La madre de los Kaulitz sonaba muy agradable por teléfono, aún así, tanto Audrey como Charlie se sobresaltaron al escucharla decir:
-¡Iremos a visitarlos pronto, hijos! –las chicas tragaron saliva y no prestaron más atención.
-¡¿Enserio?! –había exclamado Bill con alegría. – ¡¿Cuándo?!
-En abril –se escuchó la voz grave del padrastro de los gemelos.
-¿Los primeros días?
-No, como a mediados… ¿Por qué lo preguntas Tom?
-Ah, es que tenemos un evento, pero pueden venir cuando quieran –declaró con gusto.
Una vida llena de fama y reconocimiento era lo que Bill y Tom siempre habían soñado, pero tener eso implicaba el sacrificio de no tener tiempo para dedicarlo a sus seres queridos. Incluso Tom pensaba que si Charlie no trabajase cerca de él, y con lo apretado de sus agendas, difícilmente podrían verse. Los chicos intercambiaron más noticias con sus padres y al cabo de unos minutos colgaron.
-Había olvidado lo del evento –dijo Bill a su hermano mientras tomaban asiento para cenar.
-¿Cómo se encuentra tu madre? –Audrey posó una mano en su brazo.
-Bien, se muere de ganas por conocerte. –La castaña se atragantó con el agua que estaba bebiendo.
-P-pero no escuché que le hablaras de mí… –se sorprendió.
-Audrey, llevamos semanas saliendo y mi madre me llama todos los días, ya se lo había dicho –explicó el vocalista, con toda la paciencia del mundo. Charlie aún permanecía en silencio, impasible.
-¿Tú no estás nerviosa? –inquirió Tom, tomando el tenedor de la mesa.
-¿Eh? ¿Qué? ¿También le hablaste de mí?
-Es mi madre –resolvió Tom. –Si no se lo hubiese dicho, ella lo descubriría de todas formas –concluyó, riendo suavemente.
-Pues me agradará conocerla, suena a que es muy amable –declaró Charlie, sonriendo y disponiéndose a comer, dejando a los otros tres impresionados.
-Así es, es muy amable –confirmó Bill, lanzando una mirada a Audrey. –Tranquila –animó a su novia con una sonrisa, y pronto continuaron con una placentera cena, acompañada de charlas, comentarios y risas, haciéndoles pasar una excelente velada.
Los días pasaron despejados, la carga de trabajo aminoró un poco y tal y como habían quedado, Tom y Charlie lograron ser más discretos al estar en el estudio. Era gracioso, Charlie hizo el comentario de que el mismo Jost la ponía más nerviosa que el hecho de conocer a los padres del guitarrista. Sin embargo, por dentro, Charlie no sabía qué esperar de ese acontecimiento. No tenía la certeza de ser una chica lo suficientemente adecuada para Tom, a los ojos de Simone, lo cual le hacía dudar y perder la confianza que tenía en sí misma; pero por otro lado, se daba cuenta que Tom iba en serio, que estaba dispuesto a formalizar su relación y eso le alentaba sobremanera para estar serena ante la próxima visita de la madre del hombre al que amaba.
-¿Quieres que pase por ti? –preguntaba Tom por el móvil.
-¿Qué parte de “Giselle me ha secuestrado” no entiendes? –contestó Charlie con una risa contenida, mientras echaba un vistazo rápido a los vestidos de un escaparate. –Estamos en el centro comercial buscando la ropa para el evento, no te preocupes, llegaremos juntas.
-Oh bien, pero te quiero junto a mi toda la noche, ¿Oíste?
-Podría pasar una vida junto a ti, Rastas –atajó con voz melosa, provocando una carcajada compartida. –Nos vemos en la noche.
-Nos vemos.
Charlie cerró el móvil con un movimiento, al tiempo que divisaba a Audrey, que se uniría a ellas en las compras, al igual que Cynthia. Las cuatro chicas se llevaban de maravilla, reían, bromeaban y se volvían locas en los probadores. Visitaron casi todas las tiendas existentes y se probaron todos los modelos que les llamaron la atención.
-¿Tengo que usar uno? –cuestionó la pelinegra con pesar, señalando los vestidos.
-Por supuesto que tienes que usar uno –respondió su amiga. –Oh, éste se te vería lindo –le mostró un vestido de seda color azul profundo. –Combinaría con tus ojos, Char…
-Joder Cynthia, eso me costaría un ojo de la cara –comentó con gracia –Y ya no podría combinarlos…
-No seas dramática… ¿Te gusta?
-Pues… –se mordió el labio inferior, pensándoselo, para al final asentir tímidamente.
-Entonces lo llevamos. –retiró el vestido, pasándoselo a Charlie.
-Pero ¡No puedo pagarlo!!
-No importa, yo te lo regalo.
-¡¿Qué?! ¡No!! ¿Cómo crees…?
-Charlie, es en forma de agradecimiento.
-¿Por qué?
-Y todavía lo preguntas… –dijo sonriendo fraternalmente. –Sé que no hemos pasado mucho tiempo juntas últimamente, pero siempre te querré como a una hermana menor… –la envolvió en un abrazo. –Y además… Gracias a ti, David Jost contrató a nuestra agencia para organizar el evento de esta noche, por lo que mi jefa ¡Me dará un ascenso!!! –gritó emocionada.
-¡¿Enserio?!
-¡Sí!! Y con el ascenso viene un aumento de sueldo, así que ahora puedo darme el lujo de comprar estos caprichitos… ¡Anda, pruébatelo! –ordenó, empujándola hacia los probadores.
Charlie entró a donde Audrey y Giselle jugaban a hacer poses frente a los espejos. Una vez que se puso el vestido, supo que no tenía que buscar más. El escote en el pecho era discreto, elegante; sin mangas, dejaba al descubierto parte de las costillas de la chica; se ceñía a la cintura con una especie de cinto, y la falda caía recta hasta debajo de sus rodillas. Luego de que las demás hicieran su elección, fueron a un salón de belleza, pues esa noche hasta Giselle quiso descansar. Cuando estuvieron listas, montaron el viejo auto de Frank y se dirigieron al bar exclusivo que habían rentado para el evento.
-Charlie, espera…
-¿Qué? –se giró hacia Cynthia, que sostenía una cajita de terciopelo blanca.
-Ábrelo…
-Cynthia ¿Hay algo que tengas que decirme? ¿Una mala noticia?
-No… ¿Por qué?
-¡Porque me estás llenando de regalos!! –la morena se limitó a reír desmesuradamente.
-Charlie, primero ábrelo y luego te explico el porqué, ¿Está bien? –la ojiazul miró a su amiga con desconfianza, pero al final abrió la cajita y se encontró con un brazalete color plateado, el cual tenía un tipo de entrelazado y pequeños brillantes que centelleaban a cada instante. Charlie abrió la boca por la sorpresa.
-Cynthia… No puedo aceptarlo…
-Charlie… ¿Sabías que la próxima semana cumplo tres meses con Gustav?
-¡Pues dáselo a él!!
-Es que sin ti, yo nunca lo hubiera conocido, nunca hubiera sido tan feliz como lo soy ahora… Y es por eso que te lo agradezco.
-Aww Cynthia, yo no hice nada. Fue pura casualidad que los dos fueran amigos míos… Si Gustav te quiere es porque eres una chica maravillosa.
-Bueno, pero aún así aquí tienes –dijo poniéndoselo en la muñeca.
-¿Van a entrar o qué? –escucharon a Giselle que las esperaba en la entrada.
Habían arribado al lugar de la fiesta, pasando desapercibidas al entrar, ya que ninguna de ellas era famosa, todavía. Una ceremonia inicial, con discurso y un brindis abrieron la noche, para luego dar paso a un par de horas de buena música y barra libre. Los chicos la estaban pasando muy bien, acomodados en su respectiva mesa.
Aunque todos tenían pareja, sabían que la atención estaría puesta en ellos, por lo que supieron comportarse profesionalmente, sin levantar sospechas. No obstante, David estaba al tanto de lo que hacía su guitarrista, sentado junto a una Charlie que él nunca había visto, tan guapa y arreglada, que no la hubiera reconocido. El manager llevaba semanas sospechando que algo pasaba entre esos dos, era por eso que ahora estaba alerta a cualquier señal que le pudiera decir algo, por más mínima que fuera.
A pesar de ser una reunión con gente del trabajo, Charlie se sentía genial de poder estar junto a Tom, sin tener que tomarle una fotografía; poder disfrutar de su compañía sin estar trabajando, como él se lo había pedido específicamente unos días antes. Bill contó una anécdota graciosa, haciéndolos soltar una carcajada a coro; Charlie observó cómo Tom dibujaba poco a poco una dulce sonrisa, sintiéndose contagiada por su encanto, y supo que estaba en el lugar correcto, con la persona correcta.
David prestaba atención desde la barra. Vio a Charlie ponerse en pie, y a Tom tomarle de la mano, suplicante. Todo fue rápido y pudieron disimular, pero el manager se percató de las miradas que se enviaron antes de que la chica se dirigiera al baño de damas.
-Oh que bueno que te encuentro –dijo David, cerrándole el paso a la pelinegra, justo después de salir del baño.
-¿Qué pasa?
-Los directivos me acaban de pedir fotografías del evento, y los otros fotógrafos ya se fueron –improvisó una excusa. – ¿Traes tu cámara?
-¿Ya se fueron? –preguntó extrañada, y miró alrededor buscándolos. –Pero eran como cuatro… ¿Se fueron todos?
-Si se fueron todos. –contestó tajante. – ¿Podrías…?
-Sí… Por qué no… –aceptó suspirando. – ¿Cuántas quieren?
-No lo sé… Pero vas a estar aquí toda la noche, ¿No? –inquirió. Charlie le miró con suspicacia.
-Iré al auto por mi cámara…
-Gracias –el manager sonrió hipócritamente. –Necesito fotos de cada uno de los artistas, cada uno de los productores, cada uno de los directivos, managers, gente de staff, etc. ¿Crees que puedas?
-Claro, confía en mí –sonrió cansadamente, echando una mirada a Tom; éste apuraba una cerveza a su boca y parecía entretenido, seguro que si lo hacía rápido, él no se daría cuenta de su ausencia.
Así fue como Charlie pasó su noche de fiesta perdida entre tomas, flashes y mucha gente famosa que reía y disfrutaba, mientras ella trabajaba. Intentó darse prisa, pero el lugar estaba repleto y parecía que la lista de invitados era interminable. Hizo una pausa para ir a la barra. Estaba empezando a enfadarse un poco con David, porque él le había dicho en un principio que no necesitaría de sus servicios, sin embargo, ahora la tenía vagando de mesa en mesa, con un vestido de gala y un par de tacones que lastimaban sus pies. Tomó un shot de un solo trago, estampándolo contra la barra malhumoradamente.
-Wow… Tranquila, no querrás terminar con un vaso roto en tu mano –escuchó una voz conocida. Se giró y vio cómo el chico pedía otro trago al barman, para luego ofrecérselo a ella. –Gracias… Fabi.
-De nada, es parte de mi plan malvado –respondió el chico de cabello castaño claro. –Voy a emborracharte, y después serás mía –bromeó, sonriendo pícaramente. Charlie sonrió de medio lado. – ¿Trabajas en tu día libre?
-Algo así –se encogió de hombros. –Igual estoy por terminar… ¿Dónde está tu hermano y Max? Debo tomarles una fotografía.
-Claro, están por allá –señaló una mesa del fondo. –Vamos… –A penas habían dado unos cuantos pasos, cuando Tom les detuvo.
-¿Puedo hablar contigo? –cuestionó a Charlie. Ella miró a Fabi y éste asintió sonriendo.
-Será en otra ocasión –se despidió antes de retirarse.
Tom tomó a Charlie de la mano y se dirigieron hacia fuera, al estacionamiento privado donde no había nadie que pudiera verlos.
-¿Qué parte de “quiero que estés conmigo esta noche” no entendiste? –preguntó en tono neutro, citando las palabras que ella misma había dicho.
-Tom… De verdad lo lamento, pero… David me lo pidió, ¿Qué podía haber hecho?
-Mm… Tal vez ¿Negarte? –ironizó.
-¿Estás molesto? –tanteó, luego de haber permanecido en silencio unos segundos. Tom exhaló un profundo suspiro.
-No –sonrió. –No, claro que no. No pienso discutir por algo como esto, es sólo que… Quería que estuvieras conmigo, ya sabes…
-Y yo quería estar contigo, pero David…
-¡Al diablo con Jost! –le cortó, alzando las manos con desesperación. –A mi no me importa Jost, me importas tú…
-Precisamente Tom… David no sabe sobre nosotros, y al parecer no le agrada mucho la idea; pero está empezando a sospechar, es por eso que no nos lo sacamos de encima… La cuestión es, que para ti es muy fácil decir “al diablo con Jost”, pero para mí… Sabes… A mi podría despedirme en cualquier momento, por cualquier excusa –explicó Charlie, lo más aprisa que pudo.
-¿De verdad crees que él sería capaz de…?
-No lo sé –contestó insegura. –Pero si sé que a ti no va a tocarte, no puede prescindir de ti…
Tom se quedó sin habla. En parte tenía razón; David no dudaría en deshacerse de ella, si representara un problema para la banda.
-Petite… –la llamó con voz ronca, mientras la envolvía en un abrazo y sin saber qué mas decir. –Vamos, aún te falta tomar fotografías de la banda más famosa de todo el evento.
-¿Ah sí? ¿Quiénes son?
-Un cuarteto de chicos que se hace llamar Tokio Hotel.
-Aah… Me parece haber escuchado su nombre antes.
-Son muy talentosos, especialmente el guitarrista.
-Oh sí, escuché que está bueno –puso una cara pícara.
-Muy bueno, y además besa muy bien.
-¿Por qué lo dices? ¿Te ha besado antes? –Tom soltó una risita ante la perspectiva de besarse a sí mismo. – ¿De verdad besa muy bien? –preguntó Charlie, dudándolo y se detuvo antes de entrar. –Tendrá que probármelo.
-Como quieras –respondió y dio unos pasos para acercarse a ella. Un tierno y dulce beso fue más que suficiente para que ambos suspiraran con unas enormes sonrisas pintadas en sus rostros. Tom la apretó un poco entre sus brazos antes de entrar, y se separaron para luego ingresar al recinto.
-Creo que tendremos que decírselo a David –sugirió Tom en un susurro.
-¿Decirle? ¿De nosotros?
-Sí, ¿Por qué no? –sonrió. –Tal vez así deje de arruinarme las noches como hoy…
Luego de la fiesta, Charlie regresó sola en su propio auto. Acordó con Tom que le harían saber a David todo lo que estaba pasando para ver si así los dejaba en paz por un tiempo. No sabían si el manager lo aceptaría del todo o cómo iba a reaccionar, pero creían que era lo mejor.
[...]
Soundtrack: Supermassive Black Hole – Muse
[Play]
Las puertas del elevador se abrieron, dando paso a una mujer de tez morena y gran figura; vestía una gabardina, gafas de sol y su cabellera caía hasta media espalda, negra y lacia. Avanzó con aire felino y una media sonrisa pintada en sus labios rojos. La recepción de la oficina estaba vacía, ella lo sabía, por eso había decidido ir a esa hora de la noche, cuando la secretaria del famoso manager David Jost ya se había retirado. Jost tampoco estaba en su oficina, ella estaba segura de que él seguiría en la sala de grabación con sus chicos, trabajando arduamente hasta tarde. Se aproximó a la elegante puerta de madera, inclinándose frente a ésta para deslizar un sobre amarillo tamaño carta por la rendija que había entre la puerta y el piso. Minutos después, desapareció tan rápido como había llegado, para salir de allí sin ser vista.
Afuera del gran edificio de la discográfica, un deportivo negro esperaba estacionado con una llanta por encima de la acera. La morena subió al auto y arrancó pisando el acelerador a fondo, haciendo rechinar las llantas del vehículo y por si fuera poco, casi se lleva de encuentro a algunos peatones. Colocó el móvil junto a su oído e hizo una llamada.
-El paquete fue entregado –informó. –Esto va a ser divertido.
-Bien –contestó el joven al otro lado de la línea. –Te espero en la bodega del muelle, tenemos un negocio que cerrar.
-Edward no seas aburrido, vamos a volar unas cuantas cabezas –mencionó ansiosa.
-Date prisa –se limitó a contestar.
Ella colgó el teléfono y aceleró de nuevo, pasándose un semáforo en rojo sin ningún miramiento, tomando rumbo hacia el muelle. Aparcó con un único y brusco movimiento, haciendo que el auto se desestabilizara, pero controlándolo a la perfección. Bajó ágilmente y se acercó a Edward para caminar junto a él, con el frío viento revoleando su cabellera. En el interior de la bodega había un total de tres camiones de carga, con las puertas de los remolques abiertas, dejando ver tres lujosos y poderosos autos deportivos con chasis aerodinámico y pintura personalizada. Un cuarto auto situado en el centro de la bodega hacía de punto de encuentro para los negociantes. Llegaron hasta ellos y se detuvieron para verse cara a cara.
-¿Tienen el dinero? –habló Edward en un tono de voz amenazante. Uno de los tres hombres con los que iban a negociar se adelantó, tendiéndole un maletín negro. Ed lo tomó y se lo pasó a la morena. – ¿A donde van? –les detuvo al ver que se dirigían a las cabinas de los camiones, dispuestos a retirar los autos recién comprados.
-Es falso –dijo la mujer, que había abierto el maletín y verificaba la cantidad de dinero que les habían pagado por los autos.
Todavía no terminaba de pronunciar la última palabra, cuando de un solo movimiento alzó el arma y disparó, dándole a dos de los negociantes; Ed ni siquiera se inmutó, sabía que ella haría eso, no le gustaba que la engañaran. Se acercó al único que no había sido herido; éste temblaba, apuntando titubeante al pecho del rubio, el cual sonrió irónico.
-¿Vas a dispararme? –se burló. En una milésima de segundo, Ed dio un golpe certero a la muñeca del hombre, desarmándolo, para luego propinarle un puñetazo en la cara, obligándolo a encorvarse. Le tomó por la nuca y estampó su cabeza contra el parabrisas del auto más cercano.
-Le deben dinero al Sr. Hawkins y no está muy contento por eso –murmuró con rabia contenida. –Esto no es un juego, no puedes intentar engañarnos y salir vivo de ésta. Tu cuerpo sería un lindo mensaje para quien sea que te haya enviado… –finalizó, arrojándolo contra el pavimento, sin la intención de matarlo. Dio media vuelta y caminó hacia la salida, seguido por la morena. El hombre se arrastró para tomar el arma que había dejado caer. Tanto ella como Ed lo escucharon. –Gina.
Como si hubiera sido una orden, ella se giró y disparó sin dudar un solo segundo, viendo al hombre caer abatido. Subieron al auto de Gina y Ed hizo una llamada.
-Necesitamos limpieza en la bodega seis –dijo simplemente. Un rechinido de llantas anunció su partida del lugar, y se alejaron de allí a toda velocidad.
[...]
-Bien chicos, creo que es suficiente. Los veo mañana –se despidió David, saliendo de la sala de grabación. Bill se estiró un poco para desperezarse, mientras era contagiado por el bostezo que había dado Gustav. La puerta se abrió y Giselle apareció tras ésta.
-¿Nos vamos? –pidió a Georg, quien muy sonriente asintió, se despidió de todos y se retiró de allí.
-Vamos a casa –dijo Bill, encaminándose al pasillo junto con Gustav y Tom al final. – ¡Hey Charlie! ¿Todavía por aquí? –la llamó al verla caminar a través del corredor.
-Si, tenemos que hablar con David sobre algo –contestó, mirando a Tom. Bill y Gus también dirigieron sus miradas al guitarrista.
-Adelántense… Bill, te veo en casa…
Esperaron a que el pelinegro y el baterista subieran al ascensor, luego Charlie y Tom caminaron juntos hasta la oficina de David. Compartieron una mirada para asegurarse de que era lo correcto y tocaron a la puerta. Al no recibir respuesta, Tom la empujó levemente y luego la abrió. Jost estaba sentado en su enorme silla ejecutiva, detrás del escritorio; sostenía en sus manos un sobre amarillo, mientras miraba atentamente lo que parecían ser unas fotos.
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Sólo una aclaración, por si las dudas xD No confundan a Audrey con Gina. Audrey es la novia de Bill, que vio en la fiesta de Andreas.
Gina es la chica morena que estaba con Ed en Berlín, la que quería quitarle el pulpo a Charlie y la que los espió en el parque de diversiones... Y claro es la misma que dejó el sobre en la oficina de Jost.
lunes, 25 de enero de 2010
Capítulo 24
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The Nightmares Come True
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