miércoles, 11 de noviembre de 2009

Capítulo 4

*Empiezan los capítulos del ascensor maldito!*

-¡Por fin! ¡Una cama!! –exclamó Charlie y fue a tirarse sobre una de las camas individuales de la pequeña habitación de hotel. Frank aún batallaba en la puerta, intentando introducir las maletas de ambos. – ¡Y un baño! –añadió y fue a inspeccionar cada detalle de éste.
-Pareces muy emocionada –dijo Frank, una vez que pudo colocar las maletas encima de la cama. –Pero no olvides que son las habitaciones más económicas de todo el hotel.
-Obvio… Papá, no creíste en verdad que nos darían una suite, ¿Cierto? –preguntó incrédula, mientras sacaba una bolsita con artículos de limpieza personal.
-¡Por supuesto que no! –se defendió Frank. –La discográfica no paga habitaciones caras para los camioneros…
-Ni para las hijas de los camioneros –agregó yendo hacia el baño.
-¡Eh! ¡Que también eres parte del equipo y mi ayudante mecánico! –soltó con un tono de voz que denotaba orgullo por su hija. –Sólo digo que no te emociones, no es para tanto –la dijo con cierto resentimiento, y sacó lo que parecía ser un pijama.
-Ok. Pero tienes que aceptar que esto es mucho mejor que la cabina de tu camión –gritó desde dentro del baño, luego de escupir un poco de pasta de dientes. Salió cuando su padre ya estaba recostado en la cama.
-¿A dónde vas? –preguntó Frank, al verla dirigirse a la puerta.
-Con Gustav, jugaré un rato y vuelvo temprano, ¿Sí?
Su padre se limitó a sonreír con gentileza y asintió levemente. Ella salió de allí con paso ligero y fue hasta la recepción a preguntar cuáles eran las habitaciones de los chicos. Fue fácil, mostró su identificación como parte del equipo y dijo que tenía que llevarles una entrega. La recepcionista no dudó en darle la información. Charlie fue de nuevo al ascensor, pero cuando las puertas se abrieron, no fue necesario que ella entrara: los chicos venían saliendo, sumidos en una entretenida conversación.
-¡Chicos! –les llamó Charlie. –Iba a subir a buscarlos…
-¿Por qué? –preguntó Bill, que era el que lideraba al grupo, y la pasó de largo sin esperar a sus compañeros. En ese mismo instante, Gustav recordó que había quedado con Charlie para “Patear el trasero de Tom”, en sentido figurado, claro.
-¡Hey! ¿Por qué no se adelantan? –sugirió Gustav, un tanto nervioso. Tom y Georg compartieron una mirada y fueron tras Bill, dejándolos solos. –Charlie, lo siento mucho… Yo… Los planes cambiaron, nos acaban de decir que tenemos que venir al bar y, simplemente olvidé que habíamos quedado… –habló rápido, atropellando las palabras. –Lo siento… –terminó, cabizbajo. Sin decir una sola palabra, Charlie dio media vuelta y avanzó hacia el ascensor rápidamente. – ¿A dónde vas?
-A mi habitación –contestó secamente.
-Podrías venir conmigo, si quieres –invitó Gustav, haciendo que ella se detuviera y las puertas del elevador se cerraran antes de poder abordarlo.
-No, gracias –dijo y se giró para encararlo, sin embargo no estaba enojada, sólo parecía estar reprochándose a sí misma algo que ya sabía que sucedería. Gustav era su amigo, pero pertenecían a mundos diferentes y eso era más que notorio; él tenía compromisos y ella no iba a ser un estorbo, se limitaría a hacer su trabajo.
-¿Por qué no? –preguntó el baterista, evitando su mirada. Gustav lo veía de otra forma; una cosa era jugar video juegos, pero el hecho de invitarla a un bar suponía algo más, y estaba un poco cortado porque comenzaba a dudar de que Charlie fuera sólo una amiga.
-Sólo mírame –respondió, abriendo los brazos. –Parezco un chico, no soy nada linda, no tengo nada qué ponerme y encima no contaban con mi presencia… No Gus, no quiero incomodarlos, gracias.
-¡Pero no nos incomodas! –exclamó antes que ella pudiera huir. –No a mí –añadió un poco más bajo, al notar que Charlie le miraba directamente a los ojos.
-De igual manera, yo paso. Nos vemos. –dijo y se soltó de la mano de Gustav, quien inconcientemente la había retenido a su lado.
-Sabes donde estaremos –apuntó el baterista. –Me gustaría verte por ahí esta noche… –agregó mientras ella se alejaba hacia unas escaleras.

A penas había llegado al primer piso a pie y ya le faltaba el aire; sin duda, debía hacer más ejercicio, pensó Charlie mientras se dirigía al ascensor más cercano, pues le faltaban algunos pisos más por subir. Pulsó el botón y esperó en compañía de ella misma a que las puertas se abrieran. No se sentía cómoda con la forma en la que le había hablado a Gustav, pero era la verdad; su amigo no podía pretender que ella le acompañara a un bar de lujo vestida así, y lo peor es que no se le podía hacer nada. Se vio reflejada en las puertas metálicas del ascensor, examinándose y por primera vez en muchos años, se sintió inconforme con su físico. Se encogió de hombros, aceptándolo resignadamente, no había nada que pudiera hacer para cambiar la realidad. Le sonrió a su reflejo, justo antes de que se escuchara un “¡Ding!” y las puertas se abrieran. El ascensor iba sólo ocupado por una joven chica, de algunos años mayor que ella, un tanto desaliñada y con aires de estar molesta; llevaba varias bolsas de viaje con ella. Charlie entró en silencio.
-¿Vas subiendo? –preguntó a la chica; ésta asintió, murmurando cosas incomprensibles. Charlie pulsó el botón correspondiente y se pegó a una de las paredes, mirando con impaciencia cómo se acercaban a su piso. No le gustaban mucho los lugares pequeños, mucho menos los ascensores. Sintieron cómo el elevador se detuvo un piso antes de llegar al de Charlie y las puertas se abrieron, dejando libre el paso a la chica para que saliera. Ésta cargó todas sus cosas torpemente y avanzó, sin darse cuenta que un estuche más o menos grande, de forma rectangular y color negro se había deslizado hasta caer de uno de sus bolsos. Charlie lo recogió rápidamente y salió tras ella. – ¡Disculpa!! –la llamó y fue a alcanzarla. La chica se giró bruscamente, tirando otro estuche.
-¡Diablos! –maldijo en voz baja.
-Tranquila, ¿Te ayudo? –se ofreció Charlie y se inclinó para recoger lo que la chica había dejado caer. –Pásame unos cuantos –dijo luego de levantarse. La chica esbozó una media sonrisa y cuando tuvo las manos libres, abrió la puerta de su habitación.
-Gracias.
-No hay de qué –contestó Charlie, mientras ponía todo sobre una de las camas.
-¿Cuál es tu nombre? –quiso saber la chica.
-Charlie…
-Encantada, me llamo Giselle –se presentó, mirando a Charlie con ojo evaluador y poniendo una sonrisa sumamente insinuante y seductora.
-Giselle… Eres parte del equipo de los chicos –comentó.
-¿Qué chicos? –preguntó algo embobada.
-De Tokio Hotel –respondió Charlie, como si fuera algo obvio.
-Oh, ¡Sí! ¿Cómo lo supiste?
-Tu gafete –señaló. –Bueno, me tengo que ir –. Caminó hacia la puerta decididamente, con las manos dentro de los bolsillos.
-Espera, guapo… ¿No te gustaría tomar algo? –se apresuró a decir Giselle. Charlie se detuvo antes de salir y bajó la cabeza resignada. Tenía que aprender a decir su nombre completo cuando se presentaba, eso le evitaría este tipo de malos entendidos. Suspiró.
-Sí, por qué no…

1 coments.:

Ccyy Kaulitz dijo...

Geeeniialoosooo!!
a mii me gustaaa este fiic
jajahja pobree solo la confundeeen un shikoo
proo en fin n_n'

i ke akasoo su voos noo denothaa ke es mujer?
mmm.. :/
kiem sabe xD


sigaaan :D!
byebye!


 
blog template by suckmylolly.com