lunes, 25 de enero de 2010

Capítulo 26

Tom subió al ascensor del edificio con paso lento y pulsó el botón correspondiente a su piso cansadamente. Había logrado alcanzar a Charlie en el estacionamiento, pero ésta le dijo que estaba bien y que sólo quería ir a casa; no la dejó ir hasta que le hubo prometido que le llamaría en cuanto llegara. Su hermano había llevado a Audrey hasta su casa y parecía que tardaría más en volver. Suspiró profundamente, al tiempo que vio cómo las puertas metálicas se abrían frente a él. Nunca se imaginó que las cosas iban a salir mal, ahora creía que no había sido una buena idea presentar a Charlie con Simone. Se sentía un tanto culpable, pero a la vez se daba cuenta que la única que estaba en una posición equivocada, era su madre. Se acercó al cuarto de huéspedes para preguntar a sus padres si necesitaban algo más, pero la conversación que éstos mantenían le llamó la atención, así que se quedó allí, escuchando en silencio.

-Nunca te creí capaz de hacer eso –mencionaba Gordon. –Sabes que no debiste herir a esa chica…
-¡Lo sé! –le cortó. –Lo sé, lo siento, pero… Es sólo que… Fue un impulso.
-¿Ahora salen a flote tus instintos maternales? –cuestionó, alzando las cejas. –Recuerda que ellos siempre han sido muy independientes, ya no son unos niños. Deberías disculparte con Tom.
-No. Debería disculparse con Charlie –interrumpió el de rastas, entrando en la habitación. Simone se tensó al ver que su hijo los había estado escuchando y se hizo un silencio.
-Yo… Los dejaré solos, para que hablen en privado –dijo Gordon, encaminándose hacia fuera.
-Hijo, siéntate –le llamó su madre, armándose de paciencia. Tom le obedeció, sentándose junto a ella en el borde de la cama y ambos permanecieron en silencio. –Lo siento.
-Concuerdo con Gordon, nunca te creí capaz de ser tan hiriente –comentó entristecido. –Además, creí que estarías feliz por mí. Que estarías feliz de que haya encontrado a alguien por quien valga la pena enamorarse, porque sé que de ninguna forma terminaré herido…
-Claro que estoy feliz, cariño –se apresuró a decir ella. –En realidad Charlie parece ser una buena chica, pero para serte sincera, desconfío de ella…
-¿Por qué? Ni siquiera la conoces, no la conoces como yo –argumentó Tom.
-Hijo… Sé que esto tal vez no tenga validez para ti… Es sólo un presentimiento, llámalo intuición femenina o un instinto maternal, ni siquiera yo lo sé…
-Pero no justifica lo que hiciste, ella no hizo más que tratar de agradarte….
-Lo sé, cariño… Lo siento de verdad, fue tonto e inmaduro.
-Y malvado –completó Tom, con una media sonrisa. –La quiero, mamá. No, no la quiero, la amo, y ella me ama, lo sé, estoy seguro… Es la primera vez que estoy seguro de algo.
-Bien, entonces no me queda otra más que pedirle una disculpa, si es que ella quiere volver a verme, claro está. –hizo una pausa y sonrió a su hijo con tristeza. –Sé que ya no eres un niño, pero… Prométeme que vas a cuidarte, ¿Sí? –Tom hizo una mueca de asco, malinterpretando las palabras.
-No hace falta que lo digas, siempre me he cuidado –se limitó a decir, incómodo de tratar ese tema con su madre.
-No sólo en ese aspecto Tom –dijo ella, sintiéndose incómoda también. –Ten cuidado, hijo…
-Está bien, te lo prometo.
-Oh vaya, se han arreglado solos –escucharon a Bill desde el marco de la puerta. –Creí que tendría que ser intermediario –cruzó los brazos. –Otra vez.
-No eres el centro del universo Bill, podemos hacer las cosas sin ti –contestó Tom.
-Ven aquí Bill –llamó Simone, exhalando un suspiro. –Mis pequeños, estoy tan orgullosa de ustedes –los envolvió en un abrazo. –Me alegra ver que están bien.

Esa mala noche no pasó a mayores, y la familia pudo disfrutar de un segundo día libre de los chicos, concedido solamente porque Bill se lo pidió a David; de no ser así, el manager habría explotado a Tom nuevamente. Esa mañana, Bill salió de compras con su madre, la ayudaría a hacer la despensa y pasarían al centro comercial para comprar algunas otras cosas, Simone incluso ayudó a su hijo a elegir una linda cadena que iba a ser un regalo para Audrey. En casa, cerveza era lo único que ocupaba el refrigerador y, aunado al gusto que compartían por la música, Tom y Gordon estuvieron tomando y recordando cada uno con su guitarra las primeras notas que el primero había aprendido del segundo; también Gordon fue de los primeros en escuchar los acordes inéditos que estarían en el nuevo álbum.

-En realidad suena muy bien –felicitó Gordon. –El alumno superó al maestro –añadió, aplaudiendo exageradamente.
-Deberías escucharla acompañada del violín… Bill verdaderamente se esforzó en eso –respondió Tom, antes de dar un sorbo a su lata con cerveza.
-Me parece increíble que Bill haya aprendido a tocar algún instrumento –mencionó asombrado. –Yo mismo intenté enseñarle alguna vez… ¡Es imposible!

Ambos soltaron una carcajada y continuaron riendo; cuando por fin pudieron calmarse, Simone abrió la puerta y les ordenó que bajaran a ayudar a Bill con las cosas de la despensa.

Al día siguiente los padres de los chicos volverían a su casa, en Magdeburg. Sin embargo, Simone no dejaba de darle vueltas al asunto, su mente buscaba y cavaba hasta en lo más profundo de sus recuerdos, intentando descubrir el porqué esa niña de enormes ojos azules le parecía tan familiar y el por qué tenía la idea de que su apellido no era Haswell. Finalmente, se propuso con firmeza tratar bien a esa chica, pues conocía bien a su hijo, sabía lo difícil que era que éste se enamorara verdaderamente, y no sería ella quien arruinara la felicidad de Tom.

Simone se levantó temprano en la mañana, quería preparar un delicioso desayuno para sus chicos, antes de que ella y Gordon tuvieran que partir. Se metió en la cocina y no supo nada más hasta que hubo terminado. Un par de golpecitos en la puerta rompieron el silencio reinante en el departamento, y ya que ella era la única en pie, fue a abrir, encontrándose con un par de ojos azules que le miraron un tanto asustados.

-Buenos días –saludó, sonriendo lo más amablemente que pudo.
-B-buenos días –contestó Charlie. –Tom me dijo que se irían hoy y… Y…
-Me alegra que vinieras, ¿Te gustaría desayunar conmigo? Mis niños, incluido mi esposo, todavía no se despiertan…
-Bien –aceptó titubeante, entrando en el recibidor. Le siguió en silencio hasta la cocina y tomó asiento en la barra.
-Sé que te debo una disculpa –comenzó la mujer. –Lo lamento, no quise lastimarte con mi comentario. –le ofreció una humeante taza con café. Charlie la tomó, esbozando una sonrisa pícara y mirándola acusadoramente.
-¿Está envenenado? –bromeó, arrancando una sonrisa a Simone. La pelinegra dio un largo trago. –Sí que quisiste –soltó.
-¿Perdón?
-Sí que quisiste lastimarme con ese comentario –afirmó, sonriendo. –Acéptalo, y aceptaré tus disculpas.
-Me parece justo –concedió la mujer, cambiando su actitud.

[...]

-Que tengan un buen viaje –deseó Bill, abrazando a su madre. Sus padres estaban por partir, estaban reunidos a las afueras del edificio donde vivían los gemelos, despidiéndose.
-Conduce con cuidado –recomendó Tom, causando las risas de todos por invertir los papeles, normalmente era Gordon el que le decía esas cosas al rastas.
-Oh, por cierto –se adelantó Charlie, sacando un paquete rectangular de su pequeño bolso y tendiéndoselo a la madre de los chicos. –Había venido a darte esto…

Simone tomó el paquete, mirándolo con curiosidad, antes de proceder a romper el papel brilloso que envolvía el regalo, que más bien simbolizaba una ofrenda de paz. Charlie esbozó una sonrisa al ver sus ojos brillar con orgullo. El obsequio era una sola fotografía, en la que podía observar a sus gemelos, sonriendo amplia y naturalmente, felices, tocando en el estudio, viviendo su sueño; la fotografía estaba montada en un lindo portarretrato de madera fina, color caoba.

-Son sólo tuyos, Simone –dijo Charlie. –Nadie podrá arrebatártelos…
-Oh Dios… Gracias –respondió la mujer con voz temblorosa, sintiéndose culpable y agradecida a la vez.
-Es de las últimas que alcancé a tomarles en el estudio, pero es de las mejores.
-Gracias, gracias…

Tom sonrió satisfecho cuando su madre se abalanzó sobre Charlie para darle un abrazo conciliador. Simone abrazó a su hijo mayor, subió al auto y sin más, partieron rumbo a casa.

-Vaya manera de arreglarlo, Charlie, eres asombrosa –aplaudió Bill, quien al igual que su hermano, le agradaba que ahora las cosas estuvieran mejor.
-Claro que es asombrosa –respondió Tom, pasándole ambos brazos por la cintura y apoyando la barbilla en su hombro. Charlie rió.
-Bien, será mejor que nos vayamos, señor cariñoso –se burló el menor de los gemelos.
-¿Irnos?
-Si Tom, ¿Creías que los días libres serían gratis? Ahora tenemos que ponernos al corriente…
-Oh es cierto…
-Bueno chicos, entonces yo me iré a casa, ¡Hoy tengo mi primera cita!
-¿Cita? –Tom arqueó la ceja.
-De trabajo –añadió ella asintiendo. –Hace unos días repartí un poco de publicidad y los clientes están comenzando a llegar, así que será mejor que trabaje duro si no quiero quedarme en la calle –hizo una mueca dramática y divertida a la vez. Se despidió de Bill con un sonoro beso en la mejilla y de Tom con uno muy apasionado, antes de dirigirse a su destartalado auto negro.

[...]

El estudio de Charlie llevaba abierto ya más de tres semanas y el hecho de tener que revelar rollos e imprimir fotografías por el método tradicional, o sea, en un lugar pequeño, cerrado y a oscuras, había ayudado mucho para aumentar su valor y confianza, e ir venciendo poco a poco su claustrofobia. El avance que Charlie había tenido tal vez no estaba valorado por un psicólogo, pero era notable, ya que las pesadillas se habían presentado con menor frecuencia. Su vida era excelente y estaba por mejorar.

-¿Charlie? –llamó Tom, dando un par de golpes a la puerta del sótano.
-Espera un poco, estoy revelando y aún no puedo encender la luz –escuchó la voz amortiguada.
-¿Estás bien? Te has encerrado sola –quiso asegurarse, preocupado. Antes tenía que estar él presente, para que ella no cayera en pánico y pudiera revelar.
-¡Estoy bien! –contestó y Tom casi pudo imaginar su sonrisa. –Ahora salgo…

Tom también sentía que las cosas iban de lo mejor; a pesar de la exagerada carga de trabajo que su manager le atribuía todos los días con tal de fastidiarlo, había podido planear una sorpresa para ese día, con ayuda de Bill. La puerta del sótano se abrió de golpe, haciéndolo dar un salto y provocando la risa de Charlie.

-Listo, ¡Ven a verlas! –le tomó de la mano y bajaron las escaleras muy aprisa, ella parecía estar emocionada, lo que a Tom le hacía mucha gracia.

El sótano era un área amplia en la que sólo había un fregadero que servía como toma de agua; pegada a la pared contigua, una mesa alargada ponía a la vista cuatro bandejas de plástico, acomodadas en línea recta, conteniendo los químicos necesarios. Al fondo, los envases de dichos químicos reposaban en un estante que la misma Charlie había construido y junto a éste, un par de cordeles amarrados a una estructura de madera hacían de secador, en los cuales, sujetas con horquillas para la ropa, colgaban las fotografías húmedas que acababa de imprimir. Tom avanzó ágilmente entre los muebles, pues había estado allí innumerables veces en los días anteriores.
Las fotografías eran de los hijos de un hombre importante, que había pedido a Charlie que realizara toda una sesión completa, según lo que le había comentado al guitarrista; eran a penas unos bebés, mellizos. Como siempre, Tom se maravilló con las expresiones que Charlie había sido capaz de captar en los rostros de esos niños y la manera en que las había plasmado sobre el papel fotográfico, resaltando con algunos trucos de laboratorio la esencia de las tomas.

-¿Te gustan?
-¿Las fotos? ¡Claro!
-Me refería a los niños –rebatió seriamente. Tom tragó saliva y le dirigió una mirada nerviosa, casi pudiendo visualizarse en el futuro casado y con hijos. – ¡Es broma!! –soltó antes de echar a reír y oyendo cómo Tom exhalaba un suspiro de alivio. –Como crees, no tengo prisa Rastas… –fue a darle un golpecito en la mejilla, pero Tom le tomó por la muñeca y la jaló hacia él, acercándola a su cuerpo para besar sus labios.
-Tal vez no haya prisa, pero podríamos ir practicando –dijo mirándola con deseo, y Charlie se mordió el labio inferior, sintiendo cómo su corazón iba aumentando el ritmo de su palpitar. Se besaron nuevamente. –Pero antes quiero llevarte a un lugar…
-¿A dónde? –preguntó cual chiquilla curiosa, dejando que una sonrisa se dibujara en sus labios.
-No te lo diré… Es una sorpresa –contestó, negando con la cabeza.
-Bah, entonces no quiero ir –Charlie se cruzó de brazos e hizo un puchero. –Me quiero quedar aquí contigo…
-Ah, ¿No quieres ir por las buenas?
-Mmm… ¡Nop! –exclamó, haciendo una voz infantil.
-Por las malas será –dijo, fingiéndose resignado y en un instante, sin que ella lo esperase la tomó en el aire, la alzó con facilidad y la pasó por encima de su hombro, sosteniéndola con un solo brazo, como si fuera un costal.
-¡Woah!! ¡Tom!! –gritó un tanto asustada. – ¡Bájame!
-¿Vendrás conmigo por las buenas?
-¡NO! –contestó terca, apenas conteniendo la risa.
-Pues no te bajo –resolvió, dirigiéndose a las escaleras del sótano.
-¡Tom nos vamos a caer! ¡Como me rompa el cuello será tu culpa!
-Nos lo romperemos juntos –canturreó el guitarrista. –Como tú sigas pataleando, sí que nos vamos a caer –advirtió en el momento en que tuvo que asir la barandilla para no perder el equilibrio. Charlie se desternillaba de risa y dejó de patalear. Una vez en la primera planta, Tom se detuvo para tomar aire, estaba agotado.
-Deberías dejar de fumar –sugirió ella, con medio torso bajando por su espalda.
-Y tú deberías bajar de peso –respondió en broma, a lo que Charlie le jaló unas cuantas rastas. Con la mano que tenía libre, Tom palpó los bolsillos de su pantalón, buscando las llaves del Cadillac, pero no estaban allí.
-¿Buscabas algo? –un sonido metálico y tintineante acompañó a esa pregunta, haciéndole saber a Tom dónde estaban sus llaves.
-¿Cómo las…?
-Bájame y te las doy –negoció la pelinegra. Tom la depositó suavemente en el suelo, derrotado, y extendió la mano para que se las diera. Ella las colocó en la palma de su mano, pero cuando él las tomó, Charlie las sujetó con fuerza, aprovechando para hacer que acercara su rostro y pudo robarle un pico. Ambos sonrieron.
-Deja que me arregle un poco, por lo menos –pidió.
-No tardes –dijo solamente y luego de darle otro pico, Charlie se dirigió a su cuarto, subiendo las escaleras.

Charlie se deshizo de la liga que amarraba su cabello, dejando caer su melena ondulada sobre sus hombros. Se había cambiado completamente de ropa, optando por unos skinny jeans de un azul profundo que se pegaban a sus tobillos en la parte de abajo y una blusa strapple color turquesa, pues la primavera comenzaba a hacer que los días fueran calurosos, aún en Alemania. Se retocó el maquillaje y por último abrió el alhajero que tenía sobre el tocador, buscó con la mirada el brazalete de Cynthia y sin querer, sus ojos se posaron en la cadena que Ed le había regalado hace tiempo. No pudo evitar preguntarse qué habrá sido de él, parecía que se lo hubiese tragado la tierra desde aquella vez que se lo toparon en Berlín; era muy sospechoso, pero bueno, no estaba en ella averiguar dónde se había metido. “Así está mejor”, pensó, "Si sólo se aparece para causar problemas, por mi, que no aparezca de nuevo". Cerró el alhajero con un golpecito y se dirigió a la planta baja.

-¿Me dirás a dónde vamos? –preguntó impaciente, una vez que Tom había cerrado la puerta del Cadillac y se disponía a encender el motor.
-Bueno, ¿Qué no entiendes lo que es una sorpresa?
-Mmm... ¡Oh vamos! ¡Dame algunas pistas!
-Es un lugar grande –sonrió ante la ambigüedad de sus palabras.
-¿Lejos?
-Sí, un poco.
-¿Hay mucha gente?
-No lo sé… Supongo…
-¿Cómo se llama?
-No voy a decirte como se llama, o adivinarás –replicó Tom, tornándose inquieto por el interrogatorio. Charlie guardó silencio, pensando qué lugar podría ser.
-Aww… Pues no tengo ni la más mínima idea.
-Es algo que quiero regalarte… –La pelinegra dio un bote y abrió los ojos exageradamente.
-¡¿V-vas a regalarme un lugar?!! –se exaltó, intentando que su imaginación no volara sin control. Al final no pudo evitarlo y su cerebro le mostró una escena de ella misma en una casa de campo junto a Tom… Pero… ¡Pero no! ¡No podía ser! Era algo tonto, poco realista, sería un hermoso sueño, pero no era posible. ¿O si?
-Algo así –se limitó a contestar, mirándola de reojo sin quitar atención a la calle.

Con tan solo esas pocas pistas, Charlie no podía imaginar otra cosa; su mente divagaba en la incertidumbre, en ocasiones negándose a cualquier fantasía. Comenzó a sentirse intranquila y ansiosa. Se dio cuenta que tal vez preguntar no había sido la mejor idea, pues ahora la espera sería mucho más larga. Tom encendió el reproductor en volumen bajo, murmurando en veces alguna que otra frase de las canciones de hip hop que sonaban una tras otra. Charlie sólo lo miraba y cuando sus miradas se cruzaban, sonreían.

-Y ¿Por qué vas a regalarme algo? ¿Hoy es un día especial?
-No, para nada. –respondió Tom, sereno. –Digamos que es un premio, por tu avance con la fobia…
-Oh… –sintió sus mejillas acalorarse, mientras un brote de alegría le llenaba.

Tom podía tener una imagen de chico rudo, la cual mantenía en la banda, pero en ocasiones podía ser todo un dulce, incluso mucho más tierno que la misma Charlie.

-¿Falta mucho? –preguntó, cuando vio que Tom doblaba en una esquina para tomar la salida hacia la autopista. Un bostezo hizo que ella se llevara la mano a la boca, sintiendo los párpados pesados.
-Puedes dormir si quieres, creo que aún falta un buen pedazo –sugirió Tom, mirándola cariñosamente.
-¿Estás seguro?
-Sí, así es mejor, porque no verás la sorpresa cuando lleguemos –respondió contento.

Charlie le sonrió y le besó en la mejilla antes de acomodarse en el asiento y cerrar los ojos. La música era casi un susurro y el movimiento de la camioneta en marcha le arrullaban de manera abrumadora. Cayó en un profundo sueño, siendo observada tiernamente por Tom sin darse cuenta.

Charlie reconoció la sala de estar de su antigua casa en Leipzig. La chimenea apagada, el tapiz descolorido y los viejos sillones incómodos y pequeños le daban la bienvenida a lo que durante muchos años fue su hogar. Los ruidos en la segunda planta llamaron su atención; parecía que se desarrollaba una gran pelea allá arriba, gritos, golpes y escándalo era lo que podía distinguirse. Quiso subir a ver que pasaba, pero no pudo. Miró al suelo, sus pies estaban pegados a éste, impidiéndole moverse. Se giró en todas direcciones, buscando algo, alguien; hasta que finalmente, cerca de la entrada, pudo divisar a una persona.
Suspiró aliviada al ver a Tom, de pie en el recibidor. No sabía qué diablos pintaba Tom allí, pero le tranquilizaba verlo. Ella sonrió, y él devolvió la sonrisa. Charlie quiso caminar hasta él, pero sus pies seguían atrapados en esa casa del pasado. Con mucho esfuerzo, dio un paso y se tambaleó; hizo acopio de todas sus fuerzas una vez más y dio un segundo paso, Tom le esperaba, para salir de allí juntos. El tercer paso se hizo más ligero, y acortó la distancia entre ellos. Tom extendió una mano, animándola a seguir, pero el cuarto paso le fue irrealizable; algo sostenía sus tobillos, pegando sus pies al piso. De la nada, Elliot apareció ante ella, interponiéndose en su camino. Intentó esquivarlo, sacarle la vuelta, incluso derribarlo, pero su hermano siempre había sido mucho más fuerte que ella. Podía ver a Tom por encima del hombro de su hermano; el guitarrista tenía ahora la mirada gacha. Sintió ser arrastrada en dirección contraria. Elliot la estaba separando de Tom. Si bien no era miedo lo que sentía, se dio cuenta que separarse de Tom sería la peor pesadilla de todas.



Y nunca imaginó que sus pesadillas podrían volverse una realidad en cualquier momento.

Se estremeció en el asiento, y despertó al escuchar la voz de Tom, llamándole. Sí, había sido un sueño y no podía sentirse más aliviada de haber despertado, para ver el rostro de… Interrumpió el hilo de sus pensamientos al notar que no podía ver nada.

-¿Tom? ¿Qué diablos…? –trató de incorporarse a ciegas, al tiempo que escuchaba las risitas del rastas. – ¡Tom!!
-Lo siento. Te he puesto una venda en los ojos, no quería que vieras –dijo, apenas pudiendo contener las risas que amenazaban con salir de su garganta.
-¿Ya llegamos? –preguntó con curiosidad.
-Así es, pero aún no puedes ver… Continuaremos a pie.
-Ajá, y yo ciega, ¿Cómo se supone que voy a caminar? –reclamó en broma.
-No lo harás –declaró y seguido a esto, Charlie sintió a Tom dándole la espalda muy cerca de ella. Tomó los brazos de Charlie y los pasó alrededor de su cuello –Sujétate –ordenó, antes de aferrarla por las piernas y llevarla en su espalda, como la vez que hace unos meses, ella se había hecho daño en la planta del pie.
-Tom, puedo caminar –se quejó la chica. –Y ¿No debería bajar de peso? –preguntó con sarcasmo, recordándole el comentario.
-Así tardaremos menos –afirmó sonriendo, y emprendió el camino, moviéndose livianamente por el terreno.

1 coments.:

Ccyy Kaulitz dijo...

QEEEEEEEEEEEEEEEEEEE?!!!
COMOO KEE SEE AKABAA EL FIIC
NOOOOOOOOO!!
ESTAA DE LO MAS COOL
TAN PRONTHOO?!!
NOOO T___________T
ESPEROO CON ANSIIAAS
KE PODRA SEER LO DE SIMONEE
PK SUS SUEÑOS??


KE LE VA A REGALAR TOOM!!?
IA KIIERO SABEER!!

ESPEROO SUBEE PRONTOO! :D


 
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