-¿Un… Un hospital abandonado? –cuestionó Bill, tragando saliva.
-Éste hospital fue usado por los nazis durante la segunda guerra mundial –mencionó Blue, entrando en la abandonada edificación, seguida en silencio por el resto del equipo. –Aquí era donde atendían a los heridos de guerra, y donde murieron la mayoría de ellos –continuó, advirtiendo cómo el ambiente se ponía cada vez más tenso. –Se dice que en las noches se alcanzan a escuchar los gritos de dolor que proferían…
-Blue… –le cortó Charlie, mirándola con reproche.
-Oh vamos Char, tú no tienes miedo, ¿O sí?
-No –negó, encogiéndose de hombros y lanzó una mirada a Tom, que le sonrió con complicidad. “El lugar es demasiado amplio”, pensó Charlie, teniendo en cuenta su único miedo.
-¡Vamos chicos! –alentó Blue al resto del staff, quienes se apresuraron a acomodar reflectores, sombrillas y demás, siguiendo las instrucciones de Charlie; mientras entre Natalie y Giselle, comenzaban a preparar a la banda.
El aire que se respiraba en todo el lugar era frío y pesado, más de lo normal. Había grandes habitaciones de techos abovedados, paredes blancas, enmarcadas con ladrillos rojos y una arquitectura típica de la Alemania antigua. Un pasillo con arcos que daba a un pequeño jardín poblado de vegetación, fue utilizado a la perfección por la fotógrafa, sacando la toma desde la planta inferior, logrando un ángulo poco usual, pero que hacía ver a la agrupación imponente.
Estuvieron allí todo el día, haciendo pequeñas pausas para comer, o también para cambiar de escena, de vestuario o retocar el maquillaje. Los chicos estaban cooperativos y alegres, siguiendo las indicaciones de Charlie, quien hacía lo posible por aproximarse al concepto que Blue ya tenía establecido, sin presionarlos exageradamente.
-Muy bien chicos, éstas son las últimas tomas –anunció con alivio, observando que el sol estaba por ponerse, y queriendo aprovechar esos últimos rayos áureos que parecían provenir de otra realidad. Hubo un momento en que todos se quedaron en silencio, consiguiendo escuchar el ruidoso chasquido de la cámara tradicional al efectuar la fotografía. Consumado el atardecer, y ante la ausencia de electricidad en el lugar, pronto se quedaron a oscuras. Tom y Georg usaron en su beneficio el ahora muy evidente nerviosismo de Bill para molestarlo, emitiendo sonidos raros que le ponían los pelos de punta al vocalista.
-Es hora de irnos, recojan todo –mandó Blue, levantando la voz por encima de las risas de los chicos. –Dejen de jugar –les reprendió, yendo junto con el staff para ayudar a recoger las cosas. Los chicos agradecieron sus minutos libres antes de regresar, los cuales fueron muy bien aprovechados por Giselle y Georg para ponerse cariñosos, mientras los demás les hacían burla. Charlie quiso utilizar las últimas fotografías que le habían sobrado, así que comenzó a fotografiar a los chicos en su estado natural: haciendo el tonto. Tom seguía soltando ruidos y gruñidos, que en la oscuridad del tétrico lugar, parecían algo más que un intento de asustar a su hermano menor. Giselle pronto se contagió del nerviosismo de Bill y se acercó más a Georg, mirando a todos lados. La banda y las chicas se habían quedado ellos solos en ésa área del edificio, que ahora lucía desierta y aterradora, muy diferente a la belleza que se distinguía durante el día. De repente, todos pudieron escuchar claramente una especie de gruñidos, lamentos y quejidos largos.
-¡TOM! ¡Es suficiente! ¡No es gracioso! –protestó Bill, girándose hacia su hermano para ver que éste tenía los ojos muy abiertos, un tanto asustado.
-No… No he sido yo –musitó, antes de sentir el flash de la cámara de Charlie, quien estaba feliz de captar la expresión del miedo en sus rostros.
-Nunca he visto una foto suya con éstas caras –apuntó su cámara con el dedo índice. Los ruidos se escucharon más fuerte, y ésta vez, Bill pudo estar seguro que no había sido ni Tom, ni Charlie.
-¡¡Georg!!! –chilló con voz temblorosa.
-¡¿Qué?!! –dijo separándose de Giselle.
-T-tamp-poco fue él –mencionó Tom, impresionado. –Gu… ¿Gustav? –preguntó esperanzado.
-Se fue desde hace rato a la van, quería descansar –contestó Charlie, pegándose a Tom, al ya no sentirse tan a gusto en ése macabro lugar. Los cinco se acercaron mutuamente, hasta quedar apiñados en el centro de la habitación de techo alto y paredes agrietadas. Guardaron silencio, aguzando el oído. Se sobresaltaron al escuchar un sonoro alarido desgarrador, seguido por lo que ellos pudieron entender como un:
-¡AAAAAAAAARGGH!! ¡¡DUELEEEEEEEE!! ¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAHHHHH!!! ¡¡¡UN DOCTOR, POR FAVOOOOOR!!!
La voz era de un hombre, se perdió en el denso silencio e hizo eco tanto en la habitación como en sus cabezas, acelerándoles el corazón, erizándoles la piel.
-¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!! –soltaron al mismo tiempo aterrados y salieron corriendo en la misma dirección. Se amontonaron todos juntos dentro de la van, aplastando a Gustav y pidieron al conductor que los sacara de allí lo antes posible.
-¡Ya basta, Ron!! ¡No seas exagerado! –le regañaba Blue al miembro más nuevo del staff. –Tan sólo te ha caído la caja en el pie, no necesitas un doctor –añadió molesta y roló los ojos. –Iré por los chicos –avanzó hacia la habitación más cercana y tan sólo los vio salir corriendo. – ¿Y ahora qué les picó? –se preguntó confundida.
-¡AAAAAAAAAAAAH!! –escuchó y dio un respingo.
-¡Y ¿Ahora qué?! –espetó a Ron. Se giró y vio al pobre hombre con un montón de cajas encima, y a Crash tirado a un lado de éste. –¡¡Dios!!!! ¡Quieren volverme loca!!! –exclamó enfadada y fue a ayudarles.
Los chicos no fueron capaces de calmarse en el hotel, y por más que Blue intentaba convencerlos de que no habían escuchado los lamentos de un fallecido herido de guerra, tanto la banda como las chicas no podían aminorar su paranoia.
-¡Vale ya!!! –gritó exasperada. – ¡Levántense! ¡Nos vamos de fiesta ésta noche!!
-¡Justo acabamos de vivir una experiencia sobrenatural! ¡¿Y tú te quieres ir de fiesta?! –reclamó Bill, aún temblando ligeramente.
-¡No vivieron nada sobrenatural!!
-¡Pero…!
-¡Bill!! ¡¿No quieres ir al Berghain/Panorama Bar?! –se hizo un silencio, en el que el cantante se mostró interesado. –Así es Bill, el Berghain/Panorama, el lugar más popular y exclusivo de Berlín –comentó, tentándolo y ocasionando que los demás prestaran atención.
-No hay manera de entrar –atajó el pelinegro, volviendo a su actitud nerviosa.
-¿Ah no? Y… ¿Y si te digo que hoy en la mañana hice unas cuantas llamadas?
-Que no. No tienen lista en la puerta, ni entrada VIP…
-Se ve que quieres ir hermanito –intervino Tom. –Te informaste bien.
-Pues ni tan bien, porque sí que tienen entrada VIP, claro que hay que pagar un precio y tener algunos contactos –explicó Blue enigmáticamente. –Bien, ya que no quieres ir, mañana te cuento cómo es… –se encaminó a la puerta y contó mentalmente: Tres, dos, uno…
-¡Alto!! –le llamó Bill. – ¿Estás hablando enserio?
-Por supuesto que sí, el dueño es mi amigo, y hoy lo he llamado para… Saludar, tú sabes –eso último sonó un poco sospechoso, además de que las mejillas de Blue se sonrojaron un poco. – ¿Entonces? ¿Dejarán ya de lloriquear?
-¡Vamos!! –saltó el pelinegro, sin rastro de temor en sus ojos y muy feliz de ir a conocer ese mítico lugar. Los demás compartieron una mirada.
-Dennos unos minutos –pidió Giselle, señalando a Charlie y ella, que no iban muy bien arregladas. El resto asintió de acuerdo.
-¡¡¡¡Sí!!! –celebró Bill, aplaudiendo con gracia.
Tanto las chicas, como Bill, se encerraron en su habitación por más de veinte minutos para arreglarse, llegando a exasperar a los chicos, que esperaban en el lobby del hotel. Giselle se soltó el cabello, para luego colocar una linda peineta decorada con algunas plumas blancas y brillantes, que resaltaban sobre el rojo de sus rulos; para combinar, se vistió con una blusa blanca de tela ligera, que dejaba uno de sus hombros al descubierto y se ceñía a su cintura, una mini de mezclilla ajustada y sandalias de tacón alto blancas. Charlie por su parte, eligió unos pantalones negros, entubados, y un par de botas rojas; del mismo color era la blusa de tirantes anchos que se unían en uno solo al bajar por su espalda, con gráficos color negro decorando el frente de la prenda; su cabellera caía, larga y ondulada, como siempre, a excepción del flequillo que se encargó de alisar y acomodar hacia un lado, para luego colocarse sombras negras en los párpados, delineador y máscara para pestañas.
-Wow… –exclamó Giselle al verla a través del espejo. –Yo lo llamaría… “A la Bill” –dijo y se echó a reír, causando la risa de Charlie. – ¡Es verdad! Ya sólo te falta el “Billacure” en las uñas y listo –añadió, tomándole una mano para evaluarle las uñas.
-No hay tiempo ya –se excusó, retirando su mano de entre las de su amiga.
-Bien, pero te hace falta algo –insistió Giselle.
-¿Qué? –quiso saber Charlie, examinándose en el espejo.
-La blusa que llevas es de cuello simple, por lo que deberías llevar un accesorio…
-¿Cómo qué?
-¿No tendrás una cadena o algo?
Al instante, Charlie recordó la cadena que había recibido por parte de Edward, y que afortunadamente, había decidido llevar con ella en ese corto viaje. Fue a sacarla de su maleta, retiró la letra “E” metálica que colgaba de la cadena y se la colocó al cuello; se miró una vez más: le gustaba la cadena, no el dije que colgaba de ella, era sencilla, pero daba el toque perfecto.
-¿Nos vamos? –instó Giselle, abriendo la puerta de la habitación.
-Sí –contestó, encaminándose hacia el pasillo y guardando inconcientemente la letra “E” en el bolsillo de su pantalón.
La música, principalmente techno y minimalista sonaba a todo volumen, escuchándose incluso a unas cuantas cuadras a la redonda, afuera del lugar. Al llegar, pudieron apreciar la larga fila que se extendía hasta dar una vuelta, formada por todas las personas que deseaban entrar en el tan exclusivo bar. Blue les hizo esperar un poco, mientras se acercaba a hablar con el guardia; segundos después les hizo una señal de que podían acercarse, por lo que los chicos se adelantaron, dejando atrás a Charlie y Tom, que parecía que no tenían muchas ganas de entrar.
-¡¡Hey!! ¡Charlie!! –escucharon la voz lozana de un joven tras ellos. Ambos se giraron, topándose de frente con Edward, que les sonreía amablemente. Tom hizo una mueca, y Charlie se tensó un poco.
-¿Ed? ¿Qué haces aquí?
-Eh… Vine a visitar a un amigo, ¿Y tú?
-Trabajo, vinimos a tomar unas fotos –explicó rápidamente.
-¿Fotos? En éste bar no dejan tomar fotos –avisó, un tanto preocupado.
-Eehm… ¡No! No… Las fotos ya las hemos tomado, ahora sólo vamos a divertirnos –esclareció. Tom se había mantenido en silencio, tan sólo reuniendo toda su fuerza de voluntad para no lanzarse encima de aquel ojiverde de actitud tan sospechosa, como a él le parecía. Ed dirigió su mirada hacia abajo, percatándose de que Charlie y Tom iban tomados de la mano.
-Por cierto, ¿Ya le diste la noticia? –preguntó Tom, sonriendo con superioridad.
-Eh… ¡Ed! Tom y yo estamos juntos –anunció la pelinegra, mostrando una amplia sonrisa.
-Oh, ¿En verdad?
-Sí –las mejillas de Charlie se tiñeron de rojo.
-¡Pues felicidades! –expresó con gusto. –Bueno, aunque no lo parece… –criticó, retando a Tom con la mirada, quien le mostró una cara de odio.
-Eh… Bueno… Pues… Tom, los chicos nos esperan adentro –apuntó Charlie, sabiendo que la situación podría ponerse fea. –Adiós Ed…
-Adiós –dijo él – ¡Oh! Casi lo olvido… Me alegra que lleves la cadena –puntualizó, señalando el accesorio en su cuello. Le besó en la mejilla y se retiró en dirección opuesta a la de ellos, buscando un lugar entre la larga cola para entrar.
Sin darle tiempo a Tom para alegar, Charlie caminó velozmente hasta la entrada, donde un hombre corpulento mantenía la puerta abierta para cederle el paso.
-¿Ves a ese tipo rubio? –indicó Tom al guardia, quien asintió en silencio. –Nos está molestando, no lo dejes entrar –ordenó, y el guardia inclinó la cabeza, acatando la orden. Antes de entrar, el guitarrista pudo ver que Edward le miraba fijamente, sonriendo con confianza, antes de que el guardia fuera a sacarlo de la fila. Ed le miró nuevamente, sonrió y se marchó de allí, dejando a un inquieto Tom en la puerta del bar.
-Nos arruinaste la noche, Edward –reclamó una sexy y escultural chica de piel morena, sentada al volante del deportivo en el que Ed acababa de subir.
-Volvamos al hotel, no tenía ganas de estar con mucha gente de todas formas, prefiero que lo hagamos en privado –contestó, comiéndole el cuello a besos.
-Haberlo dicho antes, no me hubiera arreglado tanto –dijo ella, encendiendo el motor del auto.
-Estás preciosa, así me pones más… –. La chica pisó el acelerador a fondo, partiendo de ese lugar con un estridente rechinar de llantas.
Dentro, Bill estaba sumamente emocionado, miraba todo y a todos con una enorme sonrisa infantil en el rostro, realmente impresionado por el estilo y la exclusividad del lugar. El dueño había preparado una mesa especial para Blue y compañía, así que los chicos tomaron asiento y no tardaron en ordenar la primera ronda de bebidas. En esa parte del local, la música no sonaba tan fuerte, por lo que pudieron charlar animadamente entre todos. Gustav se mostraba reacio a creerles a Bill y Charlie que habían escuchado el lamento de un fantasma, y éstos dos últimos intentaban convencerlo por todos los medios. Tom, un poco ausente, pidió su segunda cerveza y apuró la botella a su boca, para luego girarse y poner atención a lo que Georg platicaba para todo el grupo.
Llevaban un buen rato de conversación y bebidas, cuando Blue pidió a Charlie que la acompañara a la barra, pues quería presentarle a su amigo, el dueño. Era bien sabido en el mundillo de los negocios, que el dueño del Berghain/Panorama nunca dejaba que tomaran fotografías al interior de su bar. Sin embargo, Blue quería unas cuantas fotos de los Tokio en el lugar, que luego podría usar, quizás para el disco o para algún otro tipo de publicidad. Hablaron con el hombre, que a pesar de ser de mediana edad, lucía muy joven, y luego de una ardua labor de convencimiento, consiguieron un: –Tal vez, pero en otra ocasión. –Charlie inclinó la cabeza en señal de aceptación, se despidió educadamente y se retiró, dejando a una testaruda Blue a solas con el dueño. La pelinegra se volvió una vez más para admirar cómo se las ingeniaba su amiga para convencer al tipo, usando sus atributos y coqueteándole a más no poder. Siguió caminando distraídamente, mientras reía con gracia, cuando de pronto, uno de los meseros tropezó con una bandeja llena de tragos en su mano.
-¡Cuidado! –alcanzó a escuchar, antes de ser tomada por la cintura y jalada fuera de la trayectoria del mesero a tiempo. Cuando abrió los ojos de nuevo, se encontró abrazada a Crash.
-¡¿Crash?! –exclamó sorprendida. – ¡¿Y esos reflejos?!! ¡¿De dónde salieron?!! –interrogó, recordando la torpeza del joven.
-No soy tan torpe como todos creen –respondió, sonriendo de medio lado.
-Pero… ¡Yo te vi!! ¡En el estudio!! ¡Siempre tiras todo y…!!
-No siempre –se defendió, alzando ambas cejas. –Sólo cuando… –se detuvo y miró a Blue a lo lejos.
-Sólo cuando Blue está cerca –completó Charlie, observando la tristeza en los ojos del joven, que miraba a la distancia cómo la persona que más quería, coqueteaba con un adinerado dueño de un bar.
Charlie notó la sólida superficie de una puerta tras su espalda, abrió los ojos y miró sorprendida que ya no estaban en el bar, sino de vuelta en el hotel. Sintió una especie de cosquilleo, bajó la mirada y se topó con Tom jugando en su cuello, haciéndole cosquillas con su respiración. No sabía exactamente cómo habían llegado hasta allí, o si sus compañeros habrían vuelto ya, pero en realidad no le importaba; en ése momento sólo podía pensar en los labios de Tom subiendo por su barbilla hasta encontrar los de ella, en sus manos que la sujetaban fuerte, una en su nuca y la otra un poco más debajo de su cintura; se concentraba en sentir su acalorado cuerpo presionando fuerte contra el suyo, en su aroma, en su calor. Tom seguía enfadado por encuentro con Edward, y lo demostraba con sus besos, que eran salvajes, rabiosos, lo que ocasionaba que la pasión creciera entre los dos. Ambos se detuvieron para tomar aire, sonriéndose aún sin despegar sus labios. Una idea surcó sus mentes velozmente, acrecentando la excitación de ambos y ocasionando que se miraran con fervor. Rieron cómplices de lo que parecía ser su próxima travesura. A tientas, Tom encontró el pomo de la puerta y entraron a trompicones en lo que era su suite del hotel, riendo descontroladamente.
-Shhhhh… –acallaba Charlie, mordiéndose el labio para contener la carcajada, gesto que encendió aún más a Tom. La alzó por la cintura, sintiendo cómo ella enroscaba sus piernas alrededor de su torso, al tiempo que se besaban nuevamente, dejándose llevar por el placer y unas cuantas copas de más. Habían tomado tanto, que ninguno de los dos se concentraba en darle a ese primer encuentro algún tipo de toque especial, sino que lo veían sólo como un paso más en su relación. Tom caminó con Charlie pegada a su cuerpo como un koala, hasta depositarla juguetonamente en la cama, tendiéndose sobre ella. Recorrió sus labios dulcemente, mientras sentía cómo su chica le sacaba la gorra con cuidado, y seguidamente se deshacía de la banda; se apartó un poco para verla a la cara. Sonrieron. Todo estaba nublado, borroso, parecía una fantasía, como si no estuviesen allí, como si no fueran ellos mismos en ese momento. Un escalofrío recorrió la piel de la pelinegra y se encontró a sí misma sin blusa, con las manos de Tom recorriéndole el torso, transmitiéndole su deseo con delicadas caricias y sus labios bajando pausadamente a través de su pecho. Sintió al guitarrista detener sus manos en el borde de su pantalón, sólo para juguetear con las yemas de sus dedos sobre su vientre; Charlie volvió a morderse el labio para no soltar un gemido. Tom desabrochó el botón e introdujo las manos en los pequeños bolsillos del pantalón para intentar jalarlo hacia abajo, encontrándose con algo metálico dentro de uno de éstos; sonrió sin imaginar lo que iba a encontrar, extrajo el dije con cuidado, lo examinó unos minutos y supo reconocerlo bien. El alcohol aminoró su efecto en un microsegundo y Tom sintió como si de una bofetada le hubiesen dejado sobrio, advirtiendo cómo todo el ambiente apasionado desaparecía de golpe, dando paso a una rabia que ya venía cargando desde hacía varios días. Charlie se incorporó en la cama para verlo avanzar de prisa hacia el balcón de la suite con el dije dentro de su puño cerrado.
-Tom… ¿Tom? ¡TOM! ¡Espera!! –salió de la cama rápidamente, siguiéndole hasta el balcón, y logrando detener su brazo que se disponía a arrojar la pequeña letra plateada. – ¡Alto!! ¡Espera!! –forcejeó contra los marcados músculos del guitarrista, hasta que Tom desistió de arrojar el objeto.
-¡¿Qué significa esto?!! –cuestionó, abriendo el puño y señalando el pendiente con la otra mano.
-¡Nada!! ¡No significa nada!! –contestó ella, arrancándole el dije de la mano.
-¡¡Oh por favor!! –emitió un grito desesperado. – ¡No mientas!! ¿Por qué lo llevas contigo, entonces? ¡¿Una “E”?!! ¡Por Dios, Charlie!!! ¡No soy estúpido!!
-¡Pareces uno gritándome de este modo!! –espetó molesta. –Dios Tom –continuó, bajando el tono. –No tiene importancia… Quería usar la cadena, ¿Sí? Porque me gusta solamente… El dije no supe dónde dejarlo y me lo guardé… eso es todo… ¿Ves que no tiene importancia?
-¿Quisiste usar la cadena? –refutó incrédulo.
-¡Sí!!!
-¡Pues no debiste!!
-¡¿Por qué?!
-¡Por que ese tipo se ha dado cuenta!!! –le recordó el comentario de Ed afuera del bar. – ¡Ahora creerá que te importa!!
-Me importa, es mi amigo… –dijo más calmada, sintiendo el frío de la noche, percatándose de que iba sólo en sujetador y con el pantalón a medio abrochar.
-¡¡Pero ¿Qué no te das cuenta?! ¡Ese tipo está obsesionado contigo!!
-¡¿Qué?! –gritó, mirándole como si estuviera loco.
-¡¿Cómo diablos nos encontró, ah?!! ¡¿Por casualidad?!! ¡Por supuesto que no!! ¡Nos siguió hasta aquí!!
-¡Tom!! ¡No seas paranoico!!
-¡¿Paranoico?! –exclamó ofendido.
-Estás exagerando –acusó, yendo al interior para buscar y colocarse la blusa.
-¡No estoy exagerando!! –se defendió, siguiéndola hasta la habitación.
-Estás exagerando al ponerte así por un simple collar…
-¡No es por el collar! ¡¿Por qué no puedes entender que ese Edward no me agrada?! ¡Bill también sospecha de él!!
-¡Pues no tiene que agradarles a ustedes!! ¡Es amigo mío, no suyo! –puntualizó hablando con poca seguridad; vale, que ella tampoco confiaba en Ed, pero sin duda le había sacado de muchos aprietos y nunca había hecho nada para lastimarla.
-¡Vete con él, entonces!! ¡A ver si él te saca de los elevadores y le cuentas tus miedos!! –soltó sin pensar, arrepintiéndose de inmediato. Eso fue un golpe bajo.
-¡Bien!!! ¡Lo haré!! –su voz se quebró en la última palabra, impidiéndole ocultar el nudo en su garganta y el dolor que habían causado esas palabras en su corazón.
-¡Vete entonces!! –alegó Tom sin mirarla a los ojos, no podía resistirlo; sin embargo, su orgullo sobrepasaba sus límites en esos momentos. – ¡Y no quiero que vuel…! –Charlie azotó la puerta tras de sí, dejándole con la palabra en la boca. –…vas a verlo –terminó la frase, bajando la mirada pesadamente y dejándose caer en la cama. ¿Qué había hecho?
Charlie pasó su puño cerrado por sus ojos, conteniendo el torrente de lágrimas antes de que éstas salieran. Respiró hondo, deteniéndose frente a la habitación que compartía con Giselle. Dudó unos instantes y luego cambió de idea, no quería que la pelirroja la atacara con un interrogatorio, así que bajó al bar del hotel y fue a sentarse en la barra, junto a un Bill que tenía las mejillas sonrojadas.
-¡¡Charlie!! –exclamó el vocalista, sonriéndole de oreja a oreja. –Oh Charlie, estás goteando –comentó y acercó un tembloroso dedo para limpiar la única lágrima que había logrado colarse en su mejilla, arrancándole una amarga sonrisa a la ojiazul.
-¿Desea algo de tomar? –preguntó el tendero, dirigiéndose a ella. Charlie suspiró, se encogió de hombros y asintió levemente.
-Deme lo mismo que a él –señaló a su amigo, quien parecía no tener fondo.
-¡Que sean dos! ¡Yo invito! –dijo Bill, frunciendo el ceño con gracia, a lo que el tendero sonrió.
-Bill…
-¿Qué? –se giró hacia ella.
-Gracias –finalizó y se inclinó para abrazarle fuerte.
-Aquí están las fotografías –mencionó Charlie, tendiéndole un sobre a David. Se encontraban en la oficina de éste último, sólo Blue y ella, dando el reporte de trabajo en la locación. Blue aseguró a David que todo había sido perfecto y auguró un buen período de trabajo junto a Charlie.
-Vaya si eres eficiente –felicitó el manager, cogiendo el sobre y sonriendo con suficiencia.
-Gracias –se limitó a contestar un tanto apagada. – ¿Puedo retirarme ya?
-Claro, debes estar exhausta… Blue, ¿Te quedas para que veamos las fotos?
-Sí claro… Charlie, mañana tómate el día libre, yo te llamaré cuando te necesite, ¿Ok?
-Sí… –agradeció nuevamente y salió de allí arrastrando los pies. En la salita de la recepción le esperaba Gustav, quien se había ofrecido a llevarla a casa, luego de que Tom no le hubiera dirigido la palabra en todo el camino de regreso y que ella no le hubiera dirigido ni siquiera una mirada al guitarrista. Captando la tristeza en su mirada, Gustav se puso en pie para envolverla en uno de sus conocidos abrazos, los cuales Charlie no temía admitir que ya extrañaba; esa sensación de apoyo incondicional que sólo Gustav podía brindarle. La pelinegra sollozó entre sus brazos, enterrando su cara en el pecho de su amigo.
-¿Quieres hablar? –preguntó, indagando en su mirada. Ella asintió cansadamente. – ¿Me cuentas en el camino?
-Ya te extrañaba –soltó sonriendo de medio lado. –A Cynthia también la extraño… –comentó con melancolía, haciendo encender una bombilla en el cerebro de Gus.
-Oh Char –comenzó apenado. –No te hemos prestado atención desde que ella y yo…
-No importa –negó rápidamente con la cabeza. –No tienen la obligación de hacerlo, y me alegra que estén juntos… ¿Nos vamos?
Tardaron más bien poco en llegar al auto del baterista, subieron y arrancaron camino a casa de Charlie. Las maletas ya habían sido depositadas en la cajuela y el camino se hizo largo, por lo que Charlie pudo desahogarse con el que ella consideraba su segundo hermano.
-Tom es idiota –concluyó Gus, a lo que Charlie soltó una risita.
-Lo sé pero…
-Oh, no me digas que le das la razón…
-Claro que no… Si se la hubiese dado no estaríamos peleados…
-¿Entonces?
-Que en parte entiendo su desconfianza hacia Edward… Vamos, que ni yo misma confío en él, tiene un algo que me hace tomar distancia…
-Aah –frunció el ceño con las manos en el volante. –Pues si te da problemas, sabes que puedes contar conmigo.
-Gracias, Gus –dijo una vez más, mientras él aparcaba frente a la modesta casa en un barrio de clase media de la ciudad. Bajaron las escasas maletas de la chica, se despidieron y Gustav partió, desapareciendo su auto en la siguiente curva de la carretera.
Charlie arrastró sus maletas a través del sendero de pavimento hasta llegar al pórtico, donde se detuvo para sacar las llaves y abrir la puerta lentamente. Ni siquiera tenía noción del día o la hora que era, por lo que no sabía si Frank estaría allí para recibirla. Entró, dejando las maletas en el vestíbulo y sintiendo un extraño vacío en la casa. Se abrazó a sí misma, frotando sus brazos para darse calor ante la baja de temperatura. Que raro, pensó. Cerró la puerta y se dirigió a su habitación, donde encontró todo tal y como lo había dejado. Su cama estaba hecha, la poca ropa que no se había llevado permanecía en su lugar y una ligera capa de polvo cubría los muebles. En la mesita de noche reposaba el alhajero y la vieja cámara de su madre, ambos descompuestos. Los contempló unos minutos, preguntando mentalmente a su madre qué debería hacer con Tom. Al no recibir respuesta, y ser interrumpida por el gruñir de sus tripas, bajó a la cocina a por alguna fruta. Se paseó por ahí con una manzana en la mano, hasta que reparó en la máquina contestadora situada en una orilla de la barra; el foco estaba parpadeando, marcando que alguien había dejado un mensaje. Pulsó play para reproducirlos. Escuchó el tono, seguido de una voz familiar.
“-¿Charlie? Buen día, soy yo, John. Lo sé, no quería molestarte, pero me pregunto si has sabido algo de Edward; no ha venido a trabajar y no hemos sabido nada de él, comienza a preocuparme. Te aviso porque eras la que mejor se llevaba con él. Llámame. Adiós.”
La frente de Charlie se arrugó pensativa, al tiempo que mordía la manzana. Ed no había mencionado nada del trabajo cuando se lo topó en Berlín. Se escuchó de nuevo el tono y comenzó el segundo y último mensaje en la grabación.
“-Charlotte, hija” –Era la voz de Frank. –“Dios, no sé cómo decirte esto… Sé que prometí que viviríamos como una familia normal, sé que dije que dejaríamos de viajar, que nos estableceríamos, pero ¿Sabes? Ya no lo soporto. He estado viajando por más de la mitad de mi vida, y me he dado cuenta que soy un alma libre, que no puedo soportar vivir en un solo lugar sin que mi corazón se sienta atado. Hija, te amo más que nada en el mundo, sabes que eres lo único bueno que hay en mi vida, sin olvidar el recuerdo de tu madre, que es lo único que me queda. Sé que no fui un padre ejemplar, y que de haber estado allí, tal vez tu vida sería muy diferente, incluso habrías tenido una buena vida. Sin embargo, a pesar de todo, te has convertido en una mujer de bien, independiente, madura y valiente, que puede valerse por sí misma. Ahora tienes un trabajo seguro y con el que podrás mantenerte, además de que estás haciendo realidad tu sueño por medio de éste empleo. Verás… Me han hecho una oferta de trabajo. Un largo viaje por toda Alemania y parte de Francia. La paga es buena, pero no he aceptado por eso. Simplemente quise tomarlo como mi último viaje antes de retirarme, mi oportunidad para perderme de nuevo en los parajes alemanes, en los paisajes de la carretera que parecieran creados especialmente para mí. Durará unos cuantos meses, incluso puede alargarse, no lo sé, pero me hace sentir joven otra vez… Estabas tan emocionada por tu viaje a Berlín y yo no sabía cómo decírtelo, así que no lo hice. Lo siento. Aproveché tu ausencia para hacer mis maletas y salí antes de que volvieras, porque creo que mi corazón no soportaría despedirse de esos ojos que me mirarían llenos de tristeza. Cobarde, eso es lo que soy. No soportaría decirte adiós y por eso no lo hice, pero descuida, porque volveré, y eso es lo que me anima a seguir con esto. Abrí una cuenta a tu nombre y estaré depositando allí parte de mi paga, para asegurarme de que no te falte nada. Sé que no estarás sola, pude comprobar que hay mucha gente a tu alrededor que te quiere y se preocupa por ti. Y cielos… pensé que no alcanzaría la cinta de grabación para todo el mensaje… Te quiero hija, te veré pronto. Hasta luego. BEEEEEEP Usted no tiene nuevos mensajes.”
Una lágrima surcó el rostro de Charlie a toda velocidad, dejando tan sólo un rastro húmedo sobre su mejilla. Salió disparada hacia las escaleras, subiendo los escalones a toda prisa, tropezando en los últimos antes de llegar a la segunda planta. Corrió desesperada hasta el final del pasillo y entró en la habitación a su derecha, encontrándola quieta, estática y lo peor de todo: vacía. Sintió sus rodillas flaquear, pero no se dejó caer. Entró armando un desastre, abriendo todos los cajones y puertas de clóset a su paso, descubriendo la ausencia de las cosas que allí deberían guardarse. Sacó furiosa las sábanas de la cama hecha y tiró todo lo que había sobre la mesita de noche al suelo, estampando todo contra la alfombra. Abrió el último cajón que planeaba arrojar contra el piso, y descubrió una sola fotografía; Rosalie, su madre, le miraba con sus ojos azules llenos de compasión desde el cartoncillo que sostenía entre sus dedos. Fue demasiado. Sintió un nudo en el pecho, para luego estallar en llanto. Se dejó caer en la cama de su padre y lloró amargamente con la mandíbula tan apretada, que al cabo de unas horas estaba adolorida; pero sus ojos no cesaban de derramar lágrimas, y se dio permiso de llorar, llorar todo lo que pudiera llorar en ese momento porque a partir de ahora, estaría sola y tenía que ser valiente.
lunes, 4 de enero de 2010
Capítulo 21
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The Nightmares Come True
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1 coments.:
Yeei me alegra ke ayas actualizado
la pagina ke desde la semana pasada ke me lei los capitulos no podiaa comentar.. :/
nosee no me apareciaa el de comentarios D:
pero ia ia pudee! *o*
pobree charliee!!! i loegho se pelioo con Toomm ToT!! pobre pobre :( :(
maldito edward ¬o¬9 ke me lo agarro ahorita mismoo!! ..77 i me agarro a Tom por ser un celoso, pero a la ves es tan lindo *o*
en fin...
estoo en resumen es TIENES QUE SUBIR PK IA NO AGUANTO!! xD
besitoos cdtt se te qiieree! :D
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