miércoles, 11 de noviembre de 2009

Capítulo 3

Bueno antes de comenzar el capítulo, quiero mostrarles un dibujo que Lu hizo de Charlie, para que mas o menos tengan una idea...Ella no es plana xDD además que usa playeras flojas y se le nota menos, ella es muy andrógina y yo no culpo a Gus por confundirla xD Bueno, va... Primero el dibujo...





-Aaah… Al fin otro día libre –exclamó Gustav en un suspiro. Una vez más, habían hecho una parada cerca del campo, y había encontrado un cómodo lugar en el pasto para tirarse un rato a observar el cielo.
-¡Hey! ¡Baterista! –escuchó la voz de su amiga y alzó un poco la cabeza. Frente a él se encontraba la misma chica de cabello corto y ojos azules que le caía tan bien, pero con una diferencia: ahora llevaba un vestido veraniego, de tela floreada, sin mangas y una falda que le llegaba a medio muslo. – ¡Sonríe! –ordenó ella en el mismo instante en que pulsaba un botón en la parte superior de la cámara digital que sostenía. Su piel parecía brillar bajo el sol, y luego de una encantadora sonrisa, Gustav no pudo evitar abrir los ojos por la sorpresa, ya que ella acostumbraba a vestir con pantalones y playeras muy simples, de chico, o ropa que Bill también se hubiese puesto. – ¿Qué te parece?
-Te sienta bien –contestó, sentándose y apoyándose en un brazo.
-Es el único que tengo –dijo y fue a sentarse junto a él. –Mi madre solía hacerlos para mí –añadió con una sonrisa tímida.
-¿Ya no los hace más?
-No. Ella murió hace ocho años. –hizo una pausa y Gustav le miró fijamente. –No he crecido mucho desde entonces –continuó con una sonrisa, un poco avergonzada por su falta de curvas. –Sólo de estatura, antes me llegaba por debajo de la rodilla –terminó, señalando el largo del vestido, que era visiblemente muy corto, le quedaba chico.
-Lo siento –dijo Gustav.
-Oh, ya creceré –bromeó ella, intentando relajar la situación.
-Sabes a lo que me refiero –insistió, mirándole seriamente. Ella sólo asintió. –Y, ¿Por qué te lo has puesto?
-Hoy es el aniversario de su muerte –contestó sonriendo con cariño, pero sin revelar una sola gota de tristeza. –No podemos ir a su tumba porque siempre estamos viajando, así que... Llevo esto conmigo –se encogió de hombros.
-¿Cómo te sientes? ¿Estás bien? –. Sin pensarlo, pasó un brazo alrededor de sus hombros y la acercó hacia él. Charlie le abrazó en silencio, durante un largo rato.
-Sí, estoy bien. Ya lo he superado. –se detuvo unos instantes en que dirigió su mirada al cielo y luego volvió al miel de los ojos de Gustav. –No fue algo que nos haya tomado por sorpresa, ella se la pasaba en el hospital…
-Oh…
Ella ya no le abrazaba, pero se mantenían cerca, unidos aún por el brazo de él sobre sus hombros.
-Me recuerdas mucho a mi hermano –soltó Charlie.
-¡No me habías dicho que tenías un hermano!
-Se llama Elliot, y tiene… –contó con los dedos. –Tiene unos veinticuatro años.
-¿Nos parecemos en lo guapo? –bromeó Gustav.
-¡No! –contestó, vacilándole. – ¡Oh, vamos! –exclamó ante la fingida mueca de indignación que ponía el baterista. –Bueno, sí, claro que los dos son guapos. –pudo decir entre risas; se calmó un poco y agregó: –Y sobreprotectores…
-Eso es porque me recuerdas a mi hermana –contestó simplemente. –Aunque físicamente no tienen nada que ver… –dijo e hizo como que examinaba a Charlie. –Pero ¿Qué más da? Es el instinto del hermano mayor…
Ella se lanzó de nuevo a sus brazos.
-Gracias –susurró en su oído.
-¿Por qué?
-Por ser tú, y por ser mi amigo, gracias.
-Pues, de nada –respondió con una sonrisa.
-Anda, vuelve a sonreír –pidió Charlie, y acomodó la cámara frente a ellos, para tomarse una foto de ambos.
-¿Llevas eso a todos lados? ¿Entrenas para ser paparazzi? –preguntó en plan broma, a lo que ella hizo una mueca.
-Me gustaría ser fotógrafa profesional algún día –confesó, hablando en un tono más bajo, como si se tratase de un secreto. –Por lo pronto, esto es lo más cercano que tengo –dijo, señalando la cámara cuadrada y color plateado que sostenía.
A lo lejos pudieron escuchar las voces de la gente del equipo de los chicos.
-Creo que nos pondremos de nuevo en movimiento –comentó Charlie, advirtiendo como los choferes regresaban a sus camiones. –Debo irme –dijo y dio a Gustav un beso en la mejilla, antes de levantarse. –Nos vemos.
-Charlie, espera –la llamó y se puso en pie, mientras ella se giraba. –Mañana en la noche, después del concierto, ¿Vienes a patear el trasero de Tom nuevamente? –ambos rieron con complicidad.
-Será un placer –contestó y salió corriendo.


El concierto había estado genial, y ahora los chicos jugaban al tenis de mesa en los camerinos, aún con la adrenalina a tope, de la excelente presentación que habían tenido esa noche. Gustav les observaba desde uno de los sillones, totalmente exhausto. Antes de salir al escenario, David les había dicho que esa noche no partirían de inmediato, sino que regresarían al hotel y pasarían la noche allí, ya que llevaban tiempo de sobra en su itinerario.
-Vamos chicos, las fans ya se han despejado un poco –dijo David, deteniendo la partida entre Georg y Tom, quienes se quejaron pidiendo un poco más de tiempo, pero hicieron caso a su manager. Los cuatro recogieron sus cosas y salieron de allí en una van, en la que se movían cuando no recorrían largos tramos. Luego de llegar al hotel y sortear a un grupo de fans desesperadas que pedían autógrafos, David les acompañó para repartirles sus respectivas habitaciones. –Tienen una suite para cada uno, y la cena ésta noche, corre por cuenta del hotel –informó David a los cuatro, que estaban reunidos en el pasillo que conectaba las cuatro alcobas. Tom y Georg festejaron con risas y gritos, mientras que Bill, tan suspicaz como siempre, miró a David de manera indagadora.
-¿Corre por cuenta del hotel? ¿Totalmente?
-Bueno, no totalmente –rectificó el joven manager. –Lo único que tienen que hacer es presentarse en el bar del hotel, que está junto al restaurante.
-¿Presentarnos? –inquirió Tom. – ¿Luego de un concierto, David? ¡Y sólo por una cena! –agregó indignado.
-O sea, no van a tocar, no Tom –se explicó, levantando las manos en son de paz, al notar cómo Tom se iba cabreando poco a poco. –Me refiero a que sólo tienen que hacer acto de presencia en el lugar; ir, tomar algunos tragos, divertirse un poco… ¡Se irán de fiesta!! –exclamó. Hubo un pequeño silencio en el que todos asimilaron lo que tenían qué hacer. Compartieron una mirada de cansancio grupal y al final, Bill se encogió de hombros.
-Pues iremos, no nos cuesta nada –resolvió.
-¿Nos darán una cena sólo por ir a su bar? –preguntó Tom, sólo para asegurarse.
-Y las cuatro suites –dijo David, arqueando una ceja.
-¿Por qué nos quieren allí? –quiso saber Gustav.
-Publicidad –contestó su manager, encogiendo los hombros.
Entraron cada uno en su habitación, dejaron las cosas que llevaban y se refrescaron un poco; en el caso de Bill, se dio un retoque y se reunió con su hermano y sus amigos en el ascensor.


 
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