miércoles, 18 de noviembre de 2009

Capítulo 7

Ya que ando por acá, dejo otro capítulo (:


Los capítulos ahora serán mas largos :o

A la mañana siguiente o mejor dicho, unas horas después, Charlie madrugó junto con su padre, pues tenían que ir a recoger el camión del estacionamiento que habían rentado para dejarlo durante esa noche. Ni siquiera habían deshecho las pocas maletas que llevaban, así que Frank se adelantó mientras Charlie se dirigía a la habitación de Giselle, para devolverle la ropa que le había prestado; ésta última, se hospedaba justo en el piso de abajo, así que Charlie no tardó mucho en llegar y tocar a la puerta.
-¡Un momento! –escuchó la voz apresurada de su amiga.
-Tranquila, yo te espero –contestó Charlie. Inesperadamente, la puerta se abrió ante ella, pero no era Giselle quien se encontraba al otro lado. Para Charlie fue imposible mantener la boca cerrada y abrió los ojos por la sorpresa. – ¿Georg?
-Buenos días –saludó éste, y sin decir nada más salió de la habitación, encaminándose por el pasillo hasta el ascensor. Charlie esperó hasta perderlo de vista.
-¡¡¡Giseeelleeeeeeeeeeeee!!!
-¡Entra!! –mandó ésta y jaló a Charlie hacia el interior; inspeccionó el pasillo para asegurarse de que estuviera vacío y luego cerró la puerta con candado.
-Estás paranoica –apuntó Charlie, conteniendo una carcajada. – ¡Giselle! ¡¿Pero cómo tú?!! Nunca lo hubiera imaginado…
-No sé de qué hablas –respondió, en un tono que intentaba ser indiferente. –No hemos hecho nada…
-¿Ah no? Entonces, ¿Qué hacía Georg en tu habitación? ¿Servicio al cuarto? –bromeó.
-¡No!! Él solo… Bueno… –Giselle no encontraba las palabras. – ¡He tenido que traerle! –Charlie arqueó una ceja.
-¿Has tenido?
-Pues, verás… Anoche… Quería ver cómo te estaba yendo en el bar, así que bajé y te vi con Bill, se veían muy bien juntos, por cierto…
-No me cambies el tema –advirtió Charlie en tono acusador.
-No. Además de ustedes dos, no vi a nadie, por lo que decidí regresar y dormir un poco, pero me lo topé por el pasillo y…
-Y te siguió a casa –le cortó, haciendo el tonto. –Ya, enserio.
-Es que lucía un poco… Desorientado –dijo y no pudo evitar que una sonrisa asomara en su rostro.
-Querrás decir que estaba ebrio.
-Sí, quizás. –soltó una risita.
-Y decidiste traerlo aquí, en lugar de llevarlo a su propia habitación, muy lógico de tu parte –comentó la morena, con todo el sarcasmo que fuera posible.
-No me regañes, mi habitación queda más cerca de la planta baja –se justificó. Charlie negó con la cabeza, chasqueando la lengua en un fingido tono de desaprobación. – ¡Es verdad que no hemos hecho nada!!
-Está bien te creo. –contestó Charlie, encogiéndose de hombros. –Sólo vine a devolverte tu ropa, toma –le tendió los pantalones y la blusa, perfectamente doblados, y luego dejó los zapatos plateados en el suelo. –Muchas gracias…
-¿Me dirás cómo te fue?
-Tu misma lo viste –fue a abrir la puerta.
-Entonces, supongo que bien.
Charlie no asintió ni negó, se limitó a sonreír misteriosamente.
-Nos vemos luego –dijo antes de salir de allí.

Jamás lo había pensado, pero la estadía en ese hotel, fue todo, menos relajante. Había pasado una noche con muchos altibajos, y no había dormido bien, además de que ese elevador parecía estar maldito, ya que cada vez que subía, parecía que tenía que toparse con alguno de los Tokio. Contempló las escaleras por un segundo, intentando recapitular la noche anterior: El cambio de planes, conocer a Giselle, el cambio de look aunque fuera por una noche, la charla con Bill y el encuentro con Gustav y luego con Tom en el ascensor. Sacudió la cabeza, Frank la esperaba y sería mejor bajar de una vez. De repente, tuvo la sensación de que olvidaba algo, así que hizo el recuento de las cosas que había llevado al hotel. No sabía qué era lo que le faltaba y decidió ir a la habitación a cerciorarse de que no habían dejado nada olvidado. El ascensor se abrió y Charlie se paralizó un momento, antes de entrar con paso inseguro.
-Buenos días –saludó Bill, en un tono cortés.
-Hola –respondió ella, y pulsó el botón de su piso. –No sabía que madrugabas.
-No lo hago, pero no podía dormir. Cuando vi que ya era de día, decidí bajar a desayunar algo. De igual forma, ya tenemos que bajar para irnos… –se explicó el vocalista. Ambos hablaban en un tono neutro, como si la noche anterior no hubiera existido en sus recuerdos. Luego de un fugaz debate interno, Charlie decidió romper el incómodo silencio.
-Siento haberme ido así anoche.
-No es tu culpa –se apresuró a decir. –Tom tenía que arruinarlo todo –añadió en un tono verdaderamente molesto.
-¿Tom? –preguntó extrañada. Y entonces, todo encajó en su cabeza: las rubias que ella vio en el ascensor con Tom, eran las mismas que habían estropeado su charla, ¿Cómo no se dio cuenta antes? Si esas chicas no le conocían, ¿Cómo sabían que ella era hija de un camionero? Alguien tuvo que haberles dicho…
Las ideas se iban arremolinando en su cabeza, y el hilo de sus pensamientos era cada vez más largo, hasta que fue interrumpido por la campanilla del ascensor, que había llegado a su piso. Salió sin decirle nada a Bill y se quedó de pie, en el pasillo. “No”, se dijo a sí misma, “Tom no haría eso, ¿O sí?”
Caminó en modo automático hasta la que había sido su habitación, intentando encontrar alguna otra explicación al conflicto del bar, pero siempre llegaba a lo mismo. Abrió la puerta y buscó con la mirada, hasta que en un rincón, vio su aparato de baterías recargables, conectado en uno de los contactos. Sin baterías no tenía cámara, así que suspiró con alivio al haber regresado. Lo tomó y salió de nuevo. Miró dudosa el ascensor al final del pasillo. Ahora si que le costaba trabajo decidir si subir de nuevo, pues no sabía qué otro pasajero encontraría. Observó las escaleras con una flojera infinita, y tomó su decisión, de la cual, se arrepintió cuando las puertas del elevador se abrieron frente a ella.
El pasajero era alto, delgado, guapo, y llevaba rastas, además de una cara de resaca con la que ni él mismo podía. Ni siquiera se inmutó al verla en el pasillo, y ella parecía totalmente indecisa.
-¿Vas a subir? –preguntó Tom, deteniendo las puertas antes de que se cerraran. Charlie no contestó, y estuvo a punto de decir que no, que esperaría hasta que el elevador subiera de nuevo, pero Tom le cortó. –Quiero decirte una cosa. –Ella asintió y entró lentamente. Permanecieron ignorándose en silencio, cada uno apostado en una esquina del ascensor, que era más bien pequeño, por mucho medía dos metros cuadrados. Se quedaron así, cada uno en su propio mundo, como si hubiese una pared invisible entre ellos.
-Lo siento. –Tom rompió el silencio.
-¿Qué es lo que sientes? –preguntó Charlie, sabiendo que lo que sea que él contestase, sólo confirmaría sus sospechas.
-Siento lo de anoche, bebí mucho y yo… No debí...
-Así que sí fuiste tú –le cortó, mirándolo acusadoramente. Su voz sonaba decepcionada. Tom ni siquiera intentó defenderse, y Charlie interpretó su silencio como un gran “Sí”. Le confundía mucho la actitud de Tom, ya que no sabía por qué se estaba comportando así; sin embargo, no quería ocasionar una pelea, así que prefirió pasarlo por alto y quedarse en silencio, hasta que el ascensor llegara a la planta baja, y deseando que esto sucediera lo más pronto posible.
Tom por su parte se angustiaba cada vez más al no recibir una reacción. Cuando Bill le dijo que había hablado con Charlie, se enfadó con su hermano, e imaginó que ella estallaría a la defensiva en la primera oportunidad; incluso se había preparado para discutir o pelear con ella, pero el silencio de su parte era aún más abrumador que cualquier disputa. Echó un vistazo al indicador de pisos y estaban por llegar al Hall. Necesitaba escuchar una respuesta antes de llegar; algo, lo que fuera, sin importar si recibía un “Vete a la mierda”, quería que ella reaccionase; de no ser así, la situación quedaría inconclusa y de alguna manera, le urgía cerrar ese asunto. Ni él sabía por qué había hecho lo que había hecho, pero tampoco quería que las cosas quedaran mal entre él y la pelinegra. Se le acababa el tiempo y comenzó a desesperarse. Su pie tamborileaba el suelo frenéticamente; cuando ya no pudo más, dio un paso al frente y oprimió el botón del freno de emergencia, haciendo que el elevador se detuviera con una fuerte sacudida acompañada de un macabro ruido maquinal.
-¡¡Tom!! ¡¿Qué diablos haces?!!! –reclamó Charlie, levantando la voz por primera vez en lo que iba de charla, pero dejando entrever cierto nerviosismo.
-Escúchame –dijo tranquilamente, colocándose frente a ella.
-¡Ya te he escuchado! ¡Sé que lo sientes, ¿Sí?!! ¡Ahora quiero bajar!! –exigió, intentando esquivarle, ya que él le impedía el paso hacia el panel de mando. –¡¡Por favor!!!! ¡Ya escuché lo que tienes que decir!!!
-¡Bueno!! ¡Entonces contéstame!!! ¡Di algo!!
-¡Tom, quiero bajar!!! –ambos gritaban, y ella estaba cada vez más histérica.
-¡No hasta que me contestes algo!!
-¡¿Qué quieres que te diga?!! –exclamó, al borde del llanto. A Tom le parecía que estaba exagerando. No se daba cuenta, pero Charlie estaba asustada. Su respiración era rápida y entrecortada, y sus ojos estaban llenos de lágrimas.
-¡¡Lo que sea!!! ¡No me quedaré tranquilo hasta que…!
-¡¡TOM!! –le cortó.
-¡¿Qué?!
-¡SOY CLAUSTROFÓBICA!!! ¡TENGO QUE SALIR DE AQUÍ!!!
-¡MIERDA!! –maldijo Tom, se giró y pulsó el botón nuevamente lo más rápido que pudo, pero no sucedió nada. Ella comenzó a sollozar, al tiempo que se abrazaba a sí misma y cerraba los ojos con fuerza.
Estaba tan aterrada, vulnerable y frágil; no parecía la Charlie de siempre. Al verla así, Tom no pudo evitar sentir el impulso de acercarse para intentar hacerla sentir mejor; le tomó el rostro con ambas manos, secó sus lágrimas y le obligó a mirarle, pegando sus frentes.
-Tranquila –susurró con calma. –Tan sólo respira lenta y profundamente…
-No puedo –dijo en un tono apagado. –No hay aire… No puedo respirar... –murmuró con horror.
-No es cierto. Respira.
-No puedo. –le contradijo y miraba a todos lados apresuradamente, como si estuviera acorralada.
-¡¡Charlie!! ¡Mírame!! ¡No mires nada más! ¡Solo mírame a mí! ¡Mírame a los ojos!! –le ordenó Tom. Ella obedeció como una niña pequeña y a los pocos segundos, se sumieron en un silencio indescriptible, mientras se adentraban en la mirada del otro, perdiéndose, dejándose llevar, como si en ese momento no existiera nada ni nadie además de ese par de ojos que tenían en frente. A Tom no le costó trabajo adentrarse en el profundo azul que solía hipnotizarle a veces sin que él lo deseara, sin que se diera cuenta siquiera. Y Charlie no podía creer que de alguna extraña manera, la mirada de Tom le estaba tranquilizando; era una sensación de seguridad, de serenidad infinita la que transmitía, como si supiera que con él estaría a salvo siempre; igualmente, pudo ver en sus ojos a alguien un poco diferente del Tom que ella conocía, o más bien, del Tom que él quería que todo el mundo conociese, alguien con una personalidad un poco más complicada e interesante, alguien que por alguna razón, le entendía perfectamente y sin saber qué hacer, estaba haciendo lo correcto para calmarla.
El ascensor se movió violentamente y Tom pudo sentir cómo Charlie se estremecía. La envolvió entre sus brazos, acercándola a él, mientras se ponían en marcha hacia abajo lentamente.
-Ya pasó –le susurró al oído. –Todo está bien, ya pasó.
Ella se limitó a asentir, con la cabeza aún enterrada en su pecho, aunque en esos momentos ni siquiera podía pensar en lo cambiante de aquella situación: en un instante estaba peleando con Tom y al siguiente se unían en un abrazo, que duró tan sólo los segundos que tardaron en llegar al Hall. En esos momentos, lo único que le importaba era salir de allí, cosa que hizo en cuanto las puertas se abrieron y pudo ver el lobby, que se extendía elegantemente frente a ellos. No le costó mucho trabajo soltarse de Tom, quien ahora emitía un suspiro aliviado. Sin decir nada, se encaminó apresuradamente hacia la salida.


-¿Estás bien? –preguntó su padre, desde el asiento del conductor. Llevaban alrededor de unas cuatro horas de camino, y Charlie no había dicho ni una sola palabra desde que salió del hotel. Frank se había abstenido de preguntar, pues la había visto con los ojos un poco hinchados, y sabía que a su hija no le gustaba que le vieran llorar. La cabina del camión consistía en un pequeño espacio rectangular, con asientos forrados de tela color azul grisáceo, un poco sucios, pero muy cómodos. Charlie llevaba los brazos apoyados en el borde de la ventana abierta, su cabeza descansaba sobre sus brazos y el cabello en su frente revoloteaba con el viento. Tenía la vista perdida en el horizonte, que desde la altura del camión, se veía lejano y contrastante por el verde del campo, contra el azul reluciente del cielo. – ¿Charlie? ¡Charlotte!! –exclamó al no recibir respuesta alguna.
-¿Qué? –contestó ella, casi sin mover un solo músculo. Su padre suspiró rendido.
-¿Qué pasó? –quiso saber Frank.
-Nada –contestó ella, echándose hacia atrás en el asiento y cerrando el vidrio de la ventana.
-¿No me vas a decir?
-No ha pasado nada… –se encogió de hombros.
-Entonces no te diré lo que he decidido –resolvió Frank, sin quitar los ojos de la carretera. Charlie le miró por primera vez desde que había comenzado la charla, sus ojos expresaban curiosidad e interés.
-¿Qué has decidido?
-Nada –contestó su padre, imitándole y provocándole una sonrisa fugaz.
-Anda, dime…
-Sólo si me dices lo que te pasó, ¿Vale?
-Bueno –aceptó. –Pero tú primero.
-Bien. He decidido que con éste último trabajo, he logrado ahorrar lo suficiente como para dejar los viajes. Quiero que nos asentemos. Tendremos una casa, y viviremos como una familia normal, ¿Qué te parece?

Charlie no contestó de inmediato. Sabía que sería raro acostumbrarse a una vida sedentaria, pero mientras ella fuera hija de Frank, le seguiría y le apoyaría hasta el fin del mundo, le quería demasiado.

-Me parece genial, pero… ¿Estás seguro? ¿Cómo nos mantendremos?
-Conseguiré un trabajo fácil, en algún almacén o algo así… Y tú podrías trabajar en un taller mecánico...
-Uh, sabes que la mecánica no es realmente lo mío –apuntó ella, como disculpándose.
-Lo sé, pero eres buena y así podremos pagar tus estudios en alguna universidad, y te convertirás en una excelente fotógrafa. –replicó con optimismo. –Y ¿Ahora me dirás que te pasó?
-Me quedé atorada en el ascensor, antes de salir –explicó, omitiendo el detalle de con quién se había atorado. Frank, que conocía a la perfección la más grande fobia de Charlie, le miró con clemencia. –Me puse mal por eso, pero luego de la nada, el ascensor volvió a ponerse en marcha, y pude salir.
-Charlie… –dijo con cariño, dedicándole una reconfortante sonrisa. – ¿Tuviste mucho miedo? –ella asintió rítmicamente, antes de sonreír a su padre.
-Pero ya pasó. –dijo, totalmente convencida.

La gira europea estaba por terminar. Habían pasado por tantas ciudades, y luego de dejar Hannover, se dirigieron hacia Köln, donde los chicos darían el último concierto, para cerrar la gira. Charlie no volvió a subir mucho al Tour Bus, y con Tom no se hablaba, se limitaban a tratarse con indiferencia; agradeció en silencio que él no hubiese mencionado nada de lo sucedido, pues siempre había intentado mantener su fobia en secreto. Con Gustav todo bien, aunque también evitó contarle a su amigo sobre su episodio en el ascensor; no porque no le tuviera confianza, fue más bien porque no quería que Gustav fuera a reaccionar en contra de Tom y ocasionar una discusión entre ellos. En el cierre de la gira les fue muy bien, y luego de recoger todo, se dispusieron a volver a casa esa misma noche, para llegar en la tarde del día siguiente. Se dirigieron a Hamburgo, donde estaba el estudio de grabación y donde los chicos tenían sus casas. Los choferes tenían que desocupar sus respectivos camiones, dejar el equipo almacenado en las bodegas del sótano de la discográfica y luego ir a entregarlos al lugar donde los rentaban. Charlie abrió la puerta del camión y bajó de un salto; se dirigió a la parte trasera y la abrió, ya que entre más rápido descargaran, más rápido terminarían con su trabajo. Comenzó a bajar algunas cajas que protegían el equipo, pero al notar que Frank no venía a ayudarle, bajó y fue a buscarlo.
-Fabian –llamó a un integrante del staff que pasaba por ahí. – ¿Has visto a Frank?
-Charlie, ¿Acabamos de llegar y ya se te perdió? –preguntó en broma. –No, lo siento, no lo he visto.
Charlie lo buscó con la mirada. Estaban en un lugar sumamente amplio, pero cerrado, de paredes grises y techo alto, toda una bodega. A su alrededor estaba toda la gente del staff, moviéndose por todos lados, para terminar su trabajo lo más rápido posible. Suspiró y decidió que tendría que descargar todo el camión ella sola. Fue a regresar a su tarea, y cuando llegó nuevamente a la parte posterior del camión, se encontró con quien menos lo hubiera esperado.
-¿Tom? ¿Qué se te ofrece? –. Habían logrado mantener su relación de trabajo, así que lo que él necesitase, ella tendría que proporcionárselo. Sin embargo, ahora que la gira había terminado, y que ya no volverían a verse, era ella quien quería saber el por qué del comportamiento de Tom, para dejar las cosas claras entre ellos.
-Bob me ha dicho que metió algunas de mis guitarras en éste camión –explicó en tono neutro.
-Oh, sí, creo que las acabo de ver al fondo de la caja. –dijo ella y le sonrió gentilmente, con la intención de suavizar las cosas. –Ahora te las traigo –añadió y subió al camión ágilmente.
-Te ayudo. –No dudó en subir tras ella, y caminar a través de la larga caja que componía la parte trasera del camión.
-Una, dos, tres, cuatro… –contó Charlie los estuches que guardaban las guitarras. –¿Son todas? –él asintió.
-¿Me ayudas con dos? –propuso el guitarrista, y se inclinó para tomar los estuches.
-Tom, espera –le llamó ella, haciendo que él se congelara en su sitio. –Tom… Sé que no nos llevamos muy bien desde el principio, pero ahora que esta gira terminó, tan sólo quiero saber una cosa…
-Dime –la animó a seguir; se había quedado inclinado y con las manos sobre los estuches, aparentando no prestar mucha atención a sus palabras.
-¿Te he hecho algo malo? –preguntó mirándole a los ojos. – ¿Te hice algo para que te molestaras conmigo?
Tom bajó la mirada, soltó los estuches y se enderezó, mirándole cansadamente, pero para nada molesto.
-No, tú no me hiciste nada –contestó tajantemente, y sin dar tiempo a otra pregunta, tomó los estuches y caminó rápidamente hacia el otro extremo, sorteando las fundas y embalajes que se pusieran en su camino. Charlie tuvo que correr para alcanzarlo, y lo hizo cuando él apenas iba por la mitad de la alargada caja trasera. Le tomó por la sudadera e hizo que se detuviera nuevamente.
-Entonces ¿Por qué Tom? ¿Por qué te comportas así conmigo?
-Así soy –contestó improvisadamente.
-Pues no te creo, tú no eres así.
-No me conoces.
-Porque no quieres que nadie te conozca, pero he visto otras cosas en tu mirada. –expresó, recordando los minutos que estuvieron viéndose a los ojos sin parpadear, en aquel aterrador ascensor.
-¿Ah sí? ¡¿Y qué has visto?! –preguntó cabreado, poniéndose a la defensiva.
-A un Tom mucho mejor que lo que tú crees que eres… A un Tom sincero, amable, protector e incluso… Lo suficientemente sensible para apiadarse de mí y mi fobia –dijo e hizo una pausa. –Dudo mucho que ese Tom tenga esta odiosa actitud conmigo, sin tener una buena razón para hacerlo. Así que dime, ¿Qué te he hecho?
-Nada.
-¡Tom! ¡¿Qué te hice?!!
-¡¿Quieres saber lo que me has hecho?!
-¡Sí!
Contrario a lo que esperaba, Tom no contestó; bajó los estuches, tomó asiento sobre uno de los cajones que estaban ahí, abrió la funda de la guitarra, sacó una acústica y se la acomodó en el regazo. Se había hecho un silencio, y él comenzó a tocar, sin mirar a Charlie en ningún momento. La melodía era una que ella nunca había escuchado, inédita; comenzaba suave y lenta, Tom parecía que apenas acariciaba las cuerdas. Siguió tocando en silencio, durante alrededor de dos largos minutos. Cuando terminó, Tom levantó la mirada.
-Esto es lo que me has hecho. –concluyó.
-¿Te hice componer una melodía? –. Ahora sí estaba más que confundida.
-¡Es más que eso!! Te has metido en mi cabeza y no puedo sacarte… Tus ojos me hipnotizan, me persiguen en sueños… ¡Me has hecho sentir cosas que jamás había sentido! ¡Que siempre me negué a sentir! ¡Tantas, tantas cosas, que he tenido que plasmarlas en mi música, para poder deshacerme tan siquiera de un poco de todo este sentimiento! –había explotado. Charlie le miraba estupefacta.
-¿Tom? ¿Estás aquí? –escucharon la voz de Gustav desde afuera.

2 coments.:

ccyy kaulitz :D dijo...

Deemasiiado larghoo el cap!! :O
geniial!!! :D
me leei los dos kaps pasadoos
trato de pasar siempre ke puedo, me encantha
i gracias por el agradecimiento n_n'
considerenme su primeera lecthoraa (;
ya veeran ke mas adelanthe abra mas lectoras
les aree publicidad n_n'

Un saludoo, estaree pasando el domingo por la noche aver si ya pusieron, esqe mañana cumplo años i me ire a festejar n_n' jojojo!

a una kosa mas, me encanta ke charlie es tan fuerte, con eso de las rubias xD!

sigaaan
saludooos


byebye :D

ccyy dijo...

aa i tmbb amee estee cap
olvidee decirloo
toom, toom dioos tom!!!!
*o* , ia kieroo ke sigaaan!
no tengo palabras para comentar
de este cap simplemente lo amee!!


 
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