-¡Charlie!! ¿Cómo has estado? ¿Por qué faltaste ayer? –le acribilló con preguntas una Bianca que al parecer estaba de muy buen humor. Charlie cerró la puerta del auto y colocó la alarma, antes de sujetar su mochila con fuerza y caminar directo al interior del edificio, ignorándola. – ¡Charlieeeee!!
-¿Qué? –contestó tajante, girándose para verla, ya que le seguía como perrito faldero.
-Quiero saber si te encuentras bien, porque ayer no viniste a clases y no contestabas mis llamadas... –Charlie se detuvo en seco para mirarle como si estuviera mal de la cabeza.
-¿Desde cuando tú me llamas?
-Ay tontita, pues desde hace un año, desde que somos mejores amigas.
Charlie sintió un nudo en el estómago, y se percató que la mayoría de los chicos en el corredor estaba al tanto de su conversación.
-Sí claro… ¿Me vas a explicar qué está pasando?
-Pues no está pasando nada.
-¿Dónde está Cynthia?
-No lo sé.
-¡Hola Charlie! ¡Bianca!! –les saludó una rubiecita de ojos grisáceos, sin duda una belleza, la más popular del instituto.
-¿Y tú eres…? –quiso saber Charlie, mirándola extrañada.
-¡Mischa!! Charlie, es Mischa, ¿Recuerdas? –se apresuró a decir Bianca.
-No, no la recuerdo. –contestó y apretó el paso, sin conseguir llegar muy lejos, ya que cada dos pasos que daba se topaba con algún amigo que prácticamente había salido de la nada. – ¡¿Dónde está Cynthia?! –exigió saber, una vez que Bianca le hubiese alcanzado.
-Que no lo sé…
Charlie resopló con furia. Pero qué manera de arruinarle la mañana; no podía creer que en menos de media hora, su humor hubiera cambiado y todo gracias a Bianca y a la cosa que les haya picado a los demás, que ahora querían ser sus amigos, cuando antes no sabían ni su nombre. Abrió su casillero y sacó unos cuantos libros. Cuando se giró, se vio rodeada de gente, acorralada en un pequeño espacio semicircular. Su cuerpo se tensó un poco, pero intentó controlarse, ya que no había razón para asustarse… Todavía.
-Hey Charlie, haré una fiesta éste sábado, allí te espero –le dijo un chico.
-¿Desde cuando los conoces?
-¿Es cierto que eres novia de Bill?
-¡No no, que es la novia de Gustav! –le chilló una chica de un grado menor.
Charlie estaba paralizada y de repente comprendió todo de golpe. Si las miradas mataran, Bianca caería muerta en ese preciso instante.
-¡¡Charlie!! –escuchó una voz por encima de las demás y sintió que alguien le jalaba por el brazo, arrastrándola hacia fuera de esa pequeña multitud.
-Oh Cynthia, gracias –dijo Charlie, intentando recuperar el aire. – ¡¿Pero qué diablos está pasando?! –Cynthia agachó la mirada y negó con la cabeza.
-¿Aún no te lo imaginas? –preguntó, y acto seguido miró a Bianca, quien se deshacía en sonrisas hacia todo el que le prestaba atención.
-¡Mejor que no sea lo que yo creo!! –exclamó sumamente enfadada, asiendo el tirante de la mochila sobre su hombro.
-¡No! ¡Charlie, espera! –le detuvo su amiga.
-Oye, ¿Me conseguirías una cita con Tom? –pidió una chica que jamás había visto en su vida; algo en su interior se encendió, un sentimiento que superaba por mucho la rabia que le guardaba a Bianca y que en ese momento no supo identificar.
-¡¡ESCUCHEN TODOS!! –gritó Charlie, e hizo que todos guardaran silencio. –YO NO...
-¡¡¡¡¡¡¡RIIIIIIIIIIIIIIIIING!!!!!!!
El timbre que marcaba el inicio de las clases le interrumpió, y como obedeciendo una orden no pronunciada, los chicos fueron a sus respectivos salones, dejándole con la palabra en la boca. Pronto sólo quedaron ellas tres en el pasillo.
-Esto no se queda así Bianca –advirtió Charlie, apenas conteniendo la furia en su voz. Bianca le miraba con chulería, a la vez que Cynthia le lanzaba miradas reprobatorias. Charlie fue a encaminarse a su aula.
-Que tú no lo hayas hecho antes no quiere decir que yo esté mal… –dijo Bianca, justo cuando Charlie pasaba por su lado.
-¡Tampoco está bien!!! ¡¡¿Quién te crees que eres?!! –le espetó, girándose para encararla. Cynthia observaba la situación tranquilamente, pues ya había presenciado un par de peleas entre Bianca y Charlie, pero nunca había tomado partido; ahora lo haría, y estaba segura de a quién iba a apoyar.
-No significa que estés mal… –habló Cynthia, caminando hacia ellas y ganándose una mirada indescifrable por parte de Charlie. –Sólo significa que eres una zorra interesada que no vale la pena –añadió, tomó a Charlie por un brazo y se marcharon hacia su salón, sin escuchar nada por parte de Bianca.
Durante las clases, Charlie podía sentir todas las miradas sobre su persona, e incluso le pasaron algunas notas preguntándole cosas o invitándola a salir. A la hora del almuerzo, lo único que deseaba era estar en casa; o mejor aún, salir en uno de sus viajes con Frank y dejar en el olvido a toda esa gente que ahora se empeñaba en fastidiarla con su hipocresía. Se consoló con la idea de que era la última semana del curso y ella estaba en el último grado, así que para el fin de semana, no tendría qué preocuparse más por esa situación. También tuvo la oportunidad de ponerse en el lugar de los Tokio, y sinceramente se apiadaba de ellos, ya que encontraba el exceso de atención muy irritante. Si el día se le había arruinado desde en la mañana, nunca imaginó que podría ir peor, pero se equivocaba. A la hora del almuerzo no fue a la cafetería, sino que se quedó escondida en el laboratorio del club de fotografía y Cynthia fue a traerle un poco de comida. Charlie estaba sentada frente al escritorio del profesor, con los brazos sobre la superficie de madera y su cabeza apoyada en ellos. Escuchó que la puerta se abría y dio un respingo.
-Ah, Jared… Me asustaste –dijo a su amigo y volvió a su posición inicial.
-Charlie, ¿Qué está pasando? –quiso saber, acercándose a ella.
-Pregúntale a tu amiga Bianca –respondió, levantando la mirada.
-¿Bianca? Bianca ya no es mi amiga –por un instante, Charlie sonrió a su amigo. –Ahora es mi novia –reveló.
-¡¿Qué?!! ¡Pero!!
-La noche que fuimos al bar… En el camino Cynthia nos pidió que mejor la dejáramos en su casa, así que luego de eso fui a dejar a Bianca. Me dijo que no había nadie en su casa y no quería estar sola…
-¡¿Y por qué me entero hasta hoy?!!
-No viniste ayer –contestó Jared y se encogió de hombros. –Pero hoy parece que Bianca se ha hecho popular de la nada…
-Jared… Bianca le dijo a todo el Instituto que el domingo fuimos al bar con los chicos de Tokio Hotel, que son mis amigos, y quién sabe qué mas cosas dijo…
-Oh, ya veo –dijo Jared sin inmutarse.
-Oh, ya veo… –arremedó Charlie. – ¡OH, YA VEO!!!! –levantó la voz. – ¡¿Sólo se te ocurre decir eso?!!
-Charlie, yo no le veo nada de malo… En todo caso es la verdad…
-¡Que lo hizo por interés!! ¡Para hacerse popular! ¡Para llamar la atención! ¡Que gracias a ella, nadie me deja en paz!! ¡Y ahora tengo que comer aquí!!!! –le espetó poniéndose en pie. –Jared…
-Char… Lo siento, yo quiero a Bianca; y ahora es mi novia, así que creo que debo darle mi…
-No lo digas –le cortó Charlie. –Si quieres darle tu apoyo, es tu decisión.
-Gracias.
-Pero no puedes tenernos a las dos. Si antes no éramos ni amigas, a partir de hoy no somos nada; yo no la soporto y estoy segura que aunque pretenda que le agrado, ella tampoco me soporta –su tono era seguro y serio. –Te quedas con Bianca, pero me pierdes a mí –finalizó. La puerta se abrió sorpresivamente y Cynthia entró muy apurada, sin darse cuenta que Jared estaba allí.
-Bianca viene para acá –avisó a su amiga.
-¿Y eso que? –cuestionó Jared, haciendo que Cynthia se percatara de su presencia.
-Me largo –declaró la pelinegra y se dirigió a la ventana del aula, la abrió e inclinó la mitad de su cuerpo hacia fuera, colocando un pie en el borde.
-¡¿Qué haces?! –gritó Cynthia.
-Cynthia, estamos en el primer piso, no me voy a suicidar…
-¡Pero aún no terminan las clases!!
-No me importa. Nos vemos –dijo y salió de un salto, cayendo sobre el césped con agilidad. – ¡Adiós!
Le fue muy difícil volver a la escuela durante los días siguientes, pues parecía que la locura de sus nuevos amigos iba en aumento día con día. Contrario a lo que Charlie hubiese deseado, Bianca no peleó con ella, ni siquiera dejó de hablarle; en realidad se la pasaba buscándola por los corredores, asediándola, pretendiendo ser su mejor amiga ante los demás. Era agobiante cuando la encontraba y al instante se veía rodeada de gente, preguntando cosas tontas e intentando llamar su atención. Algo de la atención estaba dirigida a Bianca, pues ella también conocía a los Tokio. Y claro que también había mentido. Según ella, los G’s se habían convertido en sus mejores amigos de parranda, mientras Bill era su confidente; y había estado a punto de acostarse con Tom, agregando siempre al final: –Pero Jared no debe enterarse… –decía a los presentes y guiñaba un ojo, sonriendo pícaramente. En esas ocasiones, Charlie no podía evitar reír por dentro: Jared no sabía la noviecita que se había encontrado.
Llegó el viernes, y Charlie estaba desesperada; tamborileaba rítmicamente con los dedos la superficie de su pupitre, mientras miraba el reloj con ansiedad. En tan solo unos minutos sería totalmente libre, podría irse y no volvería a verles las caras a ninguno de los que ahora le miraban a ella con aprehensión. Su prisa por salir no sólo se debía a eso, sino que la noche anterior había quedado de ir a comer con Giselle saliendo del instituto, ya que en el bar no habían podido platicar en privado, y, como dijo su amiga: –El egoísta de Bill te acaparó para él solo; me tienes que contar lo que pasó en los privados. –Charlie soltó una risa distraída; si Giselle supiera que no había pasado nada más que su primer beso. Aún sentada en el salón de clases, la pelinegra se llevó inconcientemente una mano a sus labios, recordando el toque de los labios del vocalista; cerró los ojos y sintió un escalofrío al recordar algo más: esa noche no sólo había besado a Bill; recordó borrosamente un intenso beso con el mayor de los gemelos y sintió sus mejillas arder. Luego de la pesadilla y la terrible semana, no se había puesto a pensar en eso, pero era verdad, había besado a Tom; y al día siguiente le había llamado al móvil impulsivamente. Se dio un golpecito en la frente con la palma de la mano, pensando que esa llamada había estado mal, que había cometido un error y ahora no sabía lo que él pensaba de ella, porque, en primera… Tom nunca le había dado su número, ella lo había guardado un año atrás, cuando se dio cuenta que la llamada perdida que recibió el día que fue a despedirse al aeropuerto era de él; y por otro lado, una pesadilla no era motivo suficiente para llamarle, ¿Qué edad tenía? ¿Ocho años? No debería molestar a las personas con ese tipo de cosas. Aunque recordó que Tom había participado en su sueño, lo atribuyó al alcohol y se prometió a sí misma que no volvería a llamarlo, a menos que fuera realmente importante.
-Haswell –escuchó una voz, que interrumpió el hilo de sus pensamientos. Regresó a la realidad y fijó sus enormes ojos azules en el profesor, que le miraba con algo de frustración en su rostro.
-¿Sí?
-Antes de irnos… –comenzó a hablar con cansancio. –Te voy a preguntar una cosa… –Charlie se tensó por unos momentos.
-¿Podrías pedirle a esos chicos famosos que me firmaran esto? –dijo mostrando una carátula de CD, donde ponía “Scream” –Es para mi sobrina, se enteró de que… –el hombre siguió hablando pero Charlie no le escuchaba; era el colmo, no lo podía creer. El timbre sonó, sacándola bruscamente de su ensimismamiento y salvándola de seguir escuchando al hombre, a quien no hizo el menor caso. Fue a su casillero para vaciarlo, aliviada. Jared abrió el casillero de junto, sin decir una sola palabra, pues sabía que ya no eran amigos. Charlie se detuvo y le miró con tristeza unos instantes, mientras él seguía sacando las cosas, desechando la basura, guardando lo que si servía. Los chicos a su alrededor se despedían cariñosamente, esperando verse el próximo curso, o deseándose suerte en el siguiente paso de sus vidas. Volvió a su tarea y salió al estacionamiento, dirigiéndose con paso lento hacia su auto, donde ya le esperaba un grupito de chicas de grados menores. Cynthia se unió a su caminata en silencio, echando miradas asesinas a las niñas que parloteaban sin sentido.
-Muévanse de ahí –ordenó Charlie en tono brusco; lo único bueno de ser popular, era que la gente solía obedecer.
-¡¡Charlie!! ¡Espera! –escuchó a Bianca, y no hizo el mínimo intento de esperar. Quitó los seguros para que Cynthia pudiera subir, luego abrió la puerta del conductor. Bianca le alcanzó a tomar por el brazo.
-¡¿Qué quieres?! –espetó la pelinegra, deshaciéndose de su contacto con asco.
-¡Amiga! ¡En toda la semana no has dicho nada!!
-No tengo nada que decir. –Bianca miró con nerviosismo a las chicas menores y también a las de su edad que le habían seguido hasta allí, lideradas por Mischa.
-Tan sólo tienes que decir que es verdad. –dijo la rubia, mirando a Bianca con suspicacia. –Bianca dice muchas cosas, pero nadie lo confirma; y ella dijo que tú se los habías presentado, y que les conoces de hace un año, así que sólo queremos saber si es verdad. Charlie suspiró e intentó contenerse. Miró a todas a su alrededor, esperando impacientes por alguna respuesta.
-Escuchen –intentó comenzar. –No voy a mentirles, es verdad que conozco a los chicos… Y es verdad que se los presenté a Bianca. Punto. Todo lo que hayan oído de ella, además de eso, es totalmente falso…
-¡Hey! ¡Charlie! –le llamó alguien más.
-Mierda –murmuró Charlie, había olvidado que Giselle las vería allí y no en el restaurante. Antes que nadie pudiera reaccionar, a Bianca se le iluminó el rostro.
-Hallo Giselle –saludó Bianca. Giselle no estaba enterada de nada, Charlie había querido esperar a verla en persona para contarle lo sucedido esa semana.
-Hallo, em… ¿Bianca? –ésta asintió.
-¿No nos conocimos en el bar el domingo en la noche?
-Sí –confirmó Giselle, mirando a Charlie con precaución; su instinto le decía que algo andaba mal.
-¿No estuvo Tom coqueteando conmigo toda la noche? ¿Y al final terminé en sus piernas? –un pinchazo de dolor atravesó el corazón de Charlie, serían celos tal vez, principalmente porque aquello era verdad.
-Lo siento, pero yo no vi eso –contestó Giselle, reafirmando las palabras de Charlie y haciendo que a Bianca se le descompusiera la expresión del rostro. Mischa sonrió con triunfo, mientras las demás chicas cuchicheaban a sus espaldas. Bianca no sabía como reaccionar; rememoró en su cabeza toda la noche del domingo y sabía que Giselle había estado allí.
-Gi, sube al auto –pidió Charlie, abriendo el techo convertible, para que su amiga pudiera ocupar el asiento trasero.
-Vaya, vaya… –habló Mischa, arrastrando las palabras. –Bonito chisme de fin de cursos –dijo a Bianca, mirándole con superioridad. –Te hizo popular durante una semana, la última semana de clases, qué casualidad –continuó hablando con sarcasmo. Bianca estaba muda. Giselle interrogó a Charlie con la mirada.
-Vamos Gi, sube –se limitó a pedir la pelinegra.
-P-pe-pero… –balbuceó Bianca y miró a Giselle con odio, antes de recordar algo. – ¡Alto!! ¡Ya sé por qué no viste cuando Tom me alzó sobre sus piernas!!!
-Bianca no sigas –le advirtió Mischa. –Todas sabemos que eres una mentirosa…
-¡No! ¡En serio!! –levantó la voz con rabia. – ¡Giselle! ¡Te fuiste del bar con Georg!!! ¡Los vi salir de allí juntos!!! –A Giselle se le paralizó la expresión del rostro, por un lado porque era verdad y por otro, porque no hubiera querido que nadie se enterara, y ahora correrían los rumores. – ¡Giselle es la asistente de Natalie, la estilista de Bill!!! ¡Se fueron juntos! ¡Antes de que Tom…! ¡Aaaah!!! –Giselle jalaba el cabello de Bianca con fuerza, haciendo que ésta arqueara su espalda y soltara gemidos de dolor.
-¡¡Suéltame!! –exigía Bianca, ya roja por el esfuerzo. Giselle parecía muy enfadada y Charlie no pensaba hacer nada por separarlas, hasta que vio que uno de los profesores se dirigía hacia allí.
-Vámonos Gi –apremió Charlie, colocando una mano en su antebrazo, haciendo que poco a poco soltara la cabellera de Bianca. –Vamos, yo sé que se merece más, pero tenemos que irnos…
Giselle miró a Bianca con furia y subió al auto a regañadientes. Charlie subió, encendió y dio marcha en reversa para salir de allí. Estuvieron calladas durante el camino; Giselle ya no estaba molesta, pero al parecer no quería hablar del tema; Cynthia no sabía qué decir, se cuestionaba una y otra vez cómo había podido ser amiga de Bianca durante tanto tiempo; y Charlie se enfocaba en conducir solamente. Llegaron a un restaurante de moda, en el centro de la ciudad. Se sentaron alrededor de la mesa y cada una leyó su menú en silencio. Luego de ordenar, un vacío cayó sobre ellas.
-¿Qué fue todo eso? –quiso saber Giselle, un poco más calmada y cayendo en la cuenta que no podía entender el comportamiento de las chicas.
-Bianca… –comenzó Charlie, dejando entrever el odio en su voz. –Bianca alardeó y presumió durante toda la semana que era amiga de los chicos… Inventó toda clase de rumores, recibió toda la atención que quería e incluso prometió varias cosas, como autógrafos y fotografías, a cambio de que la gente le diera sus pertenencias o algo por el estilo… Es una… Maldita…
-ZORRA –terminó Cynthia, apretando los puños. Aún no entendía por qué Charlie era incapaz de insultar a Bianca, si había sido ella la más afectada.
-Sí, eso –dijo Charlie y echó a reír, relajando a sus dos amigas. –Gi… Gi, ¿Por qué te afectó tanto lo que dijo de Georg y tú? –Giselle se atragantó con la gaseosa que le acababan de servir. –Si no es verdad, ¿Por qué…? –se quedó callada al ver que Cynthia y Giselle se miraban con complicidad. – ¿Me perdí de algo?
-Charlie, durante el tiempo que estuviste con Bill en los privados… –comenzó Cynthia, mirando a Giselle con cautela, como pidiéndole permiso; ésta última asintió cansadamente. –Bueno… Es cierto, antes de que volvieras, Giselle y Georg salieron del bar juntos, tomados de la mano, los vimos.
-¡¿Entonces es verdad?! –exclamó Charlie; Giselle bajó su mirada lentamente.
-Es por eso que yo no vi cuando Tom puso a Bianca sobre sus piernas –explicó Giselle –Nos fuimos antes.
-¡Pero Gi! ¿Eso quiere decir que…? –se adelantó Charlie, alzando las cejas.
-No. O sea… Sí, pero no…
-No entiendo –declaró Charlie. –Sí ¿Que? Y no ¿Que?
-Sí lo hicimos –confesó, poniéndose roja. –Pero no hay nada más de por medio…
-¿Fue un polvo?
-No.
-¿Entonces?
-Han sido varios –admitió, subiendo más el color de sus mejillas y apretujándose las manos. –Nada serio, pero sí que han sido buenos…
-¡¡Giseelleeeeeee!!! –exclamó Charlie, llevándose las manos a las mejillas; Cynthia sonrió ante la reacción. – ¿Desde cuando?
-Todo el año… Comenzamos desde la vez que lo viste salir de mi habitación…
-¡Jooo!! ¡Ese grandullón me las va a pagar!!! –advirtió y las tres rieron un poco, aunque Giselle se detuvo primero, terminando con una media sonrisa amarga.
-¿Qué pasa? –preguntó Cynthia, que era más perceptiva.
-Nada –contestó Giselle. –Nada… Es sólo que… –desvió su mirada. –A veces me gustaría que fuera más que eso… Me gustaría saber qué se siente… Despertar con él a mi lado… –exteriorizó con añoranza. Charlie y Cynthia compartieron una mirada, antes de lanzarle una de apoyo a Giselle. –Pero, sé que es imposible…
-No lo es –le interrumpió Charlie. –Nada es imposible.
-Tú y tu positivismo de nuevo –dijo Cynthia, en broma.
-No Charlie, tal vez no sea imposible… Pero es… Difícil…
-¿Por qué? Viajan juntos todo el tiempo, se ven muy seguido y…
-Y yo sería incapaz de manejar la fama –le cortó Giselle. –Siendo su asistente estoy bien, las cámaras nunca me enfocan, los flashes no me ciegan, las revistas no hablan de mí… ¿Te gustó ser la ”Amiga de Tokio Hotel” en el Instituto? –Charlie hizo una mueca y negó con la cabeza. –Imagina ser la novia de uno de ellos, en todo el mundo.
-Bien, es difícil –concedió. –Pero no imposible.
-Además, yo creo que él no siente lo mismo –añadió Giselle, mirando fijamente la pulida superficie de la mesa. Reprimió un intento de sollozo y luego de eso pareció recomponerse; juntó las palmas de las manos y sonrió con picardía, mirando a Charlie y alzando una ceja.
-¿Qué? –le interrogó la ojiazul, mientras les servían sus platos.
-Suficiente de mí –dijo Giselle. –Ahora… ¿Qué pasó exactamente en los privados?
Charlie palideció un poco y apuró la ensalada a su boca. Sabía que Giselle le preguntaría, pero normalmente, no le gustaba externar sus cosas. Masticó con ahínco, tragando lentamente; tomó aire y comenzó a relatar lo que había pasado. Giselle y Cynthia no pudieron contener la risa, cuando les contó que Bill y ella habían chocado sus frentes, sus narices, y que se habían dado un buen porrazo contra el suelo. Charlie pudo sentir el rubor en sus mejillas durante toda la comida, se sentía avergonzada, e incluso estuvo a punto de contarles lo que había pasado después con Tom, sólo para no quedar tan mal frente a sus amigas, pero lo descartó por una razón: lo que sea que pasara entre Tom y ella, se quedaría entre Tom y ella.
Luego de la comida pasó al taller, a cubrir sus horas de trabajo, como lo hacía todas las tardes. Tenía la idea de pedirle a su jefe unas pequeñas vacaciones, para aprovechar que ya no había clases y poder descansar a gusto. John podía hacerse cargo durante la semana siguiente, así que aceptó de buena gana.
-¿Entonces tendrás toda la semana libre? –preguntó Gustav al teléfono con Charlie, mientras ésta ponía los trastes en el lavavajillas. – ¡Eso es genial! Así podrás venir con nosotros.
-¿Ir? ¿A dónde?
______________________________________________
Se entendió lo del número de móvil de Tom?
Bueno, igual explico: La noche que Charlie se topa a Gus antes de que ellos se vayan a America, esa misma noche, Gus habla con los chicos para decirles que ya la volvió a ver... Y entonces, Tom le pide el numero y la dirección de Charlie... *Si, debi especificarlo, pero se me fue la onda xD* Por eso el dia que se van, Tom va a su casa para intentar aclarar sus palabras de confesión, pero no tiene el valor y termina yéndose sin tocar, sólo habiendo marcado una vez... Cuando Charlie se da cuenta de eso, guarda el número y listo xD
La pesadilla del cap anterior si es como inician sus pesadillas recurrentes... Pero advierto que la explicación va para largo xD Ya verán...
Bueno y ahora... A dónde irá con Gus? Qué pasará en el viaje? Gus&Cytnhia? Georg&Giselle?
_________________
viernes, 4 de diciembre de 2009
Capítulo 12
Etiquetas;
The Nightmares Come True
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
0 coments.:
Publicar un comentario