En el anterior...
-Vamos –dijo Bill, subiendo las anchas y elegantes escaleras.
-¿A dónde?
-Sé que sientes curiosidad por ver la casa, y ya que Andreas está ocupado –hizo una pausa y se escucharon las voces de los invitados en el recibidor. –Yo te la mostraré por él, ya verás que no es nada del otro mundo.
Capítulo 17
La mansión se fue llenando de gente en el piso de abajo, mientras que en la segunda planta, Bill y Charlie recorrían los pasillos y habitaciones, jugando como un par de niños malcriados.
-No sé para qué quieren tantos baños –decía Bill, mientras se miraba en el espejo de uno de los incontables baños de la propiedad y se retocaba el cabello. Charlie abrió el grifo y se remojó las manos, lanzando una mirada malvada hacia el pelinegro.
-¡Bill! –le llamó y antes de que éste pudiera alejarse, sacudió las manos, salpicándole con agua.
-¡Aaah! ¡Charlie!! –reclamó dibujando una sonrisa en su rostro. – ¡Ahora verás!! –se mojó las manos y corrió tras ella, siguiéndola a través de los corredores, hasta llegar a una estancia que se encontraba a oscuras, deteniéndose los dos ante la falta de aire en sus pulmones. Las paredes estaban llenas de elegantes estanterías con libros selectos, que se erguían hasta el techo de lo que parecía ser una biblioteca. La duela del piso estaba cubierta con una alfombra fina, decorada con gráficos orientales, y al fondo, una chimenea apagada reposaba estática, como esperando algún acontecimiento.
-Deberías dejar el cigarro –dijo Charlie sonriendo de medio lado, y entró de lleno en la habitación.
-Tú estás igual –puntualizó su amigo.
-Bah… Tan sólo he perdido un poco de condición –contestó, minimizando el asunto, y acercándose a una de las altas ventanas rectangulares que se alzaban empotradas en la pared, y que daban una amplia vista del hermoso jardín.
-Charlie, ¿Estás bien? –preguntó Bill, que se había situado junto a ella y miraba el vacío a través de la ventana.
-Sí, ¿Por qué lo preguntas?
-Llámame paranoico, pero no me gustó nada el tipo que estaba contigo en el taller…
-¿Edward? –inquirió mirando los ojos castaños de Bill. –Trabaja conmigo en el taller; es bueno, pero…
-¿Pero qué?
-No lo sé… Supongo que se preocupa demasiado por mí –concluyó Charlie, mirando nuevamente el exterior. Se convenció a sí misma: si Edward se comportaba así era solamente porque quería protegerle; lo más seguro es que se hubiese enterado de la fama de mujeriego de Tom y quería evitar que ella terminase herida. Sí, era sólo eso, se dijo internamente; sin embargo, había otra parte un poco más egocéntrica, que le decía que Ed sentía algo más por ella.
Se quedaron en silencio, apenas escuchando el barullo creciente, proveniente del piso de abajo. Bill le miraba de reojo, debatiéndose si estaría bien preguntarle acerca de Tom; él sabía que su hermano y Charlie estaban saliendo, y quería que se lo confirmasen, pero cuanto más quería saber, parecía que Tom y Charlie más se esforzaban en ocultarlo, y por alguna extraña razón eso le desquiciaba. Como si una bombilla se hubiese encendido en su cerebro, Bill trazó un malvado plan. Sonrió para sí mismo, dudando de si sería capaz de ponerlo en marcha. Tragó saliva y suspiró, preparando su actuación.
-Se preocupa demasiado por ti… –repitió Bill las últimas palabras de Charlie, llamando su atención. –Es lógico, probablemente esté interesado, ¿Cómo no estarlo? Tiene suerte de trabajar todo el día junto a ti.
-¿Perdón? –Charlie le miró sorprendida, al tiempo que Bill le tomaba un mechón de cabello afectuosamente y reía con familiaridad.
-Que si yo fuera él, creo que me comportaría igual o quizás peor…
-Bill, habla claro –demandó, sin alejarse ni un milímetro.
-¿Cómo no estar interesado en ti, Charlie? Con esos ojos hermosos, esa linda y contagiosa sonrisa tuya, esa complexión pequeña y ese andar gracioso… –posó una mano en la sonrojada mejilla de la chica, dando un paso hacia ella. La luz blanca de la luna apenas penetraba en forma de delgados rayos, a través de las largas cortinas de gasa, dándole un brillo exótico a las pálidas pieles de ambos. Charlie estaba sorprendida, paralizada, congelada en el sitio; creía que las cosas habían quedado claras entre Bill y ella, que sólo serían amigos, eso habían acordado la última vez. Intentó alejarse de él, pero se movió erróneamente, dándole a Bill la facilidad de acorralarla contra el vidrio del ventanal. El vocalista sonrió confiado, mientras se acercaba más y más.
-Bill, es… Espera –le detuvo, colocando las manos sobre sus hombros.
-¿Qué? ¿Estoy haciendo algo malo? –cuestionó con voz suave y mirada tierna. Charlie intentó por todos los medios evadirle, mirando en otra dirección, tensionando su cuerpo, pero parecía que Bill no daría marcha atrás; no obstante, el pelinegro comenzaba a sentirse culpable, al darse cuenta que su plan estaba funcionando. –Dime, ¿Estoy mal?
-No… B-bue-bueno sí… ¡Bill! ¡Por favor!! –exclamó, eludiendo el primer intento. –Bill esto no… Bill… Somos amigos, ¿No?
-Intento dejar de serlo –replicó, sonriéndole encantadoramente. Charlie suspiró desesperada: Debía decírselo; Bill era el hermano de Tom, guardaría el secreto si así se lo pedían, pero no podía ni quería besar a Bill, no si eso significaba una traición a Tom, aunque ella no tuviese la intención de hacerlo.
-Bill, escucha –comenzó, hablando con firmeza, antes de ser interrumpida por el tono de su móvil; Bill sonrió y se movió para dejarle contestar.
-¿Hallo?
-¿Dónde están? –preguntó Tom, al otro lado de la línea.
-Ay Dios… –soltó Charlie, respirando con alivio. – ¿Por qué no llamas al móvil de Bill?
-Porque es a ti a quien quiero ver –respondió el guitarrista, con tono ansioso.
-Aah… Bien… ¿Dónde?
-En el jardín, en quince minutos. Sal y yo te encontraré, ¿Está bien? –algo en la voz de Tom hizo que el corazón de Charlie casi saltara de la felicidad, olvidando momentáneamente la situación de hace unos segundos.
-Claro, vamos para allá –dijo, dando por terminada la llamada y colgó.
-¿Dónde estábamos? –prosiguió Bill.
-Bill, era Cynthia; ella y Giselle me están buscando, así que creo que deberíamos volver –ésta vez reaccionó a tiempo y caminó apresuradamente hacia la salida de la estancia, dejando a Bill con su plan fallido y la sensación de haber estado a muy poco de escuchar la verdad.
-¡Charlie! ¡Espera!! –exclamó Bill, saliendo tras ella. Alcanzó a ver su silueta desaparecer por las escaleras, y se dirigió hacia allí a toda velocidad, bajando escalones de dos en dos. –Mierda –murmuró, deteniéndose al pie de las escaleras, observando cómo toda la planta baja se encontraba ya repleta de gente, la mayor parte conocidos de Andreas, pero también había algunos viejos amigos y conocidos de los gemelos. Charlie se había perdido de vista entre la multitud, y el pelinegro vio perdida su posibilidad de atrapar a su hermano en una de las pocas relaciones serias que había tenido; pero no todo estaba perdido, la noche era joven y Bill seguiría intentándolo, simplemente por orgullo, por hacerle tragar a Tom todas y cada una de sus burlas, y por hacerle ver a su gemelo que, tal y como él lo predicaba, existía el amor verdadero. Se abrió paso entre la multitud danzante, propinando algún que otro empujón a quien no se apartara de su camino; alguien le devolvió un codazo fuertemente, haciéndole perder el equilibrio, trastabillando y chocando sin querer contra otra persona.
-¡Ooh! ¡Lo siento mucho!! –se disculpó el vocalista, al notar que por su culpa, la chica había derramado su bebida sobre su vestido.
-No, no te preocupes, no hay problema –levantó su mirada y Bill pudo contemplar un par de ojos almendrados, oscuros y centelleantes. – ¿Bill?
-Disculpa… ¿Nos conocemos? –preguntó torpemente.
-No Bill, no eres el vocalista de la famosa banda Tokio Hotel y tu rostro no sale casi a diario en las notas de espectáculos, ¿Cómo iba a conocerte? –contestó con sarcasmo y algo borde.
-¡Hey Bill! –escuchó la voz de Andreas. –Veo que ya se encontraron, Bill, ¿Recuerdas a Audrey?
La chica le miró expectante, mientras el cerebro de Bill trabajaba a marchas forzadas para intentar recordarla; al final, su cerebro pareció iluminarse por segunda vez en la noche.
-¡Audrey!! –exclamó gustosamente. –Sí, saliste con nosotros un par de veces, cuando Andreas recién se había mudado a Hamburgo.
-Así es –respondió complacida y regalándole una inigualable sonrisa al vocalista.
-Oh querida, arriba hay un montón de baños, elige uno y podrás asearte con toda comodidad, estás en tu casa –dijo Andreas, guiándola hacia las escaleras.
-Gracias Andy –contestó ella y le besó en la mejilla; guiñó un ojo a Bill y subió los escalones, agitando su castaña melena sensualmente, bajo la mirada embelesada del pelinegro.
-No recordaba que fuera tan… Atractiva –mencionó una vez que Andreas había regresado a su lado.
-No lo era –respondió su amigo, encogiéndose de hombros. –Ha cambiado, ha tomado cuerpo y se ve muy bien, ¿No lo crees? –tanteó, colocando una mano en el hombro de Bill, quien palpaba los bolsillos de su pantalón. – ¿Qué?
-Mierda –murmuró dirigiendo su mirada hacia las escaleras.
-¡¿Qué?!
-Me he olvidado el móvil en uno de tus baños –explicó Bill, recordando que lo había dejado en el lavamanos antes de que Charlie le salpicara.
-Sí, claaaro…
-¡Es verdad!! –replicó, encaminándose a las escaleras. Andreas soltó una carcajada y regresó a donde estaban los demás. Bill dobló por un pasillo de paredes decoradas con un fino tapiz color mármol, ribeteado con delicadas líneas doradas. Giró el pomo de latón y entró en el baño, empujando suavemente la puerta.
-¡¡Hey!!! –Audrey se cubrió el cuerpo precariamente con su vestido.
-¡Aaah!! ¡Lo siento!! –se disculpó Bill nuevamente, dándose la vuelta totalmente avergonzado.
-Ah… Bill, eres tú –soltó ella más tranquila, sonriendo y dejando el vestido de lado.
-A-Audrey… Yo… Tan sólo vine por mi móvil, ¿Lo ves por ahí? –la castaña inspeccionó el lavamanos con la mirada y cogió el aparato.
-Aquí lo tienes –dijo sin aproximarse, de manera que él tuviera que acercarse para recibirlo; el pelinegro no se movió.
-Oh vamos… Como si nunca hubieses visto a una chica en ropa interior –animó ella con familiaridad; Bill dio un paso tímidamente, sonriendo como un niño a punto de cometer una travesura.
-De toooodos los baños en esta casa, tenías que elegir éste –comentó divertido, una vez que había tomado el teléfono.
-Pfff… Y todavía debo esperar a que el vestido se seque –se quejó, colgándolo en un perchero. – ¿Fumas? –le ofreció un cigarrillo. Audrey tomó asiento en el váter, mientras Bill se recargaba en el lavabo, de espaldas al espejo rectangular y, sin mirarle directamente, encendió el cigarrillo con ambas manos. Después de algunas caladas en silencio, ambos se dieron cuenta que estaban en una situación muy extraña, pero para nada incómoda; aunque no la conocía muy bien, Bill sabía que Audrey era una chica desinhibida y relajada, un tanto parecida a su mejor amigo Andreas, tal vez era por eso que a pesar de haberla visto sólo un par de veces antes, se sentía en confianza con ella.
-Y dime, ¿Por qué llevabas tanta prisa? –preguntó Audrey, y exhaló una bocanada de humo.
-¿Prisa?
-Sí, hace unos momentos, cuando hiciste que me derramara la bebida –aclaró ella.
-Ah… Estaba siguiendo a una chica –contestó naturalmente.
-¿Siguiendo a una chica? Creí que las chicas te seguían a ti, Rock Star. –se burló, arqueando una ceja. – ¿Es una chica especial?
-Debe serlo –respondió, pensando que por encima de todas las particularidades que caracterizaban a Charlie, debía ser muy especial para haber atraído la atención de Tom, eso no lo lograba cualquier chica.
-Aah…
-Pero no especial para mí, ni en ese sentido… Es sólo una amiga –se apresuró a esclarecer. Audrey sonrió y tan pronto como Bill compartió su sonrisa, se vieron inmersos en una fluida conversación, conociéndose un poco más allá del nombre. Luego de otros dos cigarros y media hora de una animada charla, ella se puso en pie, y se vistió.
-¿Me ayudas? –pidió a Bill que le cerrara el vestido por la espalda, volviéndose y recogiéndose el cabello con sus propias manos. Éste sintió algo raro en la base del estómago y procedió a subir la cremallera, apenas rozando la piel de la chica con las yemas de sus dedos. –Gracias –soltó su melena, sacudiéndola para que se acomodara sobre sus hombros. Salieron al pasillo al tiempo que escucharon un portazo proveniente del fondo. Se voltearon sobresaltados, prestando atención para captar los sonidos que salían de la habitación recién cerrada. Ambos soltaron una cómplice risita burlona, ya que se habían acercado a espiar, logrando oír un par de voces, una de chica y otra de chico, que al parecer estaban dando rienda suelta a sus más apasionados instintos. Bill sintió una corazonada y se reprochó a sí mismo el no haberlo pensado antes; iba a atrapar a su hermano con su novia. Se irguió para abrir la puerta sin dudarlo ni un momento.
-¡AJÁ!!!
-¡¡Bill ¿Qué crees haces?!!! –escuchó la voz de Audrey, pero fue demasiado tarde, los había pillado.
-¡¿PERO QUE?!! –oyó también un grito histérico de la chica, quien sorpresivamente, no era Charlie. Bill se había quedado boquiabierto, atónito, con su mano aún en el pomo, observando cómo el rostro de Georg se iba crispando con furia, al tiempo que se levantaba de encima de Giselle, que estaba colorada.
-¡¡¡BIIIIIIIIIIIILL!!! –gritó su amigo, que sólo traía puestos sus pantalones.
-Aah aah… Ehm… –balbuceaba nerviosamente, ahora sí que la había cagado en grande; Georg avanzó amenazadoramente hacia él, sin embargo, sus pies no le respondían.
-¡Vamos! –Audrey cerró la puerta, cogió la mano de Bill y le obligó a correr a través del pasillo, a toda velocidad. Pudo escuchar cómo la puerta se abría nuevamente y la voz un tanto divertida de la pelirroja, pidiéndole a Georg que regresara, diciéndole que seguramente había sido un error. Sin siquiera mirar atrás, Audrey entró en la habitación más próxima, cerró la puerta tras ella y arrastró a Bill hasta el ventanal antes de soltarlo. A pesar de que la habitación estaba a oscuras, el vocalista reconoció la misma biblioteca en la que había estado con Charlie minutos atrás.
-¿Qué crees que hacías? –preguntó Audrey, sin ningún signo de enfado en la voz, sino un atisbo de una carcajada. Bill pareció volver en sí, mirándola un poco desorientado; giró su vista hacia la ventana, asiendo con el puño las cortinas de tela gruesa y pesada, que caían cubriendo las de gasa. – ¿Bill? –le llamó, posando una mano en su brazo; él le dirigió una mirada indescifrable y ella se la sostuvo. La cerradura hizo ruido al girarse, Georg entró, miró a todos lados y salió de allí sin descubrirlos. Bill y Audrey contuvieron la risa, escondidos tras las gruesas cortinas que les habían ocultado de su seguidor.
-Creí que… No sabía que eran ellos, creí que era alguien más –se explicó Bill, encogiéndose de hombros.
-Fuese quien fuese, es de mala educación cortar la inspiración de ese modo –comentó ella, alzando el dedo índice, fingiendo un regaño. –Además, tuviste suerte de que fueran conocidos tuyos…
-Yo no le llamaría suerte, ahora no sé cómo voy a dirigirles la palabra –objetó, realmente preocupado.
-Ah, pero imagina que hubiesen sido dos desconocidos, para mañana todos los periódicos pondrían de titular “Bill Kaulitz saca a la luz su instinto voyeurista. Fuertes declaraciones de los afectados”.
Ambos soltaron una carcajada y siguieron riendo como descocidos, hasta que poco a poco fueron calmando sus risitas. Bill no podía creer lo bien que lo había pasado en compañía de Audrey y viceversa. Cuando se quedaron totalmente en silencio, y sus labios esbozaban solamente una sonrisa, se miraron a los ojos, sosteniéndose la mirada entre desafiantes y anhelantes. Sintieron esa especie de atracción, que hizo que sus cuerpos se inclinaran hacia delante; a sabiendas de lo que estaba por pasar, Audrey cerró los ojos y suspiró con fuerza. Bill acercó su rostro al de ella todo lo que pudo, alcanzando incluso a sentir un cosquilleo en la nariz, causado por la respiración de la chica. El vocalista desvió su mirada hacia el jardín por al menos una fracción de segundo, y el beso que Audrey había estado esperando, no llegó. Cansada de esperar, Audrey abrió los ojos, sólo para darse cuenta que Bill contemplaba el jardín a través de la ventana. Sin atreverse a preguntar el porqué, dirigió su mirada hacia el mismo lugar que él y descubrió la razón de la demora. Si no le fallaba la memoria, ése de allí abajo debía ser Tom, el hermano gemelo de Bill; y sí que le hacía honor a su fama de ligón, pues casi devoraba a besos a la chica que estaba con él en ese mismo momento. Una sonrisa medio cariñosa, medio triunfante se fue dibujando en el rostro de Bill, mientras veía a su hermano con Charlie; ésta yacía recostada sobre el suave césped, mientras Tom, situado encima de ella, besaba su cuello y entrelazaba sus manos, aprisionando las de ella contra el pasto, sin percatarse de que estaban siendo observados.
-Habiendo tantas habitaciones en casa de Andy, y fueron a parar al jardín –criticó Bill, reanudando así la conversación.
-Pues claro, ya que en una de las habitaciones correrían el riesgo de ser interrumpidos por un voyeurista loco –le reprochó Audrey en broma. –Se supo que anda abriendo las puertas a diestra y siniestra –agregó, mirándole acusadoramente. –Vamos, regresemos a la fiesta, ¿O te quedarás mirando?
Se encaminó a la puerta de salida y esperó a Bill, quien echó un último vistazo para corroborar nuevamente la confirmación de todas y cada una de sus sospechas; caminó hacia la puerta, incluso un poco más alegre pues, ahora que Audrey también lo sabía, ya tenía una testigo, por lo que Tom y Charlie no podrían ocultárselo por mucho más tiempo.
Charlie se estremeció un poco, provocando que Tom se detuviera y alzara su torso para mirarla a la cara; la pelinegra sonrió tiernamente. Él le devolvió el gesto, antes de inclinarse nuevamente para besarle en los labios, acercando sus cuerpos aún más, y compartiendo el calor que aumentaba rápidamente. Ella pasó los brazos alrededor de su cuello, y retiró lenta y cuidadosamente la gorra que cubría las rastas del guitarrista, al tiempo que él repartía cortos besos, bajando desde la base de su mandíbula hasta su pecho. Tom bajó sus manos por los costados de Charlie, hasta llegar al final de su blusa, la cual fue subiendo, descubriendo paulatinamente su vientre liso. Tom depositó ahí un dulce beso y sonrió pícaramente, subiendo la blusa cada vez más, hasta hacerla parecer un top corto.
-¿Por qué te detienes? –preguntó Charlie, al dejar de sentir el peso de Tom sobre ella.
-¿No sientes como que alguien nos observa? –contestó, mirando a su alrededor y por último, levantando la vista hacia la segunda planta de la casa. –Es una sensación rara, como si supiera que alguien nos ve, pero no está allí en realidad.
Charlie se acomodó la blusa y suspiró sonriente.
-Han de ser alucinaciones tuyas –dijo, sentándose a su lado, mientras él se colocaba la gorra.
-¿Cuánto nos hemos desaparecido?
-Va a ser media hora… Tal vez deberíamos volver.
-Char, sé que dijimos que dejaríamos que se dieran cuenta ellos solos, pero creo que son muy torpes… –Charlie rió. –Nadie a parte de Bill sospecha… ¿Deberíamos ser más obvios?
-O decirles nosotros mismos. –sugirió con firmeza.
-Bien, puedes decirles hoy mismo, por mi no hay problema… –soltó, vacilándole.
-¿Decirles? ¿Yo sola?
-Oh, no se necesitan dos personas para decir “Hey, estamos juntos”.
-Ok, entonces lo haré ahora mismo. –Sin darle tiempo para reaccionar, Charlie se puso en pie de un salto y partió rumbo a la casa, dejando a Tom aún sentado en el césped. Cuando se dio cuenta de lo que Charlie iba a hacer, salió tras ella como un rayo.
En el salón, la fiesta parecía estar en boga, la música hacía retumbar los tímpanos, la gente se divertía, bailando y bebiendo, todo con un excelente ambiente. Al fondo, Bill y Andreas reían, sentados en un sillón de fina tapicería, acompañados por Gustav, Cynthia y una chica de cabello castaño y ojos oscuros, que Charlie no pudo reconocer. Llegó a donde estaban ellos con Tom pisándole los talones. Bill contaba una anécdota divertida, cuando Charlie hizo notar su presencia.
-¡Charlie! ¡No te había visto en toda la noche! –exclamó Cynthia, levantándose para saludar a su amiga con gusto.
-Chicos, tengo algo importante qué decirles –comenzó, sin titubear ni un segundo. Tom se había colocado junto a ella, mirándole con cierto nerviosismo: él bromeaba cuando le dijo que podía decírselos ese mismo día.
-Sí, pero primero escucha esto… –dijo Bill, levantando la copa que sostenía en su mano. –Tenemos una nueva pareja en el grupo –añadió, arqueando una ceja, a lo que Charlie se alteró un poco, ¿Lo diría por ellos?
-¿Ah sí?
-¡Sí! ¡Y quiero hacer un brindis por los nuevos “G’s”! –exclamó el pelinegro, y Charlie y Tom se miraron confundidos. –Giselle y Georg –reveló, antes de soltar una carcajada. –Lo siento Gustav, ya no formas parte de los “G’s” –el baterista rió con ganas.
-¿Y dónde se supone que están los enamorados? –preguntó Tom, mirando alrededor.
-¿Dónde más? ¡Festejando su reciente unión! –respondió Andreas, señalando el techo. Bill y Audrey se habían encargado de contar a los demás la razón de haber tardado tanto en el segundo piso. El grupo de amigos alzaron sus copas y las chocaron, haciendo un sonido tintineante, para luego precipitarlas hacia sus bocas.
-Bien Charlie, ¿Qué ibas a decirnos? –preguntó Gustav, manteniendo un brazo alrededor de los hombros de su chica.
-Ah, sí… Yo eh –miró a Tom de reojo. –Pues… –comenzó a dudar; por alguna extraña y desconocida razón, la confianza que había sentido hacía unos minutos, se esfumó de su sistema, haciéndola buscar alguna otra cosa qué decir. Todos le miraban expectantes, incluso la chica que no conocía se mostraba interesada en escuchar lo que tenía que decir. –B-bu-bueno… Gus, es algo que tú ya sabías, pero no le he dicho a los demás –habló rápidamente, atropellando las palabras.
-Habla –le ordenó Cynthia.
-David me ha ofrecido una oportunidad de ser su fotógrafa, chicos… Éste lunes debo llevarle un portafolio.
-Es… ¿Es enserio? –inquirió Bill, mientras Tom se limitó a abrir los ojos como platos, absolutamente sorprendido. – ¿Cuando? ¿Por qué no nos dijiste?
-Apenas fue ayer –contestó Charlie, un poco apenada. –Y todo es gracias a Gustav, él le habló a David de mí. Gracias, Gus. –terminó, volviéndose hacia él para plantarle un beso en la mejilla.
-Felicidades Char –escuchó a Cynthia, que siempre le había querido como una hermana mayor.
-¡Eso es fantástico! –exclamó Bill, saltando de su asiento; Charlie pudo notar cómo la otra chica asentía, dándole la razón al cantante y sonriendo gentilmente.
-¿Ya tienes listo el portafolio? –quiso saber Andreas. Tom seguía mirándola, con una media sonrisa pintada en los labios.
-A eso iba, no tengo un portafolio completo. Apenas tengo algunas fotos “rescatables” de la gira en la que estuve con ustedes, otras cuantas de paisajes y algunos autos clásicos que he podido fotografiar en el taller.
-¿En qué podemos ayudarte? –se adelantó Tom, causando que los demás le miraran extrañados.
-Andreas, espero que no sea mucha molestia, pero ¿Podría realizar una sesión de fotos en tu casa? –pidió con voz cortada, le daba mucha vergüenza pedir ese tipo de favores. –Es que es realmente hermosa –remató, ruborizándose.
-¡Pero por supuesto! ¡Mi casa es tu casa!
-¿Podría ser mañana?
-Por la tarde, a menos que quieras fotografiar la basura que quedará de ésta caótica fiesta. –señaló, sonriendo a su amiga.
-¡¡Muchas gracias!! –le abrazó emocionada.
-¿Y nosotros? –cuestionó Bill, deseando saber cual sería su aportación.
-¿No es obvio? ¿A quién se supone que voy a fotografiar? –respondió, pellizcándole una mejilla. – ¿Quieren? Yo entiendo si están cansados o…
-Bah, como si me fuera posible negarte algo –murmuró Gustav, causando la risa de Cynthia y Charlie.
-Por mi está bien –aceptó Tom, inclinando la cabeza irresistiblemente.
-¡Claro que sí! –exclamó su gemelo desde su asiento.
-¿Creen que Georg quiera…?
-Si no quiere le obligamos –amenazó el baterista.
-Bien, ya sólo me falta que Giselle me ayude con el maquillaje y si todo sale bien, las tendría listas para el anochecer –continuó Charlie, trazando su plan.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Capítulo 17
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The Nightmares Come True
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