmelo?
-Puedo, pero quiero que sea una sorpresa –replicó al tiempo que ingresaban en la sala.

Charlie bufó en broma, intentando relajarse, ya que por dentro algo la hacía ponerse nerviosa. Ignoró esa sensación y se enfocó en los gemelos, que se acomodaban sonrientes en un par de bancos apostados dentro de un cuarto de paredes acolchadas, las cuales impedían el paso del ruido. Ella, al igual que toda la gente allí, podía verlos a través de una ventana en forma rectangular, cubierta con un cristal de gran tamaño. Tom mantenía en su regazo una guitarra acústica, mientras Bill se acomodaba los enormes cascos y probaba el micrófono; el guitarrista comenzó a rasgar las cuerdas, ensayando el intro de lo que parecía ser una nueva canción; cuando estuvo totalmente seguro, lanzó una mirada cómplice a Bill y éste dio la señal para comenzar la grabación.
-Grabando –escucharon la voz del técnico, seguida de las notas producidas por la guitarra acústica. Toda la sala estaba en silencio, escuchando, deleitándose con la suave melodía que acariciaba sus sentidos. Bill le puso voz a la letra, cantando con técnica, elevando en ocasiones su singular y hermoso tono de voz. Al cabo de unos minutos, la canción había terminado, envolviendo a los presentes en un sentimiento de admiración colectiva hacia los gemelos: lo habían vuelto a hacer; habían vuelto a usar ese amor fraternal, esa conexión y esa complicidad que les distinguía para unir sus talentos.

-Se escucha bien –dijo David por el micrófono. –Pero lo haremos otra vez.
-¿Qué? ¡Pero si quedó perfecto! –se sorprendió Charlie, hablando en voz baja para que sólo Gustav la escuchara.
-Pero así es esto. No importa que tan perfecto haya salido, siempre van a querer mejorarlo –explicó su amigo. –A veces es realmente cansado hacer lo mismo una y otra vez –continuó, caminando hacia el fondo de la sala para poder hablar sin interrumpir la grabación. Charlie se percató de que Georg había salido de allí, pues no era necesario que estuviera presente. Luego de la segunda grabación, David avisó a los chicos que lo harían nuevamente y dejó todo en manos de los técnicos, antes de acercarse a hablar con Charlie y Gustav.
-Bien Charlie, Gustav me ha contado que tienes talento con la cámara –comenzó, cruzándose de brazos.
-Pues, es más que nada un gusto, algo que me apasiona hacer.
-Pero eres muy buena en eso –apoyó Gustav, sonriendo a su amiga.
-Verás, estamos por terminar el nuevo álbum y nos hemos atrasado un poco con la portada, pues nuestro fotógrafo renunció hace poco –exteriorizó. –Justo ahora estoy en proceso de contratar a alguien nuevo, y ya tengo dos aspirantes que aún no me convencen del todo, ¿Entras en la competencia?
-¿Yo? –se señaló a sí misma asombrada.
-Gustav dice que eres realmente buena.
-Pero…
-Además ya hemos trabajado contigo, me saltaría todo el asunto de saber tus referencias, si podemos confiar en ti, etc.
-Pero ¡Yo no he estudiado nada de fotografía! No tengo bases o fundamentos, lo que yo sé es lo poco que aprendí de mi madre o yo sola, por experiencia… –se excusó, hablando un tanto insegura.
-Y eso es lo que busco –atajó el manager, convencido. –Pero también debo ver algo de tu trabajo, ¿Qué dices?
-Vamos Char, tienes que comenzar a luchar por tu sueño –le animó Gustav.

Su sueño… le avergonzaba admitirlo, pero la verdad era que su sueño lo había ido dejando de lado; tenía una vida tranquila junto a su padre, un trabajo seguro en el taller, y eso era muy cómodo. No estaba segura de si era capaz de entrar en una competencia para ser la fotógrafa oficial de una banda tan reconocida, seguro que sus adversarios serían mucho más profesionales que ella; pero si no lo intentaba, jamás lo sabría.
Una pequeña llama se reavivó en su interior, recordándole que ese era su sueño, que por más que su vida estuviera bien tal y como estaba, llegaría un momento en que se arrepentiría de no haber aprovechado la oportunidad, total, no tenía nada qué perder.

-Gracias por la oportunidad, David. Acepto, ¿Qué debo hacer?
-Ven el lunes en la mañana, trae tu portafolio de trabajo y te haré una entrevista.

Acordaron los últimos detalles de la entrevista, y Charlie salió de allí lo más aprisa posible, pues se le hacía tarde para llegar al taller. En el Hall del edificio de la disquera, alcanzó a ver cómo Georg se acercaba a Giselle, antes de salir de allí y tomar un taxi en la avenida; pensando que sus amigos por fin arreglarían sus malentendidos, partió hacia su trabajo, en donde Edward le esperaba un tanto impaciente.

-Lo siento, llego tarde –se disculpó Charlie, al tiempo que entraba en el taller y lanzaba un saludo de mano a los demás mecánicos.
-No hay problema, ¿A dónde fuiste? –preguntó Ed casualmente, mientras le seguía hasta la oficina con un par de papeles en la mano. –Ah, esto es el inventario de los repuestos que llegaron –se los tendió y Charlie los tomó complacida.
-Gracias, Ed –dijo y tomó asiento tras el escritorio, para encender el viejo ordenador con el que John organizaba y dirigía su taller. –Salí a comer con unos amigos…
-¿Unos amigos? Así que eran varios. –concluyó. – ¿Cuántos eran exactamente?
-No seas cotilla, además, ¿Cuál es el interés en saberlo? –respondió Charlie, alzando una ceja y notando cómo Edward se ponía nervioso.
-Debo ayudar a Johan con el Audi, estaré abajo –señaló, yéndose sin contestar la pregunta. Charlie sonrió con suficiencia; Edward demostraba mucho interés en ella, siempre cuidándola, acompañándola a la hora de cerrar, preocupándose por ayudarle en lo que fuera posible, se sentía halagada, pues Ed era en realidad muy apuesto y amable; aunque no sabía mucho de él, estaba segura que cualquiera lo consideraría un buen partido. Suspiró. Lástima que en este momento su corazón perteneciera a otra persona, un cierto guitarrista del cual no se había despedido para no interrumpir sus grabaciones.

El día finalizó sin más contratiempos, al llegar a casa, Frank la recibió con un plato de comida caliente y cenaron juntos, como hacía mucho tiempo que no lo hacían. Luego de recoger los platos, Charlie subió a su habitación con la idea de llamar a Tom, sin embargo, su móvil sonó apenas hubo entrado en la alcoba.

-¿Hallo?
-¡Charlie! ¡¿Estoy loca o te vi hoy en la disquera?!
-Estás loca –contestó tajante, reconociendo la voz de Giselle. –Y me viste en la disquera –añadió antes de reír un poco. – ¿Te arreglaste con Georg? –preguntó al instante.
-Algo así –respondió su amiga.
-Giselle, es sí o no.
-¡Pues no lo sé! Me pidió disculpas por pasar de mí y me ha invitado a una fiesta éste sábado; supongo que ahí hablaremos –explicó un poco emocionada. –Es por eso que te llamaba, ¿Tú irás?
-¡Claro! ¡Es la fiesta de Andreas!
-Uuh ¿Nos arreglamos juntas?
-Eh… No puedo, yo me iré directo del taller.
-Aaaaah –se quejó – ¡Charlieeee! –canturreó para fastidiar.
-Lo siento Gi, tengo que trabajar, pero ¿Por qué no hablas con Cynthia? Ella seguramente aceptará.
-Bien, nos vemos mañana. Adiós.
-Adiós.

Algunos minutos después de haber colgado, optó por mandarle un mensaje a Tom, pues estaba realmente agotada:
“Supongo que debes estar muy cansado luego de grabar y grabar por horas; sé que la canción salió bien al final, asesino a David si dice lo contrario… Descansa, te veo en la fiesta de Andreas. Sueña conmigo.”

Colocó el móvil en la mesita de noche y se dispuso a prepararse para dormir; cuando hubo terminado de cepillarse los dientes, se metió en la cama y leyó un mensaje que había recibido en el móvil, mientras estaba en el baño: “Esa última frase es mía, Petite. Buenas noches.”

El sábado Charlie se levantó muy temprano, pues tenía algo que hacer antes de irse al taller. Subió al ático en busca de la antigua cámara profesional de su madre, pues no tenía un portafolio de trabajo y estaba más que decidida a crear uno para mostrárselo a David. Pasó unas cuantas horas revolviendo dentro de las cajas, sacando y descubriendo cosas que creía perdidas, reencontrando objetos viejos, fotografías de ella, y casi sin poder creérselo, encontró una foto de su madre, cuando era joven, muy joven, al parecer de cuando cursaba el instituto; la contempló, dejando que su corazón se embriagara de una extraña familiaridad; su madre había sido una joven realmente hermosa, tenía la piel blanca como la harina, una cabellera dorada caía ondulada por debajo de sus hombros y sus ojos, azules como el cielo desbordaban vitalidad; Charlie reconoció ese azul en sus propios ojos, antes de caer en la cuenta que había olvidado ya el rostro de su madre. Guardó la fotografía en el bolsillo de su pantalón y siguió buscando.

-Vaya, aquí estás –habló para sí misma, tomando un estuche que protegía la cámara, que a pesar de ser de excelente calidad, era prácticamente una reliquia. Junto al estuche de la cámara, un objeto llamó su atención; era una especie de alhajero rectangular, forrado con cuero color vino y molduras doradas en las esquinas; un cerrojo también dorado sellaba la tapa con candado. Estaba sucio, rayado, no había manera de abrirlo, e incluso estaba descompuesto, pues el torniquete para darle cuerda estaba suelto, aún así lo llevó a su habitación, examinándolo con cierta melancolía. Lo dejó en la cama, junto a la cámara y tomó una bolsa en la cual había puesto su ropa y cosas personales; se puso una sudadera color azul grisáceo, encima de la playera blanca de mangas cortas, se dejó el pantalón que traía y bajó las escaleras de dos en dos.

-¡Me voy al taller! –avisó a su padre desde la puerta. –Ah, mejor la dejo aquí, o soy capaz de perderla –se dijo, al tiempo que sacaba la foto de su madre y la depositaba en la mesita del recibidor. – ¡Llegaré un poco tarde!
-¡Está bien! ¡Ve con cuidado!
-Sí, adiós –se despidió, cerrando la puerta luego de salir.

Como era lo normal, el taller cerraba más temprano los fines de semana, eso aunado al poco trabajo que les llegó ese día, dio como resultado que los chicos se fueron a casa al atardecer; Charlie se entretuvo un par de horas más encerrada en la oficina, hablando por teléfono con John para explicarle la oferta que David le había hecho en la disquera.

-¿Qué piensas?
-Perdería a una de mis mejores mecánicos… Pero Charlie, te quiero prácticamente como a una hija, y no deseo que te detengas por mí; ya veré quien puede hacerse cargo, mientras tanto, has lo que tengas que hacer.
-¿Está bien si mañana no vengo al taller para hacer mi portafolio?
-Como dije, has lo que tengas que hacer.

Con el premiso de su jefe, las cosas se facilitaban un poco. Dejó algunas cosas listas para el día siguiente, y una vez hubo comprobado que tanto las puertas principales, como la de la oficina estuviesen cerradas, se cambió de ropa allí mismo, vistiéndose con una blusa strapple color roja con detalles en plateado, un pantalón entubado color negro y una campera plateada, además de un par de zapatillas flats a juego con la blusa; soltó su melena, dejándola caer por sus hombros hasta media espalda, un tanto ondulada como la cabellera de su madre, pero tan negra como el cabello de Frank; utilizó un maquillaje oscuro, para variar, el cual resaltaba sus ojos claros. Recogió sus cosas, guardó papeles, apagó las luces y se dirigió al portón de la entrada, con su bolsa al hombro. Mientras cerraba los candados, una sombra se proyectó sobre la puerta metálica, haciéndole saber que alguien estaba a sus espaldas. Charlie sintió un escalofrío y terminó de colocar los candados lentamente, antes de sentir cómo una mano se posaba en su hombro, haciéndola dar un respingo.

-¡Aah!! ¡Edward!!! –reclamó luego de girarse y reconocerlo. – ¡Me asustaste!!
-Aah lo siento –se disculpó cabizbajo. –No te reconocí Char, creí que eras alguna otra chica…
-¡¿Quién más iba a ser?! –chilló. –Soy la única chica que trabaja aquí… ¡¡¿Qué diablos haces aquí?!!
-Yo… Eh… Em –balbuceó, llevándose una mano a la nuca –Cielos, te ves realmente linda…
-No me cambies el tema… ¡Hace horas que les di la salida!
-Pero tú te quedaste…
-¡Sí! ¡Siempre me quedo!
-No me gusta que estés sola, éste barrio es un tanto peligroso…
-Hablas como mi hermano –bufó molesta, poniendo más nervioso a Edward.
-¿T-tu her-hermano? ¡Oh, claro que no!
-No me refiero a que te veo como un hermano, sino que eres muy sobreprotector.
-¿Te molesta?
-Algo –le miró con reproche.
-Bien… Creo que mejor me voy –dijo apenado y caminó hacia la acera.
-¡Ed! –le llamó, pensando que tal vez había exagerado. – ¡Espera!! –pidió, alcanzándolo a unos metros de la puerta del local.
-¿Sí?
-¿Puedes acompañarme un poco? Bill y Andreas aún no llegan, y ya está oscuro.
-¿Bill y Andreas?
-Son un par de amigos.
-¿Saldrás ésta noche?
-Sí, Andreas dará una fiesta en su casa y… Yo… ¿Te gustaría venir? –preguntó, dándose cuenta que sería de mala educación mencionarle la fiesta y no invitarle.
-Ooh… No, no quiero ser una molestia… Pero, dime… ¿Va a estar Tom ahí? –Charlie le miró sorprendida, ¡Edward recordaba a Tom!
-Eso espero –contestó ella con una sonrisa infantil. Ed suspiró de mala gana y dirigió su mirada al cielo estrellado, introduciendo las manos en los bolsillos del pantalón. –Espera… Yo nunca te dije que su nombre era Tom –apuntó Charlie, frunciendo el ceño.
-Ya lo sé –contestó Ed, sin mirarle. –No era necesario que me lo dijeras, hay mucho sobre él en Internet. Imagino que el Bill que mencionas es el vocalista de la banda, ¿Me equivoco?
-¡¿Los investigaste?! –cuestionó, a punto de enfadarse de nuevo.
-¡Debo conocer a mi enemigo! –se justificó Edward, alzando los hombros. Charlie estaba atónita, además de que no le estaba gustando nada el rumbo que estaba tomando la conversación.
-Ahora necesito que me digas algo –le tomó por la muñeca, hablando seriamente. –Exactamente, ¿Qué hay entre Tom y tú?
-¿Por qué quieres saberlo?
-Necesito saberlo –se limitó a responder, apretando su mano en torno a la de ella.
-Edward me estás asustando –susurró peligrosamente. –Eso es algo que no te concierne, no tengo por qué darte explicaciones –declaró, deshaciéndose de su contacto, antes de mirar aliviada cómo los faros del coche de Bill se acercaban por la carretera. El auto se detuvo junto a ellos y Andreas, quien viajaba en el asiento del copiloto, bajó sonriente para saludar a Charlie.
-Hallo guapa –saludó, besándole en la mejilla. – ¿Nos vamos?
-Sí –contestó ella al instante. –Nos vemos luego –añadió, fulminando a Ed con la mirada; montaron en el auto y partieron de allí, dejando a un solitario Edward con una extraña y misteriosa sonrisa en el rostro.

Charlie no iba a permitir que ese pequeño episodio arruinara su noche, mucho menos si sabía que la pasaría con Tom. En el camino, Bill y Andreas no paraban de hablar, anécdotas y bromas constituían la mayor parte de su conversación, pero eso era lo mejor, porque así era divertido y sencillo llevarse bien con ellos. Bill condujo hasta una zona residencial de alto nivel económico, entró el coche en el estacionamiento de una enorme mansión y aparcó sin dificultades.

-¿Seguros que es aquí? –cuestionó Charlie, mirando con ojos como platos la exquisita residencia.
-No, seguramente no voy a saber dónde vivo –respondió Andreas con sarcasmo. –Bienvenida a mi humilde hogar –agregó, sonriendo con ironía y extendiendo un brazo hacia la propiedad.
-Andreas, ¿No le dijiste que eras rico? –mencionó Bill, golpeando a su amigo en el hombro.
-No lo soy –respondió entristecido. –Todo esto no es mío, sino de mis padres, los cuales no están, para variar…
-Ooh –soltó la pelinegra, denotando un poco de pena por su amigo.
-No te preocupes –le dijo éste, sonriéndole como siempre. –Nunca han estado en mi vida, pero eso me permite dar fiestas como la de hoy; cualquiera querría estar en mi lugar, ¿No?
-Claro amigo –animó Bill y Charlie le dio una palmadita en el hombro. Dejaron sus respectivas chaquetas en el recibidor y recorrieron la planta baja de la mansión; Bill se movía ágilmente, pues la magnificencia de la vivienda ya le era familiar, mientras Charlie miraba a todos lados totalmente asombrada por el gran trabajo de decoración.
-Vaya, aún no llegan los invitados –mencionó Andreas al entrar en la cocina y toparse con Gustav, Georg y Tom.
-¿Y nosotros no somos invitados? –éstos últimos tenían ya un montón de vasos en la barra, y hacían el intento de preparar un par de tragos, jugando con los limones y haciendo el tonto; Gustav a su vez, reía de las estupideces de sus amigos.
-Nop, son los cantineros, ¿No? –les sonrió con chulería. Bill y Charlie entraron en la cocina, justo cuando Tom y Georg comenzaban con la guerra de limones partidos.
-Pero que par de tontos te has contratado –criticó Bill, señalándolos.
-¿Qué vas a tomar ésta noche, hermosa? –preguntó Tom a Charlie, alzando una ceja; ésta se había sentado frente a él y le sonreía radiante. A excepción de Bill, todos creyeron que Tom y Charlie simplemente estaban siguiendo el juego.
-Refresco de lima con tequila, limón y sal –pidió hablando con experiencia. Tom le miró embobado por algunos segundos y procedió a preparar la bebida.
-Bien, iré a recoger a las chicas –anunció Gustav, mirando cómo Charlie bebía del vaso con prisa. – ¿Quieren que traiga algo?
-Podrías traer más cerveza –sugirió la chica, luego de estampar el vaso contra la barra, haciendo que sus amigos le miraran atónitos.
-¿Mas? He comprado mucha –Andreas se llevó una mano a la cabeza, divertido.
-Si, uno nunca sabe…
-Vaya borracha con la que nos fuimos a juntar –habló Tom y todos rieron.
-Ah, ¡Pero así me quieren! ¡No pueden vivir sin mí! –contestó, enseñando la lengua.

Sus sonoras carcajadas fueron interrumpidas por el timbre de la entrada. Andreas se encaminó para abrir, seguido por Gustav que tenía que ir a recoger a Cynthia y Giselle, quienes se habían juntado en casa de la primera para arreglarse. “Mujeres…” pensaba el baterista, mientras subía a su auto.

Georg y Tom volvieron a lo suyo, mientras Bill notaba a Charlie cada vez más inquieta, miraba a su alrededor, fascinada con cada detalle de la casa. Sin previo aviso la tomó de la mano y salieron de la cocina.

-Vamos –dijo Bill, subiendo las anchas y elegantes escaleras.
-¿A dónde?
-Sé que sientes curiosidad por ver la casa, y ya que Andreas está ocupado –hizo una pausa y se escucharon las voces de los invitados en el recibidor. –Yo te la mostraré por él, ya verás que no es nada del otro mundo.
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Hasta ahí... Qué les parece?


 
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