lunes, 25 de enero de 2010

Capítulo 25

-David, ¿Tienes un segundo? –le interrumpió Tom. El manager levantó la vista al instante y se puso en pie de un salto.
-¿Que significa esto? –cuestionó, apenas pudiendo contener la rabia. Los chicos le miraron confundidos, hasta que él se acercó y les tendió unas fotografías del parque de diversiones. –Tom, creí que lo tenías claro ¡Y tu hermano también!
-¿Qué es lo que tenía que tener claro?
-No es conveniente para la banda que tú o Bill tengan pareja.
-Pero ¡Nunca nos lo prohibiste antes! ¡¿Por qué el cambio?! –quiso saber, desconociendo al que alguna vez había considerado algo más que un manager.
-Porque antes de ella todas tus relaciones eran pasajeras –señaló a Charlie, quien le miraba con atención.
-¿Qué hay de Gustav? ¿Por qué no hay problema en que él esté con Cynthia?
-No es lo mismo. Gustav es sólo el baterista.
-¡¡¿Sólo el baterista?!!! –saltó Charlie alterada y sorprendida; ¡¿Desde cuando David pensaba así?! Tom también reaccionó indignado.
-Gus no es sólo un baterista… Además de ser un gran amigo, sabes que no estaríamos aquí sin él –declaró Tom, comenzando a enfadarse. –Es tan importante como yo o Bill.
-Está bien. Pero Gustav no me preocupa, porque él ha sabido ser discreto, no como ustedes –miró de nuevo las fotos. –Imagina, ¿Qué habría pasado si estas fotos hubiesen sido difundidas? ¡Justo antes del lanzamiento!! ¡¿Sabes cuántas pérdidas nos ocasionaría eso?! ¡¿Cuántas fans se decepcionarían?! O peor aún, ¡¿Cuántas de ellas se enfadarían y dejarían de ser fans?!
-En ese caso no serían fans verdaderas –sentenció el guitarrista.
-De igual forma no me arriesgaré a que eso pase. No voy a consentirlo.
-No te estoy pidiendo permiso, soy lo bastante mayor para saber lo que hago. –respondió Tom, tomando la mano de Charlie. –Tan sólo queríamos que lo supieras.
-No me entendiste. –sonrió suspicazmente. –Charlie… Me gusta cómo trabajas, pero te has convertido en un gran inconveniente, así que si no te alejas por las buenas, tendré que prescindir de tus servicios…
-¡¡No te atrevas!! –le cortó Tom, realmente molesto, dando un paso al frente.
-Tom –le calmó ella, apretándole la mano, y luego se giró hacia David. – ¿Piensas despedirme? –preguntó con una sonrisa. –Y ¿Tú crees que con eso voy a alejarme de Tom? –soltó una risita de superioridad. Tom le miraba con los ojos muy abiertos, realmente sorprendido; no lo podía creer, ¡Si hace un par de días ella temía perder el empleo! Ahora se mostraba firme, valiente, y Tom no sabía lo que ella estaba tramando. –No hay problema, ¿Sabes? Renuncio –dijo suavemente, encogiéndose de hombros y luego el silencio cayó sobre ellos.
-No… Charlie… No lo hagas… Podríamos –se apresuró a decir Tom, pero no conseguía formar una frase coherente.
-No Tom. No voy a dejar que trate de manipularnos con chantajes. Ahora que no tiene poder sobre mí, que intente separarnos -le encaró con furia. -Tengo suficientes ahorros para vivir un buen tiempo, y el estudio en mi casa está terminado, ahora puedo trabajar por mi cuenta.
-¡Suerte con eso! –exclamó David en tono sarcástico. – ¿Así que no lo vas a dejar ahora? De todas formas seguiré oponiéndome –amenazó nuevamente.
-Y yo seguiré amándolo. No podrás cambiar eso –atajó firme, antes de dar media vuelta y casi arrastrar a Tom fuera de allí.

Lo sabía, había actuado por impulso. Claro que amaba su trabajo, pero tampoco era para abandonar a Tom así, sólo porque a David le daba la gana. Ciertamente había llegado a temer que la despidieran, pero a último minuto, su gran orgullo y confianza salieron a flote, sintiéndose segura de poder seguir trabajando por cuenta propia. Ahora tenía experiencia, tenía contactos, tenía ahorros y lo que le daba más seguridad: tenía a Tom. El ambiente era tenso en el interior de la Cadillac, sin embargo, Charlie logró esbozar una sonrisa.

-Ahora llego a la conclusión de que eres verdaderamente especial –comenzó Tom en tono de broma, intentando relajar el ambiente.
-¿Por qué? –lo miró a los ojos.
-Sólo tú puedes sonreír en una situación cómo ésta…
-Oh vamos, no te sientas mal, no se acaba el mundo –dijo, posando su mano sobre la de Tom, que reposaba en la palanca de cambios. –Vamos, sonríe. –Hizo un esfuerzo, pero sólo logró sonreír de medio lado, reflejando culpabilidad en sus ojos. –Tom no es tu culpa…
-Sí lo es –le cortó secamente. –Todo es por mi culpa.
-No es culpa de nadie… Ni siquiera del mismo David –el rastas le miró fijamente, extrañado. –David sólo ve por el bien de la banda. Las cosas se dieron así, no hay nada más que hacer, no hay vuelta atrás.
-Pero… Estás sacrificando tu sueño, sólo para estar conmigo…
-Sería capaz de sacrificar cualquier cosa, sólo para estar contigo. –Tom se quedó sin palabras, conmovido. –Además –continuó, sin dejarle responder. –No estoy sacrificando mi sueño, tan sólo haré una pausa y me lo tomaré con calma. –resolvió contenta. –Y ahora nadie podrá molestarnos, cuando… Ya sabes… –dejó la frase inconclusa, inclinándose hacia él para besarlo suavemente en el cuello y pasar su mano hacia la pierna de Tom; el guitarrista sintió su pulso dispararse. –Anda, sonríe –pidió con voz melosa, tono que le pareció gracioso al guitarrista, y sonrió.
-Sólo dos cosas –condicionó Tom, sintiendo mucho calor de repente.
-Dime…
-Quiero que cuentes conmigo, para todo.
-Ajam… ¿Y la segunda?
-Como sigas encima de mi, nos estrellaremos con el poste más cercano –apenas podía contener la risa. –Así que por tu propia seguridad…
-¿Quieres que me aleje de ti? –arqueó una ceja retadoramente.
-Iba a decir que podríamos aparcar en algún lugar oscuro, y terminar o…
-¡¡TOM!!! –le soltó un golpe en el hombro, sonrojándose y acomodándose de nuevo en el asiento del copiloto.
-¡O podrías esperar a llegar a casa!!

Ambos rieron de sus tontos juegos, y aunque pareciera extraño, a pesar de la reciente problemática, pudieron relajarse y dedicarse un par de sonrisas.

Los días siguientes se hicieron lentos, pesados y estresantes. David había tenido que recurrir a Frederick Coventry para algunos eventos, quien con su sola presencia no hacía más que fastidiar a los chicos, incluida Blue, quien era la que más lo odiaba.

Pronto los días se convirtieron en semanas, Charlie había aprovechado su gran cantidad de tiempo libre para relajarse completamente, e incluso para dedicarle más tiempo a su pequeña “auto-terapia”. No le fue difícil ir recuperando algunos trozos de sus recuerdos, sin embargo éstos seguían siendo confusos.

Para Tom fue un poco más pesado. Luego de un par de semanas y de que David no lo dejara ni respirar, inventando trabajo extra para el guitarrista, por fin llegó su tan anhelado día libre.

-Casi toda mi infancia la pasé en Leipzig –mencionó Charlie distraídamente. Se encontraba sentada con las piernas cruzadas en la cama de Tom, mientras éste practicaba las nuevas canciones con la guitarra en su regazo, sentado en el suelo, y con su espalda recargada en un costado de la cama.
-¿En Leipzig? Yo nací y viví allí por un tiempo, hasta que mis padres se divorciaron y nos fuimos con Gordon a Magdeburg –contestó Tom, sin dejar de tocar. Ambos se quedaron en silencio escuchando la melodía hasta el final. – ¿Te gusta? –preguntó Tom.
-Suena muy bien, me encanta –sonrió. –Sabes que no puedo presumir de ser una total fan de la banda, pero siempre supe que eran talentosos.

Tom sonrió pícaramente, dejó la guitarra a un lado y subió a la cama, acercándose lentamente para besar a Charlie de una manera muy tierna. Poco a poco se fueron inclinando, hasta quedar totalmente acostados, él encima de ella.

-Tengo otros talentos además de tocar la guitarra –murmuró con la voz un poco ronca, e hizo que a Charlie se le erizara la piel.
-Como… ¿Cocinar? Sabes que quemarías la cocina tratando de hacer cereal con leche –se burló, queriendo escaparse de la situación.

Tom soltó una pequeña carcajada y siguió besándola, cada vez más ardientemente; pasó a su cuello y dio un pequeño mordisco, haciéndola arquear la espalda y dificultando su respiración.

-Tom… –esquivó su boca girando la cara, dando como resultado que Tom terminara estampando sus labios contra su mejilla. El rastas volvió a reír.
-¿Qué pasa? –cuestionó, sintiéndola tensa bajo su cuerpo.
-Tom… Bill y Audrey están aquí…
-¡¿En la habitación?! –exclamó, fingiendo sorpresa y mirando a todos lados; Charlie se partió de la risa.
-Me refiero a que están en la casa... Y… ¿Y si nos oyen?
-Estarán ocupados, haciendo lo mismo que nosotros –respondió quitándole importancia, y volviendo a lo suyo. –O peor aún, ya habrán terminado…

Volvieron a reír y Charlie aprovechó ese momento para incorporarse en la cama, dándole la espalda a Tom. Él comenzó a besarle la nuca, haciéndola cerrar los ojos y sonreír suavemente.

-Tom… –le detuvo; éste suspiró derrotado.
-Tranquila, si no quieres hacerlo ahora está bien… –se sentó a su lado en el borde de la cama y volvió a tomar su guitarra.

Charlie se armó de valor, se puso en pie, le retiró la guitarra y la dejó suavemente sobre la alfombra. Se situó delante de Tom con mucha determinación, le sacó la gorra y la banda, mirándole intensamente. Tenía una ligera idea de cómo se hacían esas cosas, pero no estaba segura, ya que nunca lo había hecho. Como sea, se subió en el regazo de Tom a horcajadas, mientras éste la sostenía de la cintura, sonriendo complacido. Se besaron apasionadamente, subiendo la temperatura de sus cuerpos con gran velocidad.

-Si quiero hacerlo… –dijo ella con la respiración entrecortada. –Pero…
-¿Pero…?
-Es que nosécómohacerlo –confesó con la cara rojísima de vergüenza. –Sé que tienes más experiencia, y no quiero... Decepcionarte…
-Dices… ¿Qué es tu primera vez? –las mejillas de Charlie estaban tan rojas, que ahora parecían foquitos de navidad, pero asintió. Tom estaba sorprendido. – ¿Quieres que tu primera vez sea conmigo? ¿Ahora?
-No Tom, en cien años… –reclamó con sarcasmo e hizo una pausa en la que se miraron con deseo. –Sí, ahora…Tú quieres, ¿No? Y yo también quiero…
-¿Crees que estamos listos?
-Sé que estamos listos.
-Y ¿Por qué seguimos hablando? –sonrieron. Iban a continuar con lo suyo, cuando un estruendo al otro lado de la puerta les rompió la concentración.
-¡Tom! –escucharon a Bill, que tocaba la puerta fastidiosamente. – ¡Tom!! ¡Abre!!
-¡No molestes Bill!! –gritó, sin siquiera detener sus caricias.
-¡Sal de una vez!! ¡Tenemos visitas!!
-¡No me interesan las visitas!!
-¡Tom Kaulitz Trümper!! ¡Ven a saludar a tu madre ahora mismo!!!

Tom y Charlie se congelaron en el sitio. ¿En verdad Simone estaba del otro lado de la puerta? Dieron gracias que ésta estaba cerrada con candado y se levantaron de golpe, intentando inútilmente acomodar sus ropas, mientras reían nerviosamente.

-¡Y-ya voy! –avisó Tom entrecortadamente. –Los veo en la sala –dijo, colocándose la gorra frente al espejo y escucharon unos pasos alejándose. Pasados unos minutos, salieron de la alcoba y pronto oyeron la voz de Simone en la sala de estar.
-Es un placer… –decía la mujer. –Me alegra que Bill por fin te haya encontrado. –Charlie esbozó una sonrisa desde el pasillo, la madre de Tom en realidad parecía ser muy cálida y amable. –Oh Audrey, me encantan tus pendientes, tienes un excelente gusto –la escucharon exclamar y tanto Charlie como Tom, supieron que Audrey se había ganado a Simone.
-Muchas gracias, puede pedírmelos cuando quiera –respondió Audrey, entre tímida y agradecida.
-Oh, háblame de “Tu” me hace sentir más joven –bromeó Simone, regalando una sonrisa aprobatoria a su hijo menor, quien se encontraba junto a su novia en el sofá.
-¿Y tu hermano? –preguntó Gordon, sentado al lado de su esposa. Antes de que Bill pudiera responder, Tom apareció en el centro de la sala, casi arrastrando a Charlie quien se notaba un poco cortada.
-Hola mamá –se inclinó para darle dos besos en las mejillas. –Gordon… –saludó al hombre con un apretón de manos. –Bill no es el único que se ha enamorado –comentó, mirando a Charlie. –Mamá, Gordon… Ella es Charlie.
-Buenas noches –se apresuró a decir la pelinegra, con voz temblorosa. Dio un paso al frente y le tendió una mano a Gordon, éste la saludó con gusto. –Mi nombre es Charlotte, Charlotte Haswell –se presentó, dirigiéndose a ambos adultos.
-¿Haswell? –inquirió Simone, arqueando una ceja con suspicacia. – ¿Tu apellido es Haswell?
-Así es –asintió una sola vez.
-¿No tienes otro apellido?
-No. Ese es mi nombre completo… ¿Por qué?
-Por nada en especial, creo… Te estaba confundiendo con alguien más –finalizó pausadamente, evaluándola con la mirada.

El ambiente se hizo un poco denso, y el silencio profundo era una mala señal; algo no había salido del todo bien, Charlie podía verlo en la mirada de Simone, estaba preocupada, como si tuviera el presentimiento de que había olvidado algo.

-Mamá, ¿Estás bien? –preguntó Tom, rompiendo el silencio.
-Sí, claro cariño –recobró su sonrisa maternal. – ¿Qué les parece si les preparo una cena casera? Las chicas se quedarán, ¿Cierto?
-Nos encantaría, mamá –contestó Bill. –Ya extrañaba tus comidas.
-Bien –se puso en pie, juntando las palmas de las manos. –Audrey, acompáñame, te enseñaré a hacer la pasta favorita de Bill. –invitó dirigiéndose a la cocina sin siquiera mirar a Charlie. Los gemelos compartieron una mirada agitada y Tom carraspeó.
-Mmm… Mamá –la llamó y esperó a que ésta se diera vuelta para hacerle entender con una mirada que no estaba tomando en cuenta a su chica.
-¡Oh sí! Carly, ¿Vienes con nosotras? –exclamó Simone.
-Es Charlie… –corrigió la ojiazul con un hilo de voz. –Ehm… No se me da mucho la cocina, mejor me quedo con los chicos –rehuyó, sabiendo que Simone le invitaba sólo por complacer a su hijo; además, aunque sabía llevarse bien con las chicas, siempre había estado más cómoda rodeada de hombres, así que fue a tomar asiento junto a Bill, al tiempo que Tom se sentaba con Gordon.
-Bien. La cena estará lista en unos minutos –prometió la mujer y desapareció por la puerta de la cocina, seguida de una nerviosa Audrey.

Durante la cena, fue más que obvia la diferencia que la madre de los Kaulitz hacía entre las chicas, todos pudieron darse cuenta. No fue grosera, ni se comportó de mala gana, pero sí que trataba a Charlie con una fina y educada indiferencia. A Charlie no parecía afectarle la conducta fría de Simone en lo más mínimo; la pelinegra seguía participando en la conversación, comentando y riendo de las bromas de la ahora completa familia. Después de recoger la mesa y que Audrey hubiera hablado ya de casi toda su vida, pasaron de nuevo a la sala.

-Y dime, ¿A qué te dedicas tú Charlie? –quiso saber Gordon.
-Soy fotógrafa profesional y trabajo por mi cuenta, tengo un estudio en casa –respondió, mirándole agradecida por prestarle atención. –Justo acabo de independizarme…
-Me alegra que así sea –mencionó el hombre, clavando una mirada a su esposa para que agregara algo.
-¿Así que conociste a mis hijos en el estudio?
-Nos conocimos desde antes –se adelantó Tom. –Charlie estuvo con nosotros en la gira europea de hace un año y medio, como parte del staff.
-Pero se hizo amiga de Gustav y fue él quien nos la presentó –completó Bill, mirando con afecto a su amiga. –Fue una suerte que David la contratara como fotógrafa, es la mejor que ha trabajado con nosotros.
-Sí, pero ya no trabajo ahí –aclaró, poniéndose seria.
-¿Problemas? –inquirió la madre de los gemelos.
-Tuve ciertas diferencias con David, al parecer no le agradó la idea de tenerme cerca de Tom –explicó, sin darle mucha importancia e ignorando las miradas de desconfianza de Simone.
-Pues me alegra que se hayan encontrado a tan hermosas señoritas –comentó Gordon, amable como siempre.
-Sí, ambos siempre han tenido buen gusto, sobre todo Tom –continuó la mujer, sonriendo a su hijo. –Pero eso es lo que me extraña, Charlie no es exactamente de tu tipo… Siempre creí que estarías con una bella mujer, alta, de excelentes curvas, piel bronceada y melena rubia –soltó, observando cómo cada palabra se clavaba en el orgullo de la pelinegra, cual flechas envenenadas. Bill y Audrey borraron la sonrisa de su rostro; a su vez, Gordon se giró para mirar a Simone con reproche.
-Pues creíste mal –se limitó a contestar Tom. –Yo elegí a Charlie y estoy contento con mi elección. Me encantaría que pudieras compartir mi felicidad y si no puedes, mejor guárdate tus comentarios.
-¡No me hables en ese tono! –chilló su madre.
-Será mejor que me vaya –musitó Charlie. –Gracias por todo, buenas noches –se puso en pie y salió de allí, seguida por Tom.
-Bill, me iré a casa –anunció Audrey cariñosamente a su chico.
-Te llevo –dijo éste, buscando una excusa para salir de allí; amaba a su madre, pero no podía creer lo que ésta acababa de hacer. –Pueden desempacar si quieren –mencionó antes de salir tras Audrey.


 
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