domingo, 1 de noviembre de 2009

Capítulo 2

-¡Hey Gustav! –escuchó a sus espaldas y se giró, mostrando una sonrisa agotada.
-¡Charlie! –saludó el baterista.
-Tocaron genial esta noche, ¿Cómo se sienten? –preguntó, mientras se emparejaba, caminando junto a él a través del estacionamiento.
-¡Excelente! Todo salió bien…
-Te felicito –contestó con sinceridad. –Oye, yo… Tengo que decirte algo.
Gustav se detuvo y le miró expectante.
-Dime.
-Bueno, es que… Verás –comenzó a balbucear, ya que era algo muy vergonzoso y le era difícil decirlo.
-¡Gustav! –escucharon a lo lejos y Charlie pudo ver a un chico de cabello castaño y largo, quien les hacía señas. –¡Vamos! ¡Sube!
-¡Es cierto! ¿Quieres venir a jugar? –invitó amablemente. –Hoy estamos de buen humor, así que seremos buenos contigo.
-No, no creo que… –dijo cortada. –Tengo que ayudar a mi padre y yo…
-Oh, vamos –insistió Gus. –No pasa nada. ¡Tobi! –llamó al verlo pasar junto a ellos. Tobi se detuvo. – ¿Puedes decirle a Frank que Charlie se queda esta noche con nosotros?
-¡Claro, Gus! –contestó Tobi, quien ya conocía a Charlie. – ¡Diviértanse! –Ambos caminaron hacia el bus y se detuvieron en la entrada.
-Ya era hora –reclamó Georg. – ¡Hola! –agregó alegremente para el chico nuevo.
-Charlie, él es Georg. Georg, Charlie –presentó Gustav.
-Hola…
-Vamos, sube. –indicó.
Los tres subieron al autobús y pasaron al área que correspondía a una pequeña sala de estar, donde los gemelos jugaban ya con la consola a un juego de luchas. No prestaron atención, hasta que Bill perdió, y luego de exclamar un montón de insultos, se giró para saludar.
-Charlie, Bill. Bill, Charlie. –Se dieron la mano, examinándose detenidamente y con cierta curiosidad.
-Cielos… parece más hermano tuyo que Tom –exclamó Georg.
Tom, quien hasta ese momento había estado celebrando su victoria, se giró al escuchar su nombre, topándose de frente con par de enormes ojos azules, de un azul tan reluciente y puro que se quedó pasmado un instante, además de que curiosamente esos ojos le parecían familiares.
-Hola –saludó Tom, poniendo una de sus típicas y seductoras sonrisas. Sus compañeros le miraron alucinados, mientras Charlie ya lo veía venir; intentó advertirle a Tom con la mirada que se quedara callado para evitar la situación vergonzosa, pero fue en vano. –Gus, es raro que traigas chicas al bus... Pero es más raro aún que sean tan lindas –dijo mirándola a los ojos todo el tiempo. –De ti, nunca lo hubiera imaginado.
Un gran silencio incómodo reinó en el pequeño espacio que compartían, mientras Bill, Georg y Gustav miraban a Charlie detenidamente, y vieron cómo sus mejillas se iban tiñendo de rojo. Ésta dio media vuelta y salió del bus lo más rápido que pudo, justo antes de que el chofer encendiera el motor para partir.

-¡Charlie!! ¡Espera!!! –gritaba Gustav, corriendo tras ella a través del estacionamiento nuevamente.
-¡Vuelve al bus! ¡Hay que partir! –contestó y siguió caminando apresuradamente, buscando el camión de su padre. Finalmente Gustav la alcanzó y la tomó por la muñeca, obligándole a detenerse.
-Espera yo… Lo siento, no me di cuenta –se disculpó, intentando recuperar el aliento, con las manos en las rodillas. –Como dije, debo ser más observador… ¿Eres una...?
Ella guardó silencio, mirando al suelo con las manos dentro de los bolsillos del pantalón, pensando si sería bueno confirmárselo, ya que el bendito guitarrista había hecho el favor de decírselo.
-Sí, soy una chica –dijo al fin. –Mi nombre es Charlotte, pero odio que me digan así –terminó con una sonrisa fugaz y una mirada de fastidio.
-Pero, ¿Por qué no…?
-¿Te lo dije? –completó por él. – ¡Iba a decírtelo! Pero es que... Me resultaba tan difícil. Lo siento.
-No. Yo lo siento, debí haberme dado cuenta.
-Bueno, ambos lo sentimos –admitió y rió un poco. – ¿Aún somos amigos?
-¡Claro! ¿Aún quieres venir al bus?
-¿Es enserio?
-Vamos –. Gustav le tendió una mano y regresaron juntos al bus, que estaba ya por partir.

-¿Habías jugado antes? –preguntó Georg, mientras revolvía en una caja de CD’s para elegir el juego. El autobús ya se había puesto en marcha.
-Unas cuantas veces. No es que haya mucho espacio para poner una consola en la cabina del camión, ¿Sabes?
-Jamás nos dijeron que venías con nosotros –intervino Bill.
-No tenían por qué hacerlo, tan sólo trabajamos para ustedes –contestó, encogiéndose de hombros, pero sin poder evitar sonreír ampliamente.
-¿Siempre viajas con tu padre? –quiso saber Gustav.
-Sí. En un principio era porque no podía dejarme sola en casa, era muy pequeña. Luego se me fue haciendo costumbre.
-Vamos chicos, ¿Seguirán entrevistándola o me dejarán ganarles en todos los juegos de una vez? –interrumpió Tom. Los otros tres pusieron los ojos en blanco, antes de acercarse y colocarse en torno al televisor.
-¿Cuál elegiste? –preguntó Tom, mirando a Georg inquisitivamente.
-Este –contestó, enseñándoselo. –Es el de las carreras de autos.
-¿Y como jugaremos? –dijo Bill, lanzando una mirada grupal. –No podemos hacer equipos, porque somos cinco…
-¿Y un todos contra todos? –planteó Gustav.
-No tenemos suficientes controles.
-Hagamos rondas –propuso Charlie. –Primero jueguen Tom y Georg, quien pierda, le cede el lugar a Bill, luego a Gustav y por último a mí.
-Me parece bien –aceptó Bill, mientras los G’s asentían.
-Sólo una cosa –discutió Tom. – ¿Por qué vas de última? –Charlie le miraba sin entender. –Las damas primero, ¿No?
-Oh, bueno pues…
-O ¿Es acaso que no quieres perder contra mí? –le cortó el guitarrista.
-¡Oh, Por favor!! –se escuchó el reclamo de Bill.
-¡No seas tan creído!
-¡Nosotros ya te hemos ganado! –se alzaron Georg y Gustav también.
-Está bien –dijo Charlie, con una sonrisa segura en el rostro. –Tom y yo iremos primero. –declaró y fue a sentarse junto al aludido, en una butaca que Georg le acababa de ceder. Los espectadores miraban con atención la pantalla del televisor y en cuanto la carrera inició, Tom tomó la delantera demasiado rápido, soltando risitas de superioridad. Sin embargo, Charlie no se intimidó, parecía totalmente concentrada en lo suyo, sin demostrar expresión alguna. Siguieron igual durante las tres vueltas que duraba la carrera, y en ciertas ocasiones, ella se le acercaba mucho, pero él acostumbraba a acelerar todo lo que pudiera sin importar nada más. Poco antes de terminar, Tom comenzó a saborear una victoria anticipada, lanzando unas cuantas miradas a su oponente, quien en un destello repentino de confianza, sonrió con la vista puesta aún en la pantalla. Una curva inesperada, combinada con el acelerador a fondo que Tom mantenía en su auto virtual, le hizo derrapar y girar un poco sobre su propio eje, haciéndole perder el tiempo suficiente para que Charlie tomara la delantera y cruzara primero la línea de meta. Suspiró aliviada, mientras los G’s estallaban en burlas y sonoras carcajadas, al tiempo que Bill reía de su hermano. Era genial ver a Tom totalmente sorprendido y descolocado, sin poder creer que había perdido y ¡Contra una chica!. Miró a Charlie aún con la boca abierta de asombro; ésta última recibía aplausos por parte de los otros tres y sonreía radiantemente.
-¡Siguiente! –exclamó.
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~Se aceptan comentarios ;) (?)


 
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