-¡¡Dios!! ¿Es hoy? ¡No me había dado cuenta! –exclamaba Charlie realmente sorprendida. –Desde que llegamos de Berlín no he tenido noción del tiempo…
-Es gracioso porque, Bill me contó que ustedes no querían hacer nada especial para éste día, y aún así terminaron teniendo una linda cita doble con nosotros. –explicó Audrey con una sonrisa.
Ambas chicas descansaban, sentadas en un banco de madera color blanco, cerca de la salida del parque. El cielo ahora era de un tenue color lavanda, quedando una delgada franja de anaranjado y dorado a lo lejos, muy cerca del horizonte. Charlie le lanzó una mirada en su mayor parte suspicaz, además de acusadora.
-Y dime, ¿Cuánto hace que Bill y tú son novios? ¿Cuándo empezaron a salir?
-¿Eh? Pues… –alargó la palabra sin saber qué responder. Podía responder cualquier cosa, pero no recordaba que se hubiesen puesto de acuerdo en esos detalles. –Pues… Empezamos a salir justo después de la fiesta de Andreas, al día siguiente, sí, eso es –mintió.
-¡¿De verdad?! –saltó Charlie. – ¿A dónde fueron? ¿A cenar?
-Eh… Pues en realidad estuvimos juntos todo el día –continuó, pensando que Charlie estaba creyéndolo todo.
-Que raro –mencionó. –Que raro, porque Bill estuvo en una sesión de fotos ese día, yo fui la fotógrafa –clavó su mirada en los almendrados ojos de la castaña. –Y yo no te vi en ningún momento. –puntualizó con una sonrisa. Audrey no lo podía creer, la había pillado, o más bien, los había pillado. En todo el día había visto a Charlie comportarse de una manera tan inocente e infantil, que creyó que engañarla había sido la tarea más fácil del mundo. –Ustedes no son novios –afirmó la pelinegra. Sonrió derrotada.
-No. No lo somos. –aceptó.
-Pero te gustaría, ¡Que va! ¡Te encantaría que lo fueran!
-¡¿Qué?! ¡No! –reaccionó, pero Charlie le miró de reojo, como diciendo “Oh por favor, ¡¿Quieres que me crea que no deseas ser la novia de Bill?!” –B-bueno… Bueno, sí… Pero Bill…
-Descuida, a él también le gustaría que fueras su novia.
-¿Lo crees?
-Lo sé. –hubo una pausa en la que las chicas se comprendieron plenamente, sintiéndose un poquito más cercanas; a pesar de no tener mucho tiempo de conocerse, tenían algo muy fuerte en común: Amor por los Kaulitz. –Y Gracias…
-¿Por qué?
-Odio las mentiras –declaró tajante. –Pero gracias, por que sé que lo hicieron para ayudarnos, a Tom y a mí.
-¡¿Te diste cuenta de eso también?!
-Claro, el amor que Bill siente por Tom, siempre ha sido más notable que el que Tom siente por Bill… Entonces, noté que Bill intentaba ayudarlo...
-Y ¿Cómo supiste que no éramos novios?
-En ningún momento se besaron. Hubo pequeños gestos de Bill que casi me convencen, pero si no hay un beso, no hay nada. Todo empieza por un beso, pero uno real.
-¿Mucha experiencia? –preguntó Audrey, arqueando la ceja graciosamente.
-Mm… Poca experiencia, mucha teoría –respondió con vergüenza. –Pero ahora… –añadió divisando a los gemelos que se acercaban con un par de helados en cono cada uno. –Soy yo quien va a ayudarte. –La castaña miró extrañada, cómo Charlie se ponía en pie y caminaba hasta Tom. – ¡Waaah!! ¡Chocolateeee! –chilló extremadamente feliz, una vez que el de rastas le pasó un cono con dos amorfas bolas de helado. Bill fue hasta el banco y le pasó un cono con helado de vainilla a Audrey, mientras él saboreaba uno de fresa.
-Gracias –dijo con una linda sonrisa tímida.
-¡Hey Bill!! –gritó Charlie, parándosele enfrente. – ¡Lo sé todo! ¿Creyeron que podrían engañarme? ¡Ja! ¡Siempre supe que ustedes no eran novios! –afirmó, apuntándoles con el dedo índice. Audrey iba a explicarle al vocalista que ella misma había confesado, pero Charlie le indicó con la mirada que se quedara callada.
-¡Claro que somos novios! –respondió Bill, intentando mantener viva la mentira.
-Oh vamos… ¡¿Se toman de la mano y ya son novios?! ¡Porque no he visto que hagan más que eso! –sonrió con superioridad. A juzgar por su tono de voz, Tom podía darse cuenta que Charlie estaba jugando, pero Bill estaba tan nervioso que no lo notó. –Ni siquiera se han besado –reprochó la ojiazul. Audrey casi salta de su asiento, abriendo los ojos exageradamente, al mismo tiempo que Bill tragó saliva.
-Eso es porque no somos exhibicionistas –se defendió el cantante.
-No hay nadie aquí –rebatió Tom, encogiéndose de hombros y uniéndose a su chica. El pelinegro se quedó inmóvil por unos segundos, para luego, sin previo aviso, girarse hacia Audrey y tomarla suavemente de la cara, mirándola con determinación. Sonrieron nerviosamente y sin más, juntaron sus labios en un cálido beso, que se extendió más de lo planeado.
-¿Ahora nos creen? –quiso saber Bill, luego de separarse un poco.
-Sí, ahora les creo –contestó Charlie, guiñando un ojo a la castaña ruborizada que estaba junto a su amigo.
-¿Sabes, Char? –habló Tom, rodeándole la cintura con sus brazos. –Bill tampoco me cree que nos hemos reconciliado.
-¡¿Enserio?! –se llevó una mano a la boca, fingiendo sorpresa. –Pues será mejor que se lo demostremos –sin dudarlo, se abrazó al guitarrista para besarlo tiernamente, y luego se separaron contagiándose de la risa de los presentes.
-Vaya, vaya –susurró la morena. –Esto es bueno –finalizó para sí misma.
Tom aparcó frente a la propiedad de tamaño medio y linda fachada. El auto negro estaba empolvado, llevaba días sin usarse; el pasto estaba seco, desprolijo, la casa oscura y sin vida. Charlie contempló su hogar en silencio, con una mueca de tristeza en el rostro.
-Puedo quedarme contigo… Si quieres –ofreció Tom, a lo que ella sonrió tímidamente, para luego asentir con la cabeza.
Entre los dos prepararon un par de sándwiches y pasaron a la sala para cenar, con la TV encendida. Al terminar dejaron los platos de lado y se acurrucaron; Charlie acomodó la cabeza en el pecho de Tom, mientras éste le acariciaba el cabello cariñosamente.
-Y… ¿La claustrofobia es tu único miedo?
-Mm… Antes sí, pero ahora… –contestó, dudosa.
-Ahora… ¿Qué?
-No quiero volver a discutir contigo, tengo miedo de estar sin ti… –concluyó con mirada tierna, pero hablando seriamente.
Tom no pudo evitar esbozar una sonrisa que Charlie no vio, pues mantenía su cabeza recostada en el torso del rastas. Bajaron el volumen a la TV, y al cabo de unas horas se quedaron dormidos en esa posición.
Era de madrugada. Lo sabía porque debería estar durmiendo, no recorriendo ese oscuro pasillo de su antigua casa. Papá y mamá habían discutido de nuevo, pudo oírlos a pesar de que le encerraron en su habitación. Charlie se detuvo en seco, ¿Estaba soñando? Miró a su alrededor. Sí, estaba soñando. Lo extraño era que sus sueños solían ser borrosos y confusos, pero ahora estaba tan claro como el rayo de luna que entraba por la ventana en la habitación de su madre. La luz tenue caía sobre la cama ubicada en el centro, iluminando el cuerpo de Rosalie, recostada de lado sobre las sábanas, sola. Papá no estaba ahí. La niña se sintió aliviada de no encontrar a aquel intento de hombre que era su padre. Se acercó con sigilo al borde de la cama. Le hablaba a su madre, pero ésta no reaccionaba. Posó una suave e infantil mano en el hombro de su madre, notando su piel helada y rígida, llena de moretones a lo largo del brazo; recorrió con la mirada el maltratado cuerpo, descubriendo heridas y más hematomas en su cuello, cara y pecho. Las paredes de la habitación desaparecieron, dando paso a un par de cortinas de hospital; la ventana se esfumó y tanto el piso como las sábanas se tiñeron de un blanco pulcro. En un movimiento brusco, Rosalie se giró en la cama y tomó a Charlie fuertemente por la muñeca, abriendo sus fríos y apagados ojos azules, idénticos a los de su hija. La pequeña se asustó por el repentino ataque y la fuerza del agarre de su madre; intentó soltarse desesperadamente, sintiendo una horrible falta de aire ante la mirada penetrante de esos ojos; el rostro de Rosalie estaba más pálido que de costumbre y sin expresión alguna. Un sonido agudo le destrozó los tímpanos, una especie de “Beeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeep” que marcaba el final de la vida de Rosalie, pero ésta se aferraba a su pequeña sin soltarla; Charlie estaba aterrada, no dejaba de ver el rostro de su madre muerta, y ésta se negaba a soltarla…
-Charlie… Char… Despierta… –susurraba Tom, mientras acariciaba su cabeza para intentar calmarla.
-¡¿Qué?! –exclamó, incorporándose de golpe en el sofá; perdió el equilibrio y casi cae al suelo, de no ser por los brazos del guitarrista que la sostenían con firmeza. Tom pudo sentir cómo ella temblaba ligeramente y estaba muy asustada.
-Estabas soñando… ¿Fue una pesadilla? –preguntó con un tono de voz profundo y tranquilizante.
-Eso es lo que más quisiera, pero… Me temo… Que es algo peor… –dijo todavía temblando, y llevándose una mano a la frente. –Tom…
-¿Si? –la llevó con él hacia atrás sobre el sofá, envolviéndola en un abrazo, y colocó la barbilla en su frente.
-Hay otra cosa a la que le temo…
-¿A qué?
-A mi pasado –contestó acurrucándose más en su pecho, enterrando el rostro en el cuello de Tom.
-Todos tenemos un pasado Char, bueno o malo, pero lo tenemos.
-El problema es que no puedo recordarlo, y creo que fue muy malo.
-¿No puedes recordarlo? ¿Perdiste la memoria?
-No lo sé… No lo creo, Frank me lo hubiera dicho… Yo creo que… Creo que yo misma bloqueé algunos recuerdos de mi memoria…
-¿Tan malos son tus recuerdos que los bloqueaste de tu mente?
-Probablemente….
-¿Entonces no sabes cual es el origen de tu claustrofobia?
-No… Pero quizás pronto lo descubra…
-¿Cómo?
-Ya había tenido esta clase de pesadillas… Pero no son pesadillas del todo, son mis propios recuerdos, que se van liberando en mi cabeza mientras duermo… Fue así que recordé que mi madre me había enseñado a revelar las fotografías por método tradicional en un cuarto oscuro. Supongo que aprender a revelar, fue antes de la fobia, porque no recuerdo haber sentido miedo.
-O porque estabas con tu madre, te era imposible tener miedo si ella estaba ahí.
-Lo mismo que me pasa contigo.
-¿Has recordado otras cosas?
-No, hasta ahora el más claro ha sido ése… Los otros sueños siguen confusos, como si se hubiesen mezclado unos con otros…
-Creo que deberías intentar recuperar esos recuerdos, tal vez así sepas cómo adquiriste tu fobia, y tal vez podrías superarla.
-No sé si quiero enterarme de lo que pasó, ¿Y si al final no puedo superarlo?
-Lo harás… Lo sé, te lo prometo… Yo estaré ahí, a tu lado…
-Eso es un cliché, de una de tus canciones –señaló Charlie, riéndose.
-¿Sería un cliché si te beso ahora?
-Sí.
-Pues no me importa –colocó una mano en su barbilla y levantó su rostro para besarla lentamente, reconfortándola. –Feliz “No San Valentín” –murmuró Tom, volviéndose a acomodar sobre los cojines.
-¡¿Te diste cuenta?! ¡Ayer fue San Valentín!! –soltó Charlie con una carcajada.
Las últimas semanas de febrero estuvieron cargadas de trabajo, tanto para los Tokio Hotel, como para el departamento de diseño. Los chicos estaban comenzando a hacer promoción para el próximo lanzamiento del disco, que estaba cada vez más cerca, dando entrevistas sobre el nuevo material y en general, haciéndose notar ante los medios luego de las vacaciones. Charlie y Blue consiguieron llegar a una idea global del concepto del diseño de la portada, incluyendo todas las ideas de las dos chicas en una composición que expresaba fuerza y creatividad a primera vista. David estaba contento con el trabajo de Charlie y ahora que, después de fijar la idea Blue se encargaría del resto del diseño, el manager pidió hablar con la fotógrafa.
-Ya que eres nuestra fotógrafa oficial, voy a encargarte que nos acompañes a algunos eventos y les tomes fotos a los chicos en las entrevistas, en los programas de radio y TV, etc., para luego distribuirlas. –Charlie asintió obedientemente. –También te voy a contactar con los managers de otros artistas de Universal, por si te hace falta el trabajo, ¿Está bien?
-¡Claro que sí! ¡¡Gracias!!
-¡De nada! Te lo mereces… Has sido muy profesional, y estoy complacido con tu trabajo. Oh, espera –se interrumpió para contestar una llamada en el móvil. Al cabo de unos minutos, a señas, le indicó a Charlie que podía irse.
Durante las siguientes semanas, y gracias a los contactos de Jost, Charlie pudo conocer a otros artistas de la misma casa discográfica, pues estaba ganando seguridad y experiencia a pasos agigantados, además de que haber trabajado con Tokio Hotel le daba cierto prestigio.
Había desarrollado un método de trabajo “Híbrido” de manera que en las sesiones de fotos, le gustaba tomar tanto fotografías digitales como tradicionales; las primeras las imprimía con Blue, mientras que para las segundas, fue adecuando el sótano de su casa como un gran cuarto oscuro. Ya que Frank no estaba en casa, ahora le sobraban todavía más habitaciones, así que fue desocupándolas y poco a poco se consiguió un juego de luces, sombrillas reflectoras y objetos que le servirían cómo escenografía; convirtió la sala y el recibidor en una pequeña recepción con sala de espera, arregló el jardín trasero, colocándole pasto y algunas enredaderas; en pocas palabras: su casa pasó a ser un estudio fotográfico profesional.
Con Tom las cosas no podían ir mejor. Charlie se deshizo del dije que le había causado tantos problemas, conservando sólo la cadena. Por otro lado, las agendas de ambos eran apretadas y llenas de trabajo, pero ellos siempre encontraban el tiempo para lanzarse miradas, sonrisas, para rozar sus manos inocentemente o bromear y jugar como siempre lo hacían en los pasillos o áreas libres del estudio, ganándose miradas suspicaces por parte de Jost, quien no estaba enterado de las respectivas relaciones sentimentales de los chicos.
Georg y Giselle habían logrado mantener cierta distancia en los lugares de trabajo; Bill a penas comenzaba con Audrey, por que sí, después de ese pequeño beso manipulado por Charlie, aquellos dos se dieron la oportunidad; aún así ellos no eran muy obvios, y a Audrey tampoco le agradaba la idea de ser perseguida por paparazzis; Tom y Charlie no habían comunicado nada al manager, pues no creían que fuese necesario darle detalles de su relación, así que, David sólo tenía conocimiento de la relación de Gustav con Cynthia, pero no le preocupaba porque por una parte, el baterista no era el centro de atención de la banda, y por otra, aquellos dos sabían ser muy discretos ante los medios, mantenían su relación y no se exhibían para nada.
A mediados de marzo, los compromisos de trabajo para la banda seguían apareciendo de la nada, lo cual los tenía un tanto cansados, pero también muy emocionados, sabían que el lanzamiento se acercaba y que vendría una carga de trabajo extrema.
-¿Están emocionados? –preguntó una joven conductora de un programa juvenil al que asistieron como estrellas invitadas.
-Sí, estamos muy emocionados, ya no podemos esperar a que salga el disco para comenzar con la gira –contestó Bill, sonriendo radiante. –Aunque eso nos vaya a sepultar bajo toneladas de trabajo, es lo que más nos apasiona…
-Y hablando de pasión –interrumpió la chica. –Yo sé que suelen escuchar estas preguntas muy seguido pero, ¿En el ámbito amoroso? ¿Cómo van?
-Estamos bien en eso –se adelantó Tom, mirando a Charlie de reojo.
-¿Tom? ¿Sigues siendo un soltero ligador empedernido? –tanteó ella, sonriéndole provocativamente; él lanzó una mirada libidinosa a la mujer.
-En el siguiente corte vamos al camerino y lo juzgas por ti misma –dijo medio en broma, a sabiendas que su chica estaba presente, pues la pelinegra estaba fuera de cámara tomándoles fotografías; dejó su tarea por unos minutos para cruzarse de brazos y menear la cabeza negativamente, fingiendo un reproche, con una media sonrisa en el rostro. Charlie era incapaz de celar a Tom, sabía que él solamente estaba jugando su papel en la banda.
-¿Y tú Bill? –consiguió pronunciar la conductora, luego de haberse quedado congelada al escuchar las palabras de Tom.
-Como dijo mi hermano “Estoy bien”.
-¿Y eso qué significa?
-Que está igual que antes pero ahora ya lo ha superado –respondió Tom. –Mejor pregúntale a Gustav –propuso el rastas, para cambiar de tema.
-¿Gustav? –El baterista miró a Tom con una sonrisa enfadada en el rostro. –Se ha dicho que te han visto en compañía de una chica muy linda, ¿Es cierto? –quiso saber la mujer de cabello rubio.
-Sí, es cierto, ella es muy linda –se limitó a contestar Gus.
Un par de preguntas más y la conductora dio por terminada la entrevista. El programa salió del aire, la chica se despidió de ellos mientras firmaban algunos autógrafos para las fans que habían asistido, y se tomaban unas cuantas fotografías. En el camino a los camerinos, Gustav reclamaba a Tom en broma, al fin que no tenía tanto problema en que se enteraran de lo suyo con Cynthia, pero no le había agradado para nada la jugada del guitarrista.
-Perdónalo Gus, no lo vuelve a hacer –intercedió Charlie por él, acercándose a los chicos con su cámara colgada al cuello.
Todos rieron con complicidad, todos menos David, quien se rezagó un poco para observarles de lejos. Tenía varios días notando que había demasiada cercanía entre Tom y Charlie, nada comprometedor, pero sí muchas razones para sospechar que algo había entre ellos. También se había fijado que durante la entrevista estuvieron lanzándose miradas provocativas y sonrisas pícaras; pero la clave fue el comentario de Tom cuando les preguntaron en cuanto al amor… Ese “Estamos bien” ¿Qué significaba? ¿Qué había querido decir con eso? Y lo más importante, ¿Por qué Tom estuvo al pendiente de Charlie cuando contestó esa pregunta?
-¿David? –escuchó la voz de Georg, que le pasaba la mano por enfrente de la cara. – ¿Aló? ¿Estás ahí?
-Dime –miró alrededor y no vio a los chicos. – ¿Y los demás?
-Ya entraron a los camerinos, quieren saber a dónde iremos después de aquí.
-Ah… Vamos allá y les digo –se dirigieron a los camerinos y entraron sin tocar; David no pudo evitar advertir que Charlie seguía junto a Tom, sentada sin tocarle siquiera, pero dándose cuenta que ése era el lugar habitual de la chica cada vez que se reunían. –Recojan sus cosas, nos vamos al estudio.
-¿Para cuando quieres las fotos? –quiso saber Charlie.
-En cuanto las tengas, llévamelas a la oficina.
-Bien. Entonces ya debo irme. –guardó la cámara con cuidado en el estuche y se lo colgó.
-¿A dónde irás? –preguntó Tom.
-A comprar una ampliadora –dijo, encaminándose a la salida.
-Creí que yo iría contigo…
-Eh, Tom que también tienes una banda qué atender –le recordó Charlie, jugando. –Además hoy están en oferta –sonrió maliciosamente. –Hablamos luego –finalizó, despidiéndose de todos con un gesto general.
-Esperaaa… Alto, ahí… ¡No te muevas! Quédate quieto… –Charlie pulsó el botón y un flash potente salió de la cámara. – ¡Listo! –sonrió contenta. Tenía la costumbre de hacer "eso" durante las sesiones fotográficas; en lugar de pedir una pose, ella prefería estudiar el lenguaje corporal de las personas, y cuando captaba una expresión, gesto, movimiento o posición en específico que le agradara, simplemente solía gritar “¡No te muevas!”. –Muy bien chicos, ¡Es todo! –dio por terminada la sesión. –Les haré llegar las fotografías por medio de su manager –indicó al trío de jóvenes músicos que recogían sus cosas. –Fue un placer trabajar con ustedes –sonrió complacida.
-El placer fue todo mío, preciosa –respondió el más pequeño de los tres, Fabi el baterista.
-¡Fabi!! –regañó Charlie, poniéndose roja –Que eres muy pequeño para mi, ya te lo he dicho…
-Déjalo, le gusta soñar –mencionó Jo, dando un golpe en la cabeza a su hermano menor. –Nos vemos.
-Adiós –se despidió Max, dándole un beso en la mejilla.
-Hasta pronto –dijo Fabi con una sonrisa traviesa.
Los chicos salieron de la sala donde se realizaban las sesiones, dejando a Charlie sola, terminando de sacar el rollo de película usado y colocar uno nuevo. Dejó la cámara sobre un banco y comenzó a recoger las cosas que había usado; cuando fue a guardar la cámara, ésta no estaba en su lugar. Levantó la mirada, esbozando una sonrisa al verlo ahí.
-¡Oh no! ¡Un paparazzi con rastas se coló en el estudio! –gritó fingiéndose asustada, antes de sentir una serie de flashazos uno tras otro.
-¡Oh sí! ¡Me darán mucho dinero por las fotografías de la mujer más envidiada del mundo!
-¡¿Envidiada?! ¿Y Por qué?
-¡Porque es la novia del guitarrista más sexy, guapo y talentoso del mundo!!
-Y ¿Quién es ese guitarrista si se puede saber? ¿Dónde está? –preguntó, mirando alrededor. Tom bajó la cámara con un semblante serio.
-¡Soy yo!! –exclamó poniendo cara de ofendido.
-¡Aaaah… Tom! ¡No te había reconocido! –cada vez le era más difícil contener la risa.
-Pues a ver si reconoces esto –Tom la tomó por sorpresa, uniendo sus labios en uno de sus ya conocidos y apasionados besos. Charlie curvó una sonrisa sin despegar sus labios de los de él, para luego continuar saboreando su aliento, reconociendo con su lengua el piercing del labio, sintiendo su corazón desbocado como si aún fuera la primera vez. Pudo sentir las grandes manos del guitarrista bajando por su cintura hasta su trasero, y hacer presión para acercarla más a él, provocando que el beso se intensificara unos segundos. Con dificultad y toda su fuerza de voluntad, Charlie tuvo que separase de Tom.
-Es… Espera… Tom –le detuvo.
-¿Qué? –preguntó extrañado.
-¡Estamos en el estudio!
-¿Y?
-Y… –hizo una pausa para pensar, no quería hacer una falsa acusación. – ¿No has notado que David nos mira raro?
-¿Cuál David? –apenas y se escuchó, pues mantenía sus labios en el cuello de Charlie.
-¡¿Cómo que cual David?! ¡Tu manager!! Y mi jefe… –terminó bajando la voz.
-¿Te preocupa Jost?
-Creo que no le agradaría saber que tú y yo…
-¿Lo dices por la banda? –ella asintió. –Charlie, sé que es fácil pensar que a David no le agrada la idea de que tengamos novia, pero él nunca nos lo ha negado.
-Lo sé pero… Tal vez deberíamos ser discretos, como Georg y Giselle.
-Claro que sí, no te preocupes –dijo abrazándola.
-¿Todavía tienes trabajo? –extendió una mano hacia Tom, para que éste le pasara la cámara.
-No, ya hemos terminado por hoy –sonrió con satisfacción. –Venía a invitarte a cenar en casa, con Bill y Audrey, ¿Quieres?
-¿Vas a cocinar tú? –arqueó una ceja.
-No.
-Entonces vamos –se soltó de él para cargar sus cosas, y en ese instante la puerta se abrió desde fuera.
-Oh, aquí están… –mencionó David. – ¿Estaban solos? –interrogó, escudriñándolos con la mirada –Bueno, en realidad no importa… Quería avisarles que habrá un evento, una gran fiesta organizada por la discográfica para festejar el aniversario de su apertura…
-¿Cuándo? –quiso saber Tom.
-Los primeros días de abril, aún no me han confirmado la fecha.
-No falta mucho… –observó Charlie. – ¿Vas a necesitar que saque fotografías?
-Em… No, creo que con las de la prensa será suficiente, pero necesito que me hagas un favor.
-¿Cuál? –se mostró interesada, pues ahora que él sospechaba, quería comportarse complaciente con su jefe.
-¿Tienes el número de Cynthia? –Charlie extrajo el móvil de su bolsillo y buscó en la agenda hasta encontrarlo.
-Aquí lo tienes… ¿Por qué no se lo pediste a Gus? –le tendió el teléfono.
-Ya se fue –contestó distraídamente mientras grababa el número en su agenda. –Bien, eso es todo. Los veo luego –se despidió echándoles una última mirada recelosa.
-¿Nos vamos? –pidió Tom.
Charlie sentía que su vida por fin estaba tomando el rumbo que ella deseaba. Había tomado las riendas, se había arriesgado, había aprovechado las oportunidades y ahora todo parecía estar bien. A excepción de pequeños detalles como lo eran las recientes sospechas del manager, se podía decir que la tranquilidad había llegado por fin a su vida; incluso había dejado de tener esas horrendas pesadillas que le quitaban el sueño por la noche, pero eso no quería decir que haya dejado en paz su pasado. Tal como le había dicho Tom, si ella lograba recuperar esos recuerdos, encontraría la forma de curar su fobia, así que no se había quedado quieta; más de una vez por semana, cuando había tiempo, Tom iba a su casa y se la pasaban en el sótano, en ocasiones revelando rollos e imprimiendo fotografías, como si eso le sirviera a Charlie a modo de ejercitación mental, que le obligaba a recordar ciertas cosas. Era una clase de “Terapia” inventada por ellos mismos.
Charlie aparcó un destartalado auto color negro en el estacionamiento subterráneo de un edifico de apartamentos ubicado en el centro de la ciudad. Se había apropiado del auto que anteriormente había sido de su padre, pues éste se encontraba de viaje y el auto estaba sin usar. Era la primera vez que iba de visita al apartamento de los Kaulitz, por lo que había tenido que ir siguiendo el Cadillac de Tom. Los gemelos vivían en el último piso, que era un Penthouse lujoso y elegante, e incluía una terraza con jardín, jacuzzi al aire libre y algunos muebles de descanso. La decoración no estaba muy personalizada y los muebles eran casi nuevos; eso se debía a que ellos no pasaban mucho tiempo en casa.
-Wow… ¿Por qué no me invitaron antes? –reclamó Charlie sorprendida.
-Porque luego no íbamos a poder sacarte de aquí –respondió Tom, quien la observaba con gran afecto, sentado en uno de los sillones de la sala.
-Como si quisieras sacarme de aquí –retó ella, alzando una ceja provocativamente. Se escuchó el timbre del teléfono de casa, Bill dejó de poner la mesa para contestar.
-Terminen de poner la mesa –ordenó Audrey, a quien le había tocado cocinar esa noche, mientras Bill saludaba con gran regocijo.
-¡¡Tom!! ¡Es mamá y Gordon!! –informó con el rostro iluminado por una gran sonrisa. – ¡Quieren hablar contigo! ¡Ven!
Tom se acercó a su hermano, quien colocaba ya el altavoz al aparato. Audrey y Charlie compartieron una mirada nerviosa, pero siguieron en lo suyo, guardando silencio.
sábado, 16 de enero de 2010
Capítulo 23
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The Nightmares Come True
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1 coments.:
Comento :D
Ayeer me lei los capitulos
y definitivamente me dejaste con tanto suspenso D: espero no te tardes en subir y subas mushos mushos! :D que ya quiero leer!!! T__T
dios es ermosa la fikk :3 :3
espero.. i espero mas mas mas azuukar!!! :D
xD
saludoos
cuidate mucho (:
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