SoSoon: No tengo nada en contra de que Andreas se enamore de Bill xD pero para esta historia no lo he planeado así. Claro que lo hice con la intención de que sospecharan algo parecido, porque Tom también sospecha eso xDD
El Tom que hice en este fic es muy tierno, yo creo que el real no es tanto asi xD jajaja pero bueno, se vale soñar xD Y Charlie no es mala, pero tuvo la mala suerte de tener algo que ver con Elliot...
Aclaración... Cuando salen los tres asteriscos, así *** y luego sale la letra en cursiva se trata de cosas que los personajes recuerdan, como un flashback.
Y ahora... Después de haber quedado pegajosas con TANTA MIEL se vienen las complicaciones juju
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Charlie salió del edificio y estuvo esperando por un taxi, pero nada. Luego de unos minutos, movida por la desesperación, empezó a caminar de un lado a otro, haciendo un círculo. Sin querer, pisó una de las cintas de sus tenis, desamarrándola y haciéndola dar un tropiezo.
-Genial… –murmuró.
Dobló sus rodillas y se agachó para atarla de nuevo, logrando percibir un ligero temblor en sus piernas y dolor de músculos; estaba adolorida, pero no se lo había dicho a Tom, o él pensaría que la había hecho daño. Dibujó una sonrisa al recordar la razón de sus dolores.
-Hey, bonita… ¿Te llevo? –escuchó una voz familiar, pero aún así no pudo reconocerla.
Terminó de atar la cinta, disponiéndose a levantarse con mucho esfuerzo y con toda la intención de mandar a volar al tipo, pero se quedó muda al ver quien era.
-Elliot…
-Charlotte –sonrió complacido al observar a su hermanastra. –Sube –invitó con una sonrisa, la puerta de un Lamborghini abriéndose hacia arriba. Charlie dudó un poco antes de subir. – ¿A dónde te llevo?
-A mi casa –contestó, mirando al frente.
Ella quería mucho a Elliot, su hermano, el que siempre le había cuidado y protegido; pero no olvidaba la última vez que le había visto, no olvidaba la escena posesiva que le había armado y la pelea con Frank, en esta ocasión, se sintió aliviada de que su padre no estuviera en casa. No hablaron durante el camino, y al llegar, Elliot la acompañó hasta la entrada. Charlie buscó en todos sus bolsillos en vano, sus llaves no estaban allí. Maldijo en voz baja.
-¿Sucede algo?
-Olvidé las llaves en el apartamento de Tom –respondió distraída, mientras se inclinaba para sacar una copia de repuesto de debajo del tapete. – ¿Quieres pasar? –preguntó por cortesía.
-Claro… Eh… Charlie necesito hablar contigo… ¿Estarás ocupada?
-Si lo estoy, tengo algunas cosas que revelar.
-¿Revelar?
-Si Elliot… En estos meses conseguí poner un estudio fotográfico profesional y bueno, como verás... –extendió un brazo hacia lo que antes había sido el comedor y su hermano pudo ver un montón de sombrillas reflectoras y objetos parecidos.
-Oh… Entiendo.
-Pero, si quieres hablar… Te escucho mientras trabajo, vamos al laboratorio –dijo, refiriéndose al sótano.
Elliot estaba relajado, tranquilo y sonriente, como Charlie lo recordaba. Al llegar al sótano no prestó más atención a su hermano y se dirigió a vaciar un par de químicos en las bandejas. Se aseguró que Elliot se quedara en una esquina apartada y apagó las luces. Con la ampliadora hizo un par de impresiones en papel fotográfico, para luego pasar a revelarlo y por último colgar las fotografías en el tendedero, para secarlas. Todos sus movimientos habían sido observados atentamente por el joven que esperaba en la oscuridad, callado.
-Creí que querías hablar –dijo Charlie, rompiendo el silencio.
Repitió el procedimiento de revelado y pronto tenía el tendedero lleno de fotografías húmedas.
-Wow… Eres idéntica a ella… –musitó embelesado.
-¿A quien?
-A tu madre.
-Nuestra madre…
-Tu madre, Charlie… Nunca fui su hijo –aceptó tristemente.
-Pero te amó como si lo fueras –rebatió, encendiendo la luz por completo. –Y yo siempre te he querido como a un verdadero hermano…
-Gracias –esbozó una media sonrisa.
-¿Y bien? –instó, al tiempo que guardaba los químicos nuevamente en sus contenedores.
-Me iré.
-¿De nuevo?
-Esta vez por mucho más tiempo.
-Ah…
-A Inglaterra, de donde era mi padre…
-Bien… Adiós –se despidió fríamente y subió las escaleras hasta llegar a la cocina.
Lo sabía. Cada vez que Elliot aparecía siempre era por algo malo, se desaparecería nuevamente o intentaría entrar en la vida de Charlie por la fuerza, entrometiéndose en sus cosas. Su hermano irrumpió en la cocina segundos más tarde, mientras ella sacaba una coca cola del refrigerador.
-¿No te ibas ya?
-Charlie… –llamó cansado. –Charlie, no quiero alejarme de ti…
-No te vayas entonces –le cortó la pelinegra, un poco molesta.
Sentía como si todo el mundo la abandonara, primero Rosalie, luego Frank, ahora Elliot.
-Charlie no sólo vine a despedirme… Quiero… Quiero que vengas conmigo –declaró con firmeza, haciendo que Charlie se atragantara con la coca cola que estaba bebiendo. Tosió un poco y tragó saliva para recuperarse.
-¡¿A Inglaterra?!
-Sí… ¡Ven conmigo Charlie! Seremos tú y yo, y un par de amigos… Viviremos en una enorme casa, ¡Pagaré tus estudios de fotografía en la mejor Universidad! ¡Tendrás el auto que quieras! ¡Tendrás la vida que quieras!
-Esta es la vida que quiero –respondió secamente, aunque dudando. Elliot le estaba proponiendo la idea de una manera muy convincente.
-¿Esta es la vida que quieres? ¿Un pequeño estudio en casa? ¿Tú sola? –hizo una pausa y ella no se inmutó. –Oh vamos… Te estoy ofreciendo estudios, algo con qué sustentar tus conocimientos… ¡También tengo algunos contactos! ¡Estarías trabajando para las mejores revistas de moda y espectáculos! Las mejores publicaciones pelearán por tenerte…
-Pero… ¡No me puedo ir a Inglaterra!
-¡¿Por qué no?! ¿Qué te detiene?
Tom cruzó sus pensamientos fugazmente y Charlie abrió la boca para contestar, pero nada salió de ella. Claro que había muchas cosas en Alemania que la detenían, pero, pensándolo bien… Si aceptaba la propuesta de Elliot podría aspirar a un mejor trabajo, aún mejor que tener un estudio casero. Y Tom, bueno Tom se iría de gira pronto y de igual forma dejarían de verse por un largo tiempo, daba lo mismo que ella estuviera en Alemania o Inglaterra, Tom podría visitarla allá, ¿No?
-No –contestó firmemente.
No le importaba cualquier cosa que Elliot pudiera ofrecerle, ella había luchado mucho por obtener la vida que ahora tenía, y era de ella solamente, Elliot no había tenido nada que ver.
-¿Esa será tu respuesta final? –cuestionó seriamente, cambiando su semblante por uno que puso en alerta todos los sentidos de la pelinegra.
-Así es. No pienso irme de aquí.
-Charlie…
-Elliot –le cortó cualquier clase de sermón. –Los dos somos adultos y hemos luchado por construirnos una vida. Yo tampoco quiero alejarme de ti, pero entiende que nuestros caminos se separan, queremos cosas diferentes…
-Yo sólo quiero lo mejor para ti…
-¿Y cómo sabes lo que es mejor para mí? –hizo una pausa, mirándole acusadoramente. –Agradezco todo lo que hiciste por mí, pero ya no soy una niña… Sé cuales son mis metas, no quieras cambiarlas por unas que te convengan a ti.
-Está bien –aceptó, sonriendo extrañamente, sorprendiendo a Charlie, quien no se esperaba una reacción tan pacífica. –Sabía que no sería fácil convencerte. Me voy. –anunció y se dirigió a la puerta de entrada.
Salió y desapareció tan rápido como había llegado, dejando a Charlie con un raro presentimiento, el cual luego de unos días, pudo llegar a ignorar.
[...]
Cuatro largas semanas se fueron como agua. Bill y Tom sintieron que fueron las cuatro semanas más arduas y pesadas que habían tenido en todo el año, pero no se quejaban; ya habían tenido un par de retrasos en el lanzamiento y sabían que las fans no podrían esperar ni un minuto más.
El guitarrista ni siquiera había tenido el tiempo de pedir a Bill una explicación decente por su borrachera de hace un mes, tampoco le había dicho que recibió la llamada de Andreas y lo que ahora sospechaba se hacía cada vez más fuerte al darse cuenta que su hermano estaba evitando al rubio.
Los cuatro músicos se reunieron en la oficina de David Jost esa mañana. El manager les entregó a cada uno una copia de su nuevo álbum, y no pudieron evitar sentir de nuevo esa emoción que seguía intacta, tal y como la habían sentido desde el primer lanzamiento. En ese preciso momento, las tiendas de discos estaban acomodando esa nueva mercancía en sus estantes y en una hora más abrirían las puertas para comenzar a vender uno de los discos más esperados de todo el año.
-Festejen todo lo que puedan hoy, que en dos días comenzamos con la promoción y tal vez en un par de semanas comenzamos la gira. Es todo por ahora chicos –les informó David, indicándoles que podían irse.
-¿Y? ¿A dónde iremos a festejar? –inquirió Georg, muy animado. Los cuatro chicos caminaban hacia el elevador a la par.
-¿Qué has decidido? –preguntó Tom, mirando a su gemelo. Bill parecía estar en su propio mundo, pero había escuchado a su hermano.
-Gustav, Georg… –llamó el pelinegro a sus amigos. –Andreas dará una fiesta en su casa esta noche, es para celebrar nuestro lanzamiento… ¿Quieren venir?
Los G’s aceptaron de buena gana, pues sabían que las fiestas de Andreas eran de las mejores, con mucha bebida y gente de confianza, no se verían rodeados de fans esa noche. No se habló más y partieron cada quien rumbo a sus propias casas. En el interior del Cadillac, Tom podía darse cuenta que su hermano estaba nervioso, pues era hora de aclarar el malentendido con su amigo, y esperaba que luego de que Bill resolviera ese asunto, pudiera contarle lo sucedido.
Un mes completo lleno de trabajo le había dejado a Charlie lo suficiente como para consentirse con ropa nueva esa noche. Era una noche especial en la que festejarían uno más en la lista de logros de Tom, y obviamente, un éxito en la vida de los que ella consideraba ya su familia, el resto de la banda. Georg, Gustav, Bill, Giselle, Cynthia, Audrey y principalmente Tom, eran todos los motivos que tenía para quedarse en Alemania, y estaba feliz con la decisión que había tomado, aunque de esto no le había mencionado nada a Tom, pues no quería preocuparlo en los días en que él era quien necesitaba todo el apoyo de su parte. Tampoco había tenido mucho contacto con él, si bien se habían mantenido al tanto del otro por teléfono, Tom aún no se iba de gira y ella ya comenzaba a extrañarlo los días que no le veía.
Charlie le lanzó una sonrisa comprensiva a su reflejo, de pie en su habitación, dándose los últimos retoques mientras Tom la esperaba en la sala de su casa. Un corto vestido negro y atado al cuello era todo lo que llevaba, poco maquillaje y su cabellera recogida en un moño casual, fue todo lo que necesitó para dejar sin aliento al guitarrista que ahora estaba al pie de la escalera, tendiéndole una mano para ayudarle a bajar los últimos peldaños.
-Tom, no estoy segura de esto… –le detuvo un poco, antes de salir al pórtico.
-Petite, ya hablamos sobre esto… No habrá ningún problema, ¿Está bien?
-Pero…
-Pero nada. Tú eres mi novia… David lo sabe y no hay nada que pueda hacer al respecto.
-¿Y si se enfada? –insinuó nerviosa. –Sabes que no le temo, pero lo que menos quiero es causar problemas.
-No tiene por qué enfadarse. Es una fiesta privada, Char… Y se nos hará tarde si sigues de miedosa –picó un poco, para molestarla, pero no reaccionó. –No pasará nada, ¿Si? Todo estará bien, te lo prometo –besó su frente suavemente, la tomó de la mano y salieron juntos de la casa.
[...]
-¿Y bien? –inquirió el pelinegro, siendo totalmente directo con su mejor amigo.
-Sabes que lo lamento, no quise decirlo… Bill… Yo…
-Andy –le cortó, mirándole a la cara. –Jamás lo esperé de ti. Pude esperarlo de cualquiera, pero jamás de ti… ¿Por qué?
-Bill, te juro que no quise herirte, sabes que estaba ebrio y…
-Y los borrachos siempre dicen la verdad –completó.
-¡No! ¡Yo no pienso eso de ti!
-Tal vez en el fondo sí que piensas así –le atajó.
El rubio ya no sabía qué hacer, sentía que estaba perdiendo a su mejor amigo por una estupidez. Había querido aclararle todo desde que llegó, cuando aún era temprano, pero Bill se limitaba a tratarlo con una fría indiferencia. Entrada la noche, con la fiesta en pleno apogeo, Andreas le pidió al pelinegro que hablaran en privado, no podía más con la situación.
-¿Crees que soy un marica? ¿Un desorientado sexual que no vale la pena? –prosiguió Bill con dificultad al pronunciar cada palabra.
-¡¡Dios, Bill!! ¡Por supuesto que no! –negó horrorizado, no se veía capaz de haber dicho eso al vocalista, pero sabía bien que lo había insultado de tal forma. –Es sólo que… Es muy difícil.
-¡¿Difícil?! –le espetó. –Difícil es confiar en alguien cuando a todo el mundo le interesa un poco de tu fama, de tu dinero, de tu físico… Difícil es tener una amistad como la nuestra, Andy… Difícil es creer que dijeras todas esas cosas en mi contra…
-¡Y me arrepiento! ¡Me arrepiento de todo lo que dije! Pero Bill, también es muy difícil… Ser tu amigo… –confesó abatido, los ojos de Bill mirándole con compasión. –Ser conocido como “El mejor amigo de los gemelos”, estar siempre a la vista de todo el mundo, pero sin ser el centro de atención, apoyarlos siempre pero sin la seguridad de que ustedes estarán ahí para mí porque están al otro lado del mundo, que las chicas se me acerquen y me utilicen para conocerlos… ¡También me es difícil, Bill! ¡Pero creo que hago lo mejor que puedo! Lamento que no sea suficiente –finalizó, dejándose caer en un sofá del pequeño salón.
Bill respiró hondo varias veces para calmarse, antes de tomar asiento junto a Andreas en el sofá. Se quedaron en silencio durante unos minutos, hasta que el pelinegro decidió hablar.
-Ya vale, no perderemos nuestra amistad por una tonta pelea, ¿Cierto? –sonrió a su amigo, quien le miraba agradecido.
-Cierto –se limitó a contestar.
-Ninguna chica lo vale –añadió Bill, haciendo que Andreas curvara una media sonrisa.
-Así es. Nunca peleamos por una chica antes, no lo haremos ahora –acordó el rubio y de un momento a otro, se hallaba unido en un abrazo fraternal con el hermano que él nunca había tenido.
-¿Qué están haciendo? –les interrumpió la voz de Tom, que observaba desde la entrada, con ojos acusadores.
-Nada que te importe Tommy –contestó Bill, con voz fastidiosa.
-Creí que estaban enfadados –el de rastas se encogió de hombros.
-Lo arreglamos –respondió Andreas.
-¿Algún día me dirán que diablos pasó?
Andreas y Bill echaron a reír como un par de niños pequeños que recordaban una vieja y divertida anécdota.
-Sólo si juras no romperme la cara –dijo su amigo, mostrándose culpable.
-Lo juro…
-Hace un mes fuimos a un bar a pasar el rato. Tomamos durante algunas horas, o por lo menos hasta que estuve lo suficientemente ebrio para ir a la pista y bailar un poco –habló Andreas.
-Yo no había tomado mucho y me burlaba de él desde la barra –aportó Bill, sonriendo con orgullo.
-Me conseguí una chica estupenda –continuó el rubio. –Bailaba como una diosa y parecía que todo iba bien, hasta que dijo que tenía sed y quería ir a la barra. Estando ahí, tuve que presentársela a Bill.
-Y al primer momento que estuvimos solos, aprovechó para saltarme encima –apuró el vocalista la explicación.
Hablaban rápido, moviendo las manos y en ocasiones interrumpiéndose; Tom sólo asentía.
-Andreas estaba ebrio y… –Bill se calló, mirando a su amigo con un atisbo de dolor en sus ojos, mientras éste suspiraba.
-Culpé a Bill –aceptó con remordimiento. –Culpé a Bill, lo acusé de querer quitarme a la chica y dije cosas que… Que prefiero no recordar… –pero su mente trabajaba rápido, y sin poder evitarlo, visualizó lo que había gritado a su amigo en pleno bar:
-¡No entiendo como es que siempre pasa lo mismo! ¡¿Como pueden preferirte a ti?! ¡Si no eres más que un marica de mierda! ¡Un desorientado sexual que no vale la pena!!
Sus propias palabras hicieron eco en su cabeza y le hirieron el corazón, llenándolo de culpa. Bill había contestado con más insultos, para luego irse a otro bar y ahogarse en alcohol.
-¡¿Pe-pelearon por una chica?!
Los ojos de Tom no podían estar más abiertos, su sonrisa no podía estar más amplia y sus conclusiones no podían estar más equivocadas.
-Pero Bill, ¡Me dijiste que habías recibido una confesión de amor!!
-¡Claro! ¡De parte de la chica!! Y eso fue lo que causó el problema con Andreas –explicó como si fuera elemental.
-Dios santo –murmuró Tom, sintiendo cómo la sangre regresaba a su sistema y la calma le invadía de a poco. –Todo por una chica… Deberían ser menos dramáticos…
-¡¿Dramáticos?! –se exaltó Bill, pero al instante recordó que Tom no era capaz de entender su amistad con Andreas. –Tú fuiste quien preguntó primero…
-¡¡Sí!!! ¡Porque ninguno de los dos quería decirme nada! ¡Y yo creí que…!
-¿Qué creíste, Tom? –interrogó el rubio.
-Nada, no importa –respondió malhumorado.
Andreas y Bill compartieron una mirada confusa, pero no le dieron más vueltas al asunto, todo estaba arreglado.
-Vayamos a tomar algo, me estuve manteniendo sobrio toda la noche para poder hablar contigo –dijo Bill y los otros dos asintieron antes de salir de la habitación.
[...]
-Wow Blue, el diseño quedó estupendo –decía Charlie, sosteniendo la copia del álbum en sus manos. –Eres una excelente diseñadora.
-Y tú una excelente fotógrafa –respondió su amiga. –Aún no entiendo cómo fue que saliste de la discográfica.
-Yo renuncié –aclaró brevemente. –Por problemas personales.
-Oh bueno… Desearía que no lo hubieras hecho, ya no soporto a Frederick –se quejó, haciendo una mueca de asco y Charlie sonrió, dándose cuenta que sus amigos en la disquera le eran fieles. – ¿Dónde demonios se metió Crash? –preguntó al aire, mirando a todos lados.
Charlie se encogió de hombros, ensanchando más su sonrisa.
-¿Viniste con Crash? –averiguó, conteniendo la risa.
-No se le quita lo torpe –mencionó, sin poderse explicar la causa de su torpeza. –Pero se armó de valor para invitarme –añadió con un destello en sus ojos.
-Me alegra que le dieras la oportunidad –Charlie le dio una palmadita en el hombro, justo antes de escuchar un escándalo en la cocina de Andreas; un montón de ollas cayendo y algo que se rompió. Ambas pusieron una cara de decepción.
-Apuesto a que Crash está en la cocina –afirmó Charlie.
-Apuesto que ganarías esa apuesta –confirmó su amiga, mientras se encaminaba a la puerta de la cocina, para ver si su cita estaba bien.
[...]
-¿Te dije lo hermosa que estás hoy? –susurró Tom en su oído.
Se encontraban tumbados en uno de los sillones, la música en un murmullo, casi arrullándoles, la casa de Andreas toda tirada y la fiesta dada por terminada. Era de madrugada, todo el mundo se había retirado ya; Tom y Charlie alcanzaban a escuchar las risotadas de Andreas y Bill, que seguían preparando bebidas en la cocina y se embutían todo lo que tenían a su alcance.
-¿Te dije lo empalagoso que estás hoy? –bromeó la pelinegra, molestando.
Tom emitió un gruñido bajo en respuesta, al tiempo que Charlie se alzaba un poco y comenzaba a besarle el cuello, subiendo hasta su oreja. Sus labios y lengua jugueteaban en la piel del guitarrista, y le arrancaba escalofríos acompañados de unos pocos gemidos. Las reacciones no se hicieron esperar, el aire comenzó a faltarles, su temperatura aumentó, y pudieron distinguir esa cálida sensación en la base del estómago.
En un ágil movimiento, Tom colocó a Charlie sobre sus piernas, apresurándose a probar sus labios con fervor. Sus grandes manos en su cintura le provocaban moverse sensualmente sobre él, causándole un calor placentero.
-Salgamos de aquí –murmuró ella con voz incitante.
El guitarrista besó sus labios lentamente, antes de sonreír. Se puso en pie, con Charlie aún pegada a su cuerpo y fueron afuera, en dirección al Cadillac. La recargó contra uno de los costados de la camioneta y la besó durante algunos minutos más, dejando que el ambiente se caldeara lo suficiente. Se separaron en busca de oxígeno, mirándose a los ojos con entendimiento.
-¿Qué es lo que queda más cerca? –pidió Tom, quien aflojó su agarre, depositándola suavemente sobre el suelo.
-Mi estudio –respondió ella sin aliento.
No necesitaron más. Se apresuraron todo lo que pudieron y al cabo de unos minutos, Tom estacionó la Cadillac justo frente a la casa de Charlie. Ambos bajaron por su propia cuenta rápidamente y casi corrieron hasta el pórtico, con la excitación a flor de piel. Charlie buscaba sus llaves en la oscuridad, mientras Tom, comenzando a desesperarse, le besaba el cuello y jugaba con su cabello, a la vez que sus manos la acercaban hacia él por la cintura.
-Para un poco Tom –advirtió, ya que no podía encontrar las llaves.
El silencio de unos segundos fue roto por el sonido metálico y tintineante dentro de su bolso de mano, anunciándole al rastas que podía continuar. Charlie introdujo las llaves en la cerradura, para que ambos pudieran entrar en el recibidor a trompicones, chocando contra una mesita y riendo de los destrozos que sabían, dejarían a su paso. Se quedaron quietos durante unos instantes, y de repente, la luz de la sala se encendió. Tom y Charlie se separaron rápidamente y se giraron sorprendidos, percatándose de que no estaban solos.
Un joven algunos años mayor que ellos les miraba desde un sofá con curiosidad. Charlie le miró estupefacta, mientras Tom intentaba recordar ese rostro que le parecía tan conocido, esos ojos grises azulados y ese cabello rubio cenizo que le recordaban a alguien.
-Buenas noches… –saludó el joven, sonriendo malévolamente.
-¡¿Elliot?! ¡¿Qué haces aquí?! –reclamó Charlie, sin tener una mínima idea de las intensiones de su hermano.
-Elliot… –repitió Tom para sí mismo. – ¿Elliot? ¡¿Elliot Hawkins?!!! –preguntó, reconociéndolo.
La puerta de entrada se cerró tras ellos, haciéndoles dar un respingo. Miraron a sus espaldas, encontrándose con Edward apostado en la entrada, cerrándoles el paso. El ambiente se tensó al máximo, el silencio parecía eterno y el aire se volvió tan denso que podría haberse cortado con un cuchillo.
-¡¡¡¡¿EDWARD?!!!! –chilló Charlie, mirando a su hermano y a Ed alternadamente, su mente hecha un lío. – ¡¿Pero qué está pasando aquí?!
-Tom Kaulitz –habló Elliot, con una sonrisa de suficiencia. –Has crecido mucho desde la última vez que te vi.
-¡¿Qué diablos quieres?! –saltó Tom a la defensiva, fulminando al joven con la mirada. Charlie ahora no comprendía nada, ella nunca había presentado a Tom con Elliot.
-Tranquilo Kaulitz, no he venido por ti. Sólo he venido por mi querida hermanita.
-¿Her-hermana? ¡¿Son hermanos?!! –cuestionó a Charlie.
Sintió cómo la rabia de años atrás fluía por sus venas, cómo el odio hacia ese personaje le nublaba la vista y le abrasaba la garganta, y cómo su pecho se comprimía con el dolor de su pasado.
-Ss-sí… P-pe-pero… ¡¿Ustedes se conocen?! –exclamó ella.
-Claro, yo fui un gran amigo de Jörg. –intervino Elliot.
-¡¡¿Amigo?!!! ¡Tú implicaste a mi padre en un crimen que no cometió!!! –Tom estaba cada vez más alterado.
-¡¿Un crimen que no cometió?!!! –soltó una carcajada escalofriante. – ¡¿De verdad crees que tu padre era inocente?!!! ¡Era tan culpable como yo!!!!
-¡No es cierto!! ¡Tú lo incriminaste!! ¡Fue por eso que mi madre lo echó de la casa!! ¡Y entonces ellos… Se…! –no pudo terminar la frase, ahogado por el dolor en su pecho.
-Se divorciaron –finalizó Elliot. –Ah… Si, la bella Simone –mencionó, con añoranza. – ¿Sigue igual de buena y sexy?
-¡No te atrevas a hablar así de mi madre!! –Tom se abalanzó sobre él, con la intención de dar el primer golpe, pero al instante, Edward lo inmovilizó, tomándolo por los brazos y lo arrastró lejos de Elliot.
-¿Amigo de Jörg? ¡¿No es mucha la diferencia de edad?!! –rebatió Charlie, llevándose las manos a su atormentada cabeza.
-Eso era lo que solías decirme de pequeña, hermanita –dijo Elliot, desencadenando el primero de una serie de recuerdos que llegaban a su mente como un conjunto imágenes aleatorias, flashbacks, haciéndole recuperar memorias que había logrado bloquear y causándole un agudo dolor de cabeza.
***
-Jörg es mucho más grande que tú, Elliot –decía Charlie con su voz más infantil.
-Nadie debe vernos juntos, no deben saber que eres mi hermana…
-¿Cómo iré a la escuela?
-Un amigo pasará por ti, sus hijos van a la misma escuela que tú…
Charlie subió a una vieja van, se sentó junto a un niño rubio que iba mirando por la ventana. En el asiento del copiloto, otro niño rubio idéntico al primero cantaba una canción a todo pulmón, muy divertido.
-¡Hallo! –la pelinegra saludó al niño que veía por la ventana, pero éste la ignoró. – ¡Hallo!!! –levantó la voz.
-A mi mamá no le agrada tu hermano –dijo el niño. –Me ha dicho que no hable contigo.
***
-Lo había olvidado –musitó Charlie, haciendo que tanto Elliot como Tom le prestaran mayor atención, pues se habían sumido en su discusión y no habían alcanzado a escucharla bien. – ¡Claro!! ¡Jörg me llevó a la escuela el primer día de clases!! –concluyó.
Tom abrió los ojos con sorpresa, ahora lo entendía.
***
-¿Te he mencionado que, siento como si te conociera de antes? –preguntó acercándose a ella para abrazarle por la espalda.
-Me conoces de antes –respondió, sonriendo y dejándose llevar hacia atrás para quedar recostados nuevamente en el tendido.
-Me refiero a más antes, más que cuando Gustav te llevó por primera vez al bus…
-Y que fuiste el único que logró descubrirme –rememoró Charlie.
-¿Cómo no iba a descubrirte con esos espectaculares ojos?
[...]
-Casi toda mi infancia la pasé en Leipzig –mencionó Charlie distraídamente.
-¿En Leipzig? Yo nací y viví allí por un tiempo, hasta que mis padres se divorciaron y nos fuimos con Gordon a Magdeburg.
***
Tom ahora entendía el por qué le parecía que la conocía de antes, el porqué Simone había preguntado por los apellidos de Charlie.
-¡ERAS TÚ! –gritó, señalándola. – ¡Tú eres la hermana de éste bastardo!!! –dijo el rastas furioso. –¡¡¿Lo sabías?!! ¡Mis padres se separaron por su culpa!! ¡Lo sabías y no me lo dijiste!!! ¡¡¡Por eso mi madre no confiaba en ti!!!!!
-¡¿QUÉ?!! ¡NO!! ¡TOM! ¡Escúchame!!!
2 coments.:
ooooooohhh!!!
nonono como lo dejaas ahii!!!
suube mas capiitulos porfavooor!!
ayy pk?!!!!
nooooo!!
see pelearan noo!!
awww char y tom se conociand desde
pekeñithos kosithoos..
noo poedo abrir el kap 29 77
nenene!!!
io kieroooooo maaaaaaaaaaaaas!!!!
extrañabaa ke subieraas!!
cddt esperoo Y__Y
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